Con una conclusión que ya podría considerarse como épica, Christopher Nolan, el director de la reciente saga de Batman, nos ofrece un final con la altura que se merecía: ‘El caballero de la noche asciende’.
Asistimos a una entremezcla de la espectacularidad que ofrece el tercio de la película filmada en cámaras de gran formato, Imax, que brindan un valor agregado en calidad de imagen y sonido, junto a los efectos especiales que otorgan esa factura técnica impecable.
Como elemento central del discurso narrativo encontramos la demagogia del villano enmascarado Bane, quien elevado en un Tumbler y, a través de su retórica vilmente persuasiva y emocionalmente demoledora, busca apelar a los sentimientos más profundos de los ciudadanos de Gótica para generar la sublevación de los criminales hacia el gobierno establecido, y así permear el miedo y la desesperanza entre sus habitantes.
Entre los pilares fundamentales de la trama se encuentran los actos terroristas de mayor gravedad perpetrados por Bane y su séquito, como el ataque a la bolsa de valores –con movimientos bursátiles ilegales a bordo–, y el secuestro del avión de la CIA –Agencia Central de Inteligencia de los EU–, ambos, emblemas de la seguridad nacional norteamericana.
Por consiguiente, los hermanos Nolan –coguionistas– logran dotar la historia de un ritmo vertiginoso y que va in crescendo, conforme va avanzando el tiempo a través de la lente del cineasta, sin extraviar su esencia emocional, ni la tradicional riqueza psicológica en los diálogos. De la misma manera, la puesta en escena está impregnada de una estética oscura e hiperrealista.
A resaltar, la madurez del trío paternalista de Bruce Wayne, conformado por los actores Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman, quienes hacen un protagonismo coral junto a Christian Bale (Batman), todos, de solemne calidad histriónica.
Temas recurrentes como la autosostenibilidad a través de un reactor de fusión e inconformidad en la distribución de la riqueza corroboran el carácter prolífico del guión.
La brillante composición musical del laureado Hans Zimmer enaltece en términos exponenciales la destrucción masiva y el estado apocalíptico de ciudad Gótica. Y, aunque no logra llegar a los estándares de la anterior entrega, es una emotiva y desgarradora adaptación del cómic que en ningún momento desvirtúa la posición de su héroe principal.
Carolina Pardo
Crítica de Cine


