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Educación

Ser maestro, una labor incansable aun en tiempos de pandemia

Su presencia siempre ha sido determinante en la formación de los herederos del país. Aquí un sencillo homenaje en seis historias.

Una celebración atípica. Los maestros son pilares de la sociedad y por ello su labor no descansa aún en medio de una pandemia. Nuevas maneras de enseñar han surgido a partir de la coyuntura que los ha obligado a replantear sus métodos para así seguir desarrollando sus labores, entre ellas facilitarles a los estudiantes los caminos que les permitan formarse integralmente de la mano de sus familias.

En el Día del Maestro EL HERALDO les comparte varias historias de incansables docentes en el Caribe colombiano que mantienen viva su labor pese a los tiempos, a las barricadas del sistema, incluso, a la naturaleza.

Arte sano desde casa

El arte es compañía para muchas personas alrededor del mundo en este momento y para el maestro artesano Manuel Pertúz, quien enseña desde hace una década en la Institución Educativa María Auxiliadora de Galapa y desde hace más de 30 años trabaja en máscaras del Carnaval de Barranquilla, sigue siendo una de sus más grandes motivaciones para aprovechar el día desde que sale el sol. Las clases con sus estudiantes ya no son en los salones donde regularmente se intercambiaban ideas y se dejaba volar la imaginación, ahora a través de Zoom todos juntos crean con elementos fáciles de encontrar en casa como botones y madera, además de los insumos adquiridos a principio del año escolar como libretas, lápices de colores y pinturas. “Ahora hasta en las paredes pueden pintar un marco y plasmar ahí lo que se les ocurra”, dice de manera optimista. Además, señala que la conectividad es un problema pues particularmente los que viven a las afueras de Galapa no tienen fácil acceso a internet, pero que vía telefónica los compañeros les dictan las pautas de clase para que no se atrasen. “La idea es que vayan trabajando en casa armando una carpeta que los docentes podamos revisar una vez podamos regresar al colegio”. Mientras que las condiciones de vida actuales han obligado a los profesores a buscar nuevas maneras didácticas para enseñar, Pertúz asegura que las capacitaciones virtuales a través del Ministerio de Educación le han servido bastante para adaptarse a los cambios, que a su vez han permitido, según dice, aumentar la interactividad entre los maestros y los estudiantes.

Educando con la familia

Estar todos bajo un mismo techo sin poder salir de casa obliga a que haya más interacción entre padres e hijos. Andrea Simmonds, profesora de Kinderkrippe 4, del Kindergarten del Colegio Alemán, ha diseñado junto a su equipo de trabajo métodos que involucren a los adultos de primera mano en el proceso de educación de los niños. “Hay papás que tienen el tiempo para acompañar a sus hijos y por eso se han fortalecido relaciones”. La docente agrega que teniendo en cuenta el interés de cada familia en involucrarse se han desarrollado planes para trabajar en equipo. “Trabajamos a través de una plataforma de Microsoft llamada Team que en encuentros virtuales de media hora nos permita desarrollar actividades como juegos, cuentos, recetas, semejanzas y diferencias, para que los niños se sientan que están jugando y este nuevo panorama no les afecte mayormente su aprendizaje”. Simmonds asegura que es importante estar pendiente de las emociones de los niños y por ello trabaja con ellos leyendo el libro El Monstruo de Colores que les permite a los niños identificar cómo se sienten. “Muchos de ellos aseguran que les ha gustado estar más en casa porque ven  más a sus papás y tienen tiempo para jugar con sus hermanos”, dice. “Esto ha servido para rescatar valores dentro de la familia”, agrega. Uno de los grandes retos a los que se ha tenido que enfrentar Andrea Simmonds como docente es encontrar el balance entre su vida laboral y personal, pues mientras les da el ciento por ciento a sus estudiantes y a los papás para explicarles las actividades de los hijos, tiene seis meses de embarazo y debe también compartir tiempo con su esposo y su pequeña de dos años. “Me ha ayudado respetar los mismos horarios laborales que tenía antes de la pandemia para poder de alguna manera encontrar el balance”.

Que aprender sea algo placentero

La educación en los tiempos de la pandemia por la COVID-19 no ha sido fácil en las zonas rurales y eso lo ratifica el licenciado Gustavo García Barboza, quien asegura que las guías educativas que debe enviar a sus alumnos, más que una tarea o un trabajo, son un espacio lúdico para aprender y sentirse feliz y no ser una carga más para sus padres. Tiene a su cargo niños de entre 6 y 10 años que cursan segundo y tercero de primaria en el Centro Educativo Manica, sede Moquén, en  el municipio de Toluviejo, donde no hay buen servicio de conectividad y contar con un celular con servicio de wassap es un privilegio de pocos “dado que ellos prefieren comprar arroz y carne que hacer una recarga de 5 mil pesos”. El profe Tavo, como le dicen sus alumnos, elabora las guías lúdicas por semana y las envía al correo de la sede educativa donde el directivo docente las imprime y hace llegar casa a casa y luego le son devueltas al maestro para la calificación. “Esto ha sido difícil para todos. Hacemos desde temprano las guías que yo diseño lúdicas, para que aprender sea algo placentero también para los padres de familia”, dice el maestro que clama por buenos servicios de conectividad en estas zonas que tanto lo necesitan.

Paciencia, palabra clave de la “seño” Rossana

Rossana de Castillo, maestra de preescolar en la IED de Salamina, Magdalena, sostiene que al principio de las clases virtuales “fue muy pesado”, pero “poco a poco todos” se fueron “acostumbrando al nuevo método”. Explicó que lo que está viviendo es una experiencia que jamás olvidará porque ha tenido que reinventarse y aprender de las necesidades. A su cargo tiene 29 alumnos, con quienes ha podido compenetrarse con su situación socioeconómica. Del total de alumnos, 22 trabajan con el celular de sus padres para lo cual compran datos, pues la mayor dificultad es el acceso a la plataforma de internet. Dice la “seño Rossana” que “ante las dificultades que se presentan” solo les pide “paciencia”. La maestra da gracias a Dios porque “en esta cuarentena no se ha ido la luz”, algo recurrente en los municipios pequeños del Magdalena.

Lo fundamental: concientizar a los niños del momento actual

En sus 36 años como educadora infantil a Ana María Hincapié Mesa nunca le ha gustado ser la típica profesora de tiza y pizarrón. Sus clases las lleva al juego, a la lúdica, a la incitación del conocimiento a través de la investigación. 
Es profesora de primer grado de básica primaria del Colegio San José en las materias de Lengua Castellana y Plan Lector. Con esta última busca afianzar más la lectura, su comprensión y el desarrollo de pensamiento en los estudiantes a través de procesos lectores, escritos y lúdicos. La emergencia del COVID-19 no la tomó desprevenida, de hecho, dice que el estar actualizando sus conocimientos, sumado a las metodologías que empleaba cuando daba las clases presenciales lo ha podido adaptar a este momento de crisis. “Jamás me ha gustado estar atada a procesos en los que el estudiante no pueda desarrollar el aprendizaje de una manera lúdica, siempre me ha gustado ir más allá. Mis métodos me han funcionado pero con estos cambios hay que estar a la moda, a la vanguardia, hay que seguir investigando”. Juegos que incluyan el uso de palabras, figuras, formas, que permitan a los niños asociar lo que aprenden a su cotidianidad es parte de esas herramientas que emplea. Ana María está “completamente segura de que volveremos a los salones”, pero eso va a tardar. Uno de esos escenarios será el semipresencial. Sin embargo, para ella lo más importante, lo realmente “fundamental” es concientizar a los estudiantes de que cada cosa que hagan afecta al resto, “concientizarlos de la situación que vive el planeta, la naturaleza, la sociedad, y cómo afrontar esta realidad por el bien de todos”.

Con guías pedagógicas impresas estudian los niños wayuu de La Guajira

El docente Isidro Ibarra, rector de la institución educativa Puay, en área rural de Uribia, asegura que para las clases en esta época de aislamiento preventivo, han debido asumir un gran reto porque en estos territorios indígenas no hay posibilidad de conectividad.
“Ninguna de las propuestas hechas por el ministerio de Educación aplica en estos territorios indígenas, no hay conectividad, ni computadores, tampoco emisora, televisión y tampoco contamos con energía eléctrica”, afirmó. Sin embargo, dice que desde la Administración Temporal les han girado recursos para que se impriman unas guías pedagógicas, con las cuales están trabajando con los estudiantes, que también están recibiendo unos kits escolares. “En esto estamos los docentes, los directivos y hasta los padres de familia, para asegurar el año escolar y que los niños no lo pierdan”. 
Señala que todo se hace con las medidas preventivas, usando tapabocas, guantes y caretas. “Vamos de casa en casa, de ranchería en ranchería entregando las guías y luego los docentes recogen los trabajos, ya que afortunadamente la mayoría vive en las mismas zonas”.
Añade que esto se realiza hasta que la COVID-19 no haga presencia en Uribia. “Si aparece algún caso, tenemos que suspender, porque aquí es fácil que se propague el virus”, advirtió.

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