El Heraldo
Hansel Vásquez
Economía

Mujeres, sobrecargadas de trabajo doméstico y sin opciones de remuneración

El DANE reveló que las mujeres dedican cerca de 8 horas diarias a actividades sin contraprestación económica en casa frente a tres de los hombres.

En la última semana, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) entregó los resultados de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), en la cual logró determinar que durante la pandemia las mujeres alcanzaron las 8 horas diarias de trabajo no remunerado.

De acuerdo con el DANE, ante las medidas de confinamiento adoptadas para frenar el avance de  la covid-19 durante el 2020, el tiempo empleado en actividades de trabajo no remunerado incrementó significativamente para las mujeres.

Además, entre las razones de la alta demanda de tareas no remuneradas en el hogar se encuentran los cierres de escuelas, teletrabajo, el aumento de los estándares de aseo y limpieza como medida de protección y una mayor carga en los cuidados de la salud de los miembros de la familia; todas actividades desarrolladas principalmente por mujeres.

Es así como durante el periodo de enero a abril del 2017 las mujeres alcanzaron, en promedio, 6 horas y 57 minutos de actividades no remuneradas por día. En el mismo periodo de 2021 el promedio aumentó a 7 horas y 55 minutos, es decir, más de 1 hora.

En contraste, los hombres redujeron este tiempo de 3 horas y 23 minutos a 3 horas y 10 minutos diarios, y en el periodo de septiembre a diciembre del 2020 el tiempo fue de 3 horas y 7 minutos, aunque el cambio no fue estadísticamente significativo, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística.

Estas cifras determinan una importante ampliación en la brecha de uso del tiempo en trabajo no remunerado entre hombres y mujeres, pues las mujeres pasaron de invertir 3 horas y 34 minutos diarios más que los hombres en trabajo en 2017, a dedicar 4 horas y 30 minutos más que ellos para 2020.

El 90,8% de las mujeres participó en actividades de trabajo no remunerado. Hansel Vásquez

Por otro lado, la entidad también entregó datos del tiempo de participación en actividades de trabajo remunerado en las mujeres para el periodo de enero a abril del 2017, que fue de 7 horas y 36 minutos y que aumentó en comparación con el mismo periodo de 2021, cuando las mujeres realizaron actividades remuneradas de 7 horas y 39 minutos.

Cabe resaltar que, según la encuesta, para el periodo entre enero y abril de 2021 el 90,8 % de las mujeres participó en actividades de trabajo no remunerado, mientras que en estas actividades participó el 63,8 % de los hombres.

Asimismo, solo el 28,9 % de las mujeres pudo participar en actividades de trabajo remunerado, frente al 52,6 % de los hombres.

En diálogo con EL HERALDO, Yasmira Batista, investigadora económica de Fundesarrollo, explicó que este aumento en horas no remuneradas para las mujeres se debe a factores como la pandemia de la covid-19 y el arraigo cultural.

“La pandemia afecta a todos, pero a las mujeres de manera especial, puesto que se destruyeron muchos puestos de trabajo y sobre todo aquellos que eran de naturaleza informal. Las mujeres, debido a que necesitan de trabajos de medio tiempo o que les permitan tener cierta flexibilidad con las labores del hogar, se vieron aún más perjudicadas. Además de ello, al estar más tiempo en casa aún trabajando de forma remota, se encargaron de actividades cotidianas del manejo del hogar, lo cual provocó un incremento en el número de horas no remuneradas”, afirmó Batista.

De igual forma, la investigadora resaltó que “la cultura influye mucho en el estilo de vida y rige de cierta forma las normas y costumbres de las personas. De esta manera, por medio de esta se apropia que son las mujeres quienes deben dedicarse más a las tareas del hogar, incluso llegando a percibir que son ellas quienes mejor se dedican a hacerlas”.

De hecho,  la experta menciona que en el ENUT de 2017 se reveló que el 68 % de la población nacional considera que las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que los hombres.

Impacto de la pandemia en las madres

Para Edilsa Niño, madre de familia de tres menores, debido a las medidas establecidas por el Gobierno nacional, siente que sus tareas diarias le toman mucho más tiempo que antes y que además le han desencadenado problemas de salud –física y mental– ya que ahora debe encargarse de las clases virtuales de sus hijos, continuar desarrollando sus actividades laborales y realizar las tareas del hogar.

Niño relata que su rutina diaria, inicia a las 5:30 a. m., hora en la que empieza a preparar el desayuno, despierta a los niños y adecúa el espacio de la casa para que los tres reciban sus clases.

Luego de esto, emprende su labor de ama casa, prepara los alimentos y organiza su vivienda, para nuevamente arrancar durante la tarde las terapias de sus niñas, que inician desde las 3:00 p. m. hasta las 5:00 p. m. Todo esto durante más de un año.

Por ello, revela que ha sentido una sobrecarga que le ha generado problemas emocionales, irritabilidad y cansancio, razones por las que se motivó a pedir ayuda de un psicólogo.

“Me dolía la cabeza, me sentía agotada, aumenté de peso, no podía dormir, tenía altos niveles de estrés y se me caía el cabello”, cuenta la agobiada madre. 

De acuerdo con Janeth Salas Ramos, psicóloga de la Universidad Metropolitana, este comportamiento corresponde al Síndrome del cuidador quemado o Burn- out, el cual representa un estado de agotamiento físico, emocional y mental que ocurre en personas que asumen el rol de cuidar a un ser querido.

“Estos pacientes creen que no pueden con el rol y muchas veces desarrollan estrés como consecuencia de la lucha diaria para cuidar al dependiente, que en estos casos son hijos o padres”, explica Salas.

Para la profesional, este tipo de situaciones, que para muchos pasan desapercibidas, son signos de alerta y pueden desencadenar enfermedades mentales futuras como la depresión.

Y es que el DANE también reveló que para el periodo entre enero y abril de 2021 el 79,3 % de las mujeres participó en actividades relacionadas con el suministro de alimentos (cocinar, servir y lavar platos) frente al 32,3 % de los hombres.

Asimismo, las actividades relacionadas con limpieza y mantenimiento del hogar (barrer, trapear, sacudir, sacar la basura y cuidar el perro) son desempeñadas por el 72,2 % de las mujeres, comparado con el 39,8 % de los hombres.

Otro dato importante es que las mujeres destinan, en promedio, 65 minutos más que los hombres a actividades relacionadas con el suministro de alimentos y 27 minutos más a actividades relacionadas con el mantenimiento del vestuario (lavar, planchar o guardar la ropa de las personas del hogar) que los hombres.

Una diferencia significativa, según la encuesta, se registra en las actividades de cuidado pasivo –que implican la vigilancia o el estar pendiente de personas que requieren de atención– donde las mujeres dedican aproximadamente 4 horas más que los hombres en el promedio diario. También dedican 48 minutos más que los hombres a actividades de voluntariado y 44 minutos más a actividades de cuidado físico a personas del hogar.

Estas cifras evidencian que el tiempo dedicado a actividades de trabajo no remunerado relacionado con lavar, planchar, limpiar, cocinar y cuidar personas en el hogar, es mayor en promedio para las mujeres que para los hombres.

Según la investigadora Batista, estas cifras dejan en claro el alto nivel de desigualdad entre hombres y mujeres en Colombia al momento de participar en las tareas del cuidado del hogar.

“La desigualdad se presenta debido a que los roles de género están arraigados al modelo tradicional en el que las mujeres son las que tienen la carga doméstica y los hombres las actividades relacionadas con el sustento económico del hogar. Además, aunque las mujeres se eduquen más que los hombres, el patrón es que la mujer debe asumir el trabajo dedicado al cuidado del hogar, niños y ancianos”, dijo.

Además, puntualizó que “el hecho de que la mujer se dedique más al trabajo no remunerado sí aumenta la brecha de género, puesto que al encargarse del hogar se disminuyen sus oportunidades de formación y laborales, lo que se traduce en desigualdad entre hombres y mujeres. Las brechas de género económica, social y laboral se mantienen abiertas y esto también afecta los niveles de pobreza provocando la feminización de la misma”.

Actualmente, según el informe entregado por el DANE la población económicamente activa (pea) en el país es de: hombres 58,4 % y mujeres 41,6 %. Al verificar la población ocupada, los hombres representan el 60,4 % y las mujeres el 39,6 %.

Cabe resaltar que los Objetivos del Desarrollo Sostenible intentan lograr la igualdad entre los géneros, siendo la meta número cinco de la agenda para 2030, porque se argumenta que con ello se impulsarán las economías sostenibles y se beneficiará a la sociedad en su conjunto que, además de deber propender por generar más oportunidades de educación e inclusión de la mujer en el mercado laboral, también debe preocuparse por abordar esta problemática desde un enfoque también cultural, que dimensione el por qué de ese aumento de  cargas y que, pese a dejar de ser invisible con las cifras, continúan aumentando sin clemencia para las mujeres en el hogar.

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