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El economista Eduardo Lora (centro) participó en un conversatorio con el rector de la Universidad del Norte, Adolfo Meisel, en el que participaron estudiantes del programa de Economía.
Universidad del Norte

“En Colombia tenemos un legado histórico de muchas desigualdades”: Eduardo Lora

El Cosejero del Banco Interamericano de Desarrollo presentó su libro en el que afirma que la distancia entre los ideales de la Constitución y nuestras realidades económicas y sociales, en gran medida, es una cuestión de poder. 

El economista Eduardo Lora, consejero del departamento de investigaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, estuvo en la Universidad del Norte conversando con la comunidad académica sobre cómo entender la desigualdad en Colombia. Este, precisamente, es uno de los temas centrales de su libro “Economía esencial de Colombia”, que presentó a la comunidad estudiantil durante su visita.  

El autor indica que uno de los desafíos que tiene el país es la desigualdad, que aunque dice que es inevitable que la haya, en cierto sentido esta debe ser de la buena, pero en Colombia la desigualdad mala es muy grande.

Los docentes de Economía de Uninorte Sandra Rodríguez y Juan Ricardo Perilla dialogaron con él.

P.

En el libro afirma que Colombia es una economía social de mercado, pero donde los resultados dependen de las estructuras de poder. Si somos una economía de mercado social en la jurisprudencia, pero de corte capitalista liberal en la práctica, ¿dónde están las falencias sociales de mercado?

R.

Es una pregunta muy amplia. Colombia es una economía capitalista, en el sentido de que es de mercado. Pensemos en las dos cosas como que son lo mismo: una economía que deja que el mercado funcione en cierta libertad, donde las actividades productivas de las empresas y de los trabajadores son las que ellos decidan. En el mundo prácticamente todas las economías son capitalistas o de mercado. Ahí no hay mucha discusión. Donde sí la hay es donde ustedes la ponen: si somos un estado social de derecho y de mercado, ¿cómo se ponen esas dos cosas juntas? Parece una contradicción, sobre todo cuando hay grupos de poder que logran que el mercado los favorezca. Esa es la gran tensión que uno vive día a día en Colombia.

P.

¿Cómo entra a mediar el Estado?

R.

En la Constitución se fijan unos objetivos que buscan respetar el funcionamiento de una economía libre hasta donde sea posible, pero que exigen, y eso es muy interesante, que el Estado intervenga para lograr ciertos objetivos sociales, de protección social, de seguridad social, de reducción de la pobreza, etc. La Constitución no se fija ningún objetivo en términos de evitar el enriquecimiento de ciertas personas. Sí habla de la necesidad de competencia, y si uno quiere que una economía de mercado tienda a beneficiar a un mayor número de personas es esencial que funcione la competencia. Pero esa tensión está ahí, la misma Constitución se dio cuenta de que iba a aparecer y el reto como sociedad es ver cómo lo logramos. Esto es lo que el libro trata de mostrar a medida que se desarrolla: cómo en ninguna de las áreas podemos estar completamente satisfechos, aunque eso, incluso para mí, fue una gran sorpresa. Eso es lo que el libro quiere captar.

P.

Si es necesario que el mercado y el estado se complementen y se refuercen en el marco de un régimen democrático, ¿ese régimen democrático es una condición necesaria para el funcionamiento del modelo?

R.

Sí. La Constitución es sabia al asumir que ningún gobierno dispone de todo el conocimiento, ni puede tomar todas las decisiones por la sociedad y que hay unos procesos democráticos para conciliar diferencias, porque ese es el punto de la democracia. Es que hay gente que tiene objetivos distintos y distintas formas de ver el mundo, de ver cómo debería funcionar la sociedad. Hay quienes creen que el Estado debería intervenir más y otras que creen que debería intervenir menos; así como hay personas que creen que el Estado debería proteger más a los pobres y otras que creen que no, que proteger a los pobres no es conveniente. Es bueno que existan esas diferencias y en toda sociedad existen. El proceso democrático es esencial para poder conciliarlas, respetar a las minorías y no de imponer consensos. Esos nunca se logran en grandes materias económicas ni sociales.

P.

El libro afirma que la distancia entre los ideales de la Constitución y nuestras realidades económicas y sociales, en gran medida, es una cuestión de poder. Y luego de leerlo, es más una distribución del poder, ¿por qué surge la distribución desigual de poder?

R.

Mientras no se tenga un mercado que funcione con más relativa libertad siempre va a producir desigualdad. Es inevitable que la haya y en cierto sentido uno quiere —pongámoslo de una manera más caricaturesca— que haya cierta desigualdad de la buena, pero no de la mala. La buena es la que resulta, básicamente, no por herencia, ni por privilegios, ni por capacidad de influencias, sino porque la gente tiene capacidades y habilidades productivas distintas y es deseable que se aprovechen; es esencial para que los mercados funcionen y produzcan más cosas y haya más competencia. El problema es que en Colombia ese es solo un pedacito de la desigualdad, y la desigualdad mala es muy grande; tenemos un legado histórico de muchas desigualdades de acceso a todo.

P.

¿De dónde surgen esas desigualdades malas?

R.

De nuestra cultura, de la manera como nos comportamos, de la manera como la gente tiene expectativas de cuál es el servicio que va a recibir. Es muy difícil que se puedan eliminar esas diferencias, que tienen raíces ancestrales, que tienen que ver con el acceso a las oportunidades y con las propiedades de los recursos que no se derivan del esfuerzo de uno sino de la familia en la que nació. En Colombia hay mucha desigualdad de la mala, aquí incluso hay poquita de la buena, porque el triunfo y el éxito económico no siempre depende de las capacidades.

Los profesores de Economía de Uninorte Sandra Rodríguez y Juan Ricardo Perilla dirigieron la entrevista a Eduardo Lora.
P.

¿Usted cree que necesitaríamos crecer más para distribuir mejor el ingreso o primero hace falta solucionar la desigualdad extrema, que constituye un obstáculo para el crecimiento?

R.

Entre los economistas hace unas décadas existía esa idea de que si crecemos todo se resuelve, entonces concentrémonos en eso. Y los hechos han demostrado que no, incluso en los países desarrollados a veces entre más crecimiento hay más desigualdad. En el caso colombiano, lo extraordinario es que siempre ha sido muy desigual: cuando uno toma los datos de periodos largos y los compara con otros países, vemos que siempre hemos sido de los más desiguales del mundo. La pregunta debería ser ¿por qué no cambia? Puede ser que la manera como está distribuido el poder, especialmente los recursos productivos, hace que la desigualdad sea parte de nuestro problema de crecimiento. En este momento diría que la desigualdad es una traba al crecimiento.

P.

¿Cuáles considera son los principales retos que hay para impactar la calidad de la educación en Colombia?

R.

El problema fundamental es la calidad de los maestros, y eso no es una crítica a los maestros, eso es un reconocimiento de que esto es un proceso evolutivo. Usted no genera buenos maestros de la noche a la mañana. En un sistema educativo que se expande muy rápido y que tiene esa revolución como la que tuvo Colombia, la calidad de los maestros se queda atrás. ¿De dónde vamos a sacar los maestros? Eso se agrava con un problema de falta de reconocimiento de la docencia, que hace que sea muy difícil que los mejores talentos vayan a ser maestros. Esto nos mete en un círculo vicioso, porque todos sabemos que la calidad de los maestros no es la mejor, pero nadie quiere ser maestro, porque esa es una profesión desprestigiada, entonces produce estudiantes que no son suficientemente buenos. Romper ese círculo vicioso es uno de los grandes retos que tiene este país.

P.

¿Cuéntenos un poco sobre la motivación del libro?

R.

El libro está orientado a fortalecer la democracia en el sentido de que se necesitan ciudadanos bien informados para que esta funcione, porque la democracia puede ser fácilmente manipulable. Si tenemos ciudadanos mal informados, manipulables fácilmente o que no entienden mucho de economía, ni cómo funciona la sociedad, pues alguien que tiene poder político distorsiona el juego democrático y logra cosas a su favor; esa es la definición del populismo, sea de derecha o de izquierda. El populista siempre tiene soluciones fáciles e inmediatas. Es esencial que el público tenga una cierta comprensión básica de los temas económicos, no de la teoría económica, y el libro trata de ser muy claro en eso: en no ser un libro de introducción a la economía, sino, en cierta medida, una introducción al país.

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