El Heraldo
La protección del cuerpo de agua de la Ciénaga de Mallorquín es uno de los retos en educación ambiental. Josefina Villarreal
Economía

Barranquilla inaugura la era de las “biodiverciudades”

Con el proyecto en la Ciénaga de Mallorquín, que será presentado por el Gobierno, durante la asamblea del BID, empieza implementación del Programa Nacional de Biodiverciudad.

Durante la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que se realizará en la ciudad entre el 18 y 22 de marzo, el Gobierno Nacional presentará el proyecto “Barranquilla – Biodiverciudad - Parque Nacional Natural Isla Salamanca”, que hace parte del Programa Nacional de Biodiverciudad, liderado por el Ministerio del Medio Ambiente, y cuyo objetivo es conectar lo urbano con lo rural, empezando su implementación en Barranquilla.

En principio, el lugar elegido era el Vía Parque Isla Salamanca. Sin embargo, el alcalde Pumarejo anunció que se iniciaría en la Ciénaga de Mallorquín. Este ecosistema es una laguna costera con bosque de manglar que presta diversas funciones hidrodinámicas y climáticas, y se ha catalogado como una importante reserva de biodiversidad. Esta ciénaga perteneció al antiguo estuario del río Magdalena hasta el momento de su aislamiento del río en 1935, con ocasión de la construcción del tajamar occidental.

David Díaz Florián, profesor de Economía de Uninorte, explica que el concepto de biodiverciudad alude a la creación y fortalecimiento de la conectividad entre lo urbano y las zonas suburbanas y rurales que albergan espacios naturales que se destaquen por su biodiversidad y paisaje. “Todo esto con el fin de involucrar a la ciudadanía en actividades de conservación, de educación ambiental y de turismo de naturaleza”.

En ese sentido, una biodiverciudad trata de aprovechar la riqueza de ciertos territorios en áreas claves como la biodiversidad, la identidad cultural y las potencialidades turísticas, no solo con el fin de su conservación ambiental, sino también para ampliar sus fuentes de desarrollo sostenible a través de la generación de conocimiento e investigación, o de la promoción de inversiones en proyectos productivos asociados al ecosistema.

Retos y oportunidades. Sin duda, hay aspectos que representan un reto social para que el proyecto perdure en el tiempo, sobre todo lo relacionado con la educación ambiental que exigirá para que este ecosistema no se vea afectado por la intervención de las personas. Ello sumado a la necesidad de frenar la erosión costera y la disminución del espejo de agua, la contención de sedimentos de los arroyos que desembocan en la ciénaga, y la suspensión de vertimientos de aguas residuales de origen industrial y agrícola.

Para el profesor Díaz, es necesario “frenar los procesos de salinización, aumentar el control a la proliferación de especies invasoras en espacios antes ocupados por manglares y mejorar el ordenamiento pesquero para reintroducir especies desaparecidas y aumentar la productividad pesquera”.

Sin embargo, las iniciativas también tienen que apuntar a factores comunitarios como el fortalecimiento de la asociatividad de los pescadores para controlar la sobrepesca, contener la urbanización hacia la ronda de la ciénaga o confinar el antiguo basurero de la ciudad, para evitar la infiltración de sus lixiviados contaminantes a la ciénaga. La recuperación de la ciénaga puede ser una oportunidad para aumentar el nivel de vida de los habitantes de la zona.

Con ello el proyecto de biodiverciudad logra incorporar una veta social que pretende impactar directamente en la cotidianidad de las comunidades colindantes con la ciénaga y de su zona de influencia. Asimismo, se abrirán espacios para capacitaciones sobre tecnificación de la pesca y el cultivo de alevinos, preservación de los ecosistemas o provisión de crédito para la generación de proyectos empresariales que permitan aumentar el nivel de vida y de ingresos de sus habitantes.

Educación ambiental. Un elemento esencial en la conservación en el largo plazo de la ciénaga está en la educación ambiental y el sentido de pertenencia que la ciudad tenga sobre la misma. La noticia de la restauración ecológica de este humedal con fines de conservación y recreación, puede generar entusiasmo sin escepticismo, pues no es la primera vez que la ciudad se vuelca en un proyecto de esta magnitud, tal como ocurrió con el Malecón del Río.

Siguiendo la tendencia de concientización por el cambio climático, la percepción del público hacia los humedales ribereños y costeros ha cambiado en años recientes. Como señalan algunos expertos, es evidente que la ciudad ya no funciona de espaldas al río y sus zonas húmedas.

La complejidad de la restauración no impide que la ciudadanía comience desde ya a reapropiarse de los valores sociales y ecológicos de la ciénaga, y sea participe del proceso de recuperación y conservación de ella. Es importante la realización de programas como Bioblitz Barranquilla 2020, una estrategia de impulso a la ciencia ciudadana que involucra a estudiantes de los colegios, universidades, y público general en salidas de campo —recorridos terrestres y acuáticos—, asistidas por profesores investigadores que orientan a los asistentes sobre la identificación y registro de especies de fauna y flora, y de funciones del ecosistema.

Esta experiencia se inició el año pasado en Bogotá, y contó con 10.000 participantes, también en Medellín, con 14.000 participantes. En total, se realizaron 280.000 observaciones de 13.000 especies de fauna y flora.

En Barranquilla, se convocó a estudiantes y ciudadanía para realizar observaciones y registros en la Ciénaga de Mallorquín, en Isla Salamanca, y en algunos nichos de bosque seco tropical en zona urbana del distrito. Además, las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información ocupan un lugar importante en iniciativas como esta, pues también se instruirá sobre una aplicación para medir el almacenamiento de carbono, tema clave para la mitigación y control del calentamiento global.

El profesor Díaz recalca que estas acciones de educación ambiental, como Bioblitz, muestran la importancia del valor tangible e intangible de los ecosistemas tropicales que todavía subsisten, mientras se contrata y realizan las obras de restauración ecológica que se desprenden de los estudios conocidos. Todo esto puede contribuir a una mayor participación de la comunidad con un proyecto que pretende cambiarle la cara a Barranquilla.

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