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Fidel Bassa durante la entrevista que concedió en las instalaciones de EL HERALDO, el viernes anterior.
Luis Rodríguez
Deportes

“A mí me tocaba matarme en el ring”: Fidel Bassa

El oriundo de El Retén, Magdalena, fue vendedor de pescado y campeón mundial mosca de boxeo entre 1987 y 1989 • Ahora, con 53 años de edad, es un próspero empresario que distribuye tecnología para la educación

De vendedor de arepas de huevo y bocachico a campeón mundial de boxeo y próspero empresario. La vida de Fidel Bassa ha sido tal como eran sus combates, un ejemplo de perseverancia, de coraje, de lucha, de no retroceder nunca, de no rendirse jamás.

Bassa, que era una especie de ‘Rocky Balboa’ (icónico personaje de la saga de películas de pugilismo estelarizadas por el actor  Sylvester Stallone), que salía a flote cuando parecía que ya estaba hundido, siempre protagonizó peleas de largo aliento y dignas de un guión cinematográfico. 

Monarca del peso mosca de la AMB desde el 13 de febrero de 1987, cuando derrotó por decisión unánime al panameño Hilario Zapata, en un polémico duelo en el Country Club, hasta el 30 de septiembre de 1989, día en que cayó por decisión dividida ante el venezolano Jesús ‘Kiki’ Rojas, en otro controversial pleito, Bassa fue visto como un héroe que le ponía la cara a la peor adversidad. 

Fabio Poveda Márquez, ese cronista inigualable que dejó una huella indeleble en el periodismo deportivo de Colombia, decía que tenía “fuego en el corazón”. Así, con los latidos en llamas, venció dos veces al norirlandés Dave McAuley, en dos combates de museo, en Belfast, y le empató a Zapata, en la revancha en Panamá.   

Hoy, lejos de los ensogados, con 53 años de edad, gel en su cabello, maletín de ejecutivo, celular de alta gama y una intervención quirúrgica en la nariz que el deporte de los puños le había dejado chata, el oriundo de El Retén (Magdalena), hecho pugilista en Barranquilla, sigue siendo el mismo que no se cansa, que va por la vida dando la batalla y triunfando. 

Fidel Bassa en su primer combate ante el panameño Hilario Zapata.

¿Qué hay de su vida?
Estoy haciendo muchas cosas. Después de que me retiré monté una empresa de libros y los vendía en toda la Costa Caribe. Después materiales didácticos, laboratorios y pupitres. Ahora, desde hace ocho años, estoy viajando por todo el mundo conociendo las mejores tecnologías de Finlandia, Reino Unido, Portugal y España. Me he hecho distribuidor de tecnología para la educación. Tengo doce representaciones internacionales a través de mi empresa (Mundo Científico). Ayudo a las comunicaciones de las empresas e instituciones educativas. Me encanta lo que hago y me ha ido bien.

¿Cuántas personas están a su cargo?
Yo soy el presidente corporativo y tengo 35 empleados. Soy el dueño y vendedor número uno de la compañía (risas).

La imagen sigue vendiendo…
Sí, claro, pero además hay que saber vender lo que uno ofrece.

Mucha gente lo hace vendiendo libros todavía. ¿Cómo incursionó en el mundo empresarial y tecnológico?
 Me convierto en empresario porque antes de ser boxeador yo fui vendedor de arepa de huevo en las calles de Luruaco, después vendía bocachico, aguacate y helado en las calles de Barranquilla. Me gustaba el comercio, contar el dinero. Cuando me retiré del boxeo, me contrata como relacionista público la empresa Planeta Editorial junto a otros tres exdeportistas, Willington Ortiz y ‘Cochise’ Rodríguez. Le dábamos la vuelta al país haciendo las relaciones. Un día hicieron un negocio grande y yo dije: yo también lo puedo hacer, yo soy el que abro las puertas, puedo  hablar con un Gobernador, con un colegio, con una universidad. Me retiré, monté una empresa, me le presenté a Planeta y le dije que quería ser distribuidor de ellos. No me lo querían aceptar inicialmente, le hice un planteamiento y empecé vender en toda Colombia.  De ahí salieron muy buenos negocios, pero después la tecnología entró y empezó a bajar lo de los libros. Me fui a las ferias tecnológicas más grandes del mundo en Londres, Seúl, Holanda y Las Vegas. Todavía sigo asistiendo. Me salieron las doce representaciones internacionales y tengo una oficina bien montada en Bogotá. Estoy abriendo acá en Barranquilla una sucursal.

La ‘universidad de la vida’ le enseñó mucho…
Sí, yo soy empírico, soy un vendedor innato, lo hago desde muy niño y eso me ha enseñado. Cuando toca capacitarme lo hago, tengo unos asesores muy buenos que son mis amigos. Dicto charlas de superación personal y ando con muchos empresarios. Yo también le debo mucho a un libro que estoy leyendo desde los 16 años. Eso me llevó a ser campeón mundial y a lo que estoy haciendo ahora. Se llama ‘Piense y hágase rico’, de Napoleón Hill.

¿Qué dice cuando se mira al espejo?
Hablo con el espejo. Cuando me toca hablar con un ministro o un presidente de la República me pongo a practicar 15 minutos antes.

¿Nunca ha perdido la humildad?
¡Nunca! Yo creo ya no. Me siento orgulloso de eso. Me encanta tomarme una foto con un aficionado que me dice que yo fui un gran deportista. Eso yo lo disfruto.

Todavía se acuerdan de usted…
Es impresionante. Algunos deportistas que yo conozco pasan desapercibidos. En algunas partes que no me conocen, cuando ven mi nombre, no me dejan hacer filas. Eso es chévere.

¿Es más duro ser boxeador que empresario?
Las dos cosas son duras. El boxeo me enseñó a ser empresario. Es casi igual, es de sacrificio y perseverancia.

¿Por qué la mayoría de deportistas colombianos no corren su misma suerte luego del retiro?
Es triste mirar deportistas que han ganado mucho dinero, más que yo, y que hoy en día están pidiendo ayuda para sobrevivir. No es fácil, pero tampoco es difícil, hay que tener perseverancia en lo que uno quiera lograr, la mente tiene poder. Me cierran una puerta y toco otra, hasta que se me den las cosas. ¿Thomas Edison cuántos bombillos quemó para poder darnos la energía? Nosotros quemamos uno y ya decimos que somos salados.

Casi todas sus peleas de boxeo fueron luchadas, épicas. ¿Cómo es la batalla empresarial?
Yo no tuve la suerte de ser un administrador de empresas, un universitario y aprender inglés. A mí me toca duro, me toca pensar, levantarme más temprano, luchar, buscar a la persona ideal que necesito para una traducción de las representaciones de mis empresas. No es nada fácil, pero sí se puede.

¿Hasta qué curso llegó usted en el colegio?
Cuarto de primaria.

¿Ya aprendió inglés?
No, pero sé algunas cositas para no pasar filo por allá en el Reino Unido (risas).

Sus peleas eran como las de ‘Rocky’…
Ninguna fue fácil, fueron bien duras. Desde que estaba en el boxeo aficionado me tocaba dar el 200% para poder ganar. Mi carrera fue cortica. Pasé al profesionalismo y nada más con 16 peleas viene una pelea por el título mundial. Me tocaba matarme mucho más que los demás. Yo sabía que tenía que hacerlo así para poder ser campeón mundial. Regalado no sirve nada, tenemos que luchar.

¿Cuáles fueron sus mejores peleas?
Yo tuve cuatro peleas muy duras. A mí me trajeron un dominicano (Félix Marti) que me tenía casi noqueado. Logre sacar la pelea adelante y gané por nocaut. Esa pelea me marcó, ahí fue donde yo dije: yo voy a ser campeón del mundo. Después de aguantar eso, lo sabía. Recuerdo otra con un venezolano (Manuel Sayago). Yo estaba reventado y todo el mundo decía que iba a perder, pero la gané por nocaut. Me lo tuvieron que quitar. Y las de Hilario Zapata fueron bravas, más que todo la de acá. Zapata tenía muchas peleas que yo, todos decían que era muy difícil que le pudiera ganar, pero Billy Chams, ‘Curro’ Dosman y yo estábamos convencidos de que sí se podía lograr. Yo dije: aquí doy mi vida. Vengo de una familia muy humilde, muy pobre y era el único que la podía sacar adelante. La otra fue con McAuley. Todos quedaron contentos con esa pelea. De ahí en adelante sentí el cariño de los colombianos. Estaba perdido y en el round número 13 saqué esa casta y esas ganas de triunfar, esas ganas de no volver a coger más la ponchera de bocachico (risas).

¿Quién le pegó más: McAuley o Hilario Zapata?
McAuley, fueron tres caídas allá con todo su público. El único negrito que había era yo (risas). Yo dije: me va a tener que matar.

¿Se ha vuelto a encontrar con McAuley?
Con McAuley he hablado. Lo llamé hace como seis meses, lo busqué y lo localicé, es dueño de un hotel allá en Irlanda. Lo invité a Colombia. Tengo en mente montar una fundación para ver si podemos ayudar a muchos deportistas del país. Le dije que me acompañara cuando haga el lanzamiento.

¿Qué le dijo sobre las peleas?
Que ha leído mucho de mí, todos los artículos que me sacan en la prensa.

¿Usted cree que la presión del público de Barranquilla le dio una mano en su pelea con Hilario Zapata?

Ahí todo ayudó. Yo estaba firme, ayudó la gente, mi entrenador, Billy Chams, todo sumó.

Allá la presión fue contra usted…
Muy difícil. Es la semana más difícil que he pasado yo. No podía entrenar en ninguna parte, la gente me tiraba vainas. Tenía que decir que iba para un gimnasio y me iba para otro. Después que dieron el empate, me tuve que esconder debajo del ring cuando sentí el primer bancazo en la espalda. Ahí me encontré a Fabio Poveda y Édgar Perea.

Pudo presentarse una tragedia ese día…
Así es, pudo haber una tragedia. Panamá estaba pasando problemas de orden público.

El año antepasado, cuando Hilario Zapata vino a Barranquilla, tuvo un bonito reencuentro con usted…
Sí. Una vez fui a Panamá y lo visite. Trabaja allá en un banco. Lo invite a almorzar y dialogamos. La verdad es que es otra persona, se metió en una religión y está tranquilo. Después que se retiró del boxeo se sumergió en las drogas, se estaba muriendo, pero se dio cuenta a tiempo.

La pelea que marcó su pérdida del título y su retiro ante ‘Kiki’ Rojas.

 

¿Por qué perdió con ‘Kiki’ Rojas?
Yo pienso lo que dice todo el mundo: esa pelea no la perdí. La perdieron los entrenadores, hay que decir la verdad. Me ayudaron en toda mi carrera, pero no pensaron rápido en el momento y en todo. Cuando me resbalo y ‘Kiki’ Rojas me pega en el piso, ya inmediatamente ‘Kiki’ perdió la pelea. Ya no tenía que seguir porque estaba mal, pero con todo y eso que estaba mal, la pelea se terminó por decisión. Esa pelea pudo terminar en empate o con triunfo para mí, eso es lo que dicen las personas que la vieron la pelea, pero bueno, en la vida hay cosas malas que sirven para tu poder sacar una buena experiencia de vida. Yo me retire, era el momento en que tenía que hacerlo. De pronto, si hubiera ganado me hubieran dado ganas de seguir peleando y el momento de retirarme era ese.

¿Nunca tuvo tentaciones?

No, definitivamente eso depende de la mente del deportista y con quien se rodea. Siempre he sido un profesional en lo que me meto. ‘El Curro’ me enseño mucho, me advirtió todo lo que podía pasar antes de ser campeón.

¿Qué boxeador de hoy en día se parece a Fidel Bassa?

Igual como yo, creo que no (risas).

¿No hay ninguno con fuego en el corazón?

No, creo que no, tienen otros estilos.

¿Qué piensa del actual boxeo colombiano?
Yo pienso que estamos pasando por un mal momento. El boxeo a nivel mundial ha decaído mucho por tantas asociaciones mundiales que hay, ahora cualquiera es campeón, no era como cuando nosotros éramos campeones que solo habían dos, la AMB y el CMB.

¿A nivel mundial rescata algún boxeador?
Mayweather y Pacquiao. Hay que respetarlos, han hecho lo que han querido.

¿Ya es abuelo?
Sí, tengo un nieto de tres años.

¿Cuántos hijos tiene?
Tengo seis, uno que tiene un año (risas). Cuatro varones y dos mujeres.

¿Ninguno le va a  salir boxeador?
No, yo creo que ya no, están estudiando.

Si Fidel Bassa volviera a nacer, ¿elegiría la misma vida?
Haría lo mismo, exactamente lo mismo.  Déjame vender pescado, déjame ser boxeador, igualito. Yo pienso que la vida es más bonita así, salir de la nada a buscar un sueño, ayudar a su familia. A mí me ha ido muy bien.

 

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