El Heraldo
Orlando Ramírez Leal conserva los uniformes originales con los que jugó en su único equipo en las Grandes Ligas.
Fotos de Wilfred ‘Pipe’ Arias
Deportes

“Le huía a los scouts por temor a perder mi trabajo”: Orlando ‘Ñato’ Ramírez

Fue firmado el 15 de marzo de 1972 por US$ 500 dólares y debutó el 6 de julio de 1974 con Angelinos ante los Indios de Cleveland.

Monaguillo desde los 7 años, Orlando ‘Ñato’ Ramírez debió enfrentar la recta más fuerte que le lanzó la vida: el día de su debut oficial en el béisbol con el equipo Caribesa en el mítico estadio 11 de Noviembre, su padre murió.

El dolor se acrecentó cuando no pudo derramar una sola lágrima el día del sepelio de don Miguel.

Don Miguel Ramírez tuvo renombre peloteril. Había integrado la Selección Colombia de los años cuarenta que salió campeona del Mundial de Béisbol Aficionado de 1947.

Su trabajo en la parroquia del barrio Pie de la Popa le impidió dejarse traspasar por el dolor de perder a su progenitor. Tenía que portarse a la altura de la encomienda de ser el asistente de uno de los párrocos más importantes de la ciudad. En cada paso hasta el cementerio del barrio Manga, Orlando se preguntaba qué sería de su vida, qué haría para sustentar a su mamá y qué sería de su amor más entrañable: el béisbol.

Ese momento le templó el alma. Lo ayudó a tomar el mayor riesgo que un niño podía tomar en la década de los 50 en La Heroica, irse de su barrio a otro para jugar a la pelota.
El ‘Ñato’ recordó que una de las tantas tardes en las que se iba a jugar al estadio Mono Judas Araújo, muy cerca de su casa, el entrenador del colegio La Esperanza, Luis García Salcedo, lo vio ‘fildeando’ las rolas con un improvisado guante de cartón de una manera magistral y lo invitó a entrenarse en el campo de La Salle, uno de los tradicionales campos naturales de la época, donde se formaron ‘a pata pelá’ muchas de las futuras leyendas de este deporte en Cartagena. Pero a Orlando le daba miedo. La Salle, que no está a más de tres kilómetros del Pie de la Popa, estaba muy lejos para un niño de 8 años.

Dos semanas después el dueño del equipo Caribesa, el doctor Alfonso Piñeres, llegó hasta su casa en el Callejón Positos del Pie de la Popa donde residía la familia Ramírez  Leal, para preguntar por aquel pelado que le recomendó García Salcedo y de quien aseguraba era un talento natural.

Desde ese instante, ‘el Ñato’ tuvo el arrojo necesario para irse a jugar béisbol a otro barrio, el mismo que le serviría diez años después para montarse en un avión hacia los Estados Unidos y sin saber una sola palabra de inglés, convertirse en el segundo pelotero colombiano que llegó a las Ligas Mayores desde el arribo del paisa Luis Castro.

El ‘Ñato’y su gran amor Taliana, su única nieta.

P. ¿Qué lo hizo seguir con la idea de jugar béisbol si el día de su inicio su padre falleció?
R.  Fue una experiencia muy dura. Mi papá trabajaba en Colpuertos y luego de su muerte a mí me tocaba pensar cómo iba a ayudar a mi mamá y mis diez hermanos a sobrevivir. Moría de ganas de que mi padre me viera jugar en el 11 de Noviembre, allí mismo donde él fue una estrella del béisbol. Sin embargo, seguí practicando la pelota. Me gustaba mucho. Es un amor que aún no muere.

P. ¿Cómo así que a usted le daba miedo ir a practicar en el campo de La Salle?
R.  Era la época cuando no existía el arrojo de los pelaos de hoy en día. Irse de un barrio para otro y que los padres de uno se enteraran le podía a costar a uno un fuerte castigo. Después me dieron permiso, pero bajo el cuidado del doctor Alfonso Piñeres, el dueño del equipo con el que comencé.

P. ¿En qué equipo comenzó a jugar la pelota?
R.  En el Caribesa. Después pase al Cauchosol, en la categoría juvenil. Ahí comenzamos a viajar a otra ciudades y me hice pelotero.

P. Su papá jugó un papel importante para que usted se dedicara al béisbol...
R. Mi papá fue un buen pelotero. Hizo parte de la selección del '47 con ‘Petaca’ Rodríguez, ‘Chita’ Miranda. A mi me tocaba demostrar que era muy bueno para que no dijeran que estaba en el béisbol por rosca de mi papá (risas).

‘El Ñato’ junto a Bruce Robinson en los Angelinos.

P. ¿En qué momento se dio ese despegue que lo dio a conocer?
R.  Fue cuando comencé a jugar en la categoría amateur con el Willard que Melanio Porto Ariza y los locutores de aquel entonces comenzaron a destacarme. Decían que era bueno, que venía de la estirpe de Miguel Ramírez, el expelotero.

P. ¿Quién lo firmó?
R.  Fue durante la concentración de una Selección Colombia en Venezuela que el mánager Carlos Manuel Santiago, un puertorriqueño, me firmó. Un día me llamó a su cuarto en el hotel, me dijo Ñato firma acá que tú vas a ser pelotero de Grandes Ligas. Estaba dudoso, no sabía qué estaba firmando. Temeroso de lo que me pudieran decir en mi casa firmé escondido de mi mamá, sin decirle nada. Eso fue en Maracaibo para unos Juegos Bolivarianos. Santiago me convenció cuando me dijo que dudaría muy poco en las ligas menores. En esos juegos gané cuatro trofeos individuales: ‘champion’ empujador, mejor robador de bases, mejor anotador y mejor campocorto.

P. A qué edad y por cuánto lo firmaron?
R.  A los 19 años, casi 20, y me dieron por la firma 500 dólares.

P. Le sucedió lo mismo que a Édgar Rentería y Orlando Cabrera, quienes también firmaron por bonos que no fueron muy llamativos, pero llegaron a coronar la gran meta...
R. En mi tiempo no se movía el dinero de hoy en día. En Angelinos, cuando jugaba, el jugador que más ganaba era como US$ 200 y estoy hablando de estrellas latinas como Rod Carew (panameño).

P. ¿Y solo hubo ofertas de Angelinos, como para pensar que pudo haber ganado más dinero con la firma?
R.  Lo que pasa es que yo me le escondía a los cazatalentos.

P. ¿Y eso por qué?
R.  Me daba miedo. Yo tenía un trabajo fijo en Colpuertos (ayudante de mecánica) e irme a aventurar por allá a Estados Unidos era un riesgo que no sabía cómo iba a resultar. Si no triunfaba por allá me podía quedar sin trabajo acá. Era un dilema muy fuerte. Tampoco sabía una palabra en inglés, eran muchas cosas.

P. Y llega el día del viaje, ¿qué pasó?
R.  Me llegó la carta para ir a la embajada de Estados Unidos para buscar la visa y de una me mandaron a Triple A y una semana después a Doble A. Esa liga me la ‘comí’. Jugaba en ‘Texas League’. Llegué al Juego de Estrellas de Doble A. Al año siguiente estaba en Triple A con la sucursal del equipo (Salt Lake City) y ahí también di ‘tabla’ (bateó bien). Tuve .305 de promedio.

P. ¿Quién y cuándo le dan la noticia de su llegada al primer equipo de Angelinos en Las Mayores?
R. El mánager en Triple A, el cubano David García. Un día se acercó al cuarto, ya al final de la temporada en Triple A, me dijo que mis números eran buenos y que tenía que irme para California. Yo le dije que estaba equivocado, que yo tenía vuelo de regreso para Colombia y ahí me dijo que los planes eran otros. Que iba para Grandes Ligas. Ese día no dormí para no perder el vuelo.

Orlando ‘Ñato’ Ramírez jugó seis temporadas en Angelinos de California. Después pasó doce años en México.

“Me trataban igual que un presidente”

La llegada de Orlando Ramírez Leal al béisbol más importante del mundo quebró una sequía de 72 años sin que un colombiano pisara la Gran Carpa, desde que el antioqueño Luis Manuel Castro (Lou Castro, como se conoció en el mundo peloteril) lo hiciera el 23 de abril de 1902 con el equipo de los Atléticos de Filadelfia.

P. ¿Cómo fue ese primer día en Grandes Ligas?
R.  Cuando llegué al aeropuerto de Los Ángeles vi que Sandy Alomar y Frank Robinson me estaban esperando. Dije para mis adentros, caramba, esto son unos ‘caballos’. Llegamos a la sede del equipo, me ofrecieron comida, pero de la emoción ni hambre tenía. Cuando vi en el ‘clubhouse’ el uniforme con mi nombre, ahí si caí en cuenta a dónde había llegado. De la emoción no me puede ni colocar las medias en el primer intento. Fue una emoción tremenda.

P. ¿Qué tanto jugó ese primer año?
R.  Jugué 31 partidos, de los cuales 21 fueron seguidos. Di hit en el segundo juego de la serie ante los Indos de Cleveland, se lo conecté a Jim Perry, el lanzador de ellos. Y empujé una carrera, aunque perdimos 6 a 2.

P. ¿Cómo era la vida como un pelotero profesional en los Estados Unidos?
R.  Trmendo. Viajes a todos lados, recuerdo cuando íbamos a Nueva York el poco de colombianos saludándome. En los aeropuertos la gente nos abordaba para autógrafos, empresas de artículos deportivos te buscaban para que usaras sus prendas o sus artículos como manillas o zapatos. Recuerdo que un patrocinador que vendía equipos de sonidos y televisores mandaba recados para que fueramos a retirar aparatos como regalos para nosotros. Nos trataban con reyes o presidentes.

P.  ¿Quiénes eran sus mejores amigos en el equipo?
R.  Rod Carew, Nolan Ryan, Reggie Jackson. Recuerdo que un día voy a saludar a Reggie y me contestó en español. No sabía que se llamaba Reynaldo y que tenía origen puertorriqueño. Desde ahí nos hicimos buenos amigos, de hecho, nos confundían pensando que eramos hermanos porque como ambos teníamos bigotes y usábamos gafas en todas partes nos decían lo mismo.

P. ¿Por qué duro solo seis años en Angelinos?
R.  Hubo cambios en el equipo. Me mandaron a Houston prestado, pero allí iba a jugar muy poco. Mi abogado me consiguió contrato en México y como me conocían muy bien, me quedé allá doce años. Jugué tanto en la Liga del Pacífico como la de Verano. Estuve en 7 Juegos de Estrellas. Gracias a Dios disfruté mucho mi vida como deportista y hoy la comparto con los niños enseñándoles.Hoy, trabajo con el Ider en las escuelas de formación deportiva.

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