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Pavimentación de la ‘Avenida E’ con carro de mula. Es la actual carrera 59.
Archivo Parrish
Cultura

El Prado antes del Prado

El ingeniero paisajista Ray Floyd Weirick recorrió ciudades del Caribe para una investigación que sirvió de base en obras de la moderna urbanización

Este año, el aniversario 100 del barrio El Prado invita a recordar la arquitectura neoclásica de sus casas, a recorrer sus espacios patrimoniales, otrora las mansiones de prósperos barranquilleros y de migrantes e hijos de migrantes, y a explicar la relevancia histórica que significó su construcción para el desarrollo urbanístico de la ciudad.

Sin embargo, en menor medida se habla de lo que precedió a la construcción del que es considerado el primer desarrollo urbanístico del país. Sobre este asunto el departamento de Arquitectura, Urbanismo y Diseño y el Archivo Parrish de la Biblioteca Karl C. Parrish Jr. de la Universidad del Norte, en el marco de las actividades del mes del Patrimonio que organizan Flashing Design y el Festival No Conocía El Palma, con apoyo de la Secretaría de Cultura distrital, presentaron el pasado 3 de septiembre un importante informe previo a la creación de El Prado. 

Se trata de una investigación que es un viaje, y de un viaje que es un proyecto a futuro, condensado en un reporte firmado por Ray Floyd Weirick y hecho por encargo de Karl C. Parrish.

Weirick, ingeniero paisajista, llevó a cabo entre 1918 y 1919 un recorrido por La Florida, La Habana, Ciudad de Panamá, Kingston y Nueva York, para finalmente hacer con base en ese estudio una propuesta de diseño con recomendaciones para el futuro barrio. “La idea era que hiciera un recorrido para tomar las referencias más importantes de todas estas ciudades, que en ese momento se parecían en el clima a Barranquilla, pero estaban más desarrolladas que las ciudades del trópico colombiano”, explica el arquitecto Yalmar Vargas, profesor e investigador del proyecto “El archivo Parrish: el rescate de la memoria de los barranquilleros”, en el que también participan Ana Milena Posada, Moisés González y la arquitecta Rossana Llanos.

Otro propósito de la investigación del ingeniero nacido en Des Moines, Iowa, consistía en determinar en cuál ciudad del Caribe colombiano se ejecutaría el proyecto inmobiliario. Santa Marta, Cartagena y Barranquilla eran las candidatas, estas dos últimas con mayor probabilidad de resultar escogidas.

El Proyecto Editorial Parrish & Co. Report. Des Moines: Floyd Weirick, R: Bitácora Parrish iba a ser publicado en un libro durante las conmemoraciones de los 100 años de El Prado que se cumplieron el pasado 15 de marzo (por la pandemia se postergó hasta el aniversario número 55 de la Universidad del Norte en 2021). Mientras, Vargas y su equipo buscan revelar paulatinamente apartes del proyecto escrito originalmente en inglés y que desde hace un año organizan para el público.

La residencia de Karl C. Parrish en El Prado. Archivo Parrish
El reporte por ciudades

De acuerdo con Vargas y los extractos del informe, en el sur de La Florida, EE. UU., Weirick se interesó por las plantas. Visitó el Royal Palm, un productor de plantas tropicales en el que se hacían despachos “a todas partes del mundo”. “La consulta reveló que este vivero ha enviado despachos bastante grandes a La Espriella Hermanos, en Barranquilla, y otros lugares de Colombia”, destaca el informe.

“Weirick trata de ubicar las ciudades del trópico para ver cuáles son los árboles requeridos. Es increíble pensar que en 1918, dentro de los barcos que venían a Barranquilla, incluían el envío de árboles desde tan lejos”, comenta Vargas. “Además dice dónde se deberían sembrar, si en separadores, bulevares, antejardines o parques. Esto resultó determinante en lo que se hizo en El Prado”.

En La Habana, Cuba, sus averiguaciones se centran en el negocio inmobiliario, la normatividad y la producción de materiales para las casas, especialmente lo concerniente con el acabado de los baños. “Como El Prado sería un barrio moderno, necesitaban que las casas tuvieran una higiene, la higiene de la modernidad”, dice Vargas. Eran fundamentales tanto los materiales como saber qué empresas podrían enviar los insumos que no se producían en la ciudad.

En la capital cubana el ingeniero conoció el barrio El Vedado, donde contactó a un encargado de la Compañía Mendoza, cuyo método de operación consistía en “tomar un pedazo de tierra vacante y colocar todas las mejoras”, explica el informe. Esto les permite construir calles y aceras “mucho más barato de lo que la administración haría el trabajo, y más rápido”. Para realizarlo, la ciudad suscribe un contrato con la compañía para las obras, y mantiene las mejoras durante cinco años, después de los cuales la propiedad se devuelve a la ciudad para su mantenimiento.

De acuerdo con el arquitecto, “es la primera vez que en América Latina, en esos años, se utiliza esta metodología de negocio inmobiliario para desarrollar una ciudad, la primera vez que los privados invierten recursos para el desarrollo de esta. Por entonces no había ninguna ciudad de América Latina, y menos en el país, pensando en eso”. 

En La Habana, también con la Compañía Mendoza, descubre cuánto invierte el sector privado en el lote, el costo de la tierra, la construcción de las vías y el espacio público, y finalmente a cuánto venden el metro cuadrado. El resultado es que “ganan el doble”.

En Kingston, Jamaica, el ingeniero recoge también información de arborización, y en Nueva York visita desarrollos inmobiliarios, observa las luminarias y estilos de las casas. En la zona del Canal de Panamá encuentra “el diseño más técnico”, observa el ancho de las ciudades y el amoblamiento urbano.

Antigua Avenida Colombia desde el Teatro Apolo. Archivo Parrish
Requisitos urbanísticos

El ingeniero paisajista señala las características que debe tener un lugar para construir una urbanización. “Una buena vista y una buena ventilación. Por eso escogen la pendiente de El Prado, que además se le parece mucho, por ejemplo, a la zona del Canal de Panamá, una zona inclinada como la de El Prado, que recibe la brisa del río Magdalena”.

Las calles que Weirick recorrió en La Habana para su informe, tienen de 14 a 16 metros de ancho, y cada quinta calle es de 25 metros, “lo que explica por qué en El Prado la carrera 58 es más amplia y las otras más sencillas. El urbanismo de esas ciudades se aplicó acá”, dice Vargas. 

Las casas deben tener entre 18 y 22 pies de alto, para aliviar la sensación térmica. En ellas tampoco deben faltar terrazas anchas y amplias, “Weirick consideraba un error incluir una terraza pequeña en el calor del trópico”. En este sentido son importantes los patios para mantener la ventilación. Antejardines, terrazas, patios grandes y retiros entre casa y casa; características que se reprodujeron en la urbanización.

Aunque las regulaciones de arquitectura y jardinería “no son tan estrictas”, entre las recomendaciones del informe se hace énfasis en que fuera de la casa el espacio sumara 7 metros (cuatro de jardín y tres de terraza). Para una casa que costara entre 7.000 y 8.000 pesos de la época, el lote sería de alrededor de 10x45 metros. En los lotes esquineros, el costo se duplicaría por metro cuadrado.

Otro aspecto importante era el diseño de sillas, luces y lo que acompaña el espacio público. Propone que se realice de manera especial en El Prado. “Esos detalles son los que van a distinguirlo de otros lugares” dentro y fuera de Barranquilla.

Como dato curioso, está la prohibición, hoy inconcebible, de tener en casa animales domésticos, montar negocios y otras actividades (que el Proyecto irá revelando antes de su publicación completa).

La vivienda de J. M. Blanco N., según los registros históricos. Archivo Parrish
¿Por qué Barranquilla?

Una anécdota ilustra la elección de los predios de El Prado en Barranquilla. El 13 de enero de 1919 Weirick llegó a la ciudad desde su natal Des Moines para trabajar en el informe. Instalado en el Centro, sintió que era imposible trabajar en los horarios de 10 a.m. a 4 p.m debido al calor y los mosquitos. Sólo cuando fue a la casa de Karl C. Parrish ubicada en un lote de El Prado, logró hacerlo el día entero gracias a la brisa y que no había casi mosquitos.

Los estudios del paisajista en Cartagena se enfocan en la zona de El Cabrero, la base de La Popa y Manga. “Dice que el primero es bueno, pero es un poco popular y prácticamente no cuenta con tierra disponible, ya está ocupada. En La Popa hace mucho calor porque la montaña le impide tener una ventilación regular. Y en Manga, más fresca que La Popa, el viento se interrumpe con frecuencia, lo que la hace un espacio caliente y plagado de mosquitos”.

El Prado, ubicado a una altura promedio de 51 metros sobre el nivel del mar, cumple los requisitos del informe de Weirick al tener accesibilidad y al recibir los vientos alisios. Su topografía, aunque en un tramo alto, es “suavemente ondulada”.

Un punto destacado del informe trata la “rivalidad desafortunada” entre las dos ciudades. “Barranquilla está en camino a convertirse en la metrópolis de la Costa del país. Sin entrar a discutir las razones de esta opinión, es suficiente decir que Barranquilla es más joven y llena de empresarios activos y progresistas, la mayoría de los negocios están ubicando sus sedes allí, la ciudad yace a la entrada de la vía arteria de comercio más grande del país —el río Magdalena— y está creciendo mucho más rápido que Cartagena”.

Consulta en redes

En la cuenta de Instagram y de Twitter @elprado_2020, conformada por facultades de arquitectura de cuatro universidades de Barranquilla, se hacen publicaciones referentes a los 100 años de vida de El Prado, declarado Bien de Interés Cultural de carácter nacional con la Resolución N°0087 del 2 de febrero de 2005.

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