El Heraldo
Opinión

Una alternativa papal

¿Sería posible que unas nuevas tendencias político-filosóficas pudieran acercarse, unir a las dos más grandes propuestas de cambio de la humanidad, las dos revoluciones que, a su turno, dividieron la historia?

¿Acaso su larga y secular discrepancia tendría que producir el resultado histórico de su inevitable acercamiento?

El comunismo es un sistema socio-político nuevo, que avanza de oriente a occidente fundado por Carlos Marx y adoptado por Lenin en Rusia. El cristianismo es una institución espiritual que hoy, en su vestidura de civilización cristiana, avanza hacia todas las posibles direcciones.

A medida que aumenta la población en el mundo en muchos sectores, los más azotados por el hambre, se mira al comunismo como solución a la desigualdad social y los niveles económicos. Y a medida que disminuyen y se desdibujan en el mundo los valores espirituales, así como se desintegra la moral, se hace más palpable la angustiosa búsqueda de un mundo más humano, más justo, más cristiano.

La estructura sociológica del comunismo pretende el mejoramiento de los sistemas de vida material, social y política de los seres humanos. Las bases del cristianismo están construidas puramente con elementos espirituales y sus objetivos son el amor, la caridad y la tolerancia.

El comunismo establece que los valores interiores del hombre son el resultado de las condiciones materiales y de igualdad social. Ejerce, por lo tanto, una presión externa, física, sobre las estructuras sociales. La transformación del hombre ocurre de afuera hacia adentro. 

Los caminos del cristianismo para la transformación del hombre y del mundo se producen a partir de la conversión del corazón humano, cuya liberación se expresará socialmente en instituciones justas, su cambio moral, su mentalidad y sus costumbres. Desde adentro hacia afuera.

El comunismo fue fundado por un judío desertor de los intereses sionistas, Carlos Marx. El cristianismo también fue fundado por un judío, Jesús de Nazaret, disidente del antiguo consenso que rigió por muchos siglos a su pueblo.

El partido cristiano-comunista es la reconciliación del espíritu y de la materia. Es el símbolo de la unión más grande de nuestro tiempo. Es el reencuentro de oriente y occidente. Es la nueva alianza de Marx y Jesús de Nazaret.

La paz del mundo es un acertijo. Mientras las grandes potencias continúen con el negocio de la fabricación de armamentos sus mejores compradores, los países del tercer mundo, no cejarán en su carrera armamentista para mantener de esa manera un hipotético y falso equilibrio de fuerza. Y así nos vamos acercando a una conflagración mundial que involucra solo a los países pobres porque las grandes naciones nunca entrarían en una guerra que comprometería su arsenal nuclear.

De esta manera, por segunda vez el Papa vendría a Colombia y no sería solo una visita de ese gran portador de bendiciones, sería nada menos que la entrega del país a Dios, lo cual se convertiría en la consagración definitiva de Colombia al Supremo Hacedor, al Dios de los cristianos, católicos y protestantes, al Dios de los judíos, al Dios de los Mahometanos, al Dios de los masones y al Dios de los que no creen en Él.

¡Porque de la mano de Dios es más seguro el andar!

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