La Guerra Fría ha sido declarada en cabeza del procurador general y del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Colombia se somete nuevamente a la tradicional polarización entre la extrema derecha y la izquierda, con discursos heroicos en las plazas y algunas alusiones al odio en redes sociales. Un día nos despertamos con la noticia que el procurador ha ratificado la destitución de Petro, y al día siguiente la justicia da la estocada y suspende el fallo que inhabilita por 15 años al mandatario. Lo más peligroso en todo esto no es la guerra verbal y las acusaciones que se hacen unos a otros como niños malcriados, sino la utilización de nuestras máximas instituciones administrativas como armas letales contra el enemigo político. Cuando el procurador ratificó la decisión de destituir e inhabilitar a Petro, parecía más un acto de orgullo ante la opinión pública, que repudió su actuación, y ante la izquierda, que una decisión que debería representar la ecuanimidad del Ministerio Público.
Pero en esta guerra Petro se está llevando el papel de héroe protagonista, y el procurador, el del típico villano con exceso de poder. Las palabras de Petro cuando le fue notificada la suspensión provisional de su sanción parecían las de un demócrata que se encontraba desahuciado en una dictadura militar del cono sur, inspiraban aires de justicia y de democracia, a pesar que sus acciones sí ameritaban una sanción, el héroe de esta contienda ha ganado una de las tantas batallas que ahora le vienen.
La decisión del Tribunal Administrativo de Cundinamarca solo es una suspensión provisional, por lo que habrá que esperar el fallo de fondo para saber si Petro seguirá como alcalde o tendrá que seguir en la lucha jurídica por la protección de sus derechos políticos. Habiéndose agotado la acción de tutela, Petro todavía tiene que agotar la demanda de nulidad y restablecimiento de derecho si quiere salir airoso del informe de la CIDH, pues argumentar que por ser de izquierda y estar bajo una supuesta persecución política para decir que en Colombia no hay recursos jurídicos que lo protejan, es dar un debate jurídico duro y difícil de probar.
Esta guerra todavía dará mucho de qué hablar, pero una polarización política como la que estamos viviendo por la disputa entre Ordóñez y Petro es lo menos saludable que le puede pasar a una democracia que está en vísperas de sus elecciones más importantes. Como atinadamente escribió un tuitero hace poco “nuestra izquierda da lástima y nuestra derecha da miedo”. Este episodio de nuestra política nacional me recuerda a los años donde el uribismo gobernaba, cuando quienes no estaban con él eran tildados de “izquierdosos” y donde el discurso de odio se pregonaba abiertamente por las entidades de la Nación.
Por ahora el procurador se quedó, como dice mi mamá, con los crespos hechos, y Petro, con una actitud triunfante, alentadora para sus seguidores y sumando adeptos como nunca antes en su vida política.
Postdata: Drummond está mostrando sus cartas-chantaje y cree que el Gobierno va a terminar cediendo por las regalías y por los desempleados que dejaría una fuerte sanción. Frente a los empleados, sus derechos se protegen exista sanción o no, y frente a las regalías, seguramente habrá una multinacional que a diferencia de Drummond respete el medio ambiente.
@tatidangond








