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Ilustración de un agujero negro, una región infinita del espacio con masa elevada en un volumen pequeño.
Shutterstock
Ciencia

Agujeros negros: un viaje a lo invisible

Hoy se conocerá el “resultado inédito” del proyecto EHT, que permitirá ver por primera vez a estos “monstruos” cósmicos.

Predichos por la teoría pero jamás observados directamente, los agujeros negros, de los que se podría ver una primera imagen hoy, siguen siendo uno de los objetos más enigmáticos de nuestro cosmos.

Un agujero negro es un objeto celeste que posee una masa extremadamente importante en un volumen muy pequeño. Como si la Tierra estuviera comprimida en un dedal o el sol únicamente midiera 6 km de diámetro, explicó recientemente Guy Perrin, astrónomo del Observatorio de París-PSL.

Según la ley de la relatividad general publicada en 1915 por Albert Einstein, que permite explicar su funcionamiento, la atracción gravitacional de estos “monstruos” cósmicos es tal que no se les escapa nada: ni la materia, ni la luz, sea cual sea su longitud de onda.

Por lo tanto, no se pueden observar directamente. Además, la fuerza de gravedad que emana del agujero negro es tan fenomenal que no se ha logrado recrear en laboratorio.

Pero sabemos que existen de dos tipos: 

Los agujeros negros estelares, que se forman al final del ciclo de vida de una estrella y que son extremadamente pequeños: tratar de observar los más cercanos equivaldría a buscar distinguir una célula humana en la luna.

Los segundos, los agujeros negros supermasivos, se hallan en el centro de las galaxias y su masa está comprendida entre un millón y miles de millones de veces la del sol.

Los agujeros negros empezaron a crearse muy temprano en el universo, junto a las galaxias, por lo que “engordan” desde hace 10.000 millones de años. Pero su formación sigue siendo un misterio.

Los dos agujeros negros estudiados por el proyecto Telescopio del Horizonte de Sucesos (o Event Horizon Telescope, EHT, en inglés), que hoy anunciará un “resultado inédito” acerca de estos objetos, son dos supermasivos.

Uno, Sagittarius A*, se halla en el centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz de la Tierra. Su masa equivale a 4,1 millones de veces la del sol. Su radio mide una décima parte de la distancia entre la Tierra y el sol.

El otro es uno de los agujeros negros más masivos de los que se conocen, con una masa 6.000 millones de veces superior a la del sol y 1.500 a la de Sgr A*. Está situado a 50 millones de años luz de la Tierra, en el centro de la galaxia M87. 

Bajo el efecto de la enorme atracción gravitacional, las estrellas más cercanas a estos “monstruos” son achatadas, estiradas y dislocadas y su gas se calienta a temperaturas extremas.

Gas y trozos de estrellas giran en espiral alrededor del agujero negro — el denominado disco de acrecimiento — para acabar penetrando, generando un haz brillante ultravioleta.

“Cuando un agujero negro empieza a aspirar la masa, esta última se calienta enormemente, brilla y emite luz”, explica Paul McNamara, responsable científico en la Agencia Espacial Europea del LISA Pathfinder, un futuro observatorio espacial.

A falta de poder observar un agujero negro, los astrónomos tratan de ver la zona de no retorno, el límite a partir del cual lo que sucede es inaccesible; en definitiva, el contorno del monstruo.

El imaginario colectivo

 Por su invisibilidad, su fuerza destructora y su misteriosa razón de ser, los agujeros negros se han hecho un lugar en el imaginario colectivo, como lo demuestran los filmes Interstellar y El abismo negro, así como la célebre obra Historia del tiempo, de Stephen Hawking.

“El agujero negro es el gran desconocido que reagrupa todos los extremos, desafiando incluso la imaginación, y por lo tanto fascinan”, explica la youtuber francesa Florence Porcel, dedicada a la vulgarización científica.

Los agujeros negros en Hollywood

 Además de Interstellar, los agujeros negros también están presentes en otros filmes como Contact (dirigida por Robert Zemeckis y basada en la novela del divulgador y astrofísico Carl Sagan), en episodios de Star Trek, muchos cómics, así como en los dibujos animados francojaponeses de los años 1980, Ulises 31. 

Invisible, misterioso

Como nada puede escapar a los agujeros negros, ni la materia ni la luz, estos son invisibles. Pero también están extremadamente lejos, por lo que solo serían accesibles mediante un viaje interestelar, un tema reservado por ahora a la ciencia ficción.

“¡El misterio crea emoción!”, afirma Brigitte David, del Planetario de París, donde la película ‘Agujeros negros’ es de lejos la que suscita más preguntas entre los espectadores.

Y la magia permanecerá todavía mucho tiempo, puesto que si bien se puede realizar una simulación visual del agujero negro visto desde el exterior, “lo que está detrás son cosas muy complicadas que todavía no se han resuelto”, asegura el astrofísico francés Jean-Pierre Luminet, autor de varios libros sobre esta materia. 

‘El abismo negro’, filme de Disney estrenado en 1979, es una “versión muy de ‘parque de atracciones’ sobre los agujeros negros, pero tuvo el mérito de popularizarlos entre las generaciones que lo vieron”, explica Philippe Guedj, periodista del sitio francés PointPop.

La distorsión del tiempo

“Además de ser invisibles, los agujeros negros distorsionan el espacio y el tiempo, alimentando el imaginario colectivo, atizando la curiosidad”, juzga Brigitte David.

“Es un lugar donde incluso el tiempo y el espacio cambian de definición, ¡es un objeto ideal para los autores de ciencia ficción!”, según Porcel.

Por ejemplo, en ‘Interstellar’, un filme dirigido por Christopher Nolan en el que un grupo de astronautas trata de salvar a la humanidad, un padre (Matthew McConaughey) rejuvenece en el espacio hasta el punto de ser más joven que su hija, que permanece en la Tierra.

Un nombre a medida del monstruo 

El físico John Archibald Wheeler inventó el término “agujero negro” en los años 1960.

“En realidad, los agujeros negros no son ni agujeros, ni negros... Son esferas que resplandecen. Pero desde luego, su nombre influye en el imaginario colectivo”, reconoce Porcel.

Stephen Hawking, indisociable

Varios meses después de la salida de su superventas de vulgarización científica ‘Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros’ en 1988, el astrofísico británico Stephen Hawking se convirtió en una estrella, con referencias suyas en los videojuegos, películas y series como ‘The Big Bang Theory’, en la que desempeñó su propio papel.

También participó en un episodio de la serie ‘Star Trek’ en 1993, en el que personificaba su propio holograma jugando  póker con los de Albert Einstein e Isaac Newton, y con el androide Data.

 

 

 

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