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Barranquilla

“Sentí que había muerto”: Hombre rescatado de arroyo

Osvaldo José Abello Rubio, de 46 años, fue rescatado por ciudadanos e integrantes de la Escuela Naval de Suboficiales de un arroyo.

Osvaldo José Abello Rubio  había empezado a perder la batalla: tenía heridas en brazos y piernas, el agua le había despojado de toda su ropa, su calzado y hasta el único dinero con el que contaba (15.000 pesos colombianos) cuando por eternos minutos una rejilla de seguridad que estaba cediendo ante la presión del agua era la única barrera que evitaba que su cuerpo se fuera raudo por un caño de la Vía 40 que  comunica con el río Magdalena, un tránsito que a esa altura de la mañana hubiera sido mortal.

Se sentía sin fuerza, adolorido y de a poco se estaba resignando a que la muerte le iba a llegar en la malla de la Escuela Naval de Suboficiales por lo que, ante la inminente sensación de que su vida estaba a punto de acabarse frente a varios ciudadanos que presenciaron con angustia el hecho, empezó a indicar medidas desesperadas a los primeros hombres que arriesgaron su pellejo para sacarlo del aprieto.

Primero solicitó que le amarraran un cinturón al cuello, que no importaba el dolor, pues a esa altura no tenía prendas por la cual ser sujetado y extraído del caudal. Para colmo de males,  su cuerpo estaba demasiado mojado y era completamente escurridizo a manos amigas que tenían que también lidiar con la fuerza de la corriente.

Luego –cuando ya empezó a sentirse ahogado producto de la incalculable cantidad de agua que ingirió–  suplicó con la voz casi apagada a los rescatistas que no lo dejaran morir, que no lo soltaran, que tenía miedo. Toda una escena drámatica que hacia perder la esperanza hasta al más optimista.

Mientras la angustiante ‘pélicula’ paralizó esa parte del corredor industrial del norte de Barranquilla, varios conductores de buses de servicio público (Coolitoral) armaron una fila india con sus automotores con el objetivo de que la carcasa de sus vehículos se convirtiera en un muro que mermara la potencia del arroyo que descendía por la calle 66 y que, a la postre, empujaba al hombre hacia un destino mortal.

Pero la situación no tardaría en salirse de control con el pasar de los minutos. Los valerosos hombres que intentaron ayudar al inicio no le encontraban solución a la compleja ecuación que suponía rescatar a un hombre de un potente arroyo, la paciencia se acababa, varios se agarraban la cabeza mientras que otros curiosos simplemente se dedicaban a entregar sus conceptos sobre la siguiente maniobra heroica a realizar. En esos instantes, fue cuando empezaron a salir los prónosticos pesimistas. “Ese man se va a morir”, se escuchaba en la calle.

Problemas

 Un par de sorbos a una botella de Cocoanís, un vicio hacia el licor que arrastra hace muchos años y que lo ha hecho meterse en algunos problemas, fue el combustible necesario para que Osvaldo José Abello Rubio iniciara su día con la mejor disposición, al menos según sus consideraciones.

Desde hace años, luego de presentar algunas rupturas con su núcleo familiar, según confiesa, empezó a trabajar como cotero en el Mercado de Barranquilla. Allí se disponía en la mañana de este viernes a rebuscarse el pan de cada día y los cuatro mil pesos necesarios para tomarse su botellita de licor diaria. Según trabajadores y personas que transitan o laboran por la zona, Abello Rubio duerme a un costado del Multifamiliar El Vivero, ubicado en la Cra. 73 #76-81, y a veces es visto trabajando como cuidador de carros.

“Todos los problemas míos radican en el alcohol”, reveló el hombre, quien asegura vivir con su madre en La Concepción.

“Yo me levanté, me tomé una botella de ron y me dispuse a ir a algo al mercado, pero me encontré con ese arroyo al momento de cruzar.  Yo iba a atravesar para el otro lado, pero la corriente me sorprendió”, contó el hombre de 46 años minutos después de ser rescatado.

Debido a la gravedad de la situación y que no se encontraba solución definitiva, varios integrantes de la Armada Nacional decidieron aportar sus habilidades para que el hombre pudiera vivir, pero luego de los primeros vistazos empezaron a temer lo peor.

“Nosotros al ver el inminente peligro en el que se encontraba el señor, procedimos de manera rápida. Con mucha pericia logramos controlar la situación y se logró salvar la integridad física del señor Oswaldo, quien ya estaba agotado por el esfuerzo que venía haciendo ”, explicó el cabo Yordy Beltrán.

Precisamente fue él quien  se convirtió en el héroe de la jornada. Se percató de que Osvaldo no iba a ser retenido por la muralla de manos humanas y la rejilla de la institución e iba a ser arrastrado hacia el caño. Decidió quitarse su uniforme, sumergirse en el cuerpo de agua y alcanzar al hombre de 46 años. Lo hizo cuando todo apuntaba a que Rubio Abello se iba a perder en el caudal del Magdalena.

“Las personas no lograron sostenerlo por mucho tiempo. Al señor lo liberaron y aguantaron hasta que pudieron. En el transcurso que la corriente lo iba arrastrando logramos sacarlo”, dijo Beltrán.

Felicidad

 Osvaldo Abello “volvió a nacer” y tras ser rescatado no paró de felicitar a la Armada Nacional. Luego de ser valorado por médicos de la institución y que rectificaran que solo tenía rasguños en su cuerpo, el hombre aseguró que esta experiencia con la muerta lo va a hacer replantear muchas cosas en su vida.

“Yo me sentí muerto, de aquel lado, pero ahora me siento feliz y contento, con disposición de seguir. A mí me encanta el licor y que pa’ prevenir las cosas, pero cuál, es peor. Claro que ahora voy a dejar de tomar”, aseguró.

“Lo que más quiero ahora es caminar para que se me pase todo esto”, concluyó.

Por su parte, Nora Rubio, madre de Osvaldo, se mostró aliviada por el rescate de su hijo mayor, pero aseguró que tiene rabia con él por el drama que vivió.

“Cuando estas personas han dado tanto dolor de cabeza ya nada le extraña a uno. Me dio rabia lo que pasó porque yo le he hablado en todos los sentidos y también he actuado a favor de él, pero si usted no pone de su parte, ¿qué se puede hacer? La verdad me enojé mucho con él y me dio mucha angustia todo”, concluyó doña Nora Rubio.

Hansel Vásquez
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