Los mares de plástico que bañan el planeta

Una persona consumiría anualmente entre 39.000 y 52.000 partículas de microplásticos, según estudio.  Análisis de investigadores de Unisimón. 

Josefina Villarreal
Unas 13.000.000 de toneladas de plástico llegan al mar cada año, advierte la ONU, a propósito de la celebración del Día Mundial de los Océanos el 8 de junio. Josefina Villarreal
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Una persona consumiría anualmente entre 39.000 y 52.000 partículas de microplásticos, según estudio.  Análisis de investigadores de Unisimón. 

¿Qué tan distantes estamos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos para proteger nuestro planeta? La adopción de medidas que contrarresten los efectos negativos de las actividades humanas sobre el medio ambiente es urgente, no da espera, pero los diagnósticos actuales sugieren que no hay soluciones de peso a la vista.

Lo que pasa con los océanos, por ejemplo, es verdaderamente grave. Estas áreas han sido un amortiguador para el cambio climático extremo, como lo describe el Programa del Medio Ambiente para las Naciones Unidas, que también los ha calificado como el “mayor sumidero de carbono del planeta”, a donde llega cerca del 30% del CO2 y el 93% de los gases de efecto invernadero.

“El calentamiento del océano, la acidificación de los océanos y el aumento del nivel del mar son todas las consecuencias de un sistema que contamina el mundo y pone en riesgo la vida en la tierra y debajo del agua”, señala en el mismo informe Gabriel Grimsditch, oficial de gestión de programas para ecosistemas marinos en el Medio Ambiente de la ONU.  

La alarma por la cantidad de basuras que van a parar al mar y todos los cuerpos de agua del planeta es día tras día, más grande. El objetivo asociado a la protección de la vida submarina, contempla prevenir y reducir significativamente la contaminación marina de todo tipo, en particular a partir de actividades en tierra, incluidos los desechos marinos y la contaminación por nutrientes, pero evidentemente, que fenómenos causados por el hombre como las más de 600 toneladas de desechos que llegaron flotando a finales de mayo a las playas del Atlántico, representan una bofetada a los esfuerzos que se emprenden. 

Datos de Greenpeace indican, que solo el 9% del plástico producido y consumido en el mundo ha sido reciclado, el 12% ha sido incinerado, y la gran mayoría, el 79%, ha terminado en vertederos o en el medio ambiente; de ahí pueden llegar al mar trasportados por el agua que fluye de estos sitios. De hecho, la organización ecologista internacional estima que el 80% de los residuos que se encuentran en el mar provienen de la tierra. 

Ingiriendo microplásticos

El biólogo Hernando Sánchez, investigador de la Universidad Simón Bolívar, explica que si bien hay otros países que realizan todo un trabajo para reutilizar el plástico, en Colombia es muy pequeña la cantidad que se transforma. “En países africanos por ejemplo, casi todo el plástico se va al agua y nosotros no estamos muy lejos de eso. En Barranquilla, con las primeras lluvias, cuando se lava toda la ciudad tras el verano, podemos ver gran cantidad de basuras en los arroyos; hay videos que lo muestran. Es mucho el plástico que se están aportando a los ríos y al mar”, sostiene. 

No es que este material se quede durante muchos años en el mismo estado en que es desechado, aclara el investigador. Existen factores como la luz ultravioleta que generan un proceso de transformación y de pulverización, que lo reduce a partículas más pequeñas a las que se denomina microplástico y que finalmente son trasportados por el agua y el viento a los lagos y mares.

En el océano está tanto la basura plástica visible (bolsas, cuerdas, envases, tapas entre otras) la que no se ha transformado, y el invisible microplástico que hacen parte del mar.  Es decir –complementa Sánchez-, “se encuentra donde también están otros organismos como, por ejemplo, el zooplancton, que son en su mayoría filtradores; así como a las ballenas les ha encontrado cualquier cantidad de bolsas plástico, porque ella se alimenta filtrando organismos vivos como el Krill y pequeños pelágicos entre otros elementos naturales, pero el plástico es su gran problema porque no lo puede separar de estos”.

Además hay en el plancton larvas de especies como las jaibas, las langostas los camarones, etc., que son parte de nuestra alimentación, los cuales en esa fase de su ciclo vital, se alimentan del fitoplancton y zooplánctones más pequeños y que ahora por ello, también consumen microplásticos porque no tienen las capacidades de separarlo de su alimento natural.

Acerca del impacto de ese proceso sobre la cadena alimenticia, el investigador explica que, si bien se estima que es muy grave, apenas se está empezando a estudiar.

Una revelación inquietante la contiene un estudio de la Universidad de Victoria en Canadá, publicado desde el pasado 5 de junio, basado en el análisis de la ingesta calórica de los estadounidenses. Cada persona estaría consumiendo anualmente entre 39000 y 52000 partículas de microplásticos; pudiendo ser más en el caso de quienes ingieren agua solamente embotellada. Otras miles entran al cuerpo por inhalación. 

Prohibidos

Un paso importante para enfrentar la problemática lo ha dado Europa. Desde 2021 entrará en vigencia la prohibición de los plásticos de un solo uso tales como pitillos, cubiertos, platos y copitos, como una medida para aliviar la contaminación marina. Al mismo tiempo se proyecta reciclar el 90% de las botellas plásticas a 2029 y garantizar que su elaboración sea con material reciclado. 

A 2018, según la ONU, por lo menos 127 países habían adoptado algún tipo de legislación para regular la utilización de bolsas de plástico.

En marzo pasado, durante la IV Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Medio Ambiente en Nairobi, 170 países, incluido Colombia, se unieron en una declaración en la que se comprometen a adoptar medidas tendientes a reducir el uso de elementos de plásticos a 2030. 

La isla de basuras llegó al buen Puerto

Tristeza, angustia, preocupación, sentimientos encontrados viven por estos días los habitantes de Puerto Colombia. Pues sí, es real, una isla de basuras llegó al buen Puerto, recientemente; las playas del municipio quedaron llenas de residuos sólidos y las autoridades competentes no podían creer que este fenómeno artificial llegara y condujera a un problema ambiental tan significativo, cientos de porteños salieron a limpiarlas en un acto de pertenencia por su recurso natural y los quiero felicitar, pero queda una pregunta al aire ¿quiénes son los responsables?

El pasado 29 de mayo, un día antes de que estos residuos nos invadieran, una noticia del New York Times llamó mi atención, la generación exponencial de los plásticos de un solo uso en China es abrumador: “Los científicos calculan que el negocio en línea de la comida a domicilio en China fue responsable de 1,6 millones de toneladas de basura de empaques en 2018, nueve veces más que lo desechado dos años antes”.

Soy honesto: los responsables directos de esta contaminación por plásticos somos todos. Los residuos están afectando los recursos naturales, pese a que algunos gobiernos han promulgado políticas que establecen el rumbo a seguir en cuanto al cuidado del ambiente, las acciones y responsabilidades que deben tomar para minimizar el impacto negativo que tienen sobre su entorno, es muy bajo, la realidad es que este proceso ha sido lento y muchas industrias no quieren asumir su responsabilidad en esta área. Entre las estrategias implementadas por los países -Colombia no es ajena-, para estimular la gestión ambiental, entra en juego la prohibición de plásticos de un solo uso, como una de las  prácticas que permita una apropiación social del problema y tomar acciones que contribuyan a mitigar los impactos al ambiente, reducir sus residuos sólidos y poner de manifiesto estrategias que permitan dar cara al problema del cambio climático, donde estén involucrados todos los actores sociales, la comunidad,  la academia, el Estado y, evidentemente, las empresas.

El quehacer formativo debería jugar un papel fundamental en los sectores económicos, donde se pueden generar posibilidades que contribuyan al desarrollo de las regiones, siendo consecuentes con la ética ambiental y responsables de sus actos frente al cambio climático, al crear condiciones para la aplicación de un sistema productivo sostenible y limpio como lo es la ‘Economía circular’ y la aplicación de la Resolución 1407 de 2018 para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos por parte de las empresas. Además, compartir espacios de participación ciudadana donde se construyan e impartan conocimientos coherentes con las necesidades sociales y que puedan ser ejemplos tangibles para una sociedad en constante transición para la buena gestión de residuos y volver a la cadena de valor, es decir, reaprovechamiento del plástico, en consonancia con los valores culturales y ancestrales de la región.

La Apropiación Social del Conocimiento también es clave; es una herramienta estratégica que pretende que cada vez más ciudadanos no simplemente cuenten con conocimientos que les permitan una comprensión de su entorno sino que, además, les permitan generar capacidades para participar activamente en la toma de decisiones políticas que tengan dimensiones científicas y tecnológicas para la salvaguarda de nuestros recursos naturales.

El cambio climático, no es un mito, es una realidad… Nos está tocando la puerta. Entender un proceso sobre el cambio climático no es una tarea fácil, la sociedad en general debe apropiar estos conceptos para percibir de una mejor forma el fenómeno climático. Para que un proceso de apropiación sea exitoso y adoptado en un determinado núcleo social, las relaciones de buenas prácticas entre la sociedad, universidad, empresa y estado, requieren de la producción de proyectos ambientales exitosos y sostenibles donde todos seamos los beneficiados. Es tiempo de actuar, mañana será tarde…

*Investigador de Unisimón

Jceballos1@unisimonbolivar.edu.co

 

 

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