El Heraldo
Estudiantes del Colegio Nuestra Señora de Lourdes durante la celebración del Día de Barranquilla en la institución. John Robledo
Barranquilla

Las vacas de Galapa ya son cosa del pasado

Docentes hablan de los retos para que los jóvenes estudiantes de diferentes colegios conozcan la historia y el desarrollo de Barranquilla, en una época en la que la tecnología puede ser una aliada.

Seguramente este viernes, por ser último día escolar de la semana, sus hijos debieron llevar una bandera de Barranquilla al colegio, otros representaron a través de un acróstico las virtudes de la ‘Puerta de Oro’ y algunos vistieron atuendos carnavaleros simbolizando la fiesta más importante de la ciudad y el país. Todo con un motivo: el cumpleaños de Barranquilla.

Sin embargo, ¿de qué forma se puede inculcar el amor por la ciudad y el conocimiento de la historia en el 2018? Ese es uno de los principales retos de las instituciones educativas.

Aquella historia que muchos conocieron de la llegada de galaperos al territorio barranquillero con unas vacas que buscaban pastar ha quedado en el pasado. Varios historiadores con el paso de los años le han quitado veracidad a ese relato y plantean que para Barranquilla no hay una fecha, sino un proceso.

Julián Lázaro, director del Archivo Histórico del Atlántico, explica que esa teoría “es más mitológica que real”, debido a que “se alimenta del hecho que Barranquilla no tiene un acto fundacional como sí lo tienen otras ciudades. Domingo Malaver lanzó la versión de los galaperos, pero no tiene una prueba sólida y entró a ser muy criticada”.

Indica además que Barranquilla fue poblada de a poco a partir de unas haciendas y personas que llegaban de regiones cercanas “llamadas por la dinámica con la que se desarrolló la ciudad. Es una encomienda que se le entrega al capitán Miguel Díaz en 1549”. 

A partir de la población inicial se empieza a emerger la ciudad, “por la dinámica de comercio que tenía bastante de ilegal por el contrabando”, sostiene Lázaro. 

El surgimiento de Barranquilla obedece a unas lógicas desarrolladas por el asentamiento y una serie de haciendas a partir de unas concesiones reales.

“Si reducimos todo a una fecha es como si ahí hubiera pasado todo. Los procesos son lentos, se van transformando”, agrega.

Nuevos métodos

En el colegio Nuestra Señora de Lourdes, por ejemplo, las estudiantes deben desarrollar “animaciones en 3D, publicaciones digitales o impresas, y a través de una cartilla de investigación llamada Ingenio conocen más de la ciudad a través de planteamientos de problemas”, explican los profesores del área de sociales Érika Gómez, Ana Gamero, Vivian Castro y José Molina. 

A través de eso hacen pequeñas investigaciones, consultas bibliográficas y utilizan los recursos tecnológicos para conocer historia, desarrollo, economía y geografía. “Aprenden de su ciudad y se apropian de lo que pasa en ella”. 

Además visitan lugares históricos, buscan soluciones a problemáticas luego de un trabajo de campo y plantean situaciones para mejorar el futuro a través de entrevistas con ediles, por ejemplo.

“Antes de la fecha de entrega muestran lo que hacen, por primera vez se apropian de la historia y de los problemas de su comunidad, hacen algo por ellos”, explican los docentes quienes guían desde primaria hasta último grado el conocimiento de los diferentes aspectos de la historia de la ciudad.

Los docentes del área de historia de la Fundación Instituto Experimental José Celestino Mutis advierten que se podría hacer mucho más en los jóvenes si existiera una “Cátedra Barranquilla”.
Los docentes Pedro Conrado y Guillermo Díaz advierten que la enseñanza  de historia en la institución “se da desde una perspectiva integral. Se toca en el momento donde se cruza con la historia nacional y regional”.
“Nunca se obtiene un conocimiento aislado netamente localista. Todo está conectado con preguntas fundamentales”, agregan.

Aquí las vacas y los galaperos pasan a un segundo plano. La idea del origen de Barranquilla se da a partir de cómo se desarrolló Colombia hace más de 200 años y en qué punto entró la actual capital del Atlántico en el proceso.

Documentarse en diferentes aspectos y relacionarlo con las corrientes humanas es clave. “La historia de Barranquilla trata de mirarse desde la que estamos trabajando, en relación a (el resto del país), pero no directamente. No hay una cátedra para dar nuestra historia”.

“Es necesario tener el conocimiento de las cosas específicas. Es lo nuestro y debemos conocerlo, por lo cual se hace necesario un espacio destinado únicamente a enseñar la historia de Barranquilla, es un requisito. Conocer qué ha pasado en los últimos 30 años, saber qué es La Cueva, conocer a Álvaro Cepeda Samudio, la presencia de Obregón, algo que es parte de la memoria”.

Para ambos, los estudiantes aunque tienen conocimientos básicos “no están suficientemente preparados para afrontar cosas de su ciudad con una posición crítica y dar propuestas. En los colegios a veces estos temas deben ser breves y no se pueden reflexionar muchos temas”.

Por su parte Manuel Figueroa, subdirector de bachillerato del Colegio San José ve en diferentes áreas “la oportunidad de enseñar la historia de la ciudad”.

Exposiciones fotográficas, presentaciones digitales, invitaciones a personajes o salidas de campo hacen parte de la estrategia actual de la institución para enseñar.

“La metodología acertada sería cómo poder vincular los aprendizajes de las distintas áreas en cómo se originó la ciudad. Un proceso de articulación”, indica.

Para él es fundamental aproximar a la experiencia lo que se cuenta en un salón de clases. El “reconocimiento” es una fase del aprendizaje.

En el Instituto Técnico de Comercio, por ejemplo, las vacas son cambiadas por “la reconstrucción de su propia vida”.

“Miremos qué estilo de música le gusta a la gente, cómo son físicamente, qué comemos, se llega a conclusiones que llevan a analizar y decir que no existió una línea o un estándar que marcara la fundación de la ciudad sino que fue un asentamiento de personas que fueron llegando poco a poco para comenzar Barranquilla”, explica la profesora Lenis Lamadrid, del área de Sociales.

Esta historia es analizada con situaciones actuales, haciendo un paralelo de lo que se fue y para dónde va.

“Todo el tiempo usamos la historia en nuestras temáticas de sexto a once”.

Para todos es “ideal y fundamental” la historia de la ciudad conocida por los estudiantes debido a que “desarrolla un sentido de pertenencia, una cultura urbana” y otorga “una perspectiva diferente al conocer los procesos que contribuyeron a la formación de la ciudad”.

“Los estudiantes se apropian porque lo comprenden, porque se sienten parte de algo. Cuando lo conviertes en un sentimiento lo aprendes y ahí se vuelve importante para ti”, advierte la docente Lamadrid. 

Las vacas y los galaperos pasaron a un segundo plano, hablar del desarrollo y proceso de poblamiento apoyados en las tecnologías “y el apropiamiento”, como lo llama el docente Molina, es la clave para que los estudiantes de colegios barranquilleros conozcan la historia de la ciudad.

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