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En video | Cuatro ejemplos exitosos de educación inclusiva

El 90% de niños y niñas con discapacidad no asiste a una escuela regular en Colombia. Algunos colegios implementan estrategias para atender esta población.

En Colombia el 90% de niños y niñas con discapacidad no asiste a una institución educativa regular y solo unas 190.000 personas que están matriculadas en el sistema educativo, representan el 1,3% del total de estudiantes del país. Esto, según datos del registro de localización y caracterización de personas con discapacidad y el Sistema integrado de matrícula (Simat).

Algunas instituciones en el país le vienen apostando a una educación más incluyente, enseñando nuevas estrategias pedagógicas y siendo más flexibles en su currículo de enseñanza para atender esta población. Las experiencias más significativas fueron compartidas el pasado jueves en Barranquilla por diferentes docentes en el marco del tercer encuentro regional de ‘Educación Inclusiva’, liderado por el Ministerio de Educación Nacional y la Fundación Saldarriaga Concha.

La enseñanza de la Física para estudiantes con discapacidad visual en Galapa, la música como herramienta inclusiva en un colegio de Barranquilla, la educación a través de las artes y el agro en Medellín y Sucre, son algunas de las historias que se escucharon en el auditorio. Según Juan Camilo Celemin, coordinador del área de educación y formación de la Fundación Saldarriaga Concha, este programa o convenio con Mineduación busca brindar herramientas prácticas para que la educación inclusiva realmente se pueda dar en Colombia.  

Dice que el objetivo es que los profesores tengan claro que no hay “fórmula mágica para trabajar con estudiantes con discapacidad, que no va venir de un tercero ni experto, solo ellos desde su lugar pedagógico son los que tienen la solución. Conociendo el estudiante, no fijándose en el diagnóstico y haciendo una caracterización pedagógica que permita saber cómo flexibilizar sus estrategias en el aula de clase”.

“Tocando la luz”, un proyecto en donde la Física se puede sentir

“Pensaba que era una locura”. Bajo esta expresión, Elian García, estudiante con discapacidad visual, se refirió en su momento cuando su profesor de Física, José Luis Camargo, le dijo que a través de un sistema iba a poder sentir la luz y comprender temas propios de la materia como la óptica.

Desde hace un año la Institución Técnica Educativa Francisco de Paula Santander en Galapa (Atlántico) viene implementando en su modelo pedagógico “Tocando la luz”, un proyecto para la enseñanza de la Física a estudiantes con discapacidad visual o, como el docente Camargo lo refiere, con cualidades diversas.

La perspectiva le cambió a Elian y ahora dice sentirse bastante satisfecho con la orientación recibida y los logros alcanzados por el conocimiento adquirido en este campo. Temas como la óptica, la proyección de la luz, los fenómenos de reflexión y refracción le pusieron un reto al profesor que en poco tiempo se las ingenió con la creación de prototipos innovadores, herramientas para trabajar con dos estudiantes con esta limitación, Charlotte George y Elian García, quienes cursan noveno y once grado, respectivamente.

“Venimos trabajando en diseños de prototipos que trabajan con rayos láser unidos a cuerdas e hilos transparentes y que a través de ellos los alumnos pueden recorrer literalmente toda la trayectoria de los rayos y cómo se comportan cuando inciden en espejos o lentes”, explica Camargo, quien agrega que la meta para el próximo año es que el programa pueda expandirse a todos los temas de Física, en casos como electromagnetismo y circuitos eléctricos.

Asegura que lo más difícil ha sido superar la barrera del “no se puede” y aprender que las cosas con esmero se logran. Dice sentirse realizado con su trabajo al evidenciar el avance de sus estudiantes.

La música como herramienta inclusiva
Luis David Caro, estudiante con parálisis cerebral, mientras toca el violon- chelo en la Sinfónica del Colegio Alemán.

Cristian Ferrer Díaz, docente y director de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Colegio Alemán en Barranquilla, manifiesta que la música se ha convertido para esta institución en una herramienta para la inclusión y un modelo de atención y superación para aquellos jóvenes en condición de discapacidad.

El caso más significativo —dice— es el de Luis David Caro, un joven con parálisis cerebral, que a sus 16 años de edad ha logrado incursionar en la música a través de instrumentos como las campanas, el piano y actualmente el violonchelo. Este docente afirma que la condición médica de Luis David no le ha impedido surgir y destacarse en este arte, el cual lo alterna también con el deporte.

“Su primera experiencia fue tocando las campanas en un concierto de Navidad, como Luis David está en silla de ruedas y no se puede moverse le adaptamos una baquetas para que pudiera tocarlas. Luego con el tiempo quería tocar otro instrumento y fue allí en donde el piano entra en acción. Más tarde quería tocar violín y esto era complejo porque involucra muchos músculos y tuvimos que idearnos en facilitarle algo parecido y pensamos en un violonchelo”, relata el docente, quien asegura que este estudiante es actualmente miembro activo de la sinfónica y desempeña su labor con partituras adaptadas a su ritmo.

Asimismo, comparte que el colegio a través de la música a formado estudiantes con déficit de atención y con trastorno de aprendizaje, los cuales se han destacado en este arte de las notas musicales y han tenido avances significativos en sus diagnósticos. “La música hace que ellos avancen porque se ha demostrado que hace conexiones cerebrales muchísimo más que cualquier otra cosa. Cuando entran a la música parece que las neuronas se acomodaran y esos problemas se resuelven”. 

Una mirada desde la diversidad
José Tovar Hoyos, estudiante con discapacidad cognitiva, juega ajedrez, deporte que le ayuda a mejorar su atención.

La llegada de un niño de tercer grado con discapacidad  a la Institución Educativa Técnico Agropecuaria de Albania (Sucre), les planteó, a su cuerpo docente, el reto de atender la diversidad de sus estudiantes. Janeth González Figueroa, profesora y orientadora de la institución hace 17 años, comenta que con el proyecto “Una experiencia de educación inclusiva desde la diversidad”, se busca redireccionar las potencialidades de los alumnos a través del emprendimiento agropecuario y una formación para la vida.

Es entonces que desde 2008 este colegio le abrió las puertas a la inclusión y la historia de José Tovar Hoyos, un joven con discapacidad cognitiva, le dio aún más fuerza a este programa.  “Con los estudiantes nosotros hacemos primero un proceso de caracterización, revisando a través de una prueba pedagógica qué experiencias, preferencias, talentos y que tipo de inteligencia tienen ellos para centrarnos en sus habilidades, no resaltando su discapacidad sino buscar alternativas que ayuden a impulsar sus potenciales”, dice González, quien agrega que a partir de estas experiencias se crean políticas de inclusión flexibles para el currículo y generan unas didácticas basadas en el diseño universal de aprendizaje.

Indica que el reto fue concientizar a toda la comunidad educativa en que el tema de la discapacidad se tenía que ver desde la parte más humana para poder brindar lo mejor a estos estudiantes y no dar cabida a la discriminación por ninguna razón. La proyección a futuro —dice— es convertirse en una institución a nivel regional que posibilite un currículo flexible basado en diseños de ajuste razonables para toda la población y su diversidad resaltando las competencias en el campo agro.

Skholé, un camino a la inclusión
Renzón Flórez, docente de la IE Francisco Luis Hernández Betancourt.

En Medellín se viene desarrollando hace cinco años un proyecto de educación inclusiva en la Institución Educativa Francisco Luis Hernández Betancourt. Bajo el nombre de “Skholé, un camino a la inclusión”, el cuerpo docente ha impartido un modelo pedagógico con tres líneas de investigación para atender a la población estudiantil con o sin discapacidad.

“Es necesario crear espacios de participación de las diferentes comunidades de la institución: con discapacidades sensoriales e intelectual  y sin discapacidad (los estudiantes regulares). Esto, para ayudar a romper esas barreras de exclusión y apatía que produce la discapacidad”, asegura Renzón Flórez Londoño, docente y líder del proyecto. Las tres líneas en las que se trabaja —dice— son la huerta, las artes y el jardín; Desde allí se pretende una educación para la contemplación y participación hacia la estética y la lúdica.

“Es una educación no tan acartonada”. Flórez sostiene que el colegio tiene un total de 920 estudiantes, de los el 60% son niños con algún tipo de discapacidad o diagnóstico. Del programa han participado aproximadamente 300 alumnos y 250 han mostrado evolución.

El docente menciona que uno de los retos ha sido empezar a cambiar la mentalidad en torno a las personas con cierta limitación, que en realidad tienen “capacidades diversas”. Como segundo, está el poco apoyo económico para este tipo de proyectos y por último las situaciones familiares en donde el niño no solo tiene una discapacidad sino que también, en algunos casos, está en situación de abandono o de pobreza.

Finaliza que la proyección a futuro es hacer una gran red de experiencias en todo el país y que el proyecto se convierta en una política pública a nivel nacional.  

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