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Grupo de tres ‘Calidris alba’, conocidos coloquialmente como playeritos blancos.
Cortesía de Jossie Lázaro
Barranquilla

Ciénaga de Mallorquín, el paraíso de las aves en Barranquilla

Pájaros migrantes de todo el mundo llegan a esta zona a pasar el invierno. En la ciénaga se han registrado 146 especies de aves.

Mientras en los polos extremos del planeta el invierno se encrudece y apodera de esas zonas, escaseando las plantas y alimentos para los animales, en el caribe colombiano, en un terreno ubicado en los límites del mar Caribe, entre el tajamar occidental y la barra de arena, se alza un paraíso custodiado por manglares que gracias a sus condiciones climáticas y su ubicación geográfica se convierte en el lugar predilecto de las aves que migran millones de kilómetros en busca de un lugar cálido. 

Se trata de la ciénaga de Mallorquín, uno de los humedales costeros en el Caribe, que representa un sitio de paso o corredor migratorio y área de invernada para varias especies de pájaros que año tras año viajan a Colombia provenientes de Norte y Sur América y que en la actualidad preocupa a expertos y estudiosos de las aves debido a la degradación de su ecosistema. 

“Los diferentes problemas ambientales de la Ciénaga de Mallorquín ocasionan que la calidad de los hábitats como las playas o los manglares sea cada vez menor y las poblaciones de estas aves se vean afectadas negativamente. Tal es el caso de un ave migratoria llamada Calidris pusilla (Correlimos semipalmeado), que está considerado casi amenazado a escala global por la pérdida de sus hábitats en todo el continente americano”, explica Carlos Ruiz, biólogo de la Asociación para el Estudio y la Conservación de las Aves Acuáticas en Colombia (Calidris).  

Imagen panorámica de la Ciénaga de Mallorquín. Archivo EL HERALDO

La ciénaga, en donde habitan 146 especies de aves, agrupadas en 37 familias y 20 órdenes, es descrita por los expertos como el “hotel y restaurante para estas viajeras sin maletas” a donde arriban, al menos, 64 especies de aves que tienen alguna condición migratoria, de las cuales 50 son invernantes no reproductivas, es decir que no se reproducen en Colombia, sino en Norteamérica y 14 especies que realizan migraciones locales en respuesta a la disponibilidad de hábitat o presencia de recursos alimenticios (aves residentes durante todo el año en Colombia y que siempre se están moviendo por distintas partes del territorio nacional).  

“Si la ciénaga sigue con ese nivel de contaminación o aumenta su nivel podría ser de gravedad para estas especies que por su condición de migrantes son más vulnerables a los cambios pues luego de recorrer varios kilómetros, llegan agotadas y hambrientas y si encuentran un ecosistema degradado o no encuentran un buen sitio para desarrollarse, podría llevar incluso a que no sean capaces de completar su migración y menos de regresar a sus zonas de origen lo que podría traer consecuencias a largo plazo”, explica Juanita Aldana, bióloga y docente de la Universidad del Norte. 

Una pata cucharo norteño nada en la ciénaga de Mallorquín. Cortesía de Jossie Lázaro

Frente a esto, los expertos concuerdan en que la intervención del hombre, ligado al crecimiento de la presencia humana en los alrededores de la ciénaga, la posible expansión portuaria y el aumento de la contaminación del agua por la desembocadura del arroyo León son dos aspectos para tomar acción y que podrían transformar negativamente el ecosistema de la ciénaga. 

La conciencia de la “valoración social de la importancia de ese ecosistema” es una de las acciones urgentes que se sugieren deben ser tomadas sobre la ciénaga. “Que la gente sepa por qué ese ecosistema es importante”.

“Una de las acciones más urgentes es que la ciudadanía barranquillera conozca Mallorquín, solo si el barranquillero de a pie tiene la oportunidad de valorar este humedal, va a ser el principal defensor del sitio. No hay que olvidar que no es solo porque las aves migratorias están allí sino que por cientos de años, numerosas familias han vivido de lo que Mallorquín les ha brindado”, asegura Ruiz.

Un playero Aliblanco, su nombre científico es Tringa semipalmata. Cortesía de Jossie Lázaro

Avistamiento de aves

La preocupación por las aves y los ecosistemas donde estas habitan también trasciende hasta la sociedad civil en donde grupos de jóvenes aficionados a los pájaros y que semanalmente se congrega en torno a la observación y registro de las especies existentes en todo el departamento realizan iniciativas para llevar el control de la llegada y salida de los grupos migrantes. 

“Para mejorar el potencial en aviturismo de la ciénaga de Mallorquín, Atlántico Birding viene trabajando en una lista de chequeo y una guía de aves asociadas a este ecosistema junto con Ecotraining, Funecos, la Universidad del Norte y el apoyo de Calidris, productos que permiten resaltar la diversidad de aves del lugar, mejorar la oferta del destino para observación de aves, involucrar a las comunidades locales y juntar esfuerzos para generar beneficios por conservación”, asegura Ramón Montes, líder del grupo de observación de aves ‘Atlántico Birding’. 

Un ostrero Americano camina delante de una garza Patiamarilla Cortesía de Jossie Lázaro

Estos grupos, generalmente de menos de 10 personas, se reúnen los fines de semana en sitios estratégicos del departamento y con listado en mano, binoculares y cámaras se aventuran en lanchas, largas caminatas y zonas protegidas para realizar registro y control del mayor número y tipo de pájaros que puedan encontrar, así como para generar conciencia en las zonas vecinas sobre la importancia de los hábitats con los que conviven. 

“En un lugar estratégico para las aves playeras en Colombia como la ciénaga de Mallorquín, las comunidades deben valorar la biodiversidad y a partir de esto tienen un incentivo para conservar el ecosistema para las aves y obtener un beneficio con el aviturismo”, explica Montes. 

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