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Katerín Campy Pérez, Eder Martínez Cabrera, Karen Espitia Moreno y Marla Sáez.
Cortesía

Barranquilla unida conmemora un nuevo aniversario rindiendo homenaje a sus héroes de la pandemia

Un enfermero en ambulancia, una operaria de barrido, una cajera de banco y una oncóloga pediatra no se amilanan frente al virus y hacen un llamado a la fortaleza y la unión.

El protocolo que Eder Martinez Cabrera y sus compañeros profesionales de la salud siguen para entrar en contacto con los pacientes empieza verbalmente: “Hola, ¿cómo está?, somos el personal de la ambulancia y vamos a trasladarlo a un hospital, le vamos a hacer unos estudios por su bien y necesitamos de su colaboración”.

Enseguida, los pacientes acceden o a veces se resisten, pero sin importar la emergencia tratan de darles ánimo. “Queremos que los 30 o 40 minutos de traslado sean agradables” para ellos. Somos seres humanos y en cualquier momento podemos estar acostados en esa cama necesitando la ayuda de un paramédico, un médico y un enfermero”.

Esa ayuda es la que brinda Martínez desde una ambulancia de marca Hyundai H1, habilitada por el Distrito y Mired IPS para transportar casos sospechosos de COVID-19. 

Hace un mes y medio el vehículo hizo parte de un simulacro de emergencia; hoy el transporte está equipado con los trajes, las caretas y las mascarillas. 

Eder, enfermero, dice que trabajan con algo de temor por la pandemia, pero los tranquiliza tener el equipo adecuado y los suministros que les brinda Mired para asearse ellos y al vehículo cada vez que trasladan a un paciente. A estos los llevan inicialmente al Camino Ciudadela 20 De Julio y luego, si lo requiere, a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) del Camino Universitario Distrital Adelita de Char. 

Martinez Cabrera trabaja el “2 x2”, como le dicen en el gremio a ir de turnos dos días seguidos, luego dos noches y posteriormente dos días de descanso. 

Antes de ser enfermero y conductor de ambulancia, este paramédico de 30 años  duró tres manejando un taxi. Un día transportó en un servicio a la gerente de Amedi (Asistencia Médica Inmediata), a quien le dijo que le gustaría conducir una de sus ambulancias. Tiempo después le llevó su hoja de vida, pero le exigieron un curso de primeros auxilios y otro para operar vehículos en emergencias médicas. Lo hizo y empezó a trabajar un día de las madres de 2015. 

Luego, como cuenta pasó a ser conductor de la subsecretaria de Salud del Departamento, que lo conectó para trabajar en la Cruz Roja con los estudios de enfermería ya realizados. Luego llegó a Mired.

Por turno, él y su equipo llegan a mover a unos tres o cuatro posibles sospechosos de coronavirus para la red hospitalaria. No llegan directamente a las casas, “a menos que de casualidad estemos pasando por un sitio donde haya un paciente y la policía o la comunidad nos haga el llamado”.

Los casos sospechosos son aquellos que tienen un patrón respiratorio delicado o presentan una posible neumonía. En dicha situación los trasladan al paso médico para realizarles los exámenes correspondientes. Como los resultados de las pruebas de coronavirus tardan 15 días, deben esperar dicho tiempo para enterarse de si han transportado un caso positivo. Hasta ahora no han sido alertados de ninguno.

De limpieza en el parque para cuando vuelvan los visitantes

Todos los días, Katerín Campy Pérez llega  a las 7:00 a.m. al Parque Venezuela de Barranquilla equipada con escoba, rastrillo, pala, botas de protección, overol y gorra industrial para ejercer su trabajo como operaria de barrido de Triple A. 

Hace 8 meses, esta ‘escobita’ –como se conoce popularmente a quienes ejercen dicho oficio de limpieza–, empezó a trabajar en este Parque que la acostumbró a la constante presencia del público que diariamente se instalaba en las bancas o las zonas de picnic, caminaba por los senderos o jugaba en las canchas deportivas y la pista de ‘skate’. 

El nuevo escenario creado por la cuarentena nacional ha traído una inédita calma en el sector (cra. 43b #87-30), pero también una “notable disminución de basura”, como dice Campy Pérez, de 31 años, a quien le impacta ver hoy lo deshabitados que están los parques en “una ciudad que tanto disfrutaba de ellos”.

Lo más difícil para esta operaria de la limpieza oriunda de Repelón, Atlántico, es salir cada día de su casa del barrio Los Ángeles. Sin embargo, como dice: “Sé que lo hago para continuar llevando bienestar a mi hogar y apoyar a la ciudad en estos momentos”. 

Como medidas de higiene, además de la mascarilla y los guantes, lleva consigo alcohol antiséptico, se lava las manos cada hora, y antes y después de las labores (que finalizan a las 4:00 p.m. con un descanso de una hora para almorzar) desinfecta los elementos de trabajo: cepillo, rastrillo y caneca de recolección. 

Sus parientes que están en Repelón –entre ellos un hijo adolescente y un niño que viven con su abuela–, la llaman todos los días para pedirle que se cuide mucho y desearle lo mejor en el trabajo que está haciendo. En las calles, a veces, también se ha encontrado con ciudadanos que la felicitan por su trabajo, lo que le ha dado alegría.

Katerín Campy desea que después de la pandemia por el coronavirus la gente regrese a las calles con más cuidado y evitando tirar la basura en cualquier parte. Quiere, dice, “que valoren los espacios para compartir en comunidad, que cuiden la ciudad y el medio ambiente”.

Las labores del banco

En un día laboral cualquiera en las oficinas del banco donde trabaja la administradora de empresas Karen Espitia Moreno, los clientes llegaban, solicitaban un permiso y esperaban para recibir asesoría o ejecutar sus transacciones en la zona de cajas. Ahora, desde la cuarentena, esperan afuera de la sucursal, y van entrando uno por uno, con la guía de un empleado que hace el filtro de ingresos hasta completar un máximo de 10 personas. 

Graduada en 2013 de la Universidad San Martín, Karen lleva siete años vinculada a la entidad financiera donde empezó como auxiliar de ventas. Hace cuatro es cajera y nunca había  vivido una situación similar en las oficinas bancarias. Actualmente abren de lunes a viernes en horario de 9 a.m. a 1 p.m. Si una sucursal estuvo abierta una semana, cierra la siguiente, para que los empleados trabajen a ese ritmo.

Una semana antes de la cuarentena decretada por el Gobierno, “una clienta quiso sacar todo el dinero de su cuenta; dijo que prefería tener su plata en efectivo en casa y quería sacar millones”, cuenta Karen. La transacción no se pudo cumplir porque no había suficiente dinero en las oficinas, ya que en esos días las transportadoras se habían paralizado. Para el cuidado de los trabajadores, en el interior de las oficinas se instalaron plásticos y luego acrílicos a modo de barrera protectora entre los clientes y los empleados, quienes se levantan a lavarse las manos cada hora y portan alcohol antiséptico en sus puestos.

Karen empezó a trabajar a los 17 años luego de realizar durante su bachillerato un curso en el Sena de manejo de archivos. Para  ingresar a su primer trabajo en Jardines de la Eternidad, sus padres debieron sacarle un permiso laboral especial. Al mismo tiempo, empezó a estudiar por las noches la carrera de Administración. 

Aunque tuvo una semana en casa, en esta volvió a ir. Espera que al banco asistan solo los clientes que vayan a realizar consignaciones o retiros de montos superiores a 3 millones, cobros de cheques y pago de impuestos.

El abrazo de los niños

La doctora Marla Sáenz lleva casi diez años trabajando como hematóloga y oncóloga pediatra a cargo de la salud de niños con cáncer, en la Clínica Bonnadona Prevenir de Barranquilla, donde coordina el Programa de Hematología Pediátrica.  Las instalaciones de la Clínica cuentan con tres pabellones pediátricos, con camas aisladas individuales para los pacientes hospitalizados, que actualmente son 36 niños de diferentes edades. Además, para el manejo de consultas de pacientes estables, ella y otros médicos ejecutan su labor vía telemedicina.  

Sáenz, Médica Cirujana de la Universidad Libre, señala que antes de la cuarentena obligatoria, desde su programa se habían unido con la Asociación Colombiana de Infectología y la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología Pediátrica –a la cual pertenece–, para tomar medidas a propósito de la pandemia.  Advierte que, dentro de los lineamientos, la atención al paciente con cáncer “es la única especialidad que no puede parar de trabajar, pues no se les puede retrasar su tratamiento”. Por ley, atienden casos de 0 a 18 años. Los que no están hospitalizados, van por la mañana a recibir la quimioterapia y en la tarde regresan a casa. Los medicamentos los reciben en la clínica o a domicilio. 

Como tiene dos meses de haber tenido una hija, Sáenz no está asistiendo a la clínica por precaución. Desde casa habla con los pacientes por videollamada. Dice que son “extremadamente puntuales para cada cita”, y que sus padres o personas a cargo están receptivos ante la situación, por lo que están siguiendo las medidas de prevención indicadas para evitar contagio con coronavirus.  Con un tono de voz alegre dice: “Los pacientes de cáncer infantil son esperanzadores. No existe un mejor paciente que el pediátrico. El niño siempre está optimista, está de buenas, con una sonrisa, esperando un abrazo”. Precisamente, en lo que más se han visto afectados los niños con los que trabaja es que ya no pueden tener contacto físico. “Ya no se nos pueden tirar encima a abrazarnos”.

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