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Evite que su compulsión por la comida lo arrastre a un trastorno por atracón

Esta patología, caracterizada por el consumo excesivo de calorías, requiere la supervisión de un nutricionista y el acompañamiento de un psicólogo.

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La barranquillera Margarita* asegura no resistirse a la comida. Cada vez que se dispone a comer lo hace desmesuradamente. Ella asegura que no sigue ninguna dieta, ni mucho menos tiene en cuenta las calorías que ingiere diariamente, simplemente se atiborra de alimentos aunque sienta saciedad en su estómago.

Este comportamiento, que puede estar asociado al trastorno por atracón, la ha llevado a aumentar sus niveles de colesterol y triglicéridos, y a presentar un sobrepeso que ha afectado directamente la salud de su corazón.  

La nutricionista dietista Lorena Gómez define el atracón como un trastorno de la conducta alimentaria, que se genera cuando alguien ingiere calorías en exceso de comidas empaquetadas y muy procesadas.

“En este la persona come en piloto automático. Es decir, aunque se sienta muy lleno, no para, al contrario, sigue comiendo a tal punto de producir reacciones adversas (...) Por lo general el atracón se da durante dos horas puntuales y no está relacionado con comer un poco de más durante los tiempos de comida”.

Por su parte la especialista en Psicología y Psicopatología de la Nutrición Johanna Zuccardi resalta que por ser un trastorno de la conducta alimentaria es psicosomático (que viene del ser y que genera síntomas físicos). Desde esa perspectiva añade que dicha patología, que “hace poco fue reconocida en el manual de diagnóstico psiquiátrico”, se caracteriza por “el consumo mayor de 10.000 kcal hasta 20.000 kcal”.

“La persona no suele tener el control de la situación, come más rápido de lo normal hasta sentirse incómodamente lleno, experimentando culpabilidad y depresión. En algunos casos come a escondidas por vergüenza de que los demás vean todo lo que ingiere”.

Gómez agrega que quien sufre de dicho trastorno con frecuencia no mantiene “buenos diálogos internos y psicológicamente sostiene una relación deteriorada con los progenitores, lo que conlleva a que se refugie en el acto de comer”. A su vez —dice— algunos son personas retraídas, que se les dificulta la comunicación con las personas de su entorno, y que prefieren llenar su boca de alimento para callar lo que no son capaces de verbalizar.

Zuccardi expone que en esta patología, al ser considerado una compulsión, se requiere identificar los factores que afectan al paciente y que lo arrastran al trastorno. Así las cosas, sustenta que lo primero será que el psicólogo descarte, desde la individualidad del paciente, si hay patologías físicas o psicológicas de base que puedan producir la sintomatología, como es el caso de la depresión y de las inseguridades no resueltas, por mencionar solo dos.

En cuanto al “factor científico”, Gómez manifiesta que juega un papel fundamental el índice de masa muscular, pues es uno de los indicadores que muestra si la persona se encuentra en obesidad. Lo anterior es importante tenerlo en cuenta porque el trastorno por atracón se verá reflejado en el peso, puntualmente en el índice de masa corporal, en la circunferencia elevada de cintura y en el desarrollo de enfermedades asociadas.

Explica que el trastorno trae consigo el desarrollo de otras patologías como la hipertensión, el hígado graso y los problemas cardiovasculares, aunque reconoce que los factores genéticos también predisponen a la persona a desarrollar múltiples enfermedades, sean crónicas no transmisibles o de trastorno de la conducta alimentaria.

Zuccardi especifica que en este trastorno no hay conductas compensatorias como sí suele ocurrir en la bulimia y en la anorexia, asociados con el exceso de ejercicio, vómitos inducidos, el uso de laxantes y enemas rectales.

La etapa más crítica en la que suele presentarse —según Gómez— es en la adolescencia, sin embargo no exime a las personas en la adultez.

“Normalmente ocurre en adolescentes porque es el periodo en que los jóvenes salen al mundo, presentando sus personalidades, y viéndose cohibidos por sus relaciones interpersonales. Es la edad, incluso, en la que se puede intervenir y lograr una resolución positiva porque cuando se trata de personas adultas regularmente presentan una conducta muy aprendida, que tiende a tener muchas recaídas”.

Aconseja que quien la padezca asista a un grupo de apoyo y consulte a un psicólogo experto en trastornos alimenticios para que pueda empezar a trabajar la parte conductual que se complementará con la alimentación, pues es un tema multidisciplinario que necesita tanto la supervisión de un nutricionista como el acompañamiento de un psicólogo.

“En cuanto a la nutrición es importante no imponerle al paciente una dieta que deba seguir con rigurosidad porque la alimentación no es el problema, sino las raíces emocionales que no han  sanado, que se reflejan presentando el trastorno como una consecuencia del momento de comer. Así que, luego de sanar la parte interna, se conseguirá introducirles el momento de la comida como algo agradable, dándole noción de los beneficios de una alimentación equilibrada, incorporándoles alimentos que sientan que son agradables a su paladar”.

Zuccardi indica que es indispensable sacar al paciente de su estado metabólico para que la compulsión baje, pues con regularidad en este tipo de trastorno prefieren elegir alimentos azucarados o salados porque “son los encargados de generar bienestar”, y la respuesta hormonal incita a que se continúe en ese mismo ciclo.

Desde la psicología recomienda aplicar la psicoterapia cognitiva conductual. Esta —señala— ayuda en la revisión del proceso de atracón, mediante el cual hay estadios leves (de 1 a 3), moderados (4 a 7), graves (8 a 13) y extremos (14 en adelante), que se mide teniendo en cuenta el número de veces que se presentan los episodios, y que se tienen en cuenta para llevar a cabo su respectivo  abordaje.

“Para resolver la parte emocional, y a su vez alcanzar una mejoría, se necesita prestar atención a la individualidad de las personas para luego resolver los síntomas físicos, de lo contrario no se logrará el objetivo (...) Por ser una compulsión depende mucho de los centros de placer, así que el neurotransmisor que debemos trabajar es la dopamina, que se sintetiza mediante el aminoácido esencial tirosina, presente en algunos alimentos. También se recomiendan suplementos como el Omega 3, debido a la sensibilidad de receptores de los neurotransmisores, y la Vitamina B6, que  ayuda en la síntesis de neurotransmisores”.

Gómez puntualiza que la tirosina puede hallarse en pescados y carnes, así como en frutos secos como las nueces, el marañón, el pistacho y la nuez de Brasil. También está presente en el aguacate, el centeno, la cebada, el tomate, el plátano, los guisantes y los frijoles.

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