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El azúcar añadido y su incidencia negativa en la salud

El consumo excesivo genera accidentes cerebrocardiovasculares, desbalance en el cuerpo, diabetes tipo II y acné, entre otros efectos negativos.

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Quienes se declaran amantes del dulce tal vez les resulte difícil resistirse a degustar una torta, un postre o un caramelo. Es más, podría tratarse de una misión imposible. Sin embargo, conocer la incidencia negativa del consumo excesivo del azúcar podría hacer que muchos se replanteen si vale la pena, por un instante de deleite, sacrificar la salud e incluso la vida.

La nutricionista y dietista Diana De la Ossa manifiesta que dentro de los azúcares existen los monosacáridos, los disacáridos y los polisacáridos. En esta edición el foco de atención está puesto sobre los monosacáridos: azúcares que son añadidos, que no son compuestos y que impactan rápido en los niveles de glicemia.

“En estos podemos encontrar la glucosa que, en síntesis, es la manera en que todo carbohidrato o sustrato se convierte en la forma más simple. Realmente no toma mucho tiempo en tranformarse en glucosa y en ser asimilado rápidamente por el cuerpo (…) Aquí el tema no es solo analizar el consumo del azúcar, sino ver el exceso que se tiene de esta, de cuánto estamos superando las cantidades diarias. Los niños, por ejemplo, antes de los dos años no deben consumir azúcares añadidos, sobre todo porque de cierta manera estamos condicionando su sentido del gusto desde una edad temprana”.

La Organización Mundial de la Salud establece que tanto para los adultos como para los niños, el consumo de azúcares libres se debería reducir a menos del 10% de la ingesta calórica total. “Una reducción por debajo del 5% de la ingesta calórica total produciría beneficios adicionales para la salud. Por ejemplo, un adulto que consuma 2000 calorías debería reducir a menos de 25g el consumo de azúcares libres, lo que equivale, aproximadamente, a menos de 6 terrones de 4g”.

De la Ossa agrega que, en teoría, el ser humano no debería consumir los azúcares añadidos o en forma procesada simple porque el cuerpo solo requiere de azúcares más compuestos, que retrasen la manera en la que se convierten en glucosa, he ahí la importancia de detallar el origen del carbohidrato que se ingiera, pues entre más fibra tenga, menos será el impacto sobre los niveles de glicemia y, como consecuencia, sobre los niveles de insulina. Asimismo reitera que todo dependerá de las cantidades y de algunos factores como la edad, el tipo de actividad física que realice la persona, el requerimiento energético que tenga, la composición corporal y el sexo.

En cuanto a la salud metabólica, explica, el alto consumo de los azúcares, también conocidos “de mesa”, incide de tal forma que “entra de manera rápida al torrente sanguíneo como glucosa, una señal que envía como mensaje directo al páncreas la secreción mayor de insulina. Lo anterior afecta a tal punto de que a lo largo de los años las mismas células de una persona sedentaria, que consume muchos azúcares añadidos o simples, van creando una resistencia a la insulina, dando como origen una diabetes tipo II, que conlleva a un riesgo cardiovascular”.

Añade que también genera inflamación, que puede llegar a producir la aterosclerosis (crecimiento del tejido graso), que es netamente inflamatoria. Esto puede obstaculizar las vías principales de circulación, produciendo un accidente cerebrocardiovascular o cardiovascular.

“Lo que necesitamos es consumir azúcares provenientes de la tierra (frutas, vegetales, hortalizas, cereales integrales y almidones) porque son transformados en forma de glucosa de una manera lenta, debido a que tienen nutrientes, fibras y otros componentes que no permiten que se eleven de manera rápida los niveles de glicemia (…) Para sustituir el azúcar de mesa se pueden emplear la estevia, las mismas frutas en puré, así como la canela, que es ideal para resaltar los sabores”.

Su repercusión también dependerá -manifiesta- de la predisposición a nivel metabólico por genética que tenga la persona, es decir, si alguien cuenta con predisposición a nivel cardiovascular o hiperlipidemia (exceso de grasa en la sangre) será más propenso, así como sucederá teniendo en cuenta el estilo de vida de cada persona y los niveles de estrés que maneje.

Por su parte la nutricionista dietista Nicoleth Velásquez explica que el azúcar añadido puede ser catalogado como nocivo para la salud, ya que es un alimento con un índice glucémico muy elevado, que incrementa los niveles de glucosa en sangre. cuando esto ocurre, sustenta, se genera un desbalance en el cuerpo. “Hace acción en la insulina, provocando una apertura para que entre la glucosa en sangre y así se empiece a generar aumento en el colesterol, enfermedades cardiovasculares, riesgo en obesidad, aumento en la presión arterial y riesgo de hígado graso”.

“El azúcar se ha denominado el alimento para las células malignas, así que entre más azúcares tengas rondando en el cuerpo, más se alimentarán este tipo de células que lo que hacen es deteriorar la salud y los diferentes órganos”.

Respecto al cerebro, afirma, el azúcar ocasiona un degeneramiento en las capacidades cognitivas. El estado de ánimo variará de forma extrema, incluso, “hay estudios que sustentan que puede tener una relación directa con el alzheimer”.

Velásquez, también miembro de la Fundación Colombiana del Corazón y de la Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, sustenta que en la piel incide de tal manera que puede llegar a producir acné leve o muy severo. También ejerce una afectación en el cabello y en las uñas, dañando las fibras de colágeno, y provocando, a su vez, la aparición de líneas de expresión. En los riñones, por ser los encargados de filtrar lo que se consume, puede generar daños renales, debido al exceso del azúcar.

En las articulaciones, destaca, afecta por su acción inflamatoria que trae consigo dolores en manos, codos y rodillas. En los genitales, en cuanto a la mujer, provoca ovarios poliquísticos, generando una resistencia en la insulina. “Las mujeres que tienen un mayor consumo de azúcar generalmente tienen mala circulación, lo que reduce la capacidad del organismo para combatir las infecciones”.

“El azúcar genera en sí radicales libres en el cuerpo. Al haber disbalance se generarían los ovarios poliquísticos, los problemas en la piel, el pH gástrico bajaría y en general se produciría una acidez corporal, que provocaría obstrucción en el correcto funcionamiento de nuestros órganos, suprimiendo así el sistema inmunológico”.

Sintetiza en que la fructuosa, presente en las frutas, genera una acción en el cuerpo, de modo que la azúcar añadida no es indispensable. Como alternativa, señala, está la azúcar natural que proviene de la planta estevia, que “no hace ninguna acción en la insulina”.

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