El Heraldo
Vicente Fernández en su presentación en el Carnaval de Barranquilla en febrero de 2009. ElHeraldo.co
Sociedad

El carnaval ranchero de ‘Chente’ en Barranquilla

El domingo 22 de febrero de 2009, en la mitad de la fiesta barranquillera, Vicente Fernández congregó a 18.000 almas en el  Romelio Martínez. “Estos celos me hacen daño, me enloquecen”, coreó el estadio.  

El Domingo de Carnaval del 22 de febrero de 2009 la música ranchera silenció la cumbia y otros géneros folclóricos en el estadio Romelio Martínez. Ese día por casi tres horas Vicente Fernández dejó claro porque seguía siendo el rey.

Desde el mediodía cientos de personas comenzaron a hacer fila afuera del templo del fútbol de la calle 72 para coger el mejor puesto y corear al unísono las canciones del ‘Charro de Huentitán’. 

Semanas antes, desde diferentes esquinas de la cultura, del periodismo, en las calles y en los buses de Curramba, se armó una polémica entre los que criticaban traer música ranchera al seno de la fiesta folclórica más grande del Caribe colombiano, y los que soñaban con cantar éxitos como Estos celos o Volver volver mirando a ‘Chente’ en un escenario barranquillero.

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Un  mes antes, en enero, varios empresarios hacían hasta lo incontable para poder tener en Barranquilla al último azteca vivo de una generación brillante en la música ranchera.

Entre esos empresarios que bregaban por traer a Vicente Fernandéz estaba Guillo Mendoza. El chef barranquillero, reconocido especialmente por presentarles a sus comensales la cocina italiana, recuerda lo mucho que costó lograr esa “locura”, como sus críticos lo llamaron.

El acuerdo

Rememora Mendoza que el mayor reto para lograr el concierto fue conseguir el escenario idóneo para un artista de la talla de Vicente Fernández. El más indicado y el único era el Romelio Martínez, que con anterioridad estaba separado y destinado para albergar el tercer día del Festival de la Cerveza que organizaba el empresario de espectáculos Enrique Chapman.

Músicos contratados, compromisos publicitarios y proyecciones económicas se cruzaban en el camino.

Destaca el chef que “un grupo de empresarios, entre esos Andrés Barco, tenían la gira para Colombia y Ecuador con Vicente Fernández y se había programado a Barranquilla”.  

“Yo invité a Enrique Chapman al restaurante, le comenté la posibilidad de traer a Vicente Fernández. Le dije que hiciera su Festival de la Cerveza solo el viernes y el sábado. Él pidió una cifra y los empresarios se la pagaron”, contó Mendoza.

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Con el estadio en el bolsillo, la tarea logística para desmontar y montar un nuevo escenario tampoco sería fácil. Literalmente,  le dijo el cocinero a EL HERALDO que “fue un lío poner de acuerdo a las dos producciones y concertar cómo se iba a hacer”.

Finalmente se logró. En la madrugada del domingo 22 de febrero, contra críticos, contratos y marea, se logró desmontar toda la publicidad de Cerveza Águila e instalar la de Aguardiente Antioqueño, principal patrocinador de la gira en Colombia ‘Si nos dejan’, de Vicente Fernández.

Una fuente cercana al empresario Enrique Chapman contó que este le dijo que la tarima del Festival de la Cerveza se dejó, pero fue necesario ampliarla unos metros, por pedido de la organización del cantautor mexicano.

“Entre más griten más canto”

La boletería se agotó. En la tierra de la cumbia, el vallenato, la salsa y el merengue, cuando apenas empezaba a despuntar el reguetón en Barranquilla, en pleno Carnaval de la reina Marianna Schlegel Donado, el show central de un concierto lo protagonizaba un artista de música ranchera, quizás el más grande de la historia.

Así, 18.000 almas colmaron el estadio Romelio Martinez.

Después de escuchar a Giovanny Ayala, Silvestre Dangond y Juancho De la Espriella, y Jorge Celedón, entre otros, se subió a la tarima Vicente Fernández.

Llegó a Barranquilla el mismo día en un avión privado que le consiguieron los empresarios que lo trajeron al país, según cuenta Mendoza. 

Tranquilo, sencillo y con ropa deportiva cruzó la puerta principal del Hotel El Prado, donde tuvo un corto encuentro con la prensa local. Luego descansó unas horas, antes de su cita con el público que empezaba a llenar el Romelio.

El 17 de febrero, cinco días antes, cumplió 69 años. Como lo dijo el presentador del concierto esa noche: Vicente Fernández estaba celebrando su cumpleaños con los barranquilleros.

Con un traje de mariachi color gris, elegante, correa grande blanca, sombrero y revólver (de juguete, como él se lo confesó ese año al programa Ventaneando en México) al cinto, el ‘Charro de Huentitán’ apareció en la tarima.

“Agradezco esta oportunidad de volver una vez más a estar frente a ustedes, sentir su cariño y escuchar esos aplausos que me han regalado durante tantos años de mi carrera. Y hablando de aplausos, ya saben cuál es mi ley, ustedes  no dejan de aplaudir y su ‘Chente’ todavía no deja de cantar hasta que les quite lo que pagaron”, dijo el artista en el Romelio Martínez, como consta en un video de ese día que está publicado en YouTube. 

“Están con ganas de ponerse alegres, ahí va esto pues”. Acto seguido comenzó a sonar el éxito musical de ese año, 'Estos celos', de autoría de Joan Sebastian y que hace parte del álbum 'Para siempre'. 

Los gritos de euforia acompañaron casi todo el tema y varias canciones más. “El estadio se quería caer”, describió Guillo Mendoza. 

“Entre más griten más canto”, le decía ‘Chente’ a los presentes.

Josefina Villarreal, editora de fotografía de esta casa editorial, estaba entre esas 18.000 personas que no paraban de cantar coro tras coro.

“Fue algo demasiado espectacular, lloré de la emoción de ver a semejante artista en vivo. Una de las cosas que más recuerdo es que se tomó varios tragos de aguardiente”, contó.
Otros asistentes manifiestan que Estos celos la entonó dos veces más.

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Exigencias

Sencillez. Con esa palabra recuerda Guillermo Mendoza a Vicente Fernández. También destaca, como suele ocurrir, que ciertas exigencias de los artistas vienen más de los mánagers que de los protagonistas del espectáculo.

Cinco o seis camerinos, uno para él y otro para el director de la orquesta, un número específico de bebidas para hidratarse, tabla de quesos, otros productos empaquetados y de marcas específicas, un bufé con tres proteínas, carbohidratos, un menú italiano (por sugerencia del chef) y algunos snacks fueron los requerimientos para ‘Chente’ y sus músicos.

Lo único inusual que pidió fue una botella de tequila Don Julio premium, que el cantante azteca solía tomar. El licor no se encontraba en Barranquilla ni en Colombia para ese año. Cuando se le manifestó a Fernández la imposibilidad de conseguirlo, no tuvo problema en decir que él lo traía.

“Teníamos que dárselo en un momento específico de una canción. Por exigencia del patrocinador, en el estadio a lo único que se le podía hacer publicidad era a Aguardiente Antioqueño, entonces nos tocó hacer la pilatuna de coger la botella del tequila Don Julio en presencia de Vicente y su mánager, y envasarla en una pipona de Antioqueño. Sacamos una mesa al escenario, él se sentó como si estuviera en una cantina y se empinó la botella. La gente creyó que era guaro, pero en realidad era tequila. Se tomó casi la mitad y siguió cantando como un príncipe”, recordó Mendoza, que solo en ese momento, unos 30 segundos, tuvo contacto con la leyenda de la música ranchera que hoy despiden los mexicanos con sus canciones.

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Otros músicos de esa noche

Jorge Celedón viajaba por carretera con su agrupación, entre los departamentos de Antioquia y el Valle del Cauca, cuando atendió la llamada de EL HERALDO. En la Feria de Cali tendrá varias presentaciones, dijo.

Antes de manifestarle el motivo de la llamada él se anticipó a la pregunta.

“No sabes la tristeza que me da el fallecimiento de Vicente Fernández porque es la música con la que me crié en Villanueva, además del vallenato, porque esos eran los ídolos de mi papá (Alfonso Celedón). A veces cuando estoy con los amigos en parranda canto Acá entre nos, que es una canción de él que me gusta mucho”.

Precisamente la noche del 22 de febrero Celedón cantó antes del ‘Charro de Huentitán’ y su padre estaba entre el público.

“A ese concierto en Barranquilla, que en paz descanse mi señor padre, yo lo llevé a que lo viera porque nunca lo había visto en vivo. Me dio mucha alegría ver a mi padre con esa emoción por ver a Vicente. Yo le pregunté qué tal le pareció, porque él vio a Pedro Infante y Jorge Negrete que fueron primero. No se me olvida que me contesto: ‘canta el hombre’”.

Añadió Celedón que en otras oportunidades, unas seis, tuvo la oportunidad de alternar con Fernández en escenarios de Bogotá, Venezuela y Manizales, entre otras partes.

“Yo tuve el honor de conocerlo personalmente, me lo presentó el presidente de Sony en ese entonces, Carlos Gutiérrez. Creo que fue antes del 2010 en Bogotá. Ellos eran muy amigos”, contó.

Giovanny Ayala acompañó a Vicente Fernández en dos giras en Colombia, incluida la que se tituló ‘Si nos dejan’, que llegó ese mes de febrero de 2009 a Barranquilla.

Las experiencias las define como “una fortuna”, “un sueño hecho realidad” que atesora en sus recuerdos y como ejemplo en su vida profesional.

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“Conocí un maestro, un ser humano muy sencillo que no solamente nos deja un legado, sino también un testimonio de perseverancia, de lucha, de disciplina para todos los artistas que hoy por hoy también emprendemos ese camino para dejar huella en la música”.

Sobre esa noche en Barranquilla, Ayala subraya a la “persona carismática que a todo le sacaba un chiste” detrás de la tarima.

“Recuerdo que en el camerino tomaba tequila, también fumaba. Eso me sorprendió mucho porque sus cuerdas vocales, su capacidad para interpretar sus canciones súper altísimas la llevaba en su sangre”.

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