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Leandro Sierra Acosta conduciendo su Willys color verde modelo 53, en el que recorrió La Guajira y el Cesar.
Sociedad

Leandro Sierra, “el médico del pueblo” que el coronavirus se llevó

Entre los seguidores de la música vallenata es recordado por las 17 canciones en las que lo nombra Diomedes Díaz. 

Leandro Sierra Acosta, un guajiro cuyos conocimientos empíricos como farmaceuta le bastaron para aprender a fondo sobre el tratamiento de enfermedades menores y la manera efectiva de tratarlas, de a poco se fue metiendo en el corazón de muchas personas en La Guajira, Valledupar, Fundación y Barranquilla. Entre los amantes del vallenato se convirtió en el ‘galeno’ más popular tras ser bautizado por Diomedes Díaz como ‘El médico del pueblo’.

El Cacique de La Junta nombró a su coterráneo en 17 canciones para agradecerle por haberlo tratado de sus males en varias ocasiones, haciéndolo así más popular, al punto que se convirtió en concejal del municipio de San Juan del Cesar, logrando resultados positivos que le permitieron mantenerse en el cabildo durante una década

Este curandero de 89 años falleció el pasado miércoles en una clínica de alta complejidad en Valledupar, a donde fue trasladado por una insuficiencia pulmonar. Tras aplicársele la prueba del COVID-19 dio positivo.

Sierra Acosta en su juventud trabajó en la farmacia Bogotá, en Valledupar, y posteriormente en la farmacia Tropical de Fundación; y Farmacia Vida en Barranquilla.

Descrito por sus seis hijos y 15 nietos como un hombre con un gran don de servicio y total entrega a su familia, “Leandrito”, como lo llamaban de cariño, en todas sus charlas no dejaba de mencionar a Diomedes Díaz, a quien curó siendo muy niño, lo ayudó en la etapa donde iba tomando vuelo y siguió de cerca su camino hasta verlo triunfar.

En una de esas ocasiones señaló sobre ‘El Cacique de La Junta’: “Él me quiso mucho, sus triunfos los sentía como míos y su muerte para mí fue muy dolorosa porque lo conocía como las palmas de mis manos”.

Se graduó con Diomedes. Leandrito ejerció por más de seis décadas como médico empírico y nunca le cobró a sus paisanos. Siempre fue considerado “el apóstol de la salud” en el sur de La Guajira.  Los que lo conocían cuentan  que fueron muchos los días en los que en su Willys carpado color verde modelo 53 atravesaba las agrestes trochas de La Guajira. Lo único que recibía, dicen, era el agradecimiento general, constituyéndose en su mayor premio.

Al igual que Diomedes, es uno de los personajes insignia de La Junta, que se rindió a sus pies en varias ocasiones. Como la tarde del miércoles primero de diciembre de 1993, exactamente en el Colegio Nacionalizado Hugues Manuel Lacouture de su pueblo, donde fue exaltado como Bachiller Honoris Causa, título que recibió al lado de Diomedes Díaz. Los dos llegaron vestidos de saco y corbata a recibir ese diploma y recordaron esos años maravillosos y de cantos vallenatos.

“Este reconocimiento es la mejor medicina para el corazón y en la vida hay que ser un luchador para llegar a esta instancia”, dijo emocionado.

Ese día se volvió a abrazar con Diomedes Díaz, sellándose nuevamente ese cariño, afecto y familiaridad entre dos hombres que supieron que “en la vida hay cosas del alma, que valen mucho más que el dinero”, como dice el cantautor guajiro en su éxito Mi muchacho.

En esa ceremonia se exaltó al hombre que tenía diagnósticos acertados, recetas precisas, que era admirado y respetado por los más afamados médicos que tuvieron referencia de sus procedimientos y humanismo.

Pensando en devolverle a su región los conocimientos adquiridos aceptó trabajar en el hospital Rosario Pumarejo de López de Valledupar, en el área de farmacia, y terminó como ayudante de los médicos cuando se practicaban cirugías.

Por la carencia de un médico en el pueblo, le tocaba prestar primeros auxilios, pero también servía como ginecólogo, traumatólogo, neumólogo, pediatra e internista, labores en las que sus conocimientos le permitieron ayudar a muchas personas.

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