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La resistencia a no salir puede ser entendida como una forma de adaptación y de protección asociada a las amenazas de aquellos factores que no podemos controlar, explica la psicóloga Elsy Mejía Segura.
Foto: 123RF
Salud

El síndrome de la cabaña, otro rival a vencer en la pandemia

Este temor que muchos manifiestan a no querer salir de casa es una reacción a la incertidumbre por el desarrollo de la crisis por la COVID-19.

Rafael* solo sale a pasear a sus perros. Su esposa se niega rotundamente y el amor que siente por sus “hijos”, como él los llama, lo obliga a caminar unos 40 minutos diarios cerca de su casa. Ha salido otras veces por fuerza mayor y confiesa que cuando le “toca” le “fastidia” tener personas cerca, que no cumplan con el distanciamiento.

Si va por una acera y viene otra persona, cambia de andén, se corre al antejardín y espera que pasen. Ni por equivocación, dice, se subiría a un bus, un taxi o iría a comer a un restaurante, así las autoridades lo permitan. “Soy feliz en mi casa, si por mí fuera no saldría. Mi esposa no ha salido para nada y dice que no lo hará, al menos en este año”, dice.

Juan Gabriel*, de 12 años, también se niega a salir. Sin titubear dice que le da “miedo” contagiarse. Su mamá lo ha invitado a ir al parque muy temprano para que experimente el contacto con familiares, que viven en el mismo edificio, pero él se rehúsa. Dice que lo tiene todo en su apartamento: habla con sus amigos por chat o a través de videojuegos y cumple con sus obligaciones escolares virtualmente. Cuando se le habla de que seguramente retornará físicamente al colegio cambia de tema y si se le insiste es notorio su mal genio.

En Ricardo* su reticencia a salir es más radical. Dice que no saldrá a la calle porque hacerlo sería poner en peligro a su madre, una persona de 80 años y con problemas de salud previos como diabetes e hipertensión. Ante el llamamiento de la empresa donde trabaja, de tener que regresar a las instalaciones, él se niega a retornar y espera que se decida por parte de sus superiores si continúa o no trabajando para ellos. “Nada ni nadie me va sacar de la casa”, sentencia.

Este temor a salir, cuando se ha pasado por un largo tiempo confinado, tal cual como sucede ahora, desde la psicología se le llama “síndrome de la cabaña”.

Olga Lucía Hoyos De Los Ríos, doctora en Psicología y docente del Departamento de Psicología de la Universidad del Norte, señala que lo que ya algunos de sus colegas, en los países que iniciaron la desescalada posterior a la cuarentena, han denominado síndrome de la cabaña, se refiere al temor que surge ante la idea de salir de casa. “Este temor puede activarse ante la exposición real o incluso ante la sola idea”.

“Después de mucho tiempo insistiendo en que la mejor manera de protegernos y proteger a los demás es el aislamiento, ahora se nos invita a que volvamos a salir. Aunque las condiciones son diferentes que las que vivimos a mediados de marzo, vuelve a cobrar importancia la incertidumbre. Aún desconocemos algunos aspectos relacionados con la desescalada y surge nuevamente el miedo y la ansiedad. Está reacción es esperada y lo que sentimos tiene un valor adaptativo. Nos prepara para el cambio”.

Sin embargo, agrega la doctora Hoyos que en algunos casos esa reacción puede llegar a tener un valor contrario, “desadaptativo”. En este sentido, explica, debemos estar atentos a lo que sentimos.

“Si observamos que el temor, más allá de permitirnos mantener unas pautas de cuidado, se apodera de nosotros y nos impide retomar actividades que para nosotros son vitales, debemos prestar atención. La manera en la que afrontemos esta situación va a estar relacionada con la historia de cada uno. Sus experiencias y el modo como hemos afrontado situaciones similares”.

Pero hablando de experiencias, @luciarobleslu señala que su miedo a abandonar su ‘cabaña’ radica en el mal comportamiento que observa en los demás desde la ventana de su casa o en las pocas ocasiones que obligatoriamente ha tenido que salir.

“No quiero sonar pesimista, pero no creo que Barranquilla esté lo suficientemente preparada en cultura ciudadana para asumir la nueva normalidad. Vivo a menos de una cuadra de un supermercado y cada vez que voy veo personas sin tapabocas circulando”, respondió por Twitter a la pregunta.

Óscar Pino, neuropsicólogo y vocal del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, al respecto afirmó en un trabajo publicado por El País de España, que como @luciarobleslu, “ahora hay mucha gente que tiene sensación de descontrol, de que esto se nos puede ir de las manos. La percepción de los otros como un peligro es algo que todavía durará un tiempo y producirá un cambio de hábitos”.

¿Qué se puede hacer?

La doctora Hoyos señala que como en el manejo de otras emociones lo primero es reconocer ese temor, aceptarlo y desde allí comenzar a “gestionar” un proceso para irlo venciendo poco a poco.

“Se sugiere comenzar con pequeñas acciones. No es necesario que el primer día te obligues a hacer grandes cosas. Cada uno debe respetar su propio ritmo. Para algunos ese primer esfuerzo puede ser dar un corto paseo en su cuadra o estar unos minutos en la terraza o puerta de su casa.  Para otros, puede ser asistir al parque o encontrarse con un pequeño grupo al aire libre. Las dos experiencias son válidas. Cada uno avanzará de acuerdo con sus posibilidades”.

Añade la doctora en Psicología que en este momento también es importante mantenerse informado (con fuentes seguras, confiables) sobre las medidas de autocuidado que deben conservarse y los anuncios que hagan las autoridades sobre la evolución del virus y la movilidad misma.

Por último, la psicóloga recalcó que es importante tener presente que si la persona afectada no puede afrontar este momento sola “se vale pedir ayuda profesional”. En resumen, hay que romper el mito que aún tienen muchas personas  de que solo los “locos” visitan al psicólogo.

Sobre todo las personas que presentaban patologías previas como depresión o agorafobia deben estudiar más seriamente consultar a un profesional de la psicología para tratar ese síntoma relacionado con el espectro ansioso, como lo explica el neuropsicólogo Óscar Pino.

En los niños | Acompañamiento

La doctora Olga Lucía Hoyos De Los Ríos explica que el acompañamiento a los menores es fundamental para que superen este “síndrome de la cabaña” y su desarrollo emocional siga su proceso, aún en medio de la actual pandemia.

“De la misma manera en que los adultos los acompañamos al comienzo y durante la cuarentena, debemos acompañarles ahora. Es necesario hablarles de lo que ha pasado, en qué momento estamos. Porqué ahora se permite salir y lo beneficioso que esto trae para todos. Igualmente enseñarles las medidas de protección al salir y entrar en contacto con otros niños y adultos. Y al igual que al inicio de la cuarentena, la manera en la que los padres transitemos este momento influirá en la forma en la que los niños lo hagan. Es importante respetar su propio ritmo, legitimar sus emociones y acompañarles en todo momento”, aconseja la doctora Hoyos.

“Prepararnos desde la casa para enfrentar el miedo”

Elsy Mejía Segura, investigadora del Grupo Neurociencias del Caribe y docente del programa de Psicología de la Universidad Simón Bolívar, es clara al decir que aunque no hay una fórmula precisa, es importante recuperar la idea de un medio exterior seguro. Esto es posible en términos de lo que podemos “controlar”, del autocuidado. La clave está “en prepararnos desde la casa” para enfrentarnos al medio, y para ello se recomienda:

1. Acceder a  información certera en medios profesionales, evitando la sobreinformación y las falsas noticias.

2. Comprender que el miedo es parte de la naturaleza humana, por lo que se requiere estar atentos a las necesidades nuestras y de los que nos rodean para identificar soportes.

3. Tener espacios de distracción y relajación en casa, como escuchar música, hacer ejercicios o practicar hobbies.

Al salir se recomienda:

1. Entenderlo como un proceso paulatino, no debemos sobreexigirnos en disfrutar del mundo exterior de la misma forma.

2. Identificar los espacios que pueden generar más tranquilidad y en los que el contacto social sea paulatino. Es recomendable iniciar con actividades familiares para recuperar los lazos afectivos, que se convierten en un gran recurso.

3. Mantener los protocolos de seguridad: distanciamiento social, lavado de manos y uso de mascarillas.

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