Tengo sed, el clamor de los wayuu

Un líder de la comunidad acudió a la OEA a fin de recuperar el río Ranchería para su comunidad, y así evitar que los niños sigan muriendo por desnutrición.
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En Mayapo hay que cavar cinco metros en el jagüey más cercano para abastecerse. El proceso para extraer el agua tarda dos horas . Cortesía
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La Guajira
Un líder de la comunidad acudió a la OEA a fin de recuperar el río Ranchería para su comunidad, y así evitar que los niños sigan muriendo por desnutrición.

Ana Epiayú, como lo hacen todos en su comunidad de Mayapo, corregimiento de Manaure, debe caminar kilómetro y medio hasta el jagüey más cercano y cavar cinco metros para abastecerse de agua.

En otro extremo, a 55 kilómetros de allí, los niños de la escuela de Tarouruma’ana, Maicao, se ven obligados a calmar la sed en el jagüey más cercano porque el pozo de la institución siempre está seco.

En la ranchería Jalisinakat, zona rural de Riohacha, Carlos Uriana y otros pobladores tienen un poco más de suerte porque cuando no llega el carrotanque, que va de vez en cuando, acuden a un finquero.

Este es el viacrucis de la población wayuu que habita tres puntos distantes de La Guajira, departamento en donde el año pasado murieron 43 menores de edad por problemas de desnutrición.

La crisis humanitaria está relacionada con la falta de alimentos y de agua.  El 80% de los pacientes de esta zona ingresa a los hospitales con problemas gastrointestinales.

“Desde octubre no cae agua del cielo, esta es la pesada cruz que nuestra etnia ha cargado toda su vida”, dice Uriana, pese a los anuncios oficiales que ha escuchado sobre inversión.

Historia que se repite

Así se surten en el Cari Cari, sin ningún control de las autoridades de salud.

En Mayapo, por ejemplo, el jagüey del que toman el agua para bañarse, cocinar y beber, está tan seco que tienen que arañar la tierra para llenar algunos  tanques.

“Después que abrimos el hueco, llenamos baldes, botellas y todo lo que nos pueda servir para guardar el agua y llevarla”,  relata Ana.

Pero aún en medio de la crisis, los wayuu son pacientes. Con una cabuya lanzan los recipientes y van llenándolos uno a uno. Dos horas tarda esta tarea extenuante a la que ya están acostumbrados y después, regresan a sus rancherías.

Mientras tanto, en la Institución Educativa Tarouruma’ana, a diez minutos del casco urbano de Maicao, los estudiantes deben compartir el agua de un jagüey con los animales, porque la alberca que debería surtirlos siempre está seca, como lo narran  los alumnos.

Se secó el arroyo

La profesora Johana Palmar asegura que además de salones improvisados, sin paredes, sin piso y sin techo, los niños deben soportar las altas temperaturas, las largas caminatas y la falta de agua.

En la ranchería Jalisinakat, muy cerca de Riohacha, la autoridad tradicional wayuu, Carlos Uriana, afirma que el mismo padecimiento lo sufren ellos porque el arroyo El Morrocoy se secó.

En Cari Cari, zona rural de Riohacha, hay que caminar un kilómetro y medio hasta el pozo situado en el sector El Guajirito. “Vamos con baldes, botellas, ollas y todo lo que encontremos para traer el agua”, dice Vicente Fernández, de 20 años. En esta búsqueda participan hermanos, primos, hijos y todos los que sean necesarios para recoger suficiente agua.

Que les devuelvan el agua

Después de dos horas cavando viene el llenado de los tanques. Una tarea diaria.

Javier Rojas Uriana, representante legal de  Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas Wayuu Shipia Wayuu, dice que se cansó de presentar denuncias exigiendo el derecho de acceso al agua para los indígenas y decidió llevar el tema a instancias internacionales.

Por eso acudió al consultorio jurídico de la Universidad Jorge Tadeo Lozano donde elaboró la solicitud de medidas cautelares presentada a la Comisión Interamericana de Derechos Humamos -CIDH-, de la OEA, con el fin de recuperar el uso del Ranchería, el único río que tienen los wayuu, para tener acceso al agua y evitar que sigan las muertes por desnutrición.

“Las medidas que se han tomado son insuficientes y Cerrejón, con el permiso del Gobierno Nacional, se apoderó de la única fuente hídrica que teníamos dejando a la comunidad aguantando sed y por eso se han perdido muchas vidas”, aseguró.

“Las regalías han ido a parar a los bolsillos de los políticos y nos han usado como excusa para direccionar recursos para supuestos programas que nunca nos han beneficiados”, afirmó.

En respuesta, el Cerrejón  aseguró que usa el 90% del agua de baja calidad proveniente de los mantos de carbón y de las escorrentías de la mina, que no es apta para el consumo humano, animal o riego de cultivos.

“El consumo de agua de calidad, principalmente para uso
humano, ha venido disminuyendo en los últimos años y hoy es 10% del total del agua que usa la compañía. El Cerrejón utiliza solo 16% del agua de alta calidad que tiene autorizada”, afirma la multinacional.

Y mientras esperan que las promesas oficiales se cristalicen y logren con ayuda de la OEA hacer uso del río Ranchería, los wayuu seguirán cargando la pesada cruz en busca de agua.

Estado no cumple

Para la Defensoría del Pueblo este desabastecimiento de agua es una violación al derecho fundamental del ciudadano por cuanto es el Estado el que debe garantizarlo en condiciones de accesibilidad, disponibilidad y calidad “Este aspecto influye negativamente en la realización de otros derechos como la seguridad y salubridad pública, la seguridad alimentaria, la salud, la vivienda, la educación, el desarrollo y la vida de los afectados”, dice un informe de la Defensoría quien relaciona la falta de agua con la muerte de niños. Entre 2008 y 2013 fallecieron 2.969 menores, de los cuales, 278 fueron por desnutrición y los restantes 2.691 por otras patologías.
 

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