El Heraldo
Región Caribe

La tragedia acecha a la región de La Mojana

Al menos 500 mil personas están en riesgo por las inundaciones en la zona. Habitantes claman por obras que pongan fin al drama que viven.

Los perros se ahogaron, las gallinas están a precios de remate y el ganado que alcanzó a sobrevivir es ofrecido, en muchos casos, por menos de la mitad de su valor original. Todo es una pesadilla. Hay campesinos que lo perdieron todo, hay familias que hace una semana duermen húmedos a las afueras de una iglesia lejana. Hay madres llorando. Hay padres maldiciendo. Hay bebés enfermos. Hay labriegos aprovechándose del éxodo obligado de sus coterráneos. Hay agua donde antes solo era tierra.

La Mojana está sumergida –de nuevo– en una añeja y angustiante pesadilla. Esta subregión, una extensa tierra de al menos 500 mil hectáreas que es bañada por las aguas del río Cauca, San Jorge y Loba, un brazo del Magdalena, y que agrupa a 11 municipios de Sucre, Córdoba, Bolívar y Antioquia, se encontró de frente con los fantasmas de la tragedia que ocurrió en 2010, una herida que aún no cierra y que fue ocasionada por el Fenómeno de la Niña, que dejó a más de 200 mil personas daminificadas.

Debido a ese cruel recuerdo, por estos días nadie duerme. Desde que las aguas del río Cauca rompieron el muro de contención de Cara’e Gato, ubicado en San Jacinto del Cauca (Bolívar), los miles de habitantes de esta amplía y rica región en fauna y flora se han visto envueltos en una horrenda realidad: huir despavoridos con lo poco que puedan tener en sus manos hacia tierras altas, una compleja y dolorosa tarea en una zona que está rodeada de agua, demasiada agua.

Los reportes de afectados por las inundaciones, que no son completos ni precisos debido a la magnitud de la emergencia, alcanzan a dimensionar el mal rato que están pasando los habitantes de La Mojana.

Según cifras entregadas por las distintas gobernaciones, Ayapel (Córdoba) es el municipio más afectado por la presente ola invernal al contabilizar, al menos, 5.290 personas damnificadas y más de 8.000 hectáreas bajo el agua, un número que podría ser mucho mayor cuando la ciénaga sea incapaz de contener las aguas del río Cauca que son conducidas por el Caño Barro, que ya empezaron a llegar con mucha más fuerza.

Adicional a eso, las cientos de fincas de esta zona ya están bajo el agua por el desbordamiento del río San Jorge.

Por otro lado, en San Jacinto del Cauca (Bolívar) han incluido a 1.750 personas en la lista de perjudicados de esta ola invernal, mientras que en Guaranda (Sucre) han censado a 1.700, en Caimito (Sucre) a 4.380, en Sucre-Sucre a 1.411 y en San Marcos (Sucre) a 318, a corte del mes de agosto.

La lista de damnificados pica y se extiende hasta el punto que, según las autoridades, podría abarcar a 500.000 personas si la temporada de lluvias, que está pactada a iniciar a mediados de septiembre, arrecia con más fuerza de lo normal.

“Vemos infinidades de embarcaciones de trasteos donde la gente está tratando de rescatar o de salvar lo poco que tiene o lo mucho que tiene en sus casas, donde las aguas tienen niveles supremamente altos”, indicó el alcalde de Ayapel, Isidro Vergara.

“Ahora es que comienza verdaderamente a alzar los niveles y es donde nosotros estamos preocupados porque sabemos que la inundación será de gran magnitud que va a dejar daños y pérdidas irreparables para nuestros campesinos. Ya tenemos más de mil familias afectadas, hemos evacuado familias al municipios de Ayapel,  reubicadas en megacolegios, pero tenemos familias que siguen aferrándose a su hogar, siguen aferrados a no salir de su tierra, a no salir de su lugar de residencia”, agregó.

Por su parte, José Luis Cerra Benavides, un habitante de Santa Elena, en La Mojana, explicó que las inundaciones recientes echaron al traste todo lo que con esfuerzo su familia había conseguido en los últimos años . 

“La situación es muy dura. Tuvimos que entrar corriendo a salvar lo poquito que teníamos y a coger los niños. Esto es muy cruel, solo salvamos la vida nuestra y la de nuestros hijos, lo demás quedó atrás”, narró.

En similares condiciones está Ana Matilde Valerio Palencia, habitante de La Sierpe, quien reveló que pasó en vela sentada en una vía durante dos días con sus noches.

“Todo se perdió, mis gallinitas, los trastes, las camas. El Gobierno debe ayudarnos”, dijo la mujer, quien explicó que las aguas del río Cauca le llegaban hasta más arriba de la cintura en su hogar.

Factores de la tragedia

La Mojana es una región que históricamente ha estado caracterizada por ser una zona de humedales que actúa como regulador de tres ríos: el Magdalena, el Cauca y el San Jorge, un ecosistema hídrico que es  fundamental en la amortiguación de inundaciones  y equilibrio ecológico para la Costa Caribe.

Los indígenas zenúes, sus primeros pobladores, aprovecharon la fertilidad del terreno y, de paso, levantaron sus hogares sin afectar el ecosistema, con la construcción de plataformas artificiales, de dos a tres metros de altura, una serie de extensos canales y camellones con los que evitaban ser afectados con la subida de las aguas.

Con el pasar de los años, según un informe del Banco de la República, los colonizadores españoles acabaron con la cultura anfibia que había y levantaron pueblos enteros encima de los pantanos.

De ahí, en adelante, miles de terratenientes se han aprovechado de La Mojana sin pensar en el daño ambiental. Llegó la deforestación, la tala, el cambio del cauce de los caños en épocas secas y la minería ilegal, cuatro actividades que a la postre hirieron de gravedad  el corazón de esta región.

Debido a lo anterior, cuando llegan las lluvias los ríos y ciénagas se desbordan y el agua, incontrolable e impredecible, busca su cauce natural, llevandóse por delante lo que haya. Sean fincas, casas, vacas, perros, gatos, gallinas, cerdos o familias enteras.

Por otro lado, las distintas organizaciones y autoridades locales han señalado a Hidroituango como un actor responsable en la emergencia actual.

“Hidroituango tiene en estos momentos abiertas cuatro compuertas y eso ha incidido en esta tragedia que hoy nos golpea. Además, la minería, tanto legal como ilegal, también ha causado las sedimentaciones que nos están afectando”, aseguró Neiman Estrella, presidente de Codemojana.

Trashumancia

Las inundaciones trajeron consigo un tristísima y compleja situación para los ganadero: la movilización de ganado hacia tierras altas para evitar grandes pérdidas.

Miles de animales han muerto ahogados y otros están moribundos luego de ser afectados por las aguas. Esto ha ocasionado que la mayoría de las cabezas de ganado se estén rematando, mientras que las gallinas son ofrecidas por valores cercanos a los $4.000 y $5.000.

Por otro lado, distintos campesinos y organizaciones han denunciado que varios agricultores, dueños de extensas fincas, se han aprovechado de la situación para arrendar sus parcelas a precios exagerados. Por cada vaca están cobrando $35.000 en tierras altas. Además, la demanda hizo que subieran los valores en las chalupas para transportar ganado.

“Las gallinas, los novillos y los cerdos fueron vendidos, los rematamos en el mercado para buscar dinero porque estábamos apurados, pero la gente se aprovecha de la ocasión”, dice Epifanía Suárez, promotora rural de la vereda La Lucha, en Ayapel.

De acuerdo con Leonardo Fabio De las Salas Ruiz, coordinador de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) en Córdoba, es “desgarrador el testimonio de los ganaderos que deambulan con sus animales sin un destino fijo, a la buena de Dios, como ellos dicen, continúan su travesía hasta encontrar un predio en tierra alta donde les dejen alojar sus animales, sin importar los costos de los pastos, porque desafortunadamente los que tienen espacios especulan con los precios”.

Según el ente, la recuperación de las fincas tardará varios años pues la corriente, como hace diez años, arrasará con toda la infraestructura (casas, corrales, divisiones de potreros).

 “Los árboles, arbustos y pasturas desaparecerán, pero entonces los mojaneros tercos y aferrados a su tierra y sus tradiciones tendrán la gallardía de empezar de cero nuevamente”, informaron en un comunicado.

¿Y las obras?

El agua sigue inundando cada día más a La Mojana, una región en la que en su mayoría habitan campesinos pobres y dedicados al campo que lamentan las promesas sin cumplir por parte de las autoridades.

El Fondo Adaptación, ente encargado de  las obras de infraestructura en la región de La Mojana,  explicó a EL HERALDO en 2020 que se necesita una inversión de $3,4 billones para  mejoramiento de la conectividad hídrica de ciénagas y caños para evitar la recurrencia y la intensidad de las inundaciones. Hasta el sol de hoy las obras no se han realizado.

Por otro lado, el Gobierno explicó que realizará una inversión de un billón de pesos para construir un dique de contención de 57 kilómetros con 33 compuertas para solucionar esta problemática.

Recomendaciones

La Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y el San Jorge, CVS, instó a suspender toda obra de relleno y desecación de pantanos, lagunas, charcas, ciénagas y humedales en el territorio, salvo las que  sean indispensables para el saneamiento.

Las órdenes se concentran especialmente para los municipios de Tierralta, Valencia, Montería, Cereté, Lorica, San Bernardo del Viento, Purísima, Chimá, San Pelayo, Ciénaga de Oro, San Carlos, Momil, San Antero y Moñitos.

De igual manera, se suspendió la tala de bosques, la deforestación incrementa la erosión que cede ante las inundaciones, algunos de estos efectos nocivos propiciados por la minería ilegal.

Lo anterior, con el fin de evitar efectos adversos en temporada de lluvias.

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