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Con las presentaciones que ha venido haciendo el gerente encargado del proyecto del Centro de Eventos y Convenciones, Luis Fernando Castro, de los diseños detallados de la obra que se ejecutará en Siape con inversiones estatales y privadas, han surgido algunos reparos respecto a las características de la empresa promotora, la propiedad que tendrá cada entidad o sector involucrado y también ha sido puesto de presente el ‘duelo’ porque no pudo materializarse en La Loma.

Lo más sorprendente es que el proyecto, cuya primera piedra fue puesta en ceremonia especial por el presidente Juan Manuel Santos el primero de marzo reciente, no tiene asegurada la contribución de la Alcaldía Distrital, según puede inferirse de declaraciones de la alcaldesa Elsa Noguera, quien ha anunciado que hará una nueva revisión de lo actuado y del alcance de los compromisos futuros en razón de la situación de las directivas de la Cámara de Comercio, donde se observa un pernicioso pugilato.

Sorprende la noticia porque son numerosos los pronunciamientos y los hechos administrativos de la Alcaldía relacionados con el proyecto desde hace varios años. Tanto es así que está para la firma un convenio que materializa la composición accionaria de la promotora, convenio en virtud del cual el Distrito pasa a tener el 51% de la propiedad y, con base en tal anuncio, la Nación ha ratificado sus compromisos, al igual que la Gobernación del Atlántico.

El Centro de Eventos y Ferias en La Loma resultó inviable, conviene recordarlo, porque no estuvieron en su momento oportuno definidas totalmente la titularidad pública ni la real posesión de las tierras en las cuales se haría la intervención. Los incumplimientos principales fueron de la Alcaldía. Tomada la decisión de cambiar el sitio, lo cual fue aceptado hace un poco más de dos años, las autoridades ambientales y de control urbano otorgaron los permisos en Siape.

Ahora ya no debería haber campo para más dilaciones. Los conflictos por el control de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio no deberían interferir en la marcha del proyecto, y es obvio que se pone en riesgo la obra si se extienden las dilaciones en espera de que gane uno u otro sector de los que están enfrentados. En el peor de los casos, recordemos que Barranquilla ha demostrado tener capacidad para progresar aun estando bajo liderazgos cuestionados, como han sido en la historia respecto al Concejo, la Alcaldía o el empresariado.

De manera que crear inhabilidades de la Cámara, en un proyecto donde la Alcaldía ostentará mayoría accionaria, solo porque hay conflictos entre directivos, no corresponde con la historia. Sin embargo, si la objeción para la contribución de la Cámara es definitiva mientras exista el ambiente de pugnacidad actual, y este es el mensaje de fondo de la Alcaldesa, es bueno que haya claridad frente a la opinión. De paso, es conveniente que quienes han llevado el debate público sobre la vida interna de la Cámara de Comercio a los niveles socialmente ofensivos en que lo tienen sean conscientes del daño que pueden hacerle a la institución y a la ciudad.

El Centro de Eventos y Ferias es un proyecto de ciudad. Malograrlo a estas alturas, o someterlo a nuevos retrasos por razones que pueden superarse, no corresponde con los buenos momentos económicos que se tienen o se perfilan en el horizonte de Barranquilla. Esperamos, por lo tanto, noticias que concreten avances y no nuevas demoras.