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Editorial

El Editorial | A contagiarse del rigor alemán

El cronograma de regreso a la cancha en el país comienza el 8 de junio con evaluaciones médicas generales y las pruebas moleculares de COVID-19 a los jugadores libres de la enfermedad.

Ya se dio el primer paso. El Ministerio del Deporte, encabezado por Ernesto Lucena, anunció el martes pasado que dio luz verde a la Dimayor y a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), para empezar el proceso de reanudación de la Liga profesional. El cronograma de regreso a la cancha comienza el 8 de junio con evaluaciones médicas generales y las pruebas moleculares de COVID-19 para poder iniciar las prácticas individuales con los jugadores libres de la enfermedad.

En julio está previsto el arranque de los entrenamientos colectivos y en la primera o segunda semana de agosto, si las dos primeras etapas avanzan sin contratiempos, se volvería a mover el balón que se detuvo en el país el pasado 12 de marzo.

Es decir, todavía faltan dos meses y algo más para ver nuevamente en acción a Junior, Millonarios, América, Nacional, Medellín, Cali, Santa Fe, Bucaramanga y todos los equipos del balompié criollo, que no cuentan con los grandes presupuestos y rutilantes estrellas de las principales ligas de Europa (que tanto rating generan en un planeta globalizado), pero es tal vez el que más mueve nuestro corazón por un sentido de pertenencia forjado por cercanía, herencia familiar, tradición o representación de la tierra que nos vio nacer.    

En ese largo período, los clubes, con apoyo de una EPS, deberán aplicar los protocolos de bioseguridad aprobados por el Ministerio de Salud y el Ministerio del Deporte. Tendrán que adecuar las sedes de entrenamiento y someter a los jugadores a pruebas serológicas o rápidas cada cuatro días para detectar cualquier contagio y reducir las posibilidades propagación.

Un proceso exigente en todo aspecto, que desafía la sensatez y rigurosidad de todos, la capacidad logística y organizativa de nuestros dirigentes futboleros y la responsabilidad, comportamiento y disciplina de los deportistas, de los entrenadores, árbitros y de todo el personal que trabaja alrededor del fútbol (incluidos los periodistas).

La Bundesliga, la primera de las cinco grandes ligas de Europa que reinició la competencia en medio de la pandemia (Francia fue la única que canceló la temporada, Inglaterra, Italia y España vuelven al ruedo en junio), es el modelo a seguir para activar este fútbol post-covid sin público en las tribunas y con gritos, abrazos y festejos reprimidos.

Pero una cosa es Alemania y otra América Latina. Evitar totalmente la enraizada informalidad y ligereza que suele acompañarnos en este lado del mundo, que se ha vuelto epicentro de la pandemia, es la primera gambeta que la gente del fútbol está obligada a ejecutar si quiere que la reanudación de la Liga sea tan exitosa como está resultando la de territorio teutón, donde este fin de semana completan cuatro jornadas desde el reinicio.

Aplicar con seriedad y rigor cada punto del protocolo de sanidad y vigilar y exigir su pleno cumplimiento es vital para los jugadores y sus propias familias.

Mindeporte ha sido precavido, hasta ahora, en este proceso de reapertura. Ha sabido eludir las presiones que han surgido y darle manejo a la escasa diplomacia e incomprensible arrogancia que rebosaba en la Dimayor.  

En medio de toda esta emergencia sanitaria, el deporte y muchas otras actividades pasaron a un segundo plano. Todo se enfocó en lo indispensable, en lo fundamental, en lo realmente importante, en la salud y en la familia. 

“Pues parece que se podía vivir sin fútbol”. La frase irónica contra los apasionados por el balón se viralizó al principio del confinamiento.   

“Claro que se puede vivir sin fútbol, pero se vive peor”, respondió el exfutbolista y escritor argentino Jorge Valdano.

Más allá de lo dimes y diretes, de lo que puedan pensar opositores o adeptos al deporte más popular, es innengable que en momentos tan adversos, que pueden llegar a ser más complejos en nuestro país teniendo en cuenta que aún no hemos llegado al pico de la curva de contagio, no cae mal un desahogo, un espacio para emocionarse y empezar a retomar aspectos de la ‘normalidad’ que solíamos tener. Eso sí, hay que contagiarse… del rigor de los alemanes.

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Cultura

Ema – Flamante protesta social a ritmo de reguetón

Ema es la nueva y controversial producción del director de cine chileno Pablo Larraín ahora disponible en ‘streaming’. Conocido por Jacky (2016), Neruda (2016), El Club (2015), y No (2012), entre otras, Larraín asume en esta ocasión un formato diferente y original, comparado a todo lo que conocemos de él.

La historia, escrita por Guillermo Calderón, Alejandro Moreno, y el mismo Larraín, se centra en el caso de una pareja disfuncional compuesta por Ema (Mariana Di Girolamo) y Gastón (Gael García Bernal), quienes confrontan la realidad de un hijo adoptivo, Polo (Cristian Suarez), con comportamientos tan bizarros como encerrar un gato en el refrigerador.

Tras el último episodio, donde el muchacho prende fuego a la casa con consecuencias funestas, toman la difícil decisión de devolverlo a la agencia para re-adopción. Con este comienzo el director nos inmiscuye en la crisis que se desata entre Ema y Gastón, a ratos coherente y a ratos falta de sentido, que dejan al espectador cuestionando qué tipo de experiencia ha vivido, y qué genero de película ha visto.  

Ema es una de las bailarinas pertenecientes a un grupo de danza liderado por Gastón, quien cumple las funciones de coreógrafo y director. Son muchas las diferencias que vemos entre ellos, además de los cargos que desempeñan en la compañía artística, donde están implicados temas de poder. Ema es mucho mas joven y de espíritu libre, mientras Gastón tiene actitudes conservadoras, tanto en lo profesional como en lo personal.

La nueva situación que se presenta con la ausencia de Polo y la contradictoria reacción de Ema, acrecenta las discrepancias, y la comunicación de la pareja se vuelve cada vez mas abusiva, hiriente y degradante. Para Ema la solución es su independencia sexual, el feminismo y la anarquía.

Alentada por su grupo de amigas, se dedica a armar orgías y coreografías callejeras a ritmo de reguetón que rompen con los esquemas tradicionales impuestos por Gastón y por el medio. La fortaleza de su expresión corporal es acaparadora, y constituye un grito de libertad. Mezclada con actos de piromanía, las representaciones resultan maravillosos videos musicales que llevan de fondo un contenido de protesta social y una reivindicación del arte urbano y el baile popular. 

La película tuvo su estreno en el Festival de Venecia donde fue nominada al León de Oro y ganó el premio UNIMED, entre otras nominaciones y premios, y cuenta además con la actuación de Paola Giannini y Santiago Cabrera.

Aunque algunos diálogos resulten disparatados, la música, las coreografías y las tomas de Valparaíso hacen de esta película una experiencia visual hipnótica, alucinante y llena de metáforas y contradicciones. Mientras el dolor y el placer se encuentran, así lo hacen la vida y la muerte, el amor y el odio, todo descrito a través del baile, que para Ema es la vida misma.

Cine - espacios de opinión - Reguetón -

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#SiYoMeCuido

Corea del Sur, que es ejemplo en el manejo del covid, vuelve a cerrar muchas actividades por el rebrote de la enfermedad entre sus ciudadanos, si una población tan ordenada y disciplinada debe retroceder, ¿qué podemos esperar los colombianos que hemos demostrado tener poca consciencia por el otro?

Todos queremos normalidad, salud, recuperación económica, pero parece que en más de dos meses de aislamiento en los que debimos aprender a cuidarnos, no lo hicimos, por eso cómo vamos, la salida será otra vez cerrar actividades y ciudades.

¿Será necesario cerrar ciudades para que no se tengan que suspender 609 fiestas, como en Cartagena? ¿Será necesario cerrar ciudades para que barrios como Kennedy o comercios como Corabastos tomen conciencia de la protección y auto cuidado? ¿Será necesario cerrar ciudades para que entendamos que no se puede ir de puente a poner en peligro comunidades enteras?

Las autoridades informaron, fueron solidarias, tomaron medidas, pero a la vez los ciudadanos comenzaron a salir sin usar tapabocas o usándolo mal (dejándolo sobre el cuello o con la nariz destapada), sin respetar las medidas sanitarias ni de distanciamiento social, debemos aceptar que hemos sido inferiores a nuestro deber como ciudadanos en muchos casos.

Los medios a diario informan sobre fiestas en pleno confinamiento y desobediencia ante las normativas impuestas, por ello no es difícil pensar en que una vez levantada la cuarentena y pasadas muy pocas semanas habrá un cierre absoluto de algunas ciudades y municipios, todo debido a que miles de ciudadanos no se han tomado los cuidados que se deben tener frente a la pandemia en serio. Ojalá pudiéramos ser como Uruguay en la que no hubo confinamiento obligatorio, sino que se le dio la responsabilidad a cada persona de controlar sus salidas y contacto con los demás, se les dio la tarea de mantener el virus al margen y lo lograron a través de una consciencia civil en la que de cada persona es responsable al reconocer que de la manera en que se comporta depende el futuro del país.

Será necesario cerrar barrios, ciudades y sectores económicos si no aportamos cada uno, si no entendemos que como ciudadanos tenemos cargas que asumir. Cerrar ciudades en vez de ir ganando terreno será la consecuencia de no ser responsables y solidarios. Cerrar ciudades será ahondar en la crisis económica de tantos sectores. Cerrar ciudades será una consecuencia devastadora, pero necesaria, si como sociedad no aprendemos a pensar en los demás. Uno de los deberos que tenemos como ciudadanos colombianos es el de comprometernos con las soluciones derivadas de problemas sociales y políticos, este es el momento de cumplirlo y hacerlo cumplir. En este momento debemos pensar que somos solo uno y por ende debemos cuidarnos entre todos.

Es momento de pensar en el otro y asumir la responsabilidad que todos tenemos, por eso, #SiYoMeCuido cuido a los demás, #SiYoMeCuido no contagio y con ello no obligo a que centenares de personas pasen necesidades, #SiYoMeCuido y nos cuidamos todos el fin de esta pandemia llegará más pronto de lo que pensamos.

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De virus y desvaríos

Nadie sabe bien, pero al parecer el virus que se propaga por el mundo de manera desgarradora, saltó a los humanos en un lejano mercado de Oriente, o al menos esa fue la fábula que nos contaron. Muchos se resisten a creer la que consideran una patraña del imperialismo. Les resulta inaceptable que un estofado de pangolines pueda desencadenar semejante devastación. 

No falta quien sostiene que detrás de todo está la industria farmacéutica, en un siniestro intento por reactivar el lucrativo negocio de las vacunas. Sin embargo, dicen otros, por aquí lo único que se ha reactivado ha sido la venta de papel higiénico.

Los jerarcas de la Iglesia, a través de eucaristías virtuales, sostienen que este cataclismo a gran escala era tan previsible como necesario, para que de una buena vez la peste de los impíos vuelva sus ojos al Señor. Los pastores, así mismo, pontifican que el milagro de la cura está en el diezmo. Antes de caer fulminado en la nueva Aleta del Tiburón, un hincha furibundo aseguró que el virus era un invento para convertir los estadios de fútbol en hospitales de campaña y los moteles en unidades de cuidados intensivos. Los mandatarios de derecha, altamente preocupados por la salud económica de la patria, propalaron la especie según la cual la virulenta infección no era más que una inocua gripecilla, y que aun si no lo fuera, los veteranos del mundo debían inmolarse con orgullo por el bienestar financiero de Wall Street. Los líderes de izquierda, con su habitual devoción, acuñaron el término «gerontocidio», y acusaron al capitalismo salvaje de ser el responsable de una nueva y brutal matanza de inocentes, cuyo propósito consistía en reformar a las malas el sistema pensional.

Así, mientras los unos acusan a los otros —y los otros a los unos—, la pestilencia se toma nuestras calles, los corruptos nuestro presupuesto y los autócratas nuestra libertad. ¿Pero por qué en el Decamerón medieval los jóvenes se confinaron voluntariamente para huir de la peste y los viejos de hoy en día deben hacerlo por decreto? ¿Cómo fue que llegamos a este nuevo orden imaginado, como diría Harari? Algunos dicen que acudiendo al viejo y muy eficaz recurso de esparcir el miedo.  

Sea como fuere, cuando la prensa internacional comenzó a registrar en China los primeros casos de infectados, nadie pareció tomar en serio la noticia. En la víspera del Año de la Rata no hubo petardos ni fuegos artificiales para ahuyentar al terrible «Nian». Aun así, nadie pudo vislumbrar que pronto los cadáveres comenzarían a apilarse en fosas comunes, pistas de hielo y morgues improvisadas.

Hoy, mientras la Casa Blanca se encomienda al desinfectante y la Casa de Nariño a la virgen de Chiquinquirá, ni siquiera hay consenso en la comunidad científica acerca de la eficacia del confinamiento. Lo único cierto, en todo caso, es que el microscópico mutante ha cobrado a la fecha más de 350.000 vidas en el mundo, y en Colombia ha convertido a los médicos en villanos, liberado por las malas a los pillos y encarcelado a los abuelos dizque por su bien.

oaraujo@uninorte.edu.co

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Lo que preguntan por ahí | Arepa, -nos, absurdo

La arepa surgió como alimento indígena en Suramérica, en una época en que no había países ni fronteras.

P.: Al fin, ¿la arepa es de Colombia o de Venezuela? Andrea G. L., B/quilla

R.: Si bien un historiador venezolano afirmó que “la arepa es símbolo gastronómico, monumento e imagen de identidad nacional”, en nuestro país la Academia Colombiana de Gastronomía, en una declaración parecida, dijo que “la arepa hace parte del patrimonio cultural colombiano y es símbolo de unidad gastronómica nacional”. En realidad, la arepa es tan colombiana como venezolana, pues, según datos documentales y arqueológicos, desde antes de la llegada de los españoles ella existía en el área que hoy ocupan los dos países, con distintos nombres según los grupos indígenas que la habitaban. La creencia de que es originaria de Venezuela se debe a que en el idioma de los cumanagotos, etnia Caribe que se asentaba en lo que hoy es el estado venezolano de Cumaná, la pequeña torta de maíz se llamaba erepa, que derivó en arepa, término que se difundió. En conclusión, la arepa surgió como alimento indígena en Suramérica, en una época en que no había países ni fronteras.

P.: ¿Por qué no decimos ‘teníanos e íbanos’ en lugar de ‘teníamos e íbamos’ si se trata de nosotros (nos)? Felipe Díaz, Cape Coral, Fl.

R.: En la lengua española, a grandes rasgos y con algunas variantes, los verbos y la forma tradicional de sus conjugaciones vienen del latín, y, por lo tanto, están sujetos a sus normas. ‘Teníanos’ e ‘íbanos’ no corresponden a formas de conjugación del español, porque, en términos rotundos, en ningún verbo de nuestro idioma el pretérito de la segunda persona del plural se conjuga con terminación en -nos, sino en -mos. Por eso, en español no es ‘teníanos’, sino ‘teníamos’, así como en latín no es habuinos, sino habuimus (teníamos).

P.: El movimiento del teatro del absurdo llegó a trascender como arte contemporáneo? JATS, B/quilla

R.: El teatro del absurdo fue un ademán vanguardista que, como ha ocurrido con otras tendencias, nació y feneció, entre otras cosas porque las formas de las artes no son imperecederas, pues son solo actitudes, que, así hayan pasado, siguen aportando –como en este caso a los escritores– trucos, semillas, ángulos, soluciones y otros recursos de escritura. Las obras literarias del teatro del absurdo no son disparates: ellas capturan y muestran el sinsentido de un mundo perturbado, el mismo donde, luego de dos guerras mundiales devastadoras, surgió el movimiento. El irlandés Samuel Beckett, el rumano-francés Eugène Ionesco y el ruso-francés Arthur Adamov, nacidos los tres poco antes de 1910, son las figuras más mentadas del teatro del absurdo que, por supuesto ha trascendido. Así, en 1969, Beckett, en parte por el prestigio de sus obras Esperando a Godot y Fin de partida, ganó el Premio Nobel de Literatura. Y Ionesco, durante muchos años, hasta su muerte, estuvo nominado al mismo premio, y, además, dos obras suyas, La cantante calva y Las sillas, hoy son consideradas emblemáticas de la gran dramaturgia universal.

edavila437@gmail.com

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Opinión

Al rescate del agro Caribe

En un recorrido realizado recientemente por la Región Caribe, tuve la oportunidad de reunirme con varios Secretarios de Desarrollo Económico y me complació mucho ver en los Planes de Desarrollo de sus departamentos un gran interés por la recuperación del sector agropecuario.

Bienvenido el liderazgo que están tomando los entes territoriales en el diseño e implementación de políticas, estrategias y nuevos modelos productivos incluyentes, para fortalecer los matrimonios de las cadenas productivas con el fin de mejorar la productividad de las fincas y asegurar la comercialización de las cosechas. Ya era hora que se destetaran del ineficaz modelo centralista. “Lo que no sirva, que no estorbe”, decía alguien por ahí.

Celebro con mucho entusiasmo el interés que los gobernantes de mi entrañable Región Caribe, le están poniendo al sector rural, a las familias campesinas y a los empresarios del campo, para transformar esta importante región del país en una despensa alimentaria para surtir de alimentos y materias primas al mercado local e internacional, teniendo en cuenda las ventajas comparativas (pisos térmicos, luminosidad, fuentes hídricas, cercanía a principales puertos marítimos, etc.,), frente a otras regiones del país.

Sin duda alguna, esta apuesta de los gobernadores costeños va a generar grandes fuentes de empleos, riqueza y mejor calidad de vida. En la hojeada que pude darle por encimita a sus planes de desarrollo presentados a sus asambleas departamentales, encontré unos programas primordiales para el inicio de esta gran apuesta en el cuatrienio. Me parece muy acertado que hayan priorizado sus recursos en programas de formalización de la tenencia de la tierra (no tener titulo del predio es como no tener cédula de ciudadanía), adecuación de vías terciarias, construcción de presas y canales de riego, adopción de nuevas tecnologías, escuelas de emprendimiento rural, incentivos al crédito y al respaldo de las garantías bancarias.

La gobernadora del Atlántico, Elsa Noguera, por ejemplo, le está apostando a todos los rubros mencionados bajo un modelo de cooperativismo agrario en alianza con el sector agroindustrial y agrocomercial. Esta estrategia me parece muy acertada para poder aplicar economías de escala en las cadenas agroalimentarias y aumentar la rentabilidad de los agro negocios. El programa piloto que se está gestando con la cooperativa láctea Coolechera, para poner en practica este modelo de alianza estratégica, seguramente va a tener un impacto grandísimo en la formalización y productividad de los pequeños y medianos ganaderos de esa región. Ojalá lo repliquen en los subsectores agrícolas, piscícola, avícola y forestal. 

Es con este espíritu de objetividad y pragmatismo que los gobiernos locales de los países desarrollados están sobreviviendo en medio de esta crisis social y económica generada por la pandemia del COVID-19. Mientras el gobierno no cambie los esquemas de subsidios al sector agropecuario, a los gobiernos territoriales sólo les queda el camino realista de orientar el desarrollo agroindustrial en sus departamentos con recursos de regalías. Si lo hacen se volverán menos dependientes de los pocos y perversos subsidios que manejan los burócratas de las entidades centralizadas y menos vulnerables a las excesivas importaciones de alimentos y materias primas subsidiadas. Por ahí es la cosa.

*Experto en financiamiento agropecuario.

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Otra manera de influir

Esta columna que hoy escribo, la escribo con orgullo, con satisfacción y con la profunda ilusión de que quien la llegue a leer, se pueda sentir motivado a cambiar la vida de al menos una persona, y de intentar transformar el mundo en el que nos ha tocado vivir.

Para quienes no lo saben, desde hace cuatro años me he dedicado a crear contenido digital para redes sociales. No comenzó como un proyecto trazado, sino que fue algo que se fue desarrollando día a día. Haber sido Reina del Carnaval de Barranquilla me dio mi primer empujón, pero poco a poco empecé a construir mi propio camino. Equivocándome, por supuesto, pero a la vez, encontrando mi vocación de vida.

Entendí desde muy temprano que no quería ser una ‘influenciadora’ de belleza, de moda, de ‘lifestyle’ o de ‘fitness’, como las tyyque veía a diario en internet. Pero no porque piense que su trabajo no sea meritorio (sí, dije trabajo, porque crear contenido es un trabajo que requiere de constancia), sino porque además de sentir que no tenía mucho talento para eso de jugar a ser mi propia estilista, ni me caracterizaba por ser la más hermosa del mundo, sentía que, si iba a tener una voz, debía utilizarla para hacer un contenido que pudiera ayudar a cambiarle la cara al mundo.

En mis redes no quería más de lo mismo que veía siempre. No quería que quien entrara encontrara sexo, belleza y ‘perfección’. Yo quería mostrar valores de familia, la autenticidad de nuestras costumbres costeñas y el amor propio que tanto me costó llegar a tener.

Poco a poco fuimos construyendo esto. Y digo ‘fuimos’ porque no lo hice sola. Mi familia, con su particular dinámica, me ayudó a fortalecer el mensaje que quería enviar, y, con mucho esfuerzo, empezamos a crear un contenido de entretenimiento que inspirara positivismo. Pero, más temprano que tarde, realizamos que esto podía ser todavía más grande.

Iniciamos sin proponérnoslo a mostrar los talentos de nuestra familia extendida: los gerentes de nuestro hogar. Era importante para nosotros que todos pudieran tener una voz y que todos pudieran cumplir los sueños guardados en el baúl de los recuerdos. Así que iniciamos un recorrido en el que lo importante fuese utilizar nuestro modesto ‘poder de influencia’, para cambiarle las vidas a los que nos rodean, para que ellos pudieran mostrar su arte, para que ellos pudiesen tener influencia, y no para ser un simple canal de comerciales de productos.

Sin embargo, cuando comenzó la cuarentena, mi hermano menor Camilo, a quien muchos conocen como ‘El Camus’, me dijo: “hay que ir más allá.”, y fue ahí dónde tomó la decisión de que todos comenzáramos a llevar esto a otro nivel, uno en el que pudiéramos convertirnos en verdaderos agentes de cambio.

Se fue a vivir un mes a una casa en el barrio Ciudadela 20 de Julio de Barranquilla, se despojó de todo para irse a vivir al hogar de una familia de muchos valores, y de muchas necesidades, para poder transformarles la vida. Y realmente lo hizo.

En menos de una semana, Camilo utilizó su poder de influencia para conseguir pagar las deudas de la familia, amoblarles la casa que no tenía nada dentro cuando él llegó, a enseñarles cómo utilizar las redes para mostrar sus talentos (y eventualmente, poder generar ingresos económicos), y, genuinamente, para alegrarles la vida.

Ahora los Escorcia, a quienes invito a seguir en Instagram @losescows, tienen una labor: utilizar su nuevo poder en redes para cambiarle la vida a alguien más, y así empezar a hacer un movimiento que pueda ayudar a transformar la sociedad.

Porque esto es una nueva manera de influir. Porque para esto debemos utilizar las redes. Porque queremos un mundo con ‘influencers’ que cambien vidas.

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¿Olvidamos la lección?

En 1992, bajo el gobierno del presidente Gaviria, se presentó una crisis energética en el país y como consecuencia de ello, el racionamiento de energía más recordado por los colombianos. ¿Estamos cerca de que se repita?

El suceso de ese año 92, tuvo un impacto significativo en las diversas actividades socioeconómicas; como parte de las medidas del gobierno, se decidió adelantar una hora el reloj en el país, con el fin de aprovechar más la luz del Sol y así reducir en algo el consumo energético.

La condición extrema despertó mayor interés en términos de la influencia notoria de los fenómenos de variabilidad climática en el sector, pues en buena parte el “apagón” obedeció a la presencia de un Fenómeno El Niño en el océano Pacífico tropical, con las repercusiones que suele dejar para el país en términos de déficit de lluvias.

Es importante mencionar que siendo un Niño moderado, además de esa incidencia natural reflejada en menos lluvias, se sumaron algunas acciones para tener un escenario que finalmente nos llevó al racionamiento de energía.

A partir de ello, los análisis mensuales del IDEAM frente a la probabilidad Niño/Niña empezaron a tener un espacio en el Consejo Nacional de Operación del sector eléctrico y unos años después, en la Comisión Asesora de Coordinación y Seguimiento a la Situación Energética del país, liderada por el Ministerio de Minas y Energía.

Dicho acompañamiento, fue clave para operar sin restricción ante fenómenos fuertes como lo fueron El Niño 1997-1998 y El Niño 2015-2016, reconocidos como los más fuertes de la historia; éste último, con una influencia notoria, que causó que muchos cursos de agua literalmente quedaran secos.

En el presente año nos hemos visto abocados a un déficit de lluvia, sin existir una condición Niño como las referidas. La temporada de lluvia que suele tener su pico en abril y mayo para los departamentos andinos, no se consolidó y finalmente los embalses no lograron recuperarse después de pasar la temporada seca de final (2019) y comienzo de año (2020).

Hace 28 años vivimos la dura experiencia de un racionamiento. A hoy el nivel de los embalses ha llevado a la Ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, a señalar que por ahora Colombia no tenga un riesgo de apagón, pero con la predicción de IDEAM para junio y julio podrían caer aún más. Adicionalmente señaló: “si los embalses continúan bajitos eso nos pondría en riesgo de racionamiento en el verano 2021”, refiriéndose al comienzo del próximo año. Sin embargo, es un poco distante dicha proyección. 

De momento hay que dejar claro, que no vamos hacia un Niño como se ha dicho en algunos medios, de hecho es mucho más probable una Niña hacia el último trimestre de 2020, lo que sugeriría de momento, una segunda temporada de lluvias reforzada por los efectos de ese posible fenómeno.

Por ahora, será vital hacer seguimiento semanal a la evolución de los embalses, junto con el pronóstico de IDEAM y los resultados de los acumulados de lluvia en las cuencas abastecedoras, incluyendo los datos meteorológicos del sector, pues siempre será importante ponerlos a disposición de los análisis que realiza el IDEAM. ¡Amanecerá y veremos!

@ChristianEuska

Meteorólogo VIDEOCLIMET

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Sociedad

Ema – Flamante protesta social a ritmo de reguetón

Ema es la nueva y controversial producción del director de cine chileno Pablo Larraín ahora disponible en ‘streaming’. Conocido por Jacky (2016), Neruda (2016), El Club (2015), y No (2012), entre otras, Larraín asume en esta ocasión un formato diferente y original, comparado a todo lo que conocemos de él.

La historia, escrita por Guillermo Calderón, Alejandro Moreno, y el mismo Larraín, se centra en el caso de una pareja disfuncional compuesta por Ema (Mariana Di Girolamo) y Gastón (Gael García Bernal), quienes confrontan la realidad de un hijo adoptivo, Polo (Cristian Suarez), con comportamientos tan bizarros como encerrar un gato en el refrigerador.

Tras el último episodio, donde el muchacho prende fuego a la casa con consecuencias funestas, toman la difícil decisión de devolverlo a la agencia para re-adopción. Con este comienzo el director nos inmiscuye en la crisis que se desata entre Ema y Gastón, a ratos coherente y a ratos falta de sentido, que dejan al espectador cuestionando qué tipo de experiencia ha vivido, y qué genero de película ha visto.  

Ema es una de las bailarinas pertenecientes a un grupo de danza liderado por Gastón, quien cumple las funciones de coreógrafo y director. Son muchas las diferencias que vemos entre ellos, además de los cargos que desempeñan en la compañía artística, donde están implicados temas de poder. Ema es mucho mas joven y de espíritu libre, mientras Gastón tiene actitudes conservadoras, tanto en lo profesional como en lo personal.

La nueva situación que se presenta con la ausencia de Polo y la contradictoria reacción de Ema, acrecenta las discrepancias, y la comunicación de la pareja se vuelve cada vez mas abusiva, hiriente y degradante. Para Ema la solución es su independencia sexual, el feminismo y la anarquía.

Alentada por su grupo de amigas, se dedica a armar orgías y coreografías callejeras a ritmo de reguetón que rompen con los esquemas tradicionales impuestos por Gastón y por el medio. La fortaleza de su expresión corporal es acaparadora, y constituye un grito de libertad. Mezclada con actos de piromanía, las representaciones resultan maravillosos videos musicales que llevan de fondo un contenido de protesta social y una reivindicación del arte urbano y el baile popular. 

La película tuvo su estreno en el Festival de Venecia donde fue nominada al León de Oro y ganó el premio UNIMED, entre otras nominaciones y premios, y cuenta además con la actuación de Paola Giannini y Santiago Cabrera.

Aunque algunos diálogos resulten disparatados, la música, las coreografías y las tomas de Valparaíso hacen de esta película una experiencia visual hipnótica, alucinante y llena de metáforas y contradicciones. Mientras el dolor y el placer se encuentran, así lo hacen la vida y la muerte, el amor y el odio, todo descrito a través del baile, que para Ema es la vida misma.

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Deportes

De la casa a la cancha

Por fin. Esta semana se escuchó la voz oficial del Ministro del Deporte, Ernesto Lucena, confirmando que a partir del 8 de junio los equipos del fútbol profesional colombiano podrán iniciar sus entrenamientos. Individualizados y acompañados por el imprescindible protocolo, sí, pero entrenamientos en una cancha de fútbol, con la presencia del cuerpo técnico, con balones, uniformes de futbolista, en el lugar donde, otra vez, se van a sentir lo que son y más les gusta ser: futbolistas.

Una vez cumplida esta primera fase, que en palabras del Ministro espera que sea de entre dos y tres semanas, vendrá la fase en la que los equipos ya podrán ampliar el número de jugadores para hacer entrenamientos grupales y lo más parecido a la pre-competencia. Competencia que, si todo va bien, arrancaría en el mes de agosto.

Antes de este alentador periplo, los dirigentes tienen la obligación de darle operatividad al protocolo, de responder por la logística y financiación de este y de qué forma (sistema de campeonato y número de sedes) se desarrollará el torneo. Por ahora, celebro que se haya dado el primer paso. Que, cierto, no los lleva al lugar que quieren, pero los saca del lugar que estaban. De la casa a la cancha.

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