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Germinando semillas en las escuelas de Cartagena de Indias

Lo que se quiere lograr son Ambientes Escolares Alimentarios Saludables.

La magia del proceso alimentario y de todo lo que lo circunda, bien podría ser una buena metáfora sobre las transformaciones con causa-efecto que contiene la vida.

La fuerza que entraña una milimétrica semilla y la increíble mística que la rodea para lograr ser germinada, entendiendo ese momento con la autonomía que merece y a su vez, con los cuidados ancestrales que generación tras generación, se entregan y mutan según las necesidades del momento y las situaciones que rodea el contexto, para finalmente convertirse en alimento que será consumido en breves momentos pero que marcará la pauta vital de quien lo recibe.

Justamente, y como parte de la garantía de una vida digna, ese alimento debe llegar a todas las personas, más aún a niñas, niños y adolescentes quienes definen en su etapa escolar lo que será el curso de gran parte de su vida. Una infancia mal alimentada, tal vez sea la forma más segura de que una sociedad continúe reproduciendo patrones de violencia y desigualdad, y por ello, todos los  esfuerzos por garantizar el derecho a una alimentación y nutrición adecuadas, nunca serán demasiados.

Con este horizonte de sentido, el proceso para la formulación de la Política Pública que inicia con el Acuerdo 021 de 2019, propone establecer lineamientos para promover Ambientes Escolares Alimentarios Saludables desde un enfoque de realización del Derecho Humano a la Alimentación y Nutrición Adecuadas (DHANA), siendo una aproximación a la posibilidad de transformar prácticas cotidianas de las vidas y tejidos sociales que rodean las escuelas de las zonas urbanas y rurales de Cartagena.

Lo que surgió como un Acuerdo emitido por el Concejo Distrital, que facultó al Alcalde Mayor de Cartagena para que adoptara esta Política Pública, es el resultado de la convergencia de múltiples actores que con sus vitales voces incidieron para que se materializara una apuesta por volver a los alimentos reales, naturales y locales, libres de exceso de sodio, azúcar y grasas, y que en las escuelas se asegure salud y bienestar a las presentes y futuras generaciones y por ende, a sus familias.

Para llegar a la formulación del Acuerdo 021, se realizaron más de 50 espacios de activa  participación, entre  reuniones, talleres y encuentros políticos y formativos, donde casi 400 personas de la comunidad y de la administración local, decidieron poner freno a los problemas de malnutrición de la infancia cartagenera, sobre todo aquellos asociados a las crecientes cifras de exceso de peso, sobrepeso y obesidad, derivadas de un consumo excesivo de productos comestibles ultraprocesados, conocidos comúnmente como “comida chatarra”. 

Hasta ahora, en la fase de construcción de esta Política se han realizado 24 encuentros de socialización del Acuerdo 021 y de sensibilización sobre la problemática. Aproximadamente 1.353 personas de la sociedad han participado, incluyendo a la comunidad educativa, estudiantes, docentes, directivas, madres y padres de familias, tenderos escolares, organizaciones sociales y de producción, entre muchos otros; fueron varias horas de conexión virtual en medio de una pandemia que nos tomó por sorpresa y que necesito de mucha creatividad para propiciar los primeros escenarios de construcción de una Política con enfoque de derechos, partiendo de la necesaria comprensión de la problemática alimentaria que rodea a las niñas, niños y adolescentes en la ciudad y pensando colectivamente en estrategias para confrontarla.

Lo anterior, como fase de sensibilización para conocer a fondo y de manera dialógica la necesidad de hacerle frente a un problema de salud pública, teniendo en cuenta la variación de las dinámicas según el sector de la ciudad y reconociendo la importancia de hacer un tránsito en los hábitos de alimentación, involucrando a la comunidad en general, para que sea un compromiso de todas y todos.

Al respecto, valdría la pena retomar esas voces que se han venido sumando durante el proceso de construcción de la Política Pública y que, desde su experiencia cotidiana, realizan aportes incalculables para soñar con Ambientes Escolares Alimentarios Saludables.

En primer lugar, se encuentran las y los estudiantes, con el desparpajo propio que tienen las edades escolares y que deberían acompañarnos por el resto de nuestras vidas, tal como Ana Milena, quien realiza el siguiente llamado: “El gobierno también tiene que poner de su parte, porque el gobierno tiene que garantizar a los niños, niñas y adolescentes una buena alimentación y nutrición. Porque recordemos nuestro derecho fundamental: Derecho a la alimentación.” Surgen también detractores, que declaran que no podrían dejar jamás los Productos Comestibles Ultraprocesados, pero que poco a poco, fueron comprendiendo la necesidad de cambiar estos hábitos para garantizar su salud y el bienestar planetario. Así mismo, están aquellos que hacen una invitación para que la  implementación  no parta de  la imposición, sino en una transición que les ayude a entender en la práctica, cómo es que consumir alimentos reales puede ser divertido y saludable.

Por otro lado, encontramos a las y los educadores, quienes, en su constante labor de generar reflexión y cuestionamientos, ponen el debate sobre el papel que ejercen los medios de comunicación, la publicidad, y el marketing agresivo que se concentra en las edades escolares para venderles a través de la imagen, la idea mentirosa sobre comestibles que por el proceso de industrialización al que son sometidos, pierden la calidad de alimentos. Reconocen que hay un avance pedagógico cuando de manera autónoma las escuelas toman la iniciativa de realizar actividades como el día de las frutas, el festival de comida saludable o la huerta escolar, espacios en donde el reconocimiento de una alimentación real tiene implicaciones para la vida entera y además involucra un cambio en la mente de los más pequeños y sus familias.

Por su parte, madres y padres que solicitan campañas pedagógicas para aprender sobre alimentación real y nutritiva, el reconocimiento y activación de la economía local, el llamado a un seguimiento constante para evitar caer en cualquier tipo de corrupción y el acompañamiento no solo en el inicio de la implementación sino ininterrumpidamente.

Un sinfín de interrogantes que coinciden en los diferentes públicos: ¿cómo sucederá?, ¿cómo lograr transformar radicalmente ciertas prácticas? ¿quién y cómo se realizará un seguimiento a la activación de la Política Pública? y sobre todo, mucha inquietud en cómo pueden contribuir activamente.

Lo importante es que en la ciudad se están replanteando las formas de alimentarnos en las escuelas y es esta una oportunidad invaluable impulsada por la Alcaldía de Cartagena, la Secretaría de Educación, el Departamento Administrativo Distrital de Salud - DADIS, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar - ICBF, el Programa de Emergencia Social Pedro Romero - PES PR,  y FIAN Colombia, que invitan a la comunidad en general, de manera paulatina y participativa,  a generar posibilidades de un cambio estructural, siendo ejemplo que deberá seguir el país entero, por el bienestar de las infancias de Colombia que requieren una alimentación adecuada.

En conclusión, es esta la invitación a seguir participando en el proceso para construir colectivamente los lineamientos de la Política Pública que traerá alegría y bienestar a nuestras infancias, aportará al mejoramiento de los hábitos de las familias y dinamizará la economía local,  y sin duda, permitirá ejercer el derecho ciudadano a una veeduría constructiva en el momento de la implementación, para que sea una iniciativa cristalina como los mares que visten la Heroica y con ello, se haga real la posibilidad de alimentar escuelas con  derechos, reconociendo que lo nuestro nutre más. 

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