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Bienestar Subjetivo y Ambientes Protectores en Adolescentes Escolarizados

 

El presente documento ha sido construido como producto de la revisión de literatura sobre las variables de estudio del proyecto Investigación + Desarrollo (I+D) Escuela-Barrio y sus Influencias en el Bienestar de Adolescentes: Investigación e Intervención Aplicada, el cual surge de la alianza interinstitucional entre la Universidad Central de Chile, en colaboración con la Universidad Científica del Sur y la Universidad Cooperativa de Colombia, Campus Santa Marta, como forma de propiciar la divulgación, el intercambio del conocimiento científico y la interacción entre estudiantes y docentes nacionales e internacionales para favorecer la investigación acerca de la influencia del apoyo social - comunitario, la participación social, y el sentido de comunidad de la escuela y el barrio sobre el bienestar subjetivo de estudiantes secundarios. La base teórica parte de los aportes del modelo sistémico como referente que provoca la reflexión a continuación escrita.

El enfoque sistémico concibe el estudio del individuo en función del principio de totalidad, es decir como que el sistema posee influencia reciproca entre sus elementos trabaja como un todo, lo que afecta a una parte del sistema afecta a la totalidad y viceversa, es una unidad que cumple sus funciones en relación  a la  retroalimentación de la información trasmitida entre sus miembros; para esta perspectiva holística lo importante son las relaciones emergentes, centra su visión en los procesos sistémicos internos y complementarios para su  continuidad y para el establecimiento de un flujo de información  con el ambiente que lo determina y legitima su desarrollo evolutivo (Arnold et al, 1998).

El desarrollo evolutivo y las vivencias de cada una de sus etapas alude un conjunto de características específicas que hacen más particulares los momentos del desarrollo, los seres humanos conviven en contextos naturales para crecer y para recibir auxilio, en este escenario suceden  a diario gran cantidad de representaciones sociales que replican  tendencias  y conductas, algunas duraderas, otras transitorias y  otras pasajeras en el tiempo, con las cuales  los sistemas humanos intercambian información interna y externamente y  en donde las múltiples fluctuaciones son la continuación de una respuesta que devuelve a los  sistema a su estado de equilibrio, pero si la fluctuación se hace más amplia, estos  pueden entrar en una crisis en la que la transformación tenga por resultado un nivel diferente de funcionamiento capaz de superar las alteraciones y exigencias del medio (Minuchin et al, 1993).

Lo mencionado reafirma que la exigencia del medio para comportarse de acuerdo a nuevas reglas, normas   y jerarquías,  los cambios esperados, los eventos extraordinarios, las acciones y decisiones tomadas en función de las nuevas responsabilidades, requieren de un alto grado de adaptación por parte del sistema ya que influyen de manera significativa en su desarrollo y en el cumplimiento de sus  competencias para que sus integrantes logren conseguir y satisfacer su desarrollo a partir del el uso de recursos interiorizados  y/o de las redes protectoras inmediatas y secundarias tales como son: la   familia, la escuela y la sociedad  (Valdés, 2007).

Para los adolescentes los contextos protectores representan la “red de apoyo tanto social como personal” (Rodrigo et al,1998; Valdez, 2007), en los cuales suceden sus interacciones, establecen sus relacionales más representativas y se promueve el desarrollo evolutivo, es decir que la adolescencia es una etapa determinante para el individuo en todas sus etapas de crecimiento.

El término adolescencia deriva del latín «adolescere» significa «crecer hacia la adultez» y se define como  aquella etapa del desarrollo ubicada entre la infancia y la adultez, en la que ocurre un proceso creciente de maduración física, psicológica y social que lleva al ser humano a transformarse en un adulto, en este periodo evolutivo se reafirman  tendencias sociales e influencias culturales que con rapidez permean el comportamiento, la forma de pensar, de sentir y relacionarse,  de  identificarse y  la aceptación social,  lo que se relaciona directamente con la necesidad de  independencia y espacio personal en solitario para asumir lo que le sucede interna y externamente (Gaete, 2015).

En esta misma linea, Porcar (2021), coincide mencionado que: “la adolescencia es el periodo de vida que suele durar unos 10 años, incluye conductuales y sociales, depende de variables socioeconómicas y finaliza cuando el adulto joven adquiere cierta independencia y autonomía”. Este  periodo de la  vida se caracteriza por experimentar  variaciones significativas en  el equilibrio psico social  y la adaptación del sujeto a nuevos escenarios hasta el momento desconocidos pero reales, entre las cuales se encuentran: exigencias o fracasos académicos, problemas de autoestima, .cambios físicos, problemas de inserción a grupos, relaciones conflictivas con sus progenitores, oposición hacia otros adultos como profesores u otras figuras de autoridad, e incertidumbre hacia el futuro:  

Los cambios y retos que se experimentan durante esta etapa del desarrollo a los que se exponen los adolescentes incrementa en ellos el índice de estrés por tener que adaptarse a una imagen en ocasiones poco aceptada por sus cambios físicos, construir la personalidad adulta, cuestionar el sistema de creencias familiares y sociales, sentirse en desacuerdo con normatividad escolar, establecer su identidad social y de pareja y definir su orientación vocacional (Porcara, 2021).

Los adolescentes se mantienen en cambio permanente, en ellos se evidencian frecuentes alteraciones que originan conflicto con relación con el entorno, falta de asertividad para establecer o continuar en relaciones interpersonales duraderas, aparecen síntomas depresivos, baja motivación, infelicidad, y tendencia a presentar somatizar síntomas físicos o temores combinados a conflictos personales o académicos (Moreno 2018 p. 69).; complementando lo anterior, (Rodríguez et al, 2016), menciona que: “es durante la adolescencia que los iguales van reemplazando progresivamente a los padres como las personas de referencia y apoyo más importantes, pero sin desplazarlos nunca del todo de su posición privilegiada, siendo el apoyo relacional de los iguales, más que el de los padres”.

Tanto las competencias emocionales y sociales son otras de las características de la adolescencia, la primera se relaciona con la capacidad de manejar o autorregular las emociones y la segunda con la habilidad para relacionarse efectivamente con otros (Gaete, 2015);  la interacción con pares, familia,  escuela,  adultos influyentes, el entorno residencial,  y el barrio o vecindario, evidencian que los encuentros interpersonales y el manejo de la distancia o límites respecto de ellos, tiene incidencia en el significado que le atribuyen  a la sensación de bienestar con la vida, desarrollo de habilidades sociales, autoconcepto, autorrealización en la vida o el cuestionamiento de la misma, el  funcionamiento del entorno al que se pertenece  de manera más predominante o permanente, todo esto conducente a experimentar sentimientos ambivalentes de pérdida o separación, reales o simbólicas, conflictos de creencias y representaciones sociales que para subsanarse requieren cierta reorganización en sus  interacciones a todo nivel.

En la adolescencia como cualquiera de otras  etapas del desarrollo requieren de periodos de estabilización y equilibrio para alcanzar la plenitud en el crecimiento y bienestar psicosocial; (Denegri et al, 2015), consideran que el bienestar ha de concretarse en una serie de medidas políticas, las cuales permiten que se visibilicen en el funcionamiento de los distintos entornos  que contribuyan a resolver las necesidades de esta, y que a pesar de las múltiples conceptualizaciones, existe cierto consenso en la consideración del bienestar personal como el resultado de un proceso complejo, constituido por una valoración positiva de sí mismo y de la vida, y un mayor peso de los afectos positivos sobre los negativos.

El estado de bienestar en la adolescencia es un aspecto que determinante en este periodo, es un estado por subjetivo, se destaca  por aspectos que en ocasiones difieren su conducta manifiesta, entre estos se encuentran: el sentido de coherencia, satisfacción en la vida, fortaleza y resistencia; razón la cual la percepción de bienestar y el significado que se le otorgue a la felicidad dependen en gran medida del componente cognitivo, del apoyo social y de la aceptación entre iguales, como también del sentido que el adolescente le otorgue a su realidad individual. El mantenerse en este estado, favorece en darles valor y significado a sus opiniones e ideas, implica empoderarlos socialmente, en la medida en que son conscientes de cómo sus emociones y decisiones afectan el desarrollo de su vida (Casas, 2010).

Este concepto de bienestar en la etapa adolescente varias dimensiones relacionadas inclusive con las condiciones de vida, la tradición cultural, la situación económica y social., e inclusive con la aceptación social a la que permanentemente se exponen los adolescentes, ya que de estas dimensiones depende tanto el estilo como la calidad  de vida, a partir de estas dimensiones el adolescente percibe el  mundo, fija sus aspiraciones, suple sus necesidades, se siente representado socialmente por los miembros de todo lo su conjunto social, establece relaciones con su entorno y con la dinámica social en que se encuentra inmerso incluyendo los servicios externos que se le ofrece el medio y las intervenciones sociales de las que es destinatario, las cuales  emanan de las políticas sociales del entorno (Casas, 2010) citado por (Castellá et al, 2012).

Visto así, el estudio del bienestar discrepa mucho de una sola definición, pero si se ha de tener en cuenta constructos distintos desde un punto de vista empírico y conceptual y, por lo tanto, pueden ser evaluados como componentes independientes del bienestar subjetivo, como: satisfacción con la vida, satisfacción por ámbitos, afectos positivos y negativos (Alonso, 2010),   que se explicitan durante el desarrollo adolescente y se observan en el escenario no solo social si no en el escenario escolar, contexto en el que los adolescentes pasan y comparten parte de la jornada diaria de su vida durante parte de su vida.

En el contexto escolar se reconoce el papel fundamental de conseguir los objetivos cognoscitivos e instrumentales sino que también se encarga de establecer redes protectoras para que los diferentes  aspectos del desarrollo socioafectivo se conviertan en objetivos educativos y visto esto desde una postura integral se resalta con importancia cómo las  emociones y las relaciones sociales influyen en los procesos de enseñanza-aprendizaje, en la sensación de bienestar y satisfacción con la vida del adolescente, es decir para que también los aspectos del desarrollo socioafectivo se conviertan en objetivos educativos explícitos de su crecimiento y transición a la edad adulta (Carvalho, 2008).

En esta línea se destaca la escuela como un componente representativo y protector durante la etapa adolescente. El período de la escolaridad obligatoria tiene gran importancia en el desarrollo y la socialización de los adolescentes ya que gran parte de sus necesidades cognitivas, emocionales y relacionales encuentran en la escuela un medio para satisfacerlas.  Es la escuela el lugar en donde se adquieren las mejores herramientas posibles para la construcción de su vida, disfrutando de oportunidades para desarrollar su capacidad individual en un entorno seguro y propicio; por ello, las instituciones educativas son en sí mismas gestoras y garantes del cumplimiento de los derechos en la adolescencia al impartir educación de calidad, formación especial y servicios amigables a partir de un desarrollo inclusivo  (Salazar, 2016).

La escuela comprensiva, integradora e inclusiva es el sistema que reconoce el valor educativo de la diversidad y se propone dar las mismas oportunidades de desarrollo, mediante la puesta en marcha de sus funciones de contención al dar respuestas adecuadas a las necesidades educativas de todos los alumnos; si los educadores son receptivos y sensibles, los alumnos acudirán a ellos en busca de protección, de consuelo y de ayuda (Salazar, 2016).   

El clima escolar es, en gran medida, generado por el profesor como agente activo, profesional resiliente, capaz de implicarse en un proyecto educativo compartido con el resto de la comunidad, lo que permiten al adolescente enfrentar las adversidades que se le presentan con mayor seguridad y con la sensación de respaldo,  lo cual amplía el  abanico de posibilidades de resolución ante conflictos individuales o colectivos, se enfatizan las destrezas y aspectos positivos  en función de la medicación de la situación que provoca riesgo en la comunidad adolescente escolarizada (Uriarte, 2006).

Lo mencionado en el presente escrito, recalca la importancia de promover por parte de la escuela un tipo de enseñanza enfatizada en la toma de conciencia de las habilidades para la vida que favorezca en los jóvenes un óptimo bienestar físico, social y psicológico, con el propósito de que las futuras generaciones cuenten con los conocimientos, habilidades y destrezas para promover y cuidar su salud mental y física, para crear y mantener ambientes de estudio y convivencia saludables, de este conjunto de acciones depende en gran medida la promoción a la salud escolar, a su vez ayudarse para alcanzar el cumplimiento de sus logros vinculando de manera intersectorial a estamentos como gobierno escolar, comunidad de padres, representantes estudiantiles y entidades externas a la escuela que procures  establecer programas de promoción y prevención de la salud mental, resolución y mediación de conflictos, comunicación asertiva, orientación vocacional, emprendimiento técnico y tecnológico, como líneas de trabajo de tipo acción – participación equipares  e inclusivas , constructoras de perspectivas interdisciplinares y multidisciplinares encaminadas a promocionar una  comprensión de la realidad holística en favor del desarrollo integral  de los adolescentes escolarizados. 

Anna Patricia Rosero Pepinosa.

Magister en Familia.

Profesor T.C.

Facultad de Psicología

Universidad Cooperativa de Colombia

Campus Santa Marta.

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