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Colombia cuenta con la capacidad para ser un productor clave de maíz, soya y sus derivados y tener como objetivo principal autoabastecer el mercado interno y reducir el ritmo de las importaciones de estas materias primas. Así lo dio a conocer en diálogo con EL HERALDO Arturo Dajud Durán, gerente de la iniciativa Soya-Maíz: Proyecto País’, quien junto con un grupo de empresarios busca avanzar en ese propósito.

En ese sentido, recordó que es una iniciativa privada fundada hace cinco años, es decir, en el periodo más complejo de la pandemia, el que integra toda la cadena de valor desde la producción primaria hasta el mercado final, abarcando tanto la elaboración de alimento balanceado como la producción de proteína.

“En ese período, la humanidad enfrentó dos situaciones críticas: la suspensión temporal de la cadena global de suministro impidió el tránsito de mercancías y pasajeros, y se implementó el confinamiento a nivel mundial. Ante ello, un grupo de empresarios comenzó a analizar la capacidad de Colombia para garantizar la seguridad alimentaria y el acceso a los alimentos. El maíz y la soya emergieron como las principales materias primas que respondían eficientemente a esta necesidad. El maíz como fuente de energía y la soya como fuente de proteína vegetal. Ambos insumos son fundamentales en la elaboración de alimento balanceado, esencial para la producción de huevo, pollo, cerdo y pescado en Colombia”, expuso Dajud.

Agregó que la iniciativa centra sus esfuerzos en reducir el volumen de las importaciones mediante el fortalecimiento de la producción nacional competitiva, guiándose por cuatro principios: (1) compra directa al productor, (2) venta anticipada de una porción de la cosecha, (3) establecimiento de precios en paridad internacional (referenciados en la Bolsa de Chicago/TRM más bases) y (4) entrega de grano seco en la planta del comprador bajo condiciones de calidad.

CortesíaProyecto Soya-Maíz: Proyecto País’.

Expresó a este medio que el enfoque se dirige a la Altillanura Colombiana, región perteneciente a la Orinoquía, donde la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) identificó cerca de 5 millones de hectáreas aptas para el cultivo de maíz tecnificado de clima cálido, dentro de la frontera agrícola nacional en el Meta y Vichada. Añadió que al tratarse de un sistema productivo basado en la rotación de cultivos, esta misma superficie es destinada al cultivo de soya durante el primer semestre y al maíz como siembra de rotación en el segundo semestre.

Socializó que Colombia ocupa el tercer lugar como destino de las exportaciones de maíz de Estados Unidos, después de México y Japón, y es el principal destino en Sudamérica. Asimismo, Colombia es el segundo mayor importador mundial de torta y/o harina de soya proveniente de ese país.

“Esta dependencia nos expone a riesgos de abastecimiento asociados a cambios en el orden mundial del comercio, el cambio climático y factores geopolíticos. Si por alguna razón Colombia se viera imposibilitada para importar estas materias primas, se vería afectada la producción de alimento balanceado y, por ende, la disponibilidad de huevo, pollo, cerdo y pescado. Esto generaría un problema en el suministro alimentario para la población nacional y provocaría un incremento en los precios de la escasa proteína disponible, contribuyendo así al aumento de la inflación asociada a los alimentos”, resaltó.

Añadió que el sueño de este grupo de empresarios es desarrollar un millón de hectáreas en la Altillanura colombiana (Orinoquía) para cada uno de los cultivos del sistema de rotación: soya y maíz amarillo.

CortesíaProyecto Soya-Maíz: Proyecto País’.

“De cumplirlo, Colombia lograría el autoabastecimiento nacional de estas materias primas clave para la producción de alimento balanceado y proteína animal. Se reduciría significativamente la alta exposición del país a los riesgos asociados a la geopolítica, los cambios en las reglas del comercio internacional, los conflictos armados y el cambio climático. Además, este desarrollo agroindustrial convertiría a la Altillanura —una región históricamente olvidada y rezagada— en un motor de crecimiento y progreso nacional”, puntualizó Dajud.

Sentenció: “Para que Colombia sea competitiva en la producción de maíz, soya y sus derivados frente a otros países, y pueda garantizar el autoabastecimiento de estas materias primas esenciales para la industria de alimentos balanceados y la producción de proteína animal, se plantea la necesidad de sembrar un millón de hectáreas en el sistema de rotación soya maíz por cultivo en la región de la Altillanura colombiana”.

Datos

El empresario sostuvo que en el último año, Colombia importó 8,8 millones de toneladas de materias primas destinadas a la alimentación animal. De este total, 6,4 millones de toneladas correspondieron a maíz amarillo, más de 1,7 millones a torta de soya, 443.000 toneladas a frijol de soya y 288.000 toneladas a aceite de soya.

“Todas estas materias primas son empleadas en la formulación de alimentos balanceados para la producción de proteína animal y nutrición de mascotas. El valor total de estas importaciones alcanzó los USD2.600 millones, cifra comparable al impacto fiscal de una reforma tributaria”, expuso.