Deportes

“A mi padre le debo el 60 % de la obtención de esa medalla”

Se cumplió medio siglo de la primera presea olímpica para Colombia, obtenida por el barranquillero Helmut Bellingrodt, en Múnich 1972  El exatleta recordó con EL HERALDO detalles de aquella gesta.

El deporte colombiano ha evolucionado tras décadas de desarrollo, preparación y constancia, lo cual ha permitido que en la actualidad nuestros atletas figuren en la esfera deportiva alrededor del mundo. Sin embargo, hoy es un buen día para echar una mirada hacia atrás y recordar a quienes fueron los primeros en bañarse de grandeza en alguna disciplina a nivel internacional y que colocaron a nuestro país en el mapa deportivo. 

El 1 de septiembre se cumplieron cinco décadas desde el día en que Helmut Bellingrodt Wolff le dio a Colombia la primera medalla olímpica de su historia, la cual obtuvo en la modalidad de blanco móvil de 50 metros, nombre técnico de la disciplina, o ‘tiro al jabalí’, como era denominado en el argot de los tiradores.

Fue en el año 1972 cuando este barranquillero, de ascendencia alemana, ganó la presea de plata en los Juegos Olímpicos de Múnich y se consagró como el primer colombiano en lograr tal reconocimiento en unas justas.

En aquel entonces, el joven, de 23 años, quien llegó con una buena preparación a los Juegos de la XX Olimpiada, disparó 60 tiros y alcanzó 565 puntos sobre 600, los cuales le significaron la medalla de plata en su categoría.

“Es un gran orgullo para mí haber sido el primero. Eso no lo escogí yo, eso lo dispuso Dios. Yo simplemente me preparé para dar lo mejor de mí en esas olimpiadas”, asegura Bellingrodt en entrevista con el EL HERALDO.

Su padre, el artífice

Esa preparación a la que se refiere Helmut estuvo en manos de su padre, el empresario Ernesto Antonio Bellingrodt, quien además fue su entrenador y el de su hermano, Hanspeter.

El dos veces medallista olímpico comenta que su padre tuvo una influencia muy grande en la obtención de aquel logro que por estos días se recuerda con nostalgia y emoción. Fue él quien le inculcó el sentir de participar en esta disciplina que no era tan conocida en nuestro entorno.

“Puedo decir que a mi padre le debo el sesenta por ciento de la obtención de esa medalla, porque fue él quien nos preparó y se anticipó a que nosotros entrenáramos en un ambiente que se asemejara a los que nos íbamos a encontrar en Múnich, y que esto no nos tomara por sorpresa”, argumenta el tirador de 73 años.

Helmut relata que Ernesto envió a un amigo, que era gerente de una empresa aérea de Frankfurt, y le pidió el favor que tomara unas fotos de ciertos ángulos de los polígonos de Múnich, los cuales ya estaban listos ocho o diez meses antes de los juegos.

“El amigo de mi papá se desplazó hasta Múnich para hacer las tomas y enviarlas a Barranquilla, las cuales demoraron en llegar alrededor de 20 días”, recuerda el doble medallista.

Una vez tuvieron las imágenes en sus manos, su papá amplió las fotos y las puso en frente de ellos en el ‘Club de Caza y Tiro’ de Barranquilla, para que se acostumbraran al escenario que se iban a encontrar en

Alemania y que esto no les fuera desconocido cuando compitieran allá. 

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“Teníamos una ventaja”

Bellingrodt guarda en su memoria los momentos que más lo impactaron, tanto los positivos como los más lamentables de aquellas justas olímpicas.

“El Estadio Olímpico de Múnich era imponente y algunos atletas de la delegación colombiana, una vez entraron a este, se vieron tan sorprendidos que de salida empezaron perdiendo, porque vieron esa majestuosidad y el escenario se los consumió”, relata Helmut.

Para todos ellos era una experiencia nueva, pero con respecto al lugar en donde iban a competir —el campo de tiro— ya había una familiarización por el entorno en el que se entrenaron en Barranquilla.

“Nosotros aquí nos preparamos en un campo que era técnicamente muy bueno, pero era sobre arena, había cadillos, era bastante rústico. En cambio, las condiciones allá eran mejores. Así que nosotros teníamos una ventaja técnica y un escenario con especificaciones más adecuadas a las que veníamos acostumbrados”, manifiesta.

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¡Viva Barranquilla!

Helmut rememora que él estaba ajeno al estado de la clasificación el día en que ganó la medalla de plata. Su concentración estaba enfocada en la participación y no tenía idea de cómo iba en la competencia.

“Para la práctica de esta disciplina es necesario que en el recinto haya silencio. Y yo me enteré que me había ganado un lugar en el podio por un grito que irrumpió en el mutismo que había en aquel lugar”, alega el campeón mundial.

Tal bullicio fue obra de un Édgar Perea que se encontraba cubriendo esos Juegos Olímpicos y que no pudo contener su emoción al ver que Helmut se había quedado con la segunda plaza. “¡Qué viva Barranquilla!”, gritó emocionado. 

“Cuando él dice eso, es ahí que yo me entero que algo debía haber ganado, y cuando salgo de la pista, el primero que me recibe es mi hermano, quien me da la noticia de que había ganado la medalla de plata. A Édgar lo sacaron del recinto por el grito que pegó”, recuerda entre risas.

La espinita olímpica

Bellingrodt repetiría medalla de plata olímpica en los juegos de Los Ángeles, en 1984. Además, sería campeón mundial en Suiza e impondría un récord global en aquella ocasión.

Son muchos los logros que este atleta barranquillero establecería en su carrera deportiva. Sin embargo, confiesa que le quedó una espinita: no haber ganado el oro olímpico.

“Me hubiese gustado ser el primero en alguna olimpiada, pues son los Juegos más representativos en todo el mundo”, afirma.

A pesar de esto, Helmut argumenta que para él hay más mérito en ser campeón mundial en cualquier disciplina, pues uno se enfrenta a más competidores y con el mismo nivel de calidad.

“En mi disciplina, en un campeonato mundial son tres tiradores por equipo y en aquella época eran cuatro. Mientras que en los Juegos Olímpicos solo eran dos. Era más difícil ser campeón mundial”, argumenta Bellingrodt.

Orgulloso de sus raíces

El nombre de este pionero en medallas olímpicas para Colombia podría sonar muy raro para algunos y hasta podrían llegar a pensar que no es de aquí.
Helmut en la actualidad es legalmente un ciudadano alemán, pero dice que su esencia barranquillera es invariable, y que vino a cambiar su nacionalidad “después de viejo”.

“Tengo ascendencia alemana, pero mis padres apenas son cincuenta por ciento alemanes, así que yo lo soy menos que ellos. Uno no es de donde nace o proviene su familia, es de donde se cría y del lugar que desea representar en el mundo”, explica orgulloso el barranquillero.

Estas características del atleta despertaron curiosidad en algunos personajes de Múnich.

“Cuando yo quedé de segundo, el presidente de la Confederación Alemana de Tiro y el secretario general del Comité Olímpico Alemán se me acercaron a preguntarme por qué tenía ese nombre, que era muy común para ellos”,

Pero el interés de los alemanes no se quedaría solo en saber el origen de su nombre y el por qué su aspecto físico era más caucásico. “Me dijeron que yo tenía la oportunidad de tener la nacionalidad alemana, que me iban a brindar todo lo necesario para que me desarrollara como deportista, que me darían una especialización, que me llevara a mi esposa; mejor dicho, ‘todos los juguetes’. Pero me pedían que compitiera por Alemania y yo me negué a aquella propuesta”, confiesa.

Por estos motivos, por su entrega, profesionalismo y logros, EL HERALDO homenajea Helmut Bellingrodt Wolff por el quincuagésimo aniversario de su medalla olímpica. ¡Felicidades al héroe deportivo nacional nacido en Barranquilla!

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