El Heraldo
Córdoba

Patricia Ruiz, la pescadora de sueños en El Corozo, Montería

Después de intentos fallidos con patilla y plátano, esta víctima del conflicto creó asociación con la que se ha convertido en una próspera empresaria.

En el verano de 2016 Patricia Ruiz, junto a 12 de sus vecinos en la vereda El Corozo de Montería, y socios de trabajo en el cultivo de la patilla, quedaron prácticamente en la quiebra por la caída de los precios de compra de la fruta en las centrales de abastos.

La sobreoferta hizo que pirámides de sandías, como también le llaman, aparecieran en las vitrinas de los locales de comercio.

También estancó el flujo de dinero y las deudas auguraban una quiebra inminente a los cultivadores.

Fue entonces, mientras contaba y contaba sus patillas desvalorizadas, cuando Patricia Ruiz ideó un proyecto que le permitiría a ella y a sus compañeros cambiar de actividad.

Pasaron a convertirse en nuevos empresarios piscícolas en Montería, especialmente de cachama, pez originario del Orinoco y la Amazonía.

Al mismo tiempo fueron precursores de una economía que próximamente se replicará en otras poblaciones del departamento.

Así nació la Asociación de Productores Agropecuarios del Corozo,  Asoproavecor, que cuenta con unas 30 familias socias.

En el 2017 comenzaron con los estanques para producir cachama a gran escala, recuerda la líder.

Su emprendimiento tenía buenos augurios, pero faltaba mucho por aprender; pues al principio los peces se morían y los costos de producción superaron las capacidades de la naciente asociación.

“Aunque era duro yo sentía que esa era la materialización de un sueño, porque en este momento no se consigue empleo, y menos con la situación económica en el campo, sin embargo, creo que lo mejor que le puede pasar a una persona es generar alimento, productividad, una entrada para su casa y también su propio alimento, es algo maravilloso”, sostiene.

Fueron varios los ensayos cargados de muchos errores, hasta que se animaron a participar en una convocatoria del Ministerio de Agricultura para pequeños productores.

“Decidimos escribirles contando nuestra realidad. Propusimos lo que queríamos hacer con los estanques que diseñamos en nuestras parcelas”, subraya la ahora empresaria de la cachama.

La propuesta obtuvo el aval del Ministerio de Agricultura, y fue beneficiada con alevinos y orientación técnica.

La vereda El Corozo pertenece al corregimiento Patio Bonito, a unos 13 kilómetros de Montería, con una economía ancestral basada en el campo.

Para llegar a la población es necesario tomar una buseta hasta el kilómetro 22, pagando un pasaje de $3.200 pesos.

 

Patricia Ruiz pesa las cachamas casi listas para distribuir.

Luego se sigue por un camino destapado y tras sortear unos cinco kilómetros de lodo, en invierno; o polvo, en verano, al fin se llega a El Corozo.

 Las épocas de violencia en la zona rural, la falta de empleo, y las dificultades socioeconómicas, no frenaron a esta aguerrida líder que convocó a otras ocho mujeres de la zona y a una veintena de hombres para trabajar.

“Aquí trabajamos por igual, despertamos a las 5:00 de la mañana a organizar raciones, y limpiar estanques”, manifiesta.

El inicio no fue fácil, Patricia y sus socios provenían de una vocación agrícola, y desconocían la interacción con los peces de cría.

“En ocasiones se nos morían los peces o gastábamos muchos recursos en la erradicación de plantas acuáticas que surgían de los estanques”, señala Patricia.

Con la capacitación aprendieron que la alimentación de los peces se realiza por la intensidad del sol, entre 9:00 a.m. y 1:00 p.m. Después no es conveniente alimentarlos, pues los peces se pueden indigestar y morir.

Las cosechas de alevinos son cada cuatro meses, cuando las cachamas pesan entre 400 a 500 gramos y una longitud de 20 a 25 centímetros.

Actualmente cuentan con unas nueve hectáreas de tierra convertidas en estanques, con capacidad para producir cada cuatro meses hasta 12 toneladas de cachama.

La cosecha de cachama.

Coletazos del cambio climático

“Acá en la zona de los cerros no llueve tanto como en la parte baja de Montería, por lo que muchas veces no tenemos suficiente agua o se generan grandes precipitaciones que desbordan los estanques”, explica.

En El Corozo no hay  agua potable, por lo que sus habitantes obtienen el líquido de las aguas lluvias que logran acumular.

Durante la pandemia soportaron el aumento descontrolado del precio de los alimentos de los peces, que pasó de $70.000 a $90.000.

Conocieron además que la hoja de yuca y otras plantas de sus cultivos podrían convertirse en alimentos para las cachamas.

“También hojas de guásimos y matarratón, plantas que generamos en nuestros cultivos y en los patios, resultan provechosas por su contenido de proteínas”, indica.

La hoja que antes se desperdiciaba se recoge, se seca, se muele y procesa con solla, maíz, arroz, y queda un alimento verde.

Aunque la agricultura sigue siendo una actividad típica de la zona, la acuicultura llegó para quedarse.

 “Ahora es mejor, porque antes la yuca y el plátano se dañaban si uno nos los vendía, pero ahora si no sale comprador las cachamas siguen en los estanques, no se van a morir por esperar unos días más a un mejor postor. Es mejor porque crecen más”, reconoce entre risas.

La cachama es un pez originario del Orinoco y Amazonas.

Menores vinculados

En El Corozo hay una institución educativa donde los estudiantes pueden recibir clases y una formación para la vida; este aprendizaje se los extienden sus padres en labores de limpieza y cuidados de estanques.

“Muchos de los asociados tienen los estanques en sus parcelas y vinculan a los hijos para que sepan de esta economía y la puedan aplicar como una alternativa de negocio paralela a sus estudios”, añade.

Patricia, de 48 años, y natural de Montería, no tiene hijos biológicos, pero asegura que todos los niños de la población son como suyos, en especial si se interesan en la cría de peces.

“Tengo dos perros, un lobo siberiano, ‘Leopoldo’; y ‘Blaki’, un labrador, ellos me cuidan bien”, dice, mientras sonríe.

En sus reflexiones Patricia sostiene que  en sus sueños aún faltan algunos peces gordos por atrapar,

“Estoy segura de que vamos a seguir creciendo, y a futuro espero poder tener mi propia piscícola, y generar alimentos verdes para restaurantes gourmet, que preparan alimentos con sabor propio 100 por ciento natural”, asegura, como si lo anotara en una agenda mental.

El éxito de Patricia y su asociación productora acuícola ha sido replicado en otras zonas del departamento por el Ministerio de Agricultura,  la Gobernación de Córdoba y la Alcaldía de Montería.

Se espera que en un tiempo no muy lejano pase a convertirse en una de las economías de preferencia de las zonas, que antes eran netamente agrícolas o ganaderas.

Esa era nuestra visión, que esta economía fuera el desarrollo acuícola en Córdoba, y al parecer se nos está dando porque hemos visto que industriales ahora quieren invertir en estos espacios”, puntualizó.

Capacitación a las 30 familias socias del proyecto.
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