El Heraldo
El resguardo kankuamo, ubicado al norte de Valledupar, agrupa a unos 15 mil indígenas que luchan por recuperar su identidad cultural. EL HERALDO
Cesar

Los kankuamos se debaten entre la web y la mochila

Este pueblo, que comparte territorio en la Sierra Nevada con los arhuacos, oguis y wiwas, ha sido el más afectado por la aculturación. Iniciaron cruzada por rescatar su lengua y costumbres.

De los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, arhuacos, koguis, wiwas y kankuamo, este último con unos 15.000 habitantes, ha sido el más afectado por la incursión de otras culturas.

 

Ya no visten con su indumentaria propia, tampoco conservan su lengua y hay una diversidad de credos. Sus costumbres han cambiado con la invasión de colonos en sus territorios.

Pero a pesar de estos golpes a su identidad, se resisten a perderla. Estos nativos que habitan en la vertiente oriental al pie del macizo, entre los ríos Badillo y Guatapurí, teniendo como capital el corregimiento de Atánquez, han iniciado toda una cruzada para luchar por su conservación y supervivencia cultural.

La elaboración de las mochilas es una tradición que se mantiene y busca perpetuarse con las nuevas generaciones.

Las mujeres enseñan a sus hijos y nietos a hilar la lana de oveja de manera artesanal y a tejerla para darle forma a uno de los elementos que más los identifica dentro y fuera de su resguardo.

También las fabrican con fique, conservando los colores naturales de la vegetación. Aunque es un trabajo prolongado, pues fabricar una mochila puede durar hasta tres meses, es una actividad que aún caracteriza a este pueblo. Las mujeres sentadas en los patios y puertas de sus casas, tejen durante horas, en sus espacios libres, para darle forma al artículo, y los hombres generalmente se dedican a la agricultura.

Célfida Fuentes, kankuama raizal, tiene 57 años de edad, y dice que la mochila es uno de los valores culturales que aún no se ha perdido en su pueblo. “La lana viene de las crías de ovejas en la Sierra, lo mismo que el fique que se saca de las plantas, que son elementos que nos da la misma naturaleza.

Esta costumbre se la enseñamos a los niños que aprenden desde pequeños”, dice mientras su nieta de crianza, Jhoana Pumarejo, de ocho años, la observa y ayuda a sostener el carreto para hilar.

Pero con un dejo de nostalgia, resalta que su lengua se ha perdido y la vestimenta ha cambiado. “Nos acostumbramos a hablar y a vestir como los blancos, pero siempre hemos luchado por conservar nuestras tradiciones”, afirma.

Tradicionalmente los kankuamos se diferenciaban de los demás grupos serranos por el vestido –dos mantas cruzadas para las mujeres y pantalón corto y sombrero de paja para los hombres-, por el calabazo que usaban para sus poporos y en especial por su lengua de origen Chibcha, ahora visten jean, camisas, botas y hablan castellano.

El proceso de aculturación del pueblo kankuamo viene de hace más de 300 años con el establecimiento de misiones desde las primeras incursiones españolas, pero se ha agudizado más desde el siglo pasado, el fácil acceso a su resguardo, al cual se llega por carretera, rodeado de balnearios que son visitados masivamente por turistas y la instalación de gente de otras regiones, dio paso al mestizaje y al cambio.

Célfida ve muy difícil que puedan recuperar su lengua. “Mi mamá murió a los 93 años de edad y no alcanzó a conocer su expresión”, dijo.

Nayibe Arias, otra kankuama, confirma que la mochila es una tradición que se mantiene de sus ancestros. “Mi madre tejía desde niña y mi abuela también, yo seguí y ahora vienen mis hijos y mis nietos, esto es algo que no se puede acabar”.

No obstante, en la casa de Nayibe, en una de las empedradas y empinadas calles de Atánquez, se vive una escena de contraste. Mientras ella hila y teje de manera artesanal, una de sus nietas navega por el mundo de la web en un pequeño computador.

POR EL RESCATE DE LA LENGUA KANKUAMA. En el colegio San Isidro Labrador, de Atánquez, se inició un proceso etno-cultural, que fundamentado en la investigación busca rescatar y enseñar la lengua kankuama. “Ya hemos recuperado 500 vocablos que prácticamente estaban perdidos”, dijo Óscar Carrillo Daza, rector de la institución.

Las expresiones kakachukua, como se conocía el habla propia; Takina, Makotama y Seishua, títulos de mamos de alto rango, Chingaka, nombre de una región y Korua, sitio de pagamento, son algunos de los términos rescatados de una lengua que se perdió desde el siglo XIX.


Célfida Fuentes, atanquera, enseña a su nieta de crianza Johana Pumarejo, de 8 años, a hilar la lana de ovejo para fabricar la mochila kankuama, una de las tradiciones que aún conservan.

En el claustro académico, los 850 estudiantes que asisten a clases, reciben la formación de la educación básica, pero también de asignaturas como lengua kankuama, cosmovisión propia y modelo económico propio, en procura de conservar la auto-protección y auto-determinación.

“Desde hace cuatro años venimos trabajando en un proceso colectivo de un modelo etno-educativo que a nivel nacional fue galardonado por el Ministerio de Educación, y dentro de ese modelo hay algunas asignaturas propias que incluye la lengua kankuama que es específicamente de investigación, se han adelantado muchos trabajos alrededor de nuestra cultura con las demás etnias buscando un acervo de apoyo lingüístico que han tenido esas culturas y que nosotros por el aculturamiento y la invasión de los colonos, habíamos ido perdiendo”, dijo Carrillo.

Enolis Martínez Arias, docente del colegio San Isidro Labrador, quien se encarga de estas asignaturas, manifiesta que este proyecto va encaminado al fortalecimiento de la identidad cultural con cinco objetivos, el rescate de nombres y topónimos de lugares en la región. “La idea es que los estudiantes de bachillerato visiten esos sitios y conozcan su historia, ya que es el único vestigio que nos queda de nuestra lengua”.

Otro es el fortalecimiento de la identidad cultural a través del léxico de algunas palabras que todavía manejan con palabras propias, que tienen un significado cultural en cuanto a las artesanías, las comidas y nombres de ciertos objetos como las viviendas y los elementos que utilizan dentro de ellas. “La idea es que esto también nos sirva como medio de protección cultural”, dijo.

También están trabajando la legislación indígena, hace poco el pueblo kankuamo se hizo partícipe en Bogotá de un encuentro de 120 pueblos indígenas de Colombia para fortalecer las lenguas nativas y rescatarlas para los que las están perdiendo como el pueblo kankuamo.

“Los ministerios de Interior y Cultura están trabajando para que esos pueblos que aún conservan su lengua no la pierdan y para que en el caso de los kankuamos la rescatemos”, puntualizó.

Dijo que “hemos perdido muchos elementos culturales en nuestra identidad, pero el hecho de llevar a las escuelas, tomando a la educación como esa base del conocimiento, es una muestra de nuestra lucha para revivir y permanecer como pueblo, es a través de la educación, de los niños, como podemos crear esos espacios”.

No obstante, indicó que a pesar que se ha afectado la identidad cultural, otros aspectos que conservan son las danzas, la gastronomía y la música. La elaboración de alfandoque y panela es una costumbre que se conserva, al igual que sus bailes, que se convierten en un legado y se difunden con sus ritmos en las fiestas tradicionales como la del Corpus Cristi, la de San Isidro Labrador y el Festival Folclórico de la Sierra Nevada. “Estamos tratando de conservar lo que aún nos queda, a expensas de la modernización y de las otras culturas”, señaló.

Atánquez, Cesar.

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