Escribimos en referencia al artículo titulado “Películas palestinas en Netflix”, del columnista Néstor Rosanía, publicado en la edición de “EL HERALDO” del día 24 de diciembre. Es fácil encontrar en Netflix películas y series basadas en la triste y compleja situación generada por el conflicto palestino-israelí. Sin embargo, no es a través de éstas, y en especial las dos a las que se refiere Rosanía, que se llega a un entendimiento del conflicto, como para hacer las afirmaciones que se encuentran en el artículo.
Por ejemplo, respecto a Gaza, a la que llama “la cárcel a cielo abierto más grande del mundo”, ni siquiera se menciona en la película, y tampoco lo hace Rosanía, que es un territorio gobernado por Hamás y la Yihad Islámica, organizaciones terroristas que en 2007 expulsaron por la fuerza al gobierno legítimo de la Autoridad Nacional Palestina. Hamás y la Yihad Islámica son los verdaderos y únicos “carceleros” de los gazatíes, quienes son rehenes de su ideología islamista radical y a quienes usan como escudos humanos.
Ignora además el autor, y obviamente tampoco se muestra en las películas que recomienda, que los ciudadanos israelíes fueron víctimas de una andanada de ataques suicidas durante la llamada segunda Intifada (2000-2004), durante la cual centenares de adolescentes palestinos fueron enviados por Hamas a inmolarse para matar judíos en Israel. La valla de seguridad es reacción legítima a esa violencia y tiene como fin salvar vidas.
Concluye Rosanía refiriéndose a Belén, omitiendo que, desde que es gobernada por la Autoridad Palestina -1995-, su población cristiana, hostigada por islamistas radicales, ha disminuido de un 80% a menos del 20% en la actualidad.
Artículos como el de Nestor Rosanía, le hacen flaco favor a comprender un complejo conflicto como tampoco lo hacen películas que reproducen propaganda llena de mentiras, tergiversaciones y discursos de odio.
Marcos Peckel
Confederación de Comunidades Judías de Colombia


