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Foto tomada del Centro Nacional de Huracanes
Barranquilla

Racha de desastres naturales:la tierra en busca de equilibrio

No es posible predecir fenómenos como los terremotos. Tormentas tropicales y huracanes han mantenido su trayectoria, pese a que tienen una mayor intensidad.

Por lo menos 384 víctimas mortales y una gran cantidad de heridos dejaron los dos terremotos que en un mismo mes sacudieron a México: el primero, el 7 de septiembre, de 8,2 grados en la escala de Richter y el segundo, este 19, con una magnitud de 7,1 pero con consecuencias mucho más devastadoras. Paralelamente las islas del Caribe y un área de los Estados Unidos han estado enfrentándose a una seguidilla de huracanes de una intensidad sin antecedentes cercanos. 

Los comentarios suscitados por la tragedia están a la orden del día. En los medios de comunicación, redes sociales y otros escenarios, se presenta una avalancha de conceptos sobre lo que está sucediendo e incluso de predicciones sobre lo que puede pasar en el futuro inmediato.

En lo que sí coinciden los conocedores de estos fenómenos naturales es en que el planeta está pasando por una etapa compleja en la que se registran cambios evidentes, que algunos atribuyen a los efectos del degradación de la naturaleza causada por el hombre y a la consecuente búsqueda de equilibrio de la tierra.

El biólogo doctorado en ciencias naturales, Hernando Sánchez, coordinador del Centro de Investigaciones Marinas y Limnológicas del Caribe (Cicmar)*, sostiene que el aumento de la temperatura de la atmósfera, de la temperatura del mar y de la misma acidez del mar, son tres aspectos que probablemente están influyendo en el clima mundial, y han derivado la fuerza de fenómenos puntuales como los huracanes. 

En su concepto el interrogante sobre qué está pasando está asociado a que la naturaleza no admite excesos. Y sobre esto explica: “Realmente la especie humana ha crecido mucho y, teniendo en cuenta su inteligencia, ha encontrado las posibilidades de llegar a una edad a la que antes no había podido, estamos haciendo un manejo de las enfermedades y de todo lo que antiguamente mantenía la población en niveles bajos. En las épocas de las pestes donde aparecían quedaba un tercio de la población fácilmente y el resto se moría y no había forma de detenerla sino cuando finalmente el sistema inmunológico ganaba la pelea pero después de haber perdido una población importante (…) entonces logramos subir nuestra expectativa de vida; eso hace que duremos más pero que nuestra población aumente”.
Acerca de la cercanía de la Costa Caribe de Colombia con el recorrido habitual de los huracanes y las tormentas tropicales, dice que en realidad aunque estos fenómenos son mucho más intensos mantienen la ruta por lo que no se prevé un efecto directo en esta zona. 

Frente a los terremotos y la posibilidad de que ocurran en el territorio nacional, el Servicio Geológico Colombiano ha recalcado que aun cuando este país es “sísmicamente muy activo” no es posible predecir cuándo ocurrirá uno. 

Una información similar hizo circular el Servicio Sismológico Nacional de México ante las diversas versiones que se derivan de la ocurrencia de estos desastres naturales: “Hasta la fecha no se cuenta con técnicas científicas en ninguna parte del mundo que puedan determinar cuándo o dónde ocurrirá un sismo, tampoco se puede saber qué tan grande será o qué efectos tendrá en la población”. En cambio, sugiere informarse muy bien sobre estos fenómenos para mitigar los riesgos. 

Cómo adaptarse

El sociólogo doctorado en educación, Rubén Fontalvo Peralta, se refiere a la necesidad de educar para adaptarse y mitigar el cambio climático. 

Plantea que las ciencias y la educación en todos los niveles, desempeñan un papel fundamental, para lograr que la sociedad comprenda mejor qué significa vivir y desarrollar lo humano, tener conciencia de las vulnerabilidades así como de las posibilidades, las responsabilidades y la obligación de actuar hoy porque mañana puede ser muy tarde. Una de las prioridades, por ello, debe ser la de reorientar los currículos así como los sistemas y políticas educativas, hacia una cultura de la sostenibilidad, el buen vivir y el bien común, creando espacios en las aulas para que se delibere sobre la formación ambiental en cada escenario educativo.  

“Más que clases de educación ambiental se trata de la conciencia histórica por el presente y el futuro de la vida en nuestro planeta”, sostiene. 

Para Fontalvo es urgente adelantar el cambio con las nuevas generaciones “pues el mundo cambió tanto que los jóvenes deben reinventar todo: una manera de ser, sentir, pensar, conocer, con una educación que los prepare para crear nuevas maneras de aprender a vivir juntos, que es el gran objeto de la educación”. 

Ese aprendizaje, añade el investigador, requiere incorporar la información, los saberes, los conocimientos científicos pero también la sabiduría comunitaria, como aprendizajes que deben estar presentes de manera asociativa, en cada actividad educativa tanto en las instituciones como en la vida cotidiana de cada persona.

*Organismo integrado por las universidades Simón Bolívar, del Atlántico, de la Costa y la Escuela Naval de Suboficiales ARC Barranquilla, en alianza estratégica con la Red Iberoamericana de Manejo Costero Integrado (Ibermar) de la Universidad de Cádiz, España.

La tierra tiembla

 

El hecho que México esté propenso a esta actividad sísmica obedece, según el Servicio Sismológico Nacional de México, que el país está asentado en un área donde se da la interacción de cinco placas tectónicas: la de Norteamérica, la de Cocos, la del Pacífico, la de Rivera y del Caribe. “El Servicio Sismológico Nacional reporta en promedio la ocurrencia de 40 sismos por día”, apunta el organismo. 

Otros movimientos de tierra recientes de gran trascendencia en el continente americano ocurrieron en Haití, el 12 de enero de 2010, que produjo por unos 300 000 muertos; el 27 de febrero de 2010, en Chile, 8, 8, con 500 personas muertas.

Chile también es un país con gran actividad sísmica porque está localizado en el límite de la placa tectónica de Nazca donde se encuentra con la placa Sudamericana.

En Japón también se presentó uno en 2011, con una intensidad de 9,1 grados, cuyo saldo fue de 18.500 víctimas mortales aparte de los heridos y los daños materiales.

En el Caribe

Seguidilla de huracanes

Tres huracanes han golpeado desde agosto pasado las islas del Caribe y parte de Estados Unidos. Primero fue Harvey, que dejó unos 50 muertos, y a este le han seguido Irma, con 82 y María, con 30: los cuales han afectado fuertemente las Antillas Menores, Puerto Rico, República Dominicana y la Florida. En estos momentos avanza otro denominado Lee que, según han dicho las autoridades meteorológicas, podría aumentar su intensidad. 

Pero las consecuencias no se han limitado al momento del paso de los huracanes sino que se ha extendido por cuenta de las inundaciones y las fallas en los diferentes servicios a la ciudadanía, que mantiene a algunas poblaciones con problemas graves de comunicación. En el caso particular de Puerto Rico, donde apenas se cuantifican los daños materiales, los medios han informado que sería de “miles de millones de dólares”.

Oficialmente se ha dicho que la temporada de huracanes en el océano Atlántico va hasta noviembre. 

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