Los nueve candidatos de la Gran Consulta amplían el panorama electoral para la Presidencia de la República. No solo ofrecen alternativas y enriquecen el debate: su decisión de unirse es una señal de que anteponen el interés del país a sus aspiraciones personales.
Hay que entender esta nueva cultura, marcada por la cercanía y la inmediatez que generan las redes sociales, y buscar dentro de ella un lenguaje que permita a las democracias no solo sobrevivir, sino salir fortalecidas.
No obstante, toda esta variación está sujeta a los resultados que obtenga Roy Barreras en la consulta del Frente por la Vida; si la votación que obtiene es mayor a la que obtuvo Cepeda en su consulta, sería un hecho político que pondría al Pacto Histórico contra las cuerdas y abriría un escenario de negociación y posibles acuerdos políticos.
Su narrativa y sus constantes intentos por instalar un imaginario social regresivo son una de las muchas pruebas de que este gobierno no ha sido ni liberal ni progresista. Si algo ha hecho por las mujeres, ha sido intentar instrumentalizarlas con fines políticos.
Entre los múltiples mensajes de su nutrido discurso, quizá uno de los más relevantes sea el reconocimiento de que países como Canadá —potencias medias— tienen hoy el poder y la capacidad de contribuir a la construcción de un orden global basado en el respeto por los derechos humanos, los compromisos con el desarrollo sostenible y la integridad territorial de los Estados.
Tal vez ha llegado el momento de cambiar el chip de la normalización del sacrificio que durante años han debido asumir tanto la oposición como el pueblo venezolano, y de demostrar con hechos que esta acción mal calculada no pone en entredicho ni el liderazgo ni la resistencia de María Corina ni la de otros referentes de la oposición venezolana.
La esperanza que genera la salida de Maduro entre los venezolanos y la comunidad internacional es natural, pero no debe traducirse en ingenuidad. Si Estados Unidos va a encargarse de “administrar” Venezuela, ello debe tener como fin último la devolución plena de la democracia, y no responder exclusivamente al evidente interés económico.
En este año, que será especialmente activo en términos políticos, la recomendación es informarse lo mejor posible, conversar con personas de distintos sectores y regiones, escuchar a los candidatos al Congreso y a la Presidencia, evaluar su experiencia y su conducta pasada, hacerse preguntas difíciles, cuestionar y cuestionarse y, por supuesto, ejercer el derecho al voto.
En síntesis, este gobierno rechaza de plano el fortalecimiento del capital humano y la movilidad social, ambos impulsados principalmente por la educación, y mantiene una noción absolutamente distorsionada de la clase media, a la cual castiga de manera permanente con este tipo de decisiones.
Tal vez el dilema no esté en celebrar o no celebrar, sino en cómo hacerlo, pues la Navidad no debería ser un paréntesis moral. Diciembre llega siempre con una exigencia tácita: celebrar, sonreír, brindar y desear paz. A eso podríamos sumarle un espacio familiar para reflexionar sobre lo que está ocurriendo en el país, para enviar un mensaje de solidaridad a quienes pasan estas fechas en circunstancias difíciles.