Hasta pronto
Hoy me toca cerrar, por un tiempo, este espacio. Lo hago por una razón que me llena de orgullo, pero también de una enorme humildad: asumo la responsabilidad de servirle nuevamente a Colombia como viceministro de Transporte.

Hoy me toca cerrar, por un tiempo, este espacio. Lo hago por una razón que me llena de orgullo, pero también de una enorme humildad: asumo la responsabilidad de servirle nuevamente a Colombia como viceministro de Transporte.
Ese almuerzo también fue un reconocimiento a Barranquilla. A una ciudad que decidió creer en sí misma, dejó de lamentarse por el centralismo y empezó a demostrar de lo que era capaz.
Y no es solo la historia de David Vélez. Aquí el talento nunca ha sido el problema. El problema es que seguimos poniendo barreras donde deberíamos estar abriendo puertas. Cada obstáculo le cuesta una oportunidad a una persona y un pedazo de futuro al país.
Puede sonar lejano, pero la idea es sencilla: que parte de las decisiones y los recursos que hoy maneja el Gobierno Nacional pasen a las regiones, para que alcaldes y gobernadores puedan responder las necesidades de su gente.
Abelardo entendió algo que a veces se olvida. Gobernar no es solo firmar decretos, nombrar funcionarios o ejecutar presupuestos. También es mandar mensajes. Y este fue claro. Nadie debería perder su sustento ni ser perseguido por pensar diferente.
Esta vez quedó la sensación de que podíamos haber hecho más. A Campaz hay que protegerlo. A los jugadores, agradecerles. Pero también debemos ser capaces de decir que el objetivo no se cumplió. Apoyar no es aplaudirlo todo; es acompañar, revisar los errores y exigir el siguiente paso.
El próximo gobierno tendrá que gobernar a todos. Al que votó por él y al que no. Al que marcha y al que trabaja en silencio. Colombia es demasiado grande para caber en una consigna. Nadie tiene derecho a apropiarse de su voz, de su dolor ni de su esperanza. El pueblo no tiene dueños.
James, Ospina y Yerry Mina nos regalaron algunos de los recuerdos más felices con la camiseta amarilla. Pero mis hijos crecerán viendo a Lucho Díaz llevar esa misma camiseta con la responsabilidad de convertirse en el héroe de su generación.
Hoy estamos entre un proyecto político que parece dispuesto a mover sus principios cuando le conviene, y el proyecto de Abelardo, que podrá gustar más o menos, pero ha sido consistente en sus posiciones y ha sido claro en lo que quiere hacer. La política no es solamente ideas, es una cuestión de carácter. De palabra. De coherencia.
Hoy Abelardo representa ese cambio que muchos colombianos siguen buscando. Pero esta vez no como una promesa de transformar todo, sino como la posibilidad de recuperar aquello que nunca debimos perder: la seguridad para vivir tranquilos, la salud para cuidar a nuestras familias y la confianza para creer que las cosas pueden volver a funcionar.