Pero a nuestro juicio por lo que dicen los textos desde que nació el Comunismo como regla social, partido político e ideología estimativa de las formas de ejercer el poder, estas guerras entre pueblos enteros se agravaron y volvieron más continuas.
Colombia está hambrienta de ética jurídica y del alma. La necesitamos a pasos gigantes. La justicia social no puede ser un embeleco, sino la esencia de vida de los colombianos. Vendrán magníficas nuevas leyes repletas de justicia social.
Ojalá la cordura entre en último momento y visualicen el futuro de un desorden institucional donde se intente establecer la violación de principios y derechos fundamentales.
El país quiere reinventarse y lo puede lograr con un mandatario como Abelardo que reúne además de personalidad férrea para buscar la paz y aniquilar las guerrillas, obtener el ascenso en las clases más pobres en campos como la educación, la agricultura, la salud, el transporte, la educación, el estímulo a la vivienda propia, y sobre todo por encima de cualquier paisaje filosófico, conseguir la seguridad ciudadana.
El daño que se ha logrado contra la institucionalidad de la república es muy grande, al país se le ha tratado como a un terreno baldío que no conserva ni límites ni seguridad jurídica.
Y en cuanto al orden público y la inseguridad ciudadana un repaso a estos cuatro años de gobierno destrozaron lo poco que habíamos avanzado. Desde la reorganización múltiple de los cultivos de cocaína hasta los espantosos estallidos sociales como los recientes en el Cauca y Valle del Cauca con múltiples vidas fallecidas de inocentes masacrados.
El Caribe totalmente ignorado por todos, léase bien, por todos los Presidentes de este periodo mencionado que aquí venían a pedir votos, se subían en una tarima en el Paseo Bolívar, lanzan promesas a la multitud y después nos hacían pistola con disimulo o sin ese disimulo cínicamente.
Pero así como este señor Psiquiatra y eminente psicóloga piensan, miles de ciudadanos también están opinando, se escucha a diario que la droga, alucinógenos y creer que la moral no existe y que solo su opinión es la válida para determinar quién es bueno y quién es malo, todo ello es la base o raíz de la hecatombe que vive Colombia.
Las estadísticas de los noticieros certifican que de los siete mil delincuentes que estaban en prisión a comienzos de este período presidencial, cerca de cuatro mil están en las calles volviendo a delinquir. ¿Ese es el saldo de una justicia debilitada o acaso los jueces tenían que proceder así o los destituían?
El público más atrevido, esa opinión pública que siempre acierta porque es más perspicaz que otras multitudes, afirma públicamente que no les conviene que se acaben las guerras ni los intentos de paz porque entonces se termina igualmente la sociedad con el narcotráfico que suspendería los millonarios ingresos de los participantes.