El Heraldo
Los ingenieros Barrios y Domínguez explican cómo funciona la mano a través de los impulsos eléctricos.
Luis Rodríguez Lezama
Tecnología

Crean una mano robótica para ayudar a discapacitados

El prototipo fue fabricado por dos egresados de la universidad. La prótesis mioeléctrica funciona con unos sensores que con el impulso eléctrico del músculo logra que se mueva.

Como Dedos, aquel personaje icónico que causaba sensación cada vez que aparecía en la serie de televisión de los años 60 Los Locos Adams,  en la Universidad Autónoma, dos egresados crearon a Handy, una mano robótica para discapacitados.

Aunque en otras ciudades del país han construido manos con partes elaboradas en 3D, los ingenieros electrónicos Daniel Barrios y Marlon Domínguez, quienes se graduaron de su carrera el año pasado, aseguraron que ellos lo que buscan es darle una oportunidad a una persona discapacitada de la región Caribe de completar al 100% sus extremidades corporales.

Inspiración. Daniel Barrios, narró que antes de iniciar su carrera universitaria, el vivía en un edificio ubicado en Barrio Abajo. Contó que a una cuadra de su casa residía un niño de cuatro años, el cual no poseía su mano izquierda.

“Siempre que iba hacia mi colegio, veía al niño tratando de coger un vaso de jugo, pero su discapacidad se lo hacía difícil”, manifiesta.

Agregó que se dio cuenta que para el padre era imposible conseguirle una prótesis a su hijo. “Desde ese momento tenía la idea de poder brindarle una ayuda a ese niño”, expresó Barrios.

El ingeniero electrónico señaló que su iniciativa se fue enfriando con el tiempo, hasta que en sexto semestre de su carrera, revivió la intención.

Indicó que la clase de bioingeniería fue la que le trajo a su mente aquella imagen del niño con su vaso todos los días. “En esa clase aprendimos cómo fusionar la biología con la ingeniería”, destacó.

Marlon Domínguez, por su parte, intervino diciendo que en ese momento fue que el entró en participación con el diseño de la mano. “Nosotros siempre trabajamos juntos desde el comienzo de la carrera”, reconoció.

Agregó que a pesar de que los dos tomaron ramificaciones distintas, se unieron para llevar a cabo este proyecto. “A mí me gustaba la automatización y a él (Daniel) la bioingeniería, pero eso nos terminó uniendo”, afirmó.

Fabricación. Barrios indicó que siempre tuvieron como premisa construir una mano que además de ser resistente, fuera liviana. “Usamos un plástico que es con lo que diseñan la impresoras 3D”, explicó.

Domínguez señaló que este material es PLA, es decir, de ácido poli láctico, que se crea con polígeno y leche magnesia. “Con esta combinación se crea una base que es dura y a la vez liviana”.

Contó que después de ese proceso se imprimió en 3D a alta temperatura, para darle forma a la mano.  

Daniel Barrios puntualizó que lo que más se les dificultó en este proceso fue conseguir las partes mecánicas para la prótesis mioeléctrica.

“Fue muy difícil conseguir las poleas, el nailon necesario que sirve como tensor y que resiste el movimiento y también realizar un plano de la mano”, expresó el ingeniero electrónico.

Domínguez relató que en dos meses realizaron toda la parte eléctrica de la prótesis y la impresión 3D, que fue facilitada “gracias a la empresa que nos colaboró con el diseño”.

Pero confesó que la parte mecánica les demandó mucho más tiempo. “Tuvimos que esperar por meses los motores que funcionan para cada dedo, los cuales vinieron del extranjero”, recordó.

Sin embargo, Barrios recuerda que cuando llegaron no sirvieron “por falta de fuerza”, expresó que tuvieron que asesorarse con ingenieros mecánicos para conseguir los motores adecuados para la mano robótica.

La mano aprieta un pocillo y lo sostiene.

Funcionamiento. Marlon Domínguez explicó que la mano tiene como base en unos sensores, que son unos electrodos normales de superficie que van pegados en el antebrazo, “donde buscamos obtener un impulso eléctrico” a través del movimiento de este músculo del cuerpo.

Agregó que los electrodos también están conectados a un electromiógrafo, el cual estudia y adquiere el impulso eléctrico de los músculos.

Añadió que estos movimientos también son medidos a través de un software, que permite conocer la fuerza y los umbrales, los cuales son los mismos impulsos generados, con el fin de captar la señal, mostrarla en una gráfica y observar la amplitud de los voltajes.

“Esto sirve para que la persona se vaya adaptando y después por costumbre sepa cómo debe hacer los movimientos para manipular adecuadamente la mano”, enfatiza Barrios.

Agrega que la prótesis es capaz de cargar 5 kilogramos y que para que pueda durar 12 horas o más, necesitan una batería de por lo menos 3.000 amperios. “Otra de las ventajas es que cuando la mano hace un movimiento, el siguiente es un estado de reposo, para evitar reacciones repetidas”, destacó.

Pruebas. Ambos ingenieros indicaron que el trabajo lo pudieron terminar dos meses después de la entrega de su proyecto de grado. Aunque expresaron que en la presentación oficial para el trabajo final, realizaron pruebas con pacientes para demostrar que la prótesis, en la que se gastaron casi un millón de pesos, sí funcionaba.

La persona elegida para estas pruebas, fue el mismo niño, en el que se inspiró Daniel Barrios hace diez años, cuando lo veía intentar coger todos los días el vaso de jugo en su casa. Este joven actualmente tiene catorce años y fue el primer discapacitado en usar a Handy, como lo nombraron sus creadores.

Barrios, agregó que en principio fue duro conseguir que el muchacho aceptará participar en las demostraciones. “Fue difícil porque es un tema delicado la discapacidad y si creábamos una ilusión al joven y no la cumplíamos, iba a ser una frustración muy grande”, enfatizó.

Domínguez expresó que en un principio estas pruebas fueron “tediosas”, porque enseguida al muchacho no le funcionó la mano. “Nos preocupamos porque con nosotros sirvió y a él no se le movía”, contó.

Sin embargo, explicó que por medio del software fueron conociendo la fuerza que tiene el joven en su antebrazo y “empezamos a medir sus umbrales, lo que nos ayudó a equilibrarlo y a que el se adaptara a la mano”.

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