Tras cuatro meses en los que adeudaba varios pagos, incluidos la luz y el agua, los propietarios le pidieron a un joven que les entregara su casa.
Una venezolana le arrendó a una compatriota un local para vender churros, pero las acaloradas diferencias entre las partes por la falta de pago de un recibo de gas las llevó a un juez de paz para conciliar.
En representación de su hermana, una mujer acudió a una conciliación con un juez de paz para justificar el estatus académico de su sobrino, quien recibe una cuota alimentaria.
Una expareja, con dos viviendas adquiridas durante su matrimonio, acudió a un juez de paz para concretar un acuerdo de conciliación que ya tenían listo, pero para el que necesitaban un acta oficial.
En casos de hurtos de menor cuantía, conducta que más afecta la seguridad, solo se realizarán dos audiencias, reduciendo a la mitad el tiempo de la duración del proceso.

