Tras el peor accidente nuclear de la historia, una fundación norteamericana abrió refugio a animales callejeros descendientes de los domésticos que fueron abandonados por sus propietarios cuando huyeron de la región después de la catástrofe.
De la 'zona de exclusión' creada en torno a la siniestrada central, fueron evacuadas más de 135.000 personas los días posteriores al accidente.

