El Heraldo
La familia de Sadith Elena Mendoza en una de las misas que le ofrecieron tras su desaparición.
Archivo
Sucre

La larga y triste batalla de las familias de cuatro desaparecidos de Sucre

Por la muerte de Fabio Coley y Jorge de la Rosa, agentes del CTI, y Sadith Mendoza y Aida Padilla, hace 20 años, hay varios ex-AUC condenados.

El pasado jueves 27 de mayo se cumplieron 20 años de uno de los hechos violentos más dolorosos de la historia del conflicto en el departamento de Sucre: la desaparición y muerte de dos investigadores del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía y de dos jóvenes sincelejanas que los acompañaban.

Fabio Luis Coley Coronado y Jorge Luis De la Rosa Mejía conocieron a  Sadith Elena Mendoza Pérez y Aida Cecilia Padilla Mercado, a quienes invitaron a pasar el domingo 27 de mayo de 2001 a un día de playa en El Rincón del Mar, corregimiento de San Onofre, y nunca regresaron.

Sadith y Aida salieron a divertirse, mientras que Fabio y Jorge iban con la misión de investigar los movimientos del entonces bloque Héroes de los Montes de María de las AUC, que comandaba el temido y hoy desaparecido Rodrigo Mercado Peluffo, alias Cadena, el mismo que cuatro meses atrás  había ordenado masacrar a unos pobladores del corregimiento de Chengue, en Ovejas.

Jorge Luis De la Rosa, Sadith Elena Mendoza, Aida Cecilia Padilla, Fabio Luis Coley. Cortesía

20 años sin respuestas

La misión de llegar a El Rincón se cumplió, pero la de divertirse e investigar el accionar de las AUC no. Los cuatro fueron detectados por integrantes de ese grupo armado ilegal, que los desaparecieron.

Desde entonces, las familias de las víctimas han librado muchas batallas, entre ellas la judicial, y en 20 años han sido pocos los resultados. Solo han condenado a Manuel de Jesús Contreras Baldovino, alias Peluca, y a Segundo Valencia Gómez, alias Berruguita, mientras que Edward Cobos Téllez, alias Diego Vecino; Uber Banquez Martínez, alias Juancho Dique, y Yairsiño Meza Mercado, ‘El Gato’, aceptaron el hecho.

Hernán Giraldo, en una de sus versiones libres ante Justicia y Paz, reconoció las amenazas contra los miembros del CTI, pero no su desaparición.

Reparación y verdad

El jueves 27 de mayo, el Juzgado Único Especializado de Sincelejo continuó el juicio oral y público que por los delitos de homicidio y desaparición forzada le sigue al exparamilitar Marco Tulio Pérez Guzmán, alias el Oso, a quien le atribuyen el haberlos detenido y llevado hasta la finca El Palmar, donde estaba ‘Cadena’.

Este caso pasó al despacho del juez para que dicte la sentencia.

A la par con estas actuaciones judiciales, la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ) presentó en 2007 este caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que lo admitió 10 años después, y ahora están a la espera de que el Estado colombiano sea declarado responsable de los mismos.

Moisés David Meza, abogado de litigio y protección jurídica de la CCJ, cuenta, en entrevista telefónica con EL HERALDO, cómo ha sido el acercamiento de esa ONG con las familias de las cuatro víctimas.

“Las hemos acompañado en el proceso penal y en la ley de Justicia y Paz, también en un proceso de reparación y en un proceso internacional ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Este último está en la etapa de declaración de responsabilidad del Estado”, explicó el profesional del derecho.

Ante Justicia y Paz, añade Meza, lograron muy poco, y en la parte ordinaria vincularon a exjefes paramilitares, pero el que solo continúa en este es alias Cadena, aunque como persona ausente.

Son siete los exparamilitares que se han referido a este hecho y pocos los resultados. Eso fue lo que motivó a la CCJ a llevar el caso ante la CIDH.

Finca El Palmar, epicentro del terror de las Auc. Archivo

EL HERALDO logró contactar a los familiares de estas víctimas y esto fue lo que halló.

Sadith, un tema del que no se habla

En la casa de Sadith Elena Mendoza Pérez, en el seno del hogar que conformaron Sergio Rafael y Elena Aurora, este tema no es motivo de conversación.

A pesar de que han transcurrido dos décadas de su desaparición, el dolor de esta familia sincelejana sigue intacto, y así lo confirman Rafael y Leidis, dos de los hermanos de Sadith, quienes, al recordarla, no pueden evitar las lágrimas.

Prefieren llevar “la procesión por dentro” y más si están frente a sus padres, a quienes les evitan hablar del tema para no revictimizarlos. “Ya bastante tenemos con el deterioro de la salud de ambos”, cuenta Rafael, el mayor de la casa.

El jueves recordaron los 20 años de su desaparición, y este 13 de junio, su cumpleaños, que sería el número 42.

Rafael, que rompe por primera vez su silencio en 20 años de sufrimiento, reclama verdad, que le digan qué fue lo que realmente ocurrió con su hermana menor, la extrovertida, llena de sueños por realizar, amiga, alegre e inteligente.

Sadith era estudiante de Lenguas Modernas en la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar), la universidad en la que se convirtió en la primera reina cecarense del fandango.

“Fabio Luis era objetivo militar”

En el hogar de Fabio Luis Coley Coronado su hija mayor, Laura Carolina Coley Díaz, que para la época de los hechos tenía escasos 11 años, también tienen sed de verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición.

Admite la joven en entrevista telefónica que aún tienen miedo y reprocha que a su padre, que era objetivo militar de las AUC, lo hubiesen enviado a una misión encubierta a El Rincón del Mar, en San Onofre, que era zona de alta influencia de ese grupo armado ilegal.

Dice que el Estado los dejó solos en esto y que en 20 años no ha habido justicia. “Este expediente, como muchos otros en el país, ha corrido de despacho en despacho, de mano en mano, dilatado y sin tener en años actuaciones relevantes”.

Además revela que su padre ya había sido secuestrado por las AUC, por eso “creímos al principio de esto, que, como la primera vez, mi papá regresaría a casa, pero no ha sido así. La violencia nos privó de crecer con un papá amoroso, del amor de un esposo y de vivir tranquilos”.

Denuncia también la mayor de los tres hijos del entonces investigador Fabio Coley que “la Fiscalía en su momento no activó los mecanismos de búsqueda inmediata porque la situación de orden público estaba difícil, ingresar era complicado, pero ese mismo criterio no lo tuvieron para enviarlos a ellos a esa misión. Me duele esto porque mi padre sí creía en la justicia”, indica Laura, que pide continuar con la búsqueda por tierra, mar y río.

Fabio esperaba asilo político en Canadá

Al igual que Fabio Coley, su amigo y compañero de trabajo en el CTI de la Fiscalía Jorge Luis De la Rosa Mejía también era objetivo militar de las AUC, por eso realizaba los trámites para un asilo político en Canadá.

Así lo narró su sobrino Edinson De la Rosa Olivares, quien como abogado ha estado al frente de este proceso en representación de la esposa y las dos hijas de su tío para que también se produzca verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

A Jorge Luis ya las AUC bajo el mando de Hernán Giraldo, alias el Patrón, o ‘El Señor de la Sierra’, le habían hecho un atentado en su casa materna en Santa Marta.

Esto denotaba el riesgo en el que estaba y aun así lo mandaron a la zona de influencia del entonces bloque Héroes de los Montes de María, en zona rural de San Onofre.

“Era tal la situación de riesgo de mi tío Jorge Luis que nos tocaba negar cualquier parentesco con él para no ser  víctimas de algún atentado, y lo peor, en el vecindario no querían jugar con nosotros”, dice Edinson, al tiempo que le reprocha a la Fiscalía el no haberles pedido perdón por no brindarle seguridad a su familiar.

“Los enfrentaron a un tigre y ellos estaban amarrados. Los mandaron a que los mataran, a eso fue. No ha habido voluntad política ni judicial por parte de la Fiscalía en decirnos nada de este hecho. Mi tío es un expediente más”, concluye.

La mamá de Aida murió sin saber la verdad

La última protagonista de este trágico hecho es Aida Cecilia Padilla Mercado, una reconocida visitadora médica de Sincelejo que residía en el sector La Pajuela, zona céntrica de la capital sucreña en la que los investigadores se habían alojado en un apartamento.

Aida salió ese domingo, y su mamá Nemesia y su hermano Francisco, el mayor de los siete, la vieron partir temprano, pero este último no imaginó que el destino fuera San Onofre porque ella le tenía miedo a ese territorio.

Lo cierto es que la mamá de esta joven partió sin conocer la versión que entonces dieron los exparamilitares de que los habían asesinado y sus restos lanzados al mar.

La mamá de Aida Elena, así como la de Jorge Luis De la Rosa y de otros tantos desaparecidos más de este país, en especial del departamento de Sucre, se fueron con el dolor de no saber de sus hijos. Otras han logrado, al menos, recibir sus restos tras años de sufrimiento.

La Fiscalía aún posee en sus laboratorios de la región Caribe restos sin identificar, y la Justicia Especial para la Paz (JEP) trabaja, por pedido del Movimiento Nacional de Víctimas (Movice), en la preservación de cementerios y otros lugares en San Onofre, entre ellos la finca El Palmar, considerada el epicentro de las masacres de este bloque de las AUC y donde se cree también fueron llevadas estas cuatro víctimas por lo que las esperanzas de que los puedan encontrar, en caso de que no los hubiesen lanzado al mar, siguen intactas.

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