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“Este libro está escrito para ella”: Alberto Linero

Con ‘Amar es ganarlo todo’, su más reciente libro, el periodista reflexiona sobre el amor, ahora que vive su primera relación de pareja.

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Es difícil no decirle “padre”. El subconsciente o la costumbre te traiciona. Alberto José Linero Gómez prefiere que ahora lo llamen Alberto, Albert, ‘Betoche’, cuadro, llave, primo, en fin, de cualquier manera pero no padre.

Llegó a Santa Marta el pasado fin de semana a celebrar la vida, el natalicio de su padre, Carlos Linero, que paradójicamente falleció en diciembre de 2020. Así es el ser caribe, el dolor lo silencia con música, en su caso escuchando salsa brava, género favorito de su progenitor, reconociendo “su ausencia”, jugando dominó, mamando gallo, hablando de fútbol, abrazando a su madre, la señora Rosina. Caminando de la mano de su pareja, María Alcira Matallana.

Amar es ganarlo todo es su más reciente libro. Ha publicado más de 30, pero este es el primero que escribe en el que habla del amor desde la arena, o las mieles de estar compartiendo su vida con una mujer a su lado. Quiere “poner de moda el amor” en este momento del país en el que pareciera que el odio fuera el motor de resolución de nuestros conflictos. Así, con colita en el cabello, camisa hawaiana y jean, Alberto Linero me recuerda a los Beatles cuando cantaron All You Need Is Love’ (Todo lo que necesitas es amor). A continuación, apartes del diálogo que tuvo con Gente Caribe.

P.

Es la primera vez que escribe sobre el amor teniendo pareja, ¿cómo fue esa experiencia?

R.

Yo creo que las dos perspectivas se complementan y que uno no puede despreciar ninguna. Yo, durante 25 años, acompañé parejas en sus celebraciones, participaba del sacramento del matrimonio, de sus alegrías, bailaba y cantaba con ellos. También estaba en sus conflictos, en sus frustraciones y hasta en sus rupturas, fui testigo excepcional de muchas de esas experiencias y eso algo me tuvo que enseñar. Además de eso siempre he sido un lector voraz y leí mucho sobre eso. Escribí tres o cuatro textos sobre la relación de pareja con una perspectiva válida, legítima. Hoy escribo desde otra perspectiva, desde el ser humano que ha decidido construir su proyecto de vida con otro ser humano, con otra persona, entonces complemento las dos visiones. Claro, una es la visión del espectador, del que ve desde las gradas, y otra es la del gladiador que está en la arena enfrentándose a los leones y a las situaciones. Mi experiencia de relación de pareja es maravillosa, es emocionante, alguien me vio cantando vallenato por estos días en una de mis redes y me decía que yo andaba en luna de miel y yo le decía que yo he vivido en luna de miel. No entiendo porque hay gente que dice que el matrimonio es una cruz, por qué algunos hombres hablan de manera despectiva de su relación de pareja, como si el matrimonio fuera una desgracia, no sé por qué hacen eso porque lo que yo estoy viviendo -hoy llevo dos años largos en esa experiencia- es de felicidad y de gozo en medio de las situaciones normales de la vida.

P.

¿Por qué de felicidad?

R.

 Porque me siento amado, valorado, reconocido, apoyado, complementado, porque siento que hay alguien a mi lado con quien construyo la vida, porque hay placer en toda su gama, desde el placer sexual, el físico que estalla en un orgasmo, el placer de sentirse en la mirada cómplice de la compañera que te dice -estoy contigo-, el de poder leer una poesía juntos, soñar con el verso y ahogarnos en su mar profundo, o cuando bailamos una canción de todo tipo, ella es más rockera y yo soy más de Diomedes Díaz y los hermanos Zuleta. La vida está en todos esos detalles y la celebramos todos los días a pesar de las tragedias que hay como la pandemia.

P.

¿Tuvo que pedir permiso para escribir este libro?

R.

Claro, claro, claro, porque es que antes solo escribía sobre mi manera de entender el amor, antes no tenía una inspectora cerca y digo inspectora o auditora en el mejor sentido de la palabra, alguien que te puede decir -y por qué tú dices que hay que hay que dejar ser si tú no eres así-. Ella leyó todo de primera mano, además, porque está escrito para ella y con ella, de alguna manera sus ideas también están ahí, hay ideas de ella en esas páginas que yo tomé prestadas. En la vida hay que pedirle permiso a los que uno ama, si uno es un tipo o una tipa decente uno pide permiso para seguir amando

P.

¿Si la mayoría de las personas somos analfabetas en el amor, como usted lo expresa, como nos empezamos a educar para dejar ese analfabetismo?

R.

Siendo conscientes de que somos analfabetas en el amor. El círculo de la enseñanza lo primero que te exige es que seas consciente de tu ignorancia, la gente se cree maestra en el amor (...) Yo recibí clases de trigonometría, de derivadas, de gramática, de sintaxis, de los sistemas filosóficos, yo nadé en las profundidades de los textos teológicos pero nadie me dio una clase de amor, no me enseñaron a amar ni a dejarme amar. Entonces la primera tarea es ser consciente de que de esa vaina no sabes nada y que tienes que empezar a aprender, y sólo se aprende cuando uno es capaz de reflexionar sobre la cotidianidad, de hacer conciencia de los aportes que la vida a través de los otros, de la lectura, de las relaciones, te está haciendo.

P.

Para muchos el primer amor es Dios, para otros la madre, ¿para usted cuál es?

R.

El primer amor soy yo, tengo claro que el que no se ama a sí mismo no sabe amar. El primer acto de amor mío es para mí, yo sólo puedo amar profundamente a los otros si me amo a mí tal cual soy, si me conozco y me acepto tal cual soy, si me gusto, es imposible que yo ame a esta mujer divina, inteligente extraordinaria que está al lado de mi vida, que construye conmigo, si yo no me amo a mí. Entonces el primer amor es para mí, es más, sólo amo a Dios si soy capaz de amarme a mí como hechura de Él. El primer amor es Alberto linero sin prepotencias, sin espantajopismo, sin creerme más que nadie, siendo consciente que la embarro. Sé que soy un tipo que tiene muchos límites, virtudes y vacíos.

Luego, sin duda, está el amor de las personas que uno decide amar, ¡ojo! porque hay personas que yo decido amar y hay otras que amo porque la vida me hace que las ame, yo no tomé la decisión de amar a mi papá y a mi mamá, yo un 20 de octubre de 1968, domingo a las 6 de la tarde en el barrio 13 de junio de Santa Marta, mientras el Unión Magdalena ganaba en una campaña extraordinaria, tanto que fue campeón, ¡pun! nació ‘Betoche’. Me encontré con un papá y una mamá a los que definitivamente tuve que amar, no fue mi decisión. De hecho, el segundo amor es el que uno decide libremente y yo creo que está la relación de pareja ahí. Esto le puede crear problemas a algunos porque como tenemos mal resuelto el Complejo de Edipo, mucha gente cree que hay que amar primero al papá y a la mamá que a la pareja, pero el segundo amor es el que tú eliges y ese es la pareja. El tercer amor pasa por la familia, ese que es ágape y es fuerza.

Alberto Linero en el Hotel Don Pepe, en el Centro Histórico de Santa Marta, ciudad donde nació. Orlando Amador
P.

Como decimos en Barranquilla, ¿te la vacilas más ahora o cuando oficiabas las misas en la Parroquia del Espíritu Santo?

R.

Me la vacilo siempre (…) Yo creo que la única posibilidad de ser feliz es ser un apasionado y apasionarse de lo que hagas. Yo he sido feliz siempre, yo fui un cura feliz, yo no dejé de ejercer el Ministerio porque estuviera amargado, triste, o porque fuera un fracasado, yo fui un presbítero amado, valorado y que fue feliz. En un momento mis valores me impulsaron hacia otro lado y tomé la decisión de moverme de allí por coherencia con mi propia vida, de frente a la sociedad y soy feliz todavía. Uno tiene que ser feliz de donde es, donde está y con lo que tiene, porque hay mucha gente que sólo es feliz con lo que no puede y con lo que no tiene. Yo me la vacilo. 

P.

Y hay que aprender a cerrar los ciclos…

R.

Hay que saber ponerle punto final a los textos, es como cuando escribí el libro, si no soy capaz de poner el punto final todavía lo estuviera escribiendo, mi equipo y yo nos demoramos 18 meses escribiendo ese texto, si no le pongo punto final y no lo entrego a la editora estuviera todavía escribiéndolo. Lo mismo le pasa a uno con los recuerdos, con los apegos, vainas que ya se acabaron, esa relación que tuviste y que fue muy bacana pero que ya se acabó. Por eso yo no me meto en nada de la institución eclesial, hoy soy católico apostólico y romano, y disfruto mi fe.

Alberto Linero dice que es “samarquillero”, ya que su padre es de Santa Marta y su madre de Barranquilla. Orlando Amador
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