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Iván Escobar asegura que cuenta con más de 20 años como chef profesional.
Orlando Amador Rosales
Sin photoshop

Determinación en el mundo gastronómico

En la pandemia, el chef profesional se ha reiterado a sí mismo que la cocina es su pasión. En diciembre ayudó a más de 2.000 personas de Providencia.

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Rodeado de una decoración de antaño, el chef profesional Iván Escobar relata su historia. Empieza hablando sobre cómo la pandemia impactó en sus negocios, mientras el momento es acompañado con música de reguetón apenas audible. 

Él, quien cuenta con más de 20 años en el sector restaurante, explica que aunque la contingencia mundial ha afectado a muchos restauranteros, su incidencia ha sido perfecta para que muchas personas reevalúen sus proyectos.

“Por ejemplo, la pandemia sacó a aquellos que no han estado totalmente convencidos de que el restaurante es lo que más les gusta, y quedamos los que sí sentimos pasión. El tiempo vivido en 2020 fue mi excusa para reiterarme a mí mismo que esta es mi única carrera y que es lo que en realidad quiero hacer”.

Aunque cerró sus restaurantes Bistró 51 y Lumberjack´s, debido a que su carga económica era “muy pesada” para sobrevivir a través de domicilios o con un aforo controlado, su decisión le permitió dedicarse de lleno a su trabajo como chef privado, haciendo asesorías y menús para restaurantes. 

“En el aislamiento preventivo me dediqué a hacer hamburguesas para la venta. Recibía muchas llamadas porque la gente no podía salir de sus casas y había muchas quejas de los domicilios, y como en mi caso yo era el único responsable del pedido y del domicilio, me fue muy bien. Al estar solo descubrí las distintas caras que tiene el negocio y pude mantenerme enfocado en lo que yo quería hacer”.

Hace muchos años Iván se ha declarado fan del chef español José Andrés, uno de los cocineros más reconocidos a nivel mundial, quien se ha dedicado a trabajar en labores sociales, por medio de su fundación World Central Kitchen. En esta se ha encargado de poner a sus restaurantes y a sus chefs al servicio de los más necesitados, específicamente alimentando a quienes sobreviven a una tragedia natural. 

“Estando acá en Barranquilla me enteré del trabajo que había realizado el chef en Puerto Rico después del huracán y en Indonesia, luego de los tsunamis. Esa labor me pareció encomiable, por tanto, no podía pensar en otra cosa que unirme a la organización para ayudar. Así que me puse a la tarea de mandar correos en los que manifestaba mis intenciones”.

Iván Escobar posa junto con algunos miembros de una brigada especial de rescate del Ejército Nacional, durante su estadía en la Isla de Providencia. Cortesía de Iván Escobar

Una vivencia
Iván recuerda que sus correos fueron respondidos luego de que el huracán Iota ocasionara pérdidas en la isla de  Providencia. Agrega que al enterarse de que podía ayudar experimentó “mucha felicidad”, tanta que al día siguiente de conocer la noticia viajó en un avión de la Fuerza Aérea hacia Providencia, desconociendo lo que encontraría.

Dice que siempre tuvo clara las labores de la fundación, pero lo que no conocía era la manera en que brindaría su mano amiga a los isleños.

“Cuando llegué vi cómo las personas lo habían perdido todo y cómo dormían en carpas y campañas improvisadas (...) Las ayudas de la fundación dieron abasto durante algunas semanas, pero cuando se agotaron, el Gobierno Nacional vio lo que significaban para la isla y decidió cubrir los gastos de la fundación hasta el 3 de enero”.

Rescata que saber que San Andrés no había tenido las mismas afectaciones que Providencia, y que aún contaba con hoteles y restaurantes operando, lograron realizar un convenio para que fueran los restaurantes de San Andrés los encargados de cocinar la comida de más de 2.000 personas en horas de la mañana. Posteriormente la labor seguía con la recogida de esa alimentación, luego el empaque en bandejas y más tarde en cajas térmicas que diariamente eran enviadas en un vuelo de la Fuerza Aérea.

Al llegar la comida a su lugar de destino, los chefs pertenecientes a la organización sin ánimo de lucro eran los encargados de recoger, en una labor casi maratónica, las cajas térmicas para embarcarlas en camiones que se encargaban de entregarlas en puntos determinados de la isla. 

“En la distribución a nosotros, los chefs, nos tocaba verificar que la comida estuviera en perfectas condiciones porque sanidad supervisaba todo. Además, la idea era que la comida alimentara y no enfermara a nadie”.

Iván, que permaneció 15 días en la isla sin tener descanso, manifiesta que sin la ayuda y el acompañamiento del Ejército Nacional de Colombia, la Armada de la República de Colombia, La Fuerza Aérea Colombiana, la Policía Nacional y el Gobierno Nacional los esfuerzos hubiesen sido en vano. 

Su experiencia cerca de los vestigios de las propiedades de muchas familias sin duda alguna cambió su vida. Afirma que allí reiteró la idea de que dar es más gratificante que recibir, que en muchas ocasiones no se valora lo que se tiene, y que Colombia también cuenta con su departamento Insular que, “por más lejos que esté, hace parte del país y su gente no debe ser olvidada”.

“Me sorprendió llegar allá y darme cuenta que no había muchos colombianos como yo ayudando (...) Hoy me atrevo a decir que luego de lo vivido pienso seguir sirviendo, a través de World Central Kitchen (...) A mí me llegó al corazón el video que circulaba en las redes sociales, que fue grabado con mala intención, en el que algunos soldados fueron mostrados como deshonestos en el uso de las ayudas porque fui testigo del trabajo admirable que hicieron; ellos sin importarles las altas temperaturas o el cansancio estuvieron sirviendo”.

 

Además de ser el chef ejecutivo de un club social de Barranquilla, Iván es cantante de una agrupación musical de ‘blues’. Orlando Amador Rosales

Proyecto actual 
Hoy día Iván es el chef ejecutivo, junto con otro colega, del club social Casa Tua. Este, que abrió puertas en diciembre, surgió con la intención de brindarle a Barranquilla “algo diferente”, donde sus socios pudieran gozar de privilegios, exclusividad, privacidad y, sobre todo, de platos exquisitos al paladar.

Da a conocer que este sitio, donde sigue  cosechando su vasta experiencia, busca que quien lo visite se sienta como en casa. Alternativamente a su trabajo en el club social, Iván se desenvuelve como chef privado, brindando asesorías y haciendo menús en Barranquilla. 

En su tiempo libre, como él lo explica, disfruta hacer ejercicio, escuchar música y cantar en una banda de blues.

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