El Heraldo
Opinión

Los cortejos del diablo

Se cumple medio siglo de la publicación de Germán Espinosa, una de las expresiones literarias más admirables del Caribe colombiano. 

Se cumple, en pleno pico pandémico, medio siglo de la publicación de Los cortejos del diablo, de Germán Espinosa, una de las expresiones literarias más admirables del Caribe colombiano. Recorrer sus páginas, mientras escasea el mercado y la salud mental, es como asomarse al alucinante lebrillo de la hechicera Rosaura García, en cuyo fondo trasluce, turbulenta y esclarecedora, una muy necesaria interpretación de la cultura de los pueblos del mar, tan pertinente en estos días de reverdecida inquisición. Recorrer sus páginas es asistir a un asombroso derroche de talento narrativo, polirritmia y musicalidad, una endiablada exuberancia verbal que algunos pretenden simplificar con el rótulo carcomido de «barroco». 

Leila Guerriero, brillante y lúcida, escribe en El País, de Madrid, que «estaremos muchos años narrando este puñado de meses. Pero el verdadero relato de estos días no será el de la enfermedad, sino el del miedo». El mismo miedo de Juan de Mañozga por los brujos de Buziraco; el miedo acendrado de los cartageneros por el émulo incendiario de Torquemada. «No era fácil olvidar los viejos temores, los de aquellas cercanas épocas en que tres aldabonazos y el anuncio oficial: «Abrid en nombre del Santo Oficio», eran suficientes para crispar de pánico al más resuelto y sembrar de rodillas en tierra al menos aprensivo».

La ficcionalización del miedo puede ayudarnos a paliar esta realidad de miedo que nos ha tocado en suerte. No muchos han leído la novela, esa es la verdad. Otros no la comprendieron y la tildaron de «infierno retórico y culto», sin percibir sus tambores cimarrones «perforando la noche con su rudo golpeteo». Los censores franquistas, por su parte, se apresuraron a prohibir su publicación en España, bajo el cargo de cuestionar la «hispanidad», sin percibir que su censura bien podía entenderse como el epílogo de una larga y sangrienta tradición de intolerancia.       

Conocí al escritor cartagenero hacia 1999, en una librería de la Avenida Jiménez de Quesada, en Bogotá. Curiosamente, yo vivía y estudiaba por entonces en La Candelaria, el mismo barrio santafereño de calles empedradas donde la virgen le ordena en sueños al «fraile bujarrón» partirle la benedicta madre al «cabro negro» y consagrarle un templo en el distante Cerro de la Popa. Germán Espinosa tenía fama de ser extremadamente arisco; sin embargo, me presenté, le propuse conversar unos minutos sobre su obra, y aceptó. Acaso porque no iba yo enmascarado como ahora o porque él no tenía nada mejor que hacer esa tarde. Le invité un café en un restaurante cercano, uno que acaba de cerrar por falta de clientes. 

Bebimos el café hablando de Los cortejos del diablo, esa sátira fulgurante, carnavalesca y desmitificadora. Sin duda un ajuste de cuentas con la «nación católica». Casi nos habíamos levantado de la mesa, cuando se me ocurrió decir que la perspectiva desde la que García Márquez había construido su Bolívar era muy parecida a la que él había adoptado mucho antes para construir su «destartalado» inquisidor. «Ya Mañozga no es Mañozga ni Bolívar es Bolívar», dije. «¿Será una simple coincidencia?», pregunté. 
«Nunca se sabe», respondió. 

Todavía hoy, sacudido por la tragedia indecible de Tasajera, «donde su fuego nunca se apaga», como el cuento de May Sinclair, me pregunto si era incredulidad o satisfacción lo que motivaba su respuesta… 

orlandoaraujof@hotmail.com

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Enrique Dávila

Mandarina, virago, /nóbel/

¿El nombre de la fruta llamada mandarina tiene que ver con el idioma mandarín de China? Ignacio Orbegozo, B/quilla

Guardan relación. Sobre el uso del nombre en español, hay constancia escrita desde la segunda mita

Leer
El Heraldo
Indalecio Dangond

¿Fico o Petro?

Cómo cambian los tiempos. Antes elegíamos a los presidentes por los postulados fundamentales que caracterizaban a los partidos políticos tradicionales, ahora los elegimos de acuerdo con las ideologías de izquierda, centro o derecha.

Leer
El Heraldo
Marcela Garcia Caballero

La hora de la verdad

Se acerca la hora de la verdad y no hay dicho más preciso que ese que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El fanatismo que tiene evidentes tintes de resentimiento no permite que algunos puedan observar lo que se les está most

Leer
Ver más Columnas de Opinión
El Heraldo
Opinión

Planificación urbana

En un siglo, Valledupar pasó de 7.301 habitantes en 1912 a los actuales 460.000 lo que, guardadas las proporciones, recuerda el crecimiento también exponencial de Sao Paulo, Brasil, al pasar de 500.000 habitantes en 1905 a los veinte millones de hoy. ¿Cómo fue este cambio?

La investigadora Diana Ricciulli-Marín y el gerente del banco de la República de Cartagena, el vallenato Jaime Bonet, presentaron esta semana el resultado de una investigación llamado Planificación urbana en América Latina: el caso de Valledupar, el cual reconstruye las diferentes etapas de la planificación urbana en la ciudad utilizando cartografía, archivos históricos, periódicos, entrevistas, documentos e imágenes.

Lo primero que hay que elogiar es el interés cada vez mayor de personas o grupos de vallenatos interesados en volver los ojos al pasado y documentar lo que fue y lo que tenemos, tal cual sucede también con Cesore, una especie de tanque de pensamiento que estos últimos años ha venido investigando sobre la realidad de mi pueblo, particularmente sobre la pobreza, la desigualdad y los servicios públicos (ojo: le falta meterle el diente a la cultura).

Ricciulli-Marín y Bonet documentan ahora el tema del urbanismo, una de las causas por las que Valledupar llamó positivamente la atención nacional hasta la llegada de la violencia a finales de los ochenta, cuando el país tenía mucha fe en la ciudad, una fecha que coincide con la elección popular de alcaldes. De estos, los dos primeros conservaron el aura exitosa de la ciudad. De ahí en adelante, que entre el diablo y escoja.

Una de las razones por las que el Cesar se dividió del Magdalena fue la crisis de corrupción que embargaba a ese departamento, un fenómeno que se repite ahora en Valledupar, pues la mayoría de los alcaldes de estas últimas dos décadas se recuerdan -y recordarán- más por sus escándalos que por sus obras.

El libro de Ricciulli-Marín y Bonet muestra que bastó tan sólo un puñado de hombres para sacar adelante la ciudad. Alfonso López Pumarejo, el primer presidente que visitó la ciudad y quien, además, llegó con regalos: el hospital, la Granja, la Escuela de Artes y Oficios, el matadero, el mercado y el aeropuerto.

Pedro Castro Monsalvo, el segundo vallenato en ser nombrado Gobernador del Magdalena y dos veces ministro y a quien se le deben los estudios de tierra, desde la cartera de Agricultura, que desembocaron en la bonanza del algodón. El villanuevero Silvestre Dangond Daza, encargado –entre otras obras– de construir la carretera que sacó a Valledupar del aislamiento que vivió desde la Colonia. Manuel Germán Cuello cuando era concejal, porque fue él quien llevó a la ciudad al arquitecto cubano Manuel Carrerá, que fue a su vez el cerebro detrás de la exitosísima planificación de la Valledupar; y Rodolfo Campo Soto, el último alcalde que conservó los lineamientos de Carrerá.

La pregunta obligada, ad portas de elecciones, es: ¿quién será el nuevo gallo que dejará su buen nombre para la posteridad al trabajar por la ciudad antes que para su bolsillo y para el de sus padrinos políticos?

@sanchezbaute

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Enrique Dávila

Mandarina, virago, /nóbel/

¿El nombre de la fruta llamada mandarina tiene que ver con el idioma mandarín de China? Ignacio Orbegozo, B/quilla

Guardan relación. Sobre el uso del nombre en español, hay constancia escrita desde la segunda mita

Leer
El Heraldo
Indalecio Dangond

¿Fico o Petro?

Cómo cambian los tiempos. Antes elegíamos a los presidentes por los postulados fundamentales que caracterizaban a los partidos políticos tradicionales, ahora los elegimos de acuerdo con las ideologías de izquierda, centro o derecha.

Leer
El Heraldo
Marcela Garcia Caballero

La hora de la verdad

Se acerca la hora de la verdad y no hay dicho más preciso que ese que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El fanatismo que tiene evidentes tintes de resentimiento no permite que algunos puedan observar lo que se les está most

Leer
Ver más Columnas de Opinión
El Heraldo
Opinión

¡En qué estamos!

A raíz de la solicitud a Cuba de extraditar a los cabecillas del ELN, un grupo de “intelectuales” le pide al presidente “mayor serenidad” y dejar abierta la diplomacia, “tradición de nuestra política exterior”.

Una carta sorprendente. Después de sesgados juicios históricos, terminan pidiéndole al presidente no hacer nada que ofenda a la isla, aun incumpliendo sus funciones constitucionales. ¡Qué osadía!

“Ya el Estado colombiano se equivocó -afirman- cuando (…) la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela”. Falso. En 2010 el Gobierno, con pruebas, denunció en la OEA la presencia de las Farc y el ELN en Venezuela, a lo que Chávez respondió con insultos y, para evitar la inspección que pedía Colombia, rompió relaciones.

Nuestros “intelectuales” y el “centrosantismo” padecen de “síndrome de Estocolmo”. Uno de los firmantes  considera “muy lamentable el comportamiento del presidente Duque y todo su gobierno, hostigando y maltratando a Cuba”; un diario capitalino titula “Siguen las injustas exigencias a Cuba”, y De la Calle acusa al Gobierno de “sesgos ideológicos” en la política exterior, como si la de Cuba no los tuviera, acogiendo terroristas y exportando su revolución desde la época del Che.

Para ellos, el Gobierno debe incumplir su obligación de capturar terroristas condenados por la justicia y, por el contrario, facilitar su regreso y darles tiempo para esconderse. ¡Absurdo! ¿Quién rompió el protocolo?, ¿acaso no fue el ELN, que asesinó a 22 jóvenes, en un acto terrorista que califican de “operación lícita dentro del derecho de guerra”?, ¿acaso no lo rompió con secuestros, extorsiones y 89 atentados al oleoducto en 2018; ¿acaso pensaba seguir extorsionando al Gobierno?

Pero el asunto no es Cuba solamente; es el régimen narcoterrorista de Maduro mostrando los dientes, el intento de desestabilización en Ecuador, el retorno de Cristina en Argentina y la deslegitimación de Bolsonaro en Brasil.  El problema es la consigna del Foro de Sao Paulo en Caracas, de “controlar a la derecha en el continente”, en medio de consignas antiimperialistas y de lucha de clases.

El mayor riesgo es que el país ande ese camino sin querer darse cuenta. La corrupción no cesa y, donde las urnas no están amenazadas por grupos criminales, se repite la farsa del clientelismo electorero. Mientras tanto, el “centrosantismo” no deja gobernar por venganza política o codicia insatisfecha de mermelada, y Petro cumple su amenaza de mantener al pueblo en la calle. Marchan estudiantes, indígenas, transportadores, Fecode, centrales obreras, y con ellos marchan los encapuchados del ELN.    

Es la estrategia del caos, para aparecer luego como redentores, a la que se suma la errática ONU con la elección de Venezuela al Consejo de DD.HH, que NO es un disparate menor, sino un síntoma peligroso de hacia dónde vamos.

@jflafaurie

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Enrique Dávila

Mandarina, virago, /nóbel/

¿El nombre de la fruta llamada mandarina tiene que ver con el idioma mandarín de China? Ignacio Orbegozo, B/quilla

Guardan relación. Sobre el uso del nombre en español, hay constancia escrita desde la segunda mita

Leer
El Heraldo
Indalecio Dangond

¿Fico o Petro?

Cómo cambian los tiempos. Antes elegíamos a los presidentes por los postulados fundamentales que caracterizaban a los partidos políticos tradicionales, ahora los elegimos de acuerdo con las ideologías de izquierda, centro o derecha.

Leer
El Heraldo
Marcela Garcia Caballero

La hora de la verdad

Se acerca la hora de la verdad y no hay dicho más preciso que ese que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El fanatismo que tiene evidentes tintes de resentimiento no permite que algunos puedan observar lo que se les está most

Leer
Ver más Columnas de Opinión
El Heraldo
Opinión

Elecciones: crisis de legitimidad

Muchos tenemos la sensación de vivir en un mundo en el cual no nos sentimos conformes, porque constatamos crecientes inequidades y desconciertos ante el futuro.

Sin caer en el pesimismo, no se puede desconocer que estas elecciones ocurren en momentos en que Colombia está atravesando tiempos difíciles: el aumento de la pobreza, una precarización del empleo, donde más del 50% tiene solo trabajos informales y donde —de acuerdo a datos de Bienestar Familiar sobre inseguridad alimentaria—, la mitad de los niños de la Costa Caribe pasan física hambre.

Estas condiciones sociales crean un entorno amenazante, tanto para el sector más pobre, como para las minorías que gozan de prosperidad. Esta delicada situación se agrava por la crisis de legitimidad de la vida política nacional.

La gente no cree en sus gobernantes ni en las instituciones. Cada quien busca individualmente la manera de salvarse. Unos se refugian en la religión para calmar sus angustias ante la incertidumbre. Ya es normal observar una gran cantidad de templos, algunos agrupados en su fe. Pero otros llenos de falsos pastores que se aprovechan de los miedos de las personas ante las adversidades de la vida.

Otro grupo de personas, cada vez más numerosas, busca la salida a su situación mediante la comisión de delitos de todo tipo. El crimen sigue creciendo de una manera exponencial, hasta el punto que, en las encuestas sobre los problemas más importantes que sufre la población, la inseguridad ocupa, desde lejos, el primer lugar, volviendo insoportable la vida de las ciudades.

La creciente pobreza, la desnutrición de nuestros niños, el desempleo y la violencia son apenas los síntomas más patéticos del fracaso del Estado colombiano, con su modelo de desarrollo. La gente va perdiendo la ilusión y con fundamento van deslegitimando a la política y a los políticos.

Hace algunos días, en Bogotá, vi una aglomeración de personas cerca del Congreso. Al principio pensé que era una de las tantas manifestaciones, pero era que estaban entregando, en una de las oficinas, los formularios para optar a un subsidio de vivienda; era gente muy humilde. Miré en sus rostros el sueño de una casa propia, porque para vivir necesitamos tener esperanzas.

La gente, como dijo el presidente Truman (1949), aspira a un “trato justo y democrático”. Esa es la clave, decía él, para la paz y la prosperidad. La crisis de la democracia se resuelve con más democracia y no con autoritarismo. Recuerden que el presidente Chávez surgió por la debilidad de la democracia del hermano país. La gente optó por una vía autoritaria y miren los resultados.

Fortalecer la democracia significa darse cuenta de que —con su voto— usted tiene un inmenso poder para escoger a quien lo represente. Si no vota, no se queje. Su voto es el que puede contribuir a que el Estado no sea capturado por la corrupción ni por los violentos. Dejemos de lado nuestro individualismo y pensemos como ciudadanos. Probablemente usted estará mejor si su ciudad y su país están mejores.

joseamaramar@yahoo.com

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Enrique Dávila

Mandarina, virago, /nóbel/

¿El nombre de la fruta llamada mandarina tiene que ver con el idioma mandarín de China? Ignacio Orbegozo, B/quilla

Guardan relación. Sobre el uso del nombre en español, hay constancia escrita desde la segunda mita

Leer
El Heraldo
Indalecio Dangond

¿Fico o Petro?

Cómo cambian los tiempos. Antes elegíamos a los presidentes por los postulados fundamentales que caracterizaban a los partidos políticos tradicionales, ahora los elegimos de acuerdo con las ideologías de izquierda, centro o derecha.

Leer
El Heraldo
Marcela Garcia Caballero

La hora de la verdad

Se acerca la hora de la verdad y no hay dicho más preciso que ese que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El fanatismo que tiene evidentes tintes de resentimiento no permite que algunos puedan observar lo que se les está most

Leer
Ver más Columnas de Opinión
El Heraldo
Deportes

Junior, Cruz Real y lo que viene

Creo que el diagnóstico está claro. Junior tiene un grupo élite de 15-16 jugadores y un grupo restante que no tiene el mismo nivel.

Estoy mirando los números del Junior de Barranquilla en este primer semestre. La verdad es que son muy buenos sumando los tres campeonatos que juega de manera simultánea, Liga, Copa y Sudamericana. En 30 partidos jugados el rendimiento es del 59%, como local 85% y como visitante 33%.

Clasificó a cuartos de final en Liga, a siguiente ronda en Copa y, el jueves ante Unión de Santa Fe, jugará la primera opción para clasificar en Sudamericana.

Cruz Real ha hecho buenas campañas en las tres competiciones. Ha rotado la nómina, ha utilizado a jugadores jóvenes de la cantera y ha hecho un trabajo de recuperación que es vital y necesario.

Creo que en medio de ese trabajo y el utilizar toda la nómina, el técnico argentino se ha dado cuenta que el nivel del equipo titular, o el equipo de lujo que le llaman, no se puede comparar con el grupo de jugadores que no lo son.

En el partido frente a Nacional fue evidente. En el primer tiempo el equipo titular hizo un gran partido presionando al equipo antioqueño en su propio terreno, teniendo la posesión del balón con intención ofensiva y con 9 remates, 3 a puerta, un gol y posesión 65-35% favorable al Junior.

Cuando terminó el primer tiempo Junior ganaba 1x0 y había sido muchísimo mejor que Nacional que, para entonces, no había rematado un balón a puerta.

Junior fue muy físico en el primer tiempo, corrió para presionar, corrió para atacar y lo hizo de tal manera que, para el segundo tiempo, la “gasolina” empezó a escasear.

Cuando terminó el partido, después de los cuatro cambios implementados, el partido estaba empatado, Nacional había jugado mejor, remató 3 veces directo a puerta, hizo un gol y la posesión pasó a 58-42%.

El impacto de las salidas de Borja, Cabrera, Albornoz y Giraldo fue muy fuerte. Las entradas de Uribe, Esparragoza, Cetré y Sambueza fue muy pobre.

Se vio el cambio de dominio en el juego, en el nivel y en la fortaleza física. Quiere decir que el juego cambió de rumbo. Fue un Junior disminuido.

Si Viera no se juega el mano a mano con Angulo, en el minuto final, es posible que ni siquiera hubiéramos empatado.

Creo que el diagnóstico está claro. Junior tiene un grupo élite de 15-16 jugadores y un grupo restante que no tiene el mismo nivel.

Esta vez, independiente si se ganan títulos o no, se debiera mantener el trabajo de Cruz Real y corregir para el segundo semestre el tema de los jugadores de recambio. El que tenga que salir que salga y el que tenga que llegar que llegue. Es mucho mejor que andar buscando técnico y dejar un trabajo inconcluso como ya pasó con Arturo Reyes…

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Enrique Dávila

Mandarina, virago, /nóbel/

¿El nombre de la fruta llamada mandarina tiene que ver con el idioma mandarín de China? Ignacio Orbegozo, B/quilla

Guardan relación. Sobre el uso del nombre en español, hay constancia escrita desde la segunda mita

Leer
El Heraldo
Indalecio Dangond

¿Fico o Petro?

Cómo cambian los tiempos. Antes elegíamos a los presidentes por los postulados fundamentales que caracterizaban a los partidos políticos tradicionales, ahora los elegimos de acuerdo con las ideologías de izquierda, centro o derecha.

Leer
El Heraldo
Marcela Garcia Caballero

La hora de la verdad

Se acerca la hora de la verdad y no hay dicho más preciso que ese que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El fanatismo que tiene evidentes tintes de resentimiento no permite que algunos puedan observar lo que se les está most

Leer
Ver más Columnas de Opinión
El Heraldo
Opinión

¿Qué país queremos?

Se nos quiso atrapar en un debate ideológico entre izquierda, derecha y centro, basado en el miedo, y en la idea de que el populismo es una ideología y no un estilo de hacer política. 

La realidad supera ese debate, pues las ideologías son una perspectiva que soporta ideas válidas para el debate democrático. Pero existe también otro debate para comprender lo que pasa en las sociedades; sobre todo en el mundo real de sufrimientos, necesidades y esperanzas de los ciudadanos con menos oportunidades. Este otro debate es sobre cambio o continuidad. Entre mantener las cosas como están, con inequidades, desigualdades y oprobio social, o cambiar la sociedad gradual y democráticamente. 

La continuidad se refleja en la campaña electoral cuando no se presentan propuestas de progreso, sino de preservar una sociedad injusta, bajo el argumento de que la derecha es la única democrática y que por ello el orden actual está justificado, y se legitima la exclusión. En esta perspectiva, los ciudadanos inducidos por el miedo votarían por el desastre de país que tenemos apoyando a un tipo de candidatos. Pero, aun sin definirse de izquierda, derecha o centro, los electores también buscan transformar la sociedad y, entonces, podrían apoyar propuestas de cambio. Hoy dos candidatos lo plantean. Uno que quiere combatir la corrupción como único problema, que lo es, y otro que, además propone otros cambios esenciales que garanticen paz y equidad. Petro y Hernández comparten la lucha contra la corrupción. Para este último es un problema meramente moral. Para Petro, la corrupción es también el mantenimiento de un orden profundamente desigual, en el cual existe una manipulación de lo público, violencia política, irrespeto de la justicia y apropiación de la riqueza e ingresos de la nación.  

Por su parte, Gutiérrez y Fajardo están atrapados en el esquema ideológico y pretenden encasillar en él a Petro. En esa lógica, en el escenario de una segunda vuelta, entre Petro y Hernández, mayoritariamente los electores de Gutiérrez y los que quedan de Fajardo se irían en contra de Petro. Pero si el contendor de Petro es Gutiérrez la mayoría de los seguidores de Hernández se irían con Petro. Por todo esto, la dirigencia ultraderechista, que basa su campaña en el miedo, para mantener sus privilegios, estaría dispuesta a apoyar a cualquier candidato que pueda contener a Petro. Y si abandona a Gutiérrez para impulsar a Hernández es para asegurar sumar los votos de estos y crear mejores posibilidades de derrotar a Petro en segunda vuelta. Este es parte del juego que explica el momento y condicionaría las estrategias políticas para los días venideros. Huelga recordar que el peligro no es un candidato sino renunciar a transformar a Colombia, asegurando un desastroso futuro.   

Si prospera la perspectiva del debate entre derecha e izquierda, el presidente será Gutiérrez o Hernández. Pero si entre los ciudadanos prima el debate entre cambio sustantivo o continuidad, el presidente será Petro. 

PD. Petro asegura el triunfo en primera vuelta si Fajardo desciende o se mantiene y Gutiérrez y Hernández empatan, sumando entre los dos, menos de 40 % de los votos. 

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

El Heraldo
Enrique Dávila

Mandarina, virago, /nóbel/

¿El nombre de la fruta llamada mandarina tiene que ver con el idioma mandarín de China? Ignacio Orbegozo, B/quilla

Guardan relación. Sobre el uso del nombre en español, hay constancia escrita desde la segunda mita

Leer
El Heraldo
Indalecio Dangond

¿Fico o Petro?

Cómo cambian los tiempos. Antes elegíamos a los presidentes por los postulados fundamentales que caracterizaban a los partidos políticos tradicionales, ahora los elegimos de acuerdo con las ideologías de izquierda, centro o derecha.

Leer
El Heraldo
Marcela Garcia Caballero

La hora de la verdad

Se acerca la hora de la verdad y no hay dicho más preciso que ese que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El fanatismo que tiene evidentes tintes de resentimiento no permite que algunos puedan observar lo que se les está most

Leer
Ver más Columnas de Opinión
Editorial

Nuevos cupos carcelarios: entregas solo para la foto

En los últimos cuatro meses, el Inpec ha entregado 1.500 cupos carcelarios en la Costa, pero ninguno ha sido ocupado. La inauguración de los nueve pabellones en Barranquilla, Santa Marta y Cartagena se quedó en fotografías y cortes de cinta que envían un pésimo mensaje a la sociedad.

Hace poco más de un mes, el Ministerio de Justicia, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) y la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec) entregaron 510 nuevos cupos en el centro de reclusión de mediana seguridad El Bosque de Barranquilla (EPMSC). A día de hoy ninguna persona privada de la libertad ha sido trasladada hasta ese lugar. Tampoco, a las cárceles Rodrigo de Bastidas, de Santa Marta, y La Ternera, de Cartagena, donde el 4 de abril de este año y el 22 de diciembre de 2021 las mismas entidades inauguraron pabellones con igual número de cupos que en la capital del Atlántico, en cada uno de los casos. Si todo estaba listo, aparentemente, ¿por qué estos más de 1.500 cupos que contribuirían a reducir significativamente el hacinamiento o la superpoblación carcelaria en la región Caribe, que a enero de 2022 era de casi 24 %, siguen sin ser habilitados? 

La respuesta es bastante más sencilla de lo que pudiéramos imaginar. La entrega se hizo solo para la foto que de manera protocolaria se tomaron los protagonistas de ese momento. En otras palabras, para dar lustre a las cabezas de las entidades convocantes: minjusticia, Inpec y Uspec, todos bastante sonrientes a juzgar por las fotografías e imágenes divulgadas por los medios de comunicación que nos creímos el cuento de que los nuevos pabellones iban a resolver, lo antes posible, la flagrante violación de los derechos fundamentales que afronta la población reclusa colombiana. Pues no, hasta el momento no ha sido así. Nadie se ha beneficiado aún de estos espacios y lo que es todavía peor, no existe claridad sobre la fecha en la que se autorizarán los primeros traslados a las cárceles donde se construyeron las obras, por más de $75 mil millones, debido a que no están dadas las condiciones para albergar a los internos. 

En su defensa, la Uspec puede argumentar que las edificaciones, lo más elaborado del proyecto, están terminadas. No le falta razón, aunque en el caso del centro penitenciario de Barranquilla todavía quedaron pendientes garitas, cerramientos e instalaciones para la guardia. Lo que realmente impide que entren en funcionamiento los cupos carcelarios en las tres ciudades, ofreciendo las mínimas garantías requeridas para ocupar estos espacios, en especial en materia de vigilancia y control, es que no se cuenta con los equipos electrónicos para brindar seguridad. Tampoco se tiene lo necesario para la dotación de las celdas. Vale decir que las entregas de los pabellones se cumplieron sin que los procesos de contratación para adquirir los elementos solicitados estuvieran concluidos. Es más, según reconoció la propia Uspec a EL HERALDO, algunos elementos no están disponibles porque al ser importados y, debido a la crisis global de logística que ha ralentizado las entregas de productos, no ha sido factible recibirlos a tiempo. A eso se le añade que apenas se avanza en las obras físicas que aún faltan, según lo previsto en el cronograma. 

Entonces, ¿para qué inaugurar unos cascarones que no iban cumplir su propósito esencial de solventar cuanto antes la precaria situación de la población reclusa, a la que se le niegan posibilidades de rehabilitación y resocialización? ¿O es que les corría prisa para colgarse una medalla por cumplir con su deber de ejecutar metas comprometidas antes del fin del actual Gobierno? Todo este lamentable episodio, en sus distintas entregas –además calcadas– en Santa Marta, Cartagena y Barranquilla, deja un mal sabor. Por un lado, porque el hacinamiento carcelario es una muestra del fracaso de la política criminal del Estado, incapaz de tratar y prevenir de manera eficaz el delito. Frustración irresoluble que pesa sobre nuestra sociedad, a la que se le suma también el populismo punitivo y la crisis de la justicia penal con los que se intenta en vano encarar los crecientes problemas de seguridad enviando a todo el mundo a la cárcel. ¡Ni que existieran suficientes! 

Por otro, porque con inauguraciones que se quedan en un simple corte de cinta se envían mensajes equivocados que llenan de falsas expectativas a los reclusos y a sus desesperadas familias. Estas actuaciones de quienes integran el sistema penitenciario merecen ser revisadas. De no hacerlo, la desconfianza y animosidad hacia la justicia en general irán ganando terreno. 

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Editoriales

El Heraldo
Editorial

PAE a cuentagotas

Justo cuando comienza el cuarto mes del año en curso y dos meses después del inicio del calendario académico, de los siete departamentos de la región Caribe tres no han comenzado aún a ejecutar el Programa de Alimentación Escolar al que est

Leer
El Heraldo
Editorial

Inflación sin control

La decisión de la Junta Directiva del Banco de la República de subir las tasas de interés al 5 %, en un nuevo intento para contener la galopante inflación en el país, podría quedarse corta o ser insuficiente ante el alza de los precios que,

Leer
El Heraldo
Editorial

Seguridad: candidatos tienen la palabra

2021 no solo fue otro año violento en Colombia. Fue el más complejo, en términos humanitarios, del último lustro. Un tiempo realmente difícil, casi insufrible e insoportable, en el que el incremento de las acciones de los grupos armados no es

Leer
Ver más Editoriales
Editorial

El reto de la seguridad electoral ante la criminalidad

2022, crucial año electoral, está siendo también uno de los más difíciles en términos de criminalidad urbana y rural. Ad portas de la elección presidencial, distintos organismos piden al Gobierno nacional garantías de seguridad, igualdad y libertad para los votantes, todo un reto para las instituciones. 

Los más de 300 hechos de violencia que se presentaron en el reciente paro armado del Clan del Golfo en cerca de 180 municipios de 11 departamentos del país, buena parte de ellos en la Costa Caribe —con una enorme afectación entre sus comunidades— pusieron al descubierto o mejor, confirmaron el preocupante deterioro de la seguridad urbana y rural en Colombia. Sobre todo en zonas del Pacífico, en la frontera con Venezuela o en el sur de Córdoba y de Bolívar. Territorios sin dios ni ley en los que pese a los esfuerzos del Estado por contrarrestar la ofensiva de los ilegales, las dinámicas del conflicto o la reconfiguración de las distintas formas de criminalidad cobran casi a diario la vida de integrantes de la fuerza pública y, por supuesto, civiles, en especial de líderes sociales, políticos y comunales. 

Dolorosa realidad que no se puede esconder ni debería normalizarse porque es más que evidente su impacto en las frágiles condiciones de vida de quienes permanecen sometidos a las acciones delictivas y enfrentamientos del Clan del Golfo, el ELN o las disidencias de las Farc. Actores armados que se disputan el dominio de extensas áreas en las que imponen a sangre y fuego sus negocios ilícitos modelando escenarios de elevada conflictividad que se hacen aún más inestables en términos humanitarios cuando se incorporan las estrategias de la Fuerza Pública para contener el inaceptable avance de la ilegalidad. Este es el volátil contexto de seguridad en el que se celebrarán las elecciones presidenciales el domingo 29 de mayo, todo un reto para la institucionalidad que desplegará casi 300 mil soldados y policías para asegurar el proceso. 

Distintos informes coinciden en que se afrontan serias amenazas, principalmente del Clan del Golfo y del ELN, en regiones con factores de riesgo “extremo y alto” que vulnerarían los derechos humanos de sus habitantes. La Defensoría del Pueblo señala que la situación más crítica la afrontan 84 municipios de un total de 290, en los que existe fuerte influencia del narcotráfico, control social y territorial para expandir economías ilegales, luchas abiertas por el dominio de corredores estratégicos de movilidad, y una creciente violencia contra los liderazgos. Las razones del organismo para reclamar al Estado protección real y efectiva para la libre participación de los votantes son consistentes con los hechos allí registrados durante el periodo del calendario electoral (2021-2022), considerado el más violento de los últimos 12 años por la Misión de Observación Electoral (MOE). Otra de las entidades que demanda garantías adicionales para lo que queda de la campaña presidencial y los mismos comicios.

Cauca, Nariño y Chocó, en el Pacifico, al igual que Antioquia y Norte de Santander, este último en la porosa frontera con Venezuela, se encuentran en alerta permanente. Los paros ordenados por el Clan del Golfo o el ELN, así como la presencia de ‘los Pachenca’ en la Sierra Nevada de Santa Marta, incrementaron la alarma en Córdoba, Sucre, La Guajira y Magdalena en el último año. Hasta el punto de que en la Costa Caribe, son 15 los municipios que hoy concentran la atención especial de las autoridades, según le reveló el comandante de las Fuerzas Militares, general Luis Fernando Navarro, a EL HERALDO. Casi todos en el sur de Bolívar, particularmente Arenal, Cantagallo, Simití, San Pablo y Santa Rosa del Sur, donde son recurrentes los desplazamientos de sus poblaciones atrapadas en el fuego cruzado de las estructuras violentas arraigadas históricamente en esas tierras.

El sostenido aumento de la violencia, sobre todo en los puntos donde son frecuentes crímenes selectivos y masacres- enrareció el ambiente electoral de 2022, a diferencia del escenario de hace cuatro años. Un asunto que debería convertirse en prioridad para quienes aspiran a dirigir al país, del que también forma parte esa Colombia profunda —violentada, desplazada o confinada— que se siente huérfana de Estado. Ni la impunidad alrededor de los crímenes o agresiones contra los distintos liderazgos ambienta condiciones para unas elecciones en calma, ni la tendencia de subestimar o minimizar la situación de inseguridad ciudadana y criminalidad territorial desde las administraciones públicas las resolverá por sí solas. En consecuencia, resulta imprescindible que el Gobierno nacional garantice los derechos de todos los colombianos en condiciones de igualdad y libertad, adoptando —si se precisa— medidas excepcionales e investigando denuncias vinculadas con delitos electorales y demás hechos violentos que han empañado la actual campaña.

 

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Editoriales

El Heraldo
Editorial

PAE a cuentagotas

Justo cuando comienza el cuarto mes del año en curso y dos meses después del inicio del calendario académico, de los siete departamentos de la región Caribe tres no han comenzado aún a ejecutar el Programa de Alimentación Escolar al que est

Leer
El Heraldo
Editorial

Inflación sin control

La decisión de la Junta Directiva del Banco de la República de subir las tasas de interés al 5 %, en un nuevo intento para contener la galopante inflación en el país, podría quedarse corta o ser insuficiente ante el alza de los precios que,

Leer
El Heraldo
Editorial

Seguridad: candidatos tienen la palabra

2021 no solo fue otro año violento en Colombia. Fue el más complejo, en términos humanitarios, del último lustro. Un tiempo realmente difícil, casi insufrible e insoportable, en el que el incremento de las acciones de los grupos armados no es

Leer
Ver más Editoriales
Editorial

Estatuto Temporal de Protección: por una vida digna

Este 28 de mayo vence el primer plazo para que los venezolanos interesados en acceder al Estatuto Temporal de Protección comiencen a tramitarlo, si es que se encontraban en el país antes del 31 de enero de 2021. Una oportunidad excepcional para mejorar su calidad de vida y regularizar su situación. 

Los migrantes siguen siendo “presa fácil” de las infames redes de trata de personas, de esclavitud moderna, explotación sexual o laboral, y de reclutamiento forzado en la frontera colombo-venezolana. Este drama humanitario que padecen, principalmente, menores de edad y mujeres cruzando con sus hijos pequeños se ha agravado por una nueva presencia irregular, la de los ‘coyotes’, que se suma al accionar criminal de organizaciones armadas ilegales, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las Farc, el Frente Bolivariano de Liberación y la temible banda del vecino país conocida como el Tren de Aragua, que los “coaptan” para integrarlos a sus filas. 

La grave denuncia de la ONG venezolana Fundaredes alerta sobre la reinvención de la figura del ‘coyote’ en el peligroso corredor fronterizo Apure-Arauca, entre otros pasos irregulares, donde los traficantes de seres humanos “ofrecen sus servicios a los migrantes para trasladarlos hasta su destino”. Pese a que la economía del vecino país, tras años de catastróficas caídas, muestra incipientes signos de estabilización tras las reformas de libre mercado puestas en marcha por el régimen autoritario de Nicolás Maduro, la situación en general sigue siendo dramática. Contra todo pronóstico, el largo periodo de hiperinflación terminó, pero todavía miles de ciudadanos venezolanos continúan emigrando a Colombia. O lo que es lo mismo, escapando de insufribles condiciones socioeconómicas y de violencia que los aprisionan. 

El viacrucis de los migrantes, en particular de las mujeres, edita un nuevo episodio, luego de su llegada a Colombia. Al menos 11 han denunciado haber sido víctimas de abusos sexuales en carreteras de Norte de Santander en los últimos 15 días, mientras que casi 9 de cada 10 indica haber tenido serias dificultades para obtener un empleo remunerado. Dato alarmante por sí solo que se eleva a casi el 94 % cuando se trata de mayores de 55 años. Aunque más de la mitad de los venezolanos residente en el país dice que no ha sufrido discriminación de ningún sector de la sociedad, sí reconoce la falta de oportunidades laborales como la más importante barrera a vencer para mejorar sus ingresos mensuales, que en la actualidad oscilan entre los $700 mil y $1.000.000, de acuerdo con la encuesta Pulso de la Migración. 

Los inconvenientes reportados por la población migrante en la medición del Dane confirman la disfuncionalidad de nuestro mercado laboral caracterizado por altas tasas zde desocupación e informalidad, empleos precarios y protección social deficiente, que también afectan a millones de colombianos. Facilitar mecanismos adicionales, en los ámbitos público y privado, para lograr la integración socioeconómica de esta población asegurará su adecuada inclusión a la vida productiva de nuestro país, en tanto aportan con su trabajo al régimen de seguridad social. Por consiguiente, es necesario insistir en la eliminación de obstáculos que impidan su formalización en esta fase de reactivación pospandemia. 

Hasta ahora, más de 2 millones de ellos se han inscrito en el Registro Único de Migrantes Venezolanos, de los que 934 mil ya han recibido su Permiso de Protección Temporal, una tarjeta que los identifica como ciudadanos sujetos de derechos y deberes durante 10 años en Colombia. Gracias a este estatus migratorio regular podrán acceder a condiciones de vida digna. Vale la pena que se aproveche esta medida de alcance político, jurídico y humanitario que, por cierto, vence el próximo 28 de mayo para los migrantes irregulares que ingresaron al país antes del 31 de enero de 2021. 

La migración, un fenómeno de movilidad humana presionado por determinantes de distinta naturaleza, no conoce límites ni va a parar tras el fin del actual Gobierno. Si bien es cierto que el saliente ejecutivo de Iván Duque dio un paso histórico para gestionar la regularización de la población migrante venezolana, el entrante, independientemente de su color político u orientación ideológica, no debe dar pasos atrás. Prevenir la xenofobia que se legitima por causa de los discursos o mensajes discriminatorios de las autoridades; promover la integración socioeconómica, en particular la inclusión laboral del colectivo migrante de Venezuela y de otros países, y fortalecer la política migratoria frente a otros fenómenos de movilidad humana son acciones que deben ser parte de la agenda del próximo Ejecutivo, al que el saliente –pese a sus claroscuros en distintos temas– le ha dejado el listón bastante alto en esta materia.  

 

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Editoriales

El Heraldo
Editorial

PAE a cuentagotas

Justo cuando comienza el cuarto mes del año en curso y dos meses después del inicio del calendario académico, de los siete departamentos de la región Caribe tres no han comenzado aún a ejecutar el Programa de Alimentación Escolar al que est

Leer
El Heraldo
Editorial

Inflación sin control

La decisión de la Junta Directiva del Banco de la República de subir las tasas de interés al 5 %, en un nuevo intento para contener la galopante inflación en el país, podría quedarse corta o ser insuficiente ante el alza de los precios que,

Leer
El Heraldo
Editorial

Seguridad: candidatos tienen la palabra

2021 no solo fue otro año violento en Colombia. Fue el más complejo, en términos humanitarios, del último lustro. Un tiempo realmente difícil, casi insufrible e insoportable, en el que el incremento de las acciones de los grupos armados no es

Leer
Ver más Editoriales
Editorial

Una cuestión de confianza

Air-e vuelve a estar en el ojo del huracán por cortes de energía que causaron enorme malestar ciudadano. Claro que las obras son necesarias, la empresa está comprometida en mejorar la calidad del servicio que era más que pésimo. Pero, debe cuidar los detalles para no perder la confianza ganada.

La paciencia tiene un límite y a muchos clientes de Air-e, tras interminables horas de antipático sopor como consecuencia de sus apagones no anunciados con suficiente antelación ni explicados con el rigor necesario, se les ha agotado. Más de 30 mil usuarios, mal contadas 120 mil personas residentes en el norte de Barranquilla y el municipio de Puerto Colombia, padecieron durante tres días seguidos suspensiones diurnas y nocturnas del servicio de energía eléctrica debido a trabajos programados y extraordinarios en la subestación Las Flores. Desde el mismo domingo, cuando se iniciaron los cortes hasta la madrugada del miércoles, cuando se dieron por terminados, el malestar ciudadano fue escalando al nivel de máxima indignación por la ausencia de precisiones que les permitieran entender qué era lo que estaba pasando. 

Solo hasta ahora nos enteramos en detalle que fue lo que realmente sucedió. Un cambio de equipos que debía cumplirse en la subestación eléctrica, ciertamente una maniobra de extremo cuidado a tenor de quienes intervenían en ella y lo que estaba en juego, no solo no salió como se esperaba, sino que derivó en una emergencia que estuvo a punto de hacer colapsar todo el sistema. Los componentes alternos instalados el domingo no funcionaron de acuerdo con lo planeado. Ante este panorama, se debió intervenir de urgencia durante dos noches-madrugadas consecutivas, hasta que al final se tuvo que dejar todo como estaba al principio. Es lo que ha dicho de manera pública en las últimas horas el gerente de Air-e, John Jairo Toro, quien también ofreció excusas por la imposibilidad de normalizar el servicio según lo previsto. Nobleza obliga.

Por supuesto que se hace necesario, inclusive resulta imprescindible, renovar equipos arcaicos o vetustos con más de medio siglo de uso que amenazan con sacar la mano en cualquier momento. Es más, Air-e ha venido realizando y entregando obras como parte de sus compromisos de mejoramiento de calidad del servicio en el que esperan invertir 2,5 billones de pesos en los cinco primeros años de su operación en Atlántico, Magdalena y La Guajira. De lo contrario, queda claro que no será factible superar en el mediano plazo el calamitoso rezago de infraestructura que arrastra el sistema energético de la región luego de años de desidia y abandono de los anteriores operadores, todos de nefasta recordación por ser incapaces de honrar lo que pactaron. Lo que causó desconcierto entre la ciudadanía, frente a este episodio puntual y lo cual es totalmente comprensible, es que no se hubiera profundizado con claridad y transparencia en el origen de lo que perturbaba tanto su tranquilidad. No se puede dejar ningún hilo suelto en una gran crisis.

18 meses después del inicio de labores, la compañía debería tener ya bastante claro que el tema energético, un asunto de la mayor sensibilidad en Barranquilla y el resto de la Costa signado por la desconfianza, demanda un tratamiento escrupuloso. Todo lo que gire alrededor de este servicio, su prestación o las tarifas, es un factor de tensión social que revela cansancio, además de preocupación, cada vez que se aborda. No existen soluciones fáciles ni rápidas a un problema que ha envejecido tan mal y al que también se le suma la inaceptable actitud de los defraudadores de energía que raya en el cinismo cuando se trata de grandes empresas o familias acaudaladas. Desde luego que se necesitan las obras, mantenimientos preventivos o programados, cambios de redes, transformadores y equipos. ¿Cómo mitigar su impacto? Es un debate que debe darse, y cuanto antes mejor porque aunque Air-e insista en que el domingo es el día ideal para reducir la afectación en el sector productivo, el tema tiene tanto de largo como de ancho. 

También urge retomar otro debate, no menos complejo ni polémico, para que la Costa le exija al Estado colombiano que asuma el incremento tarifario autorizado por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) a los actuales operadores de energía, que según el Distrito se sitúa “en 33 % desde junio de 2021”. Algo que requerirá de una concertación en términos legales, regulatorios y económicos que sin falta debería ser presentada por los alcaldes y gobernadores del Caribe al próximo Gobierno, sea cual fuere. La relación de desencuentro entre los usuarios con el servicio de energía, absolutamente esencial en una región como la nuestra, tiene que ser superada o mejor, sanada. El Estado que durante años se hizo el de la vista gorda frente a los atropellos y maltratos a los que se sometía a los ciudadanos por parte de Electricaribe y sus antecesores no puede esquivar sus responsabilidades en este asunto, por más incómodo que sea.

 

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Editoriales

El Heraldo
Editorial

PAE a cuentagotas

Justo cuando comienza el cuarto mes del año en curso y dos meses después del inicio del calendario académico, de los siete departamentos de la región Caribe tres no han comenzado aún a ejecutar el Programa de Alimentación Escolar al que est

Leer
El Heraldo
Editorial

Inflación sin control

La decisión de la Junta Directiva del Banco de la República de subir las tasas de interés al 5 %, en un nuevo intento para contener la galopante inflación en el país, podría quedarse corta o ser insuficiente ante el alza de los precios que,

Leer
El Heraldo
Editorial

Seguridad: candidatos tienen la palabra

2021 no solo fue otro año violento en Colombia. Fue el más complejo, en términos humanitarios, del último lustro. Un tiempo realmente difícil, casi insufrible e insoportable, en el que el incremento de las acciones de los grupos armados no es

Leer
Ver más Editoriales

Páginas

DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1. Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2. Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3. EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4. Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.