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Editorial

El Editorial | Humanidad frente a los dilemas

La cercanía de la muerte, debido a la pandemia, está provocando una serie de debates bioéticos, morales y hasta legales que llevan a distintos sectores de la sociedad a cuestionarse.

La pandemia de coronavirus está planteando dilemas bioéticos y morales de enorme envergadura, propios de una situación límite como la que hoy está viviendo la humanidad. Confrontarse con la muerte siempre será un asunto extremadamente complejo, que podría arrastrar a muchos a perder la cabeza y a equivocarse, aunque está claro que no hay decisiones perfectas, y menos ahora, cuando se está frente a una nueva realidad social tan desconocida.

¿Es legal que una persona incluya en su hoja de vida información sobre si está inmunizada contra la COVID-19 o que un empleador le pregunte si ha tenido el virus para decidir contratarlo? Preguntas que podrían generar hoy un intenso debate entre los expertos en derecho laboral, pero que hasta hace unos meses, no se hubieran planteado de esta forma en relación con otras enfermedades a la hora de buscar trabajo.

Muchos dirán que la crisis lo ha cambiado todo, pero ¿también esto? Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad de España, donde el coronavirus se ha cobrado la vida de 28 mil personas y acumula más de 235 mil contagios, fue cuestionado, en una comparecencia pública, acerca de esta posibilidad.

¿Un dilema legal o moral? Esa es la cuestión y se vuelve a caer en lo mismo, en una forma de discriminación de las personas que, en este caso y si están buscando trabajo, es porque ya están sanas luego de haber superado la enfermedad y no tendrían que arrastrar el sambenito de haber sido diagnosticadas como COVID positivas.

Si prospera semejante disparate, se estará frente a una detestable forma de revictimización, una más, que no se puede consentir bajo ninguna circunstancia en el escenario laboral que sea. Otro de los desafíos éticos que sorprendió al mundo está relacionado con los profesionales de la salud, muchos de los cuales han resultado extremadamente afectados luego de tener que decidir acerca del ‘último ventilador’.

No se trata de ciencia ficción. Esta situación excepcional se repitió en los momentos más álgidos de la pandemia en países, como la misma España e Italia, donde el personal sanitario se vio obligado a priorizar en la asignación de recursos que resultaron insuficientes, entre ellos las camas de UCI y respiradores, para atender a los pacientes más críticos.

Elecciones trágicas que pusieron en jaque a mujeres y hombres, la última esperanza de los pacientes, que se han dedicado a salvar vidas y no a seleccionarlas basándose en criterios de edad, discapacidad o utilidad social. Luego de esta catástrofe vivida en Europa, países de América Latina, nuevo foco de la pandemia, están avanzando en el desarrollo de protocolos para ayudar a resolver los conflictos éticos por el eventual colapso del sistema de salud.

Países como Chile, han definido un criterio que establece, palabras más, palabras menos, que la última cama debe tenerla “el paciente para quien la UCI sea la opción más apropiada…” y fi ja una serie de factores de riesgo a considerar para “definir los esfuerzos terapéuticos y el apoyo tecnológico a aportar a cada paciente”.

Por muchos protocolos y manuales que existan, siempre estará la angustia, la ansiedad y la incertidumbre del personal sanitario interpelado a atender pacientes de COVID-19, muchas veces sin contar con los elementos de bioseguridad adecuados, y además presionados para tomar decisiones que los arrinconen de tal manera que terminen pasando por encima de sus conciencias.

¿Qué debe prevalecer en ese momento de profunda contradicción? Dilemas éticos propios de los profesionales de la salud, pero que también alcanzan hoy a las familias que ya están afrontando la muerte de sus seres queridos desde la distancia, sin la posibilidad de despedirse de ellos ni prestarles asistencia espiritual o religiosa, dependiendo de sus creencias.

Muchas veces, están siendo cremados por razones de seguridad sanitaria, porque así lo establece el protocolo, sin que se conozca un diagnostico lo que hace aún más gravoso su complejo duelo, especialmente en el caso de las comunidades indígenas que se resisten a aceptar esta normativa, que va en contravía de sus tradiciones ancestrales. La muerte en primera línea que plantea cuáles deben ser las prioridades en estas y otras situaciones límite, de las que antes nadie se ocupaba como ahora.

Qué se antepone, ¿la ética o la eficiencia? Un debate abierto que requiere enormes dosis de entendimiento y humanidad.

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La tutela de Arias

La Corte Constitucional concedió una tutela a favor de Andrés Felipe Arias y amparó su derecho a impugnar la sentencia condenatoria que emitiera en su contra la Sala Penal de la Suprema.

En Colombia, casi todos los ciudadanos han tenido derecho a que un juez superior revise la sentencia condenatoria que se emita contra ellos en una primera instancia.  Sin embargo, se había excluido de la posibilidad de acudir a una segunda instancia a los aforados, aquellos que tienen un fuero especial en razón de los cargos que desempeñaban en el momento en que habrían ocurrido los hechos.

Fue por su calidad de Ministro que Arias fue juzgado en una única instancia por la Corte. Esa regla de única instancia para aforados no tuvo una aplicación tranquila. Fueron muchas las controversias originadas en ella, en particular porque violaba lo establecido

en la Convención America de Derechos Humanos y en el Pacto de Derecho Civiles y Políticos que establecen, con meridiana claridad, el derecho a la doble instancia cuando hay condena penal, como una garantía judicial que asegura el debido proceso, sin excepciones de ningún tipo. La Suprema debió hacer y no hizo un control de convencionalidad y una interpretación armónica y sistemática del texto constitucional y de los tratados.

Como resultado del debate, el Congreso aprobó, en el 2018, un acto legislativo por medio del cual se implementaron los derechos a la doble instancia en todos los casos, incluso para aforados. Pero los aforados condenados antes de ese acto legislativo quedaron en un limbo aparente. Por eso fue que la Constitucional estudió y resolvió la tutela a favor de Arias. Sostuvo que Arias sí tenía derecho a impugnar su sentencia y ordenó a la Suprema constituir una sala para que pueda hacerlo.

Esa sala debe constituirse con magistrados que no se hayan pronunciado sobre el caso ni por sus subordinados. La sala que debe decidir la impugnación debe ser independiente e imparcial y no veo cómo podrá serlo si la integrara alguno de los miembros de la Suprema actual. La tutela de la Constitucional no se pronuncia sobre el fondo de la sentencia y el hecho de que el exministro pueda impugnarla no significa que la sala que revise vaya a declararlo inocente o a rebajar su pena.

La segunda instancia puede confirmar la sentencia o revocarla. Finalmente, aunque las tutelas son interpartes, con este precedente los otros condenados en única instancia podrían pedir que también se les reconozca su derecho a impugnar.

La Constitucional abrió esa puerta a los aforados condenados por la Suprema en única instancia entre enero de 2014 y enero de 2018. No hay razón jurídica para no haberlas abierto a todos los condenados en única instancia desde 1991, pero así lo decidió la Corte. 38 ciudadanos más, dice la prensa, estarían en esa situación.

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Espiritualidad y reinvención

Entiendo la espiritualidad como la capacidad que tenemos los humanos de trascender, de ir más allá de lo material, de buscarle sentido a nuestras acciones y a nuestra propia historia.

Es la búsqueda del infinito. La espiritualidad está relacionada con la serenidad, tranquilidad, paz interior, comunión entre los hermanos y con estos valores que le permiten al hombre entenderse como un ser llamado a salir de sí mismo, a interactuar con el medio y con otros hombres, a no encasillarse en la inmediatez o en lo inmanente; esta capacidad de abstraerse y establecer relaciones trascendentes con lo “otro” le permite proyectarse con éxito en la vida. Ella es una dimensión humana, esto es, todos los hombres tienen esta capacidad en tanto humanos, y así son espirituales en menor o mayor grado, sean o no confesionales, vivan o no en medio de una experiencia religiosa.

Son muchas las dinámicas antropológicas que atestiguan ese trascender, ese ir más allá en los humanos. Por ejemplo, la comunicación, en cuanto esfuerzo cotidiano por transgredir los límites de la conciencia y abrirse al otro y de captarlo, comprenderlo; el amor como experiencia de querer ser uno cuando se son dos; de trascender a la misma muerte que se presenta como una constante invitación a proyectarnos y a negarnos a la nada y al olvido. La experiencia espiritual nos pone en terreno de las preguntas fundamentales de la vida y, a partir de ella, es desde donde podemos responderlas.

Preguntas tales como ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el sentido del universo? ¿Qué podemos esperar más allá de esta vida? Se responden desde el ejercicio espiritual. Si hay un momento propicio para ser espirituales es este en el que estamos. Un virus que nos ha confinado a casa y nos invita a relacionarnos de una manera diferente. Un virus –que gústenos o no la palabra- nos impone reinventarnos.

No hay opción, tienes que cambiar. Cambiar prácticas, rutinas, valores, proyectos y sobre todo entender qué es lo esencial en tu vida y qué papel tienen los otros en tus opciones de vida. Esto será peor si no somos capaces de rehacer muchas de nuestras empresas existenciales.

Si seguimos viviendo desde el egoísmo, la egolatría y el egocentrismo seguro sufriremos mucho más y no podremos salir adelante. Y creo que solo es posible reinventarnos si somos capaces de vivir espiritualmente. No hay una verdadera acción creadora en el ser humano sino es desde la conciencia más profunda de su ser, de sus posibilidades, de los valores que lo definen… y eso solo es posible si entra en su interior, en la profundidad de su corazón; si es capaz de acallar todo los ruidos exteriores, distanciarse de las presiones del contexto, estar firme ante los empujones de las demás realidades y encontrarse auténticamente con su yo, dándose cuenta de lo que quiere hacer y si tiene la fuerza para hacerlo.

Eso –consciente o no, intencional o no- es una experiencia espiritual. Hay que dejar a un lado las manifestaciones de superioridad moral que ocasiona cumplir algunas normas religiosas. Abandonar esa actitud de juez implacable que te hace creer mejor que los otros y que solo expresa tus inseguridades. Renunciar a esa actitud culpógena que no te deja disfrutar nada. Hay que reinventarse desde una verdadera experiencia espiritual.

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¿Listo para cambiar?

Al estudiar la obra de John Maxwell, la máxima autoridad en el mundo del liderazgo, comprendí mejor la relación entre obstáculos y oportunidades, de la cual ya tenía nociones. Más tarde, la vida nos juntó a ambos en proyectos de formación y pude continuar aprendiendo, constatando y compartiendo sus enseñanzas.

Con un lenguaje directo y empoderador, Maxwell nos recuerda que la tentación de todos es enfocarnos en cambiar las circunstancias. Sin embargo, en realidad, debemos enfocarnos en cambiar nosotros mismos.

Por ejemplo, en medio del COVID-19, que dejará a su paso un mundo completamente distinto, muchas personas están concentradas en el mundo exterior, en lugar de trabajar en su mundo interior. Ahora, como en cualquier escenario de grandes obstáculos, lo que realmente necesitamos cambiar es nuestra manera de pensar. Si pensamos correctamente, todo lo demás se desarrollará correctamente.

Hoy recuerdo a Maxwell por la extraordinaria vigencia de sus ideas. Uno de los cursos online más populares de nuestra plataforma www.Cala.Academy es precisamente el que compartimos John y yo, bajo el nombre de "Convirtiendo obstáculos en oportunidades". Solo en Estados Unidos, la pandemia ha destruido unos 36 millones de empleos. Muchos afectados reciben un subsidio temporal, que apenas les permite sobrevivir, pero, ¿cómo van a transformar su realidad? Ahora lo urgente es cambiar para la etapa que viene.

Cambiar nosotros. Los expertos en recursos humanos consideran que los perfiles más necesarios en la era post COVID-19 estarán en las áreas de transformación digital, nuevos negocios y ciberseguridad, entre otros. Todos ellos precisan de formación altamente calificada. ¿Nos hemos preparado para asumir el reto? ¿Estamos en el camino? Hay también otros empleos en los que podrán insertarse millones de personas.

Por ejemplo, un ranking de la multinacional Adecco estima que los 15 perfiles más demandados durante la crisis, y que seguirán siendo importantes en el futuro, son personal de almacén y reparto, cajeros, operarios de fábrica, personal de atención al cliente o colectividades, personal sanitario especializado y perfiles IT ante la generalización del trabajo desde los hogares… No existe profesión u oficio pequeño, sino actitud, destreza y crecimiento en cualquier esquina donde queramos realizarnos y aportar.

Eso sí, Adecco recuerda que todos los perfiles requieren mentalidad de adaptación al cambio, trabajo en equipo y capacidad de aprendizaje, debido al entorno tan cambiante en el que desarrollan sus funciones. Afuera, las circunstancias seguirán siendo difíciles. ¿Estás listo para cambiar?

www.Cala.Academy @cala

emprendimiento - Liderazgo - opinión -

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La vida sigue

Nos contagiemos o no del virus de la pandemia actual, la vida va a seguir.

Las noticias de la salud personal serán buenas o malas a partir de lo que nos suceda en los próximos meses, o años quizás. En otras pestes, de tantas que han sucedido en la historia humana, ha habido individuos que no se han doblegado a lo que puede tomarse como una fatalidad sino que se han superado –¡y de qué manera!- a través de sus creaciones. Shakespeare y Newton son ejemplos de lo que puede lograr el ser humano, pese a la adversidad de una plaga, que es uno de los peores males que puedan sufrirse cuando el enfermo es toda la humanidad, la especie, el mundo entero, del que uno hace parte ineludible. No hay salida. Ni siquiera de emergencia.

La peste es la emergencia misma. Shakespeare no le dedicó ninguna de sus grandiosas tragedias. Y eso que unos meses después de su bautismo, el vicario de la localidad anotó en el mismo libro de registros, a propósito de otro niño, que la peste acababa de empezar.

Nació bajo el signo de la plaga bubónica, pero ésta no fue un tema de sus obras en los rebrotes intermitentes que tuvo entre los años de 1582 y 1609. Por el contrario, en pleno confinamiento, y durante el tiempo en el que el teatro que presentaba sus piezas teatrales duró cerrado, -unos nueve meses-, escribió tres de las mejores obras como son Macbeth, El Rey Lear, Antonio y Cleopatra.

Hay una mención a la peste en Romeo y Julieta debido a que ambos mueren sin tener noticia de la carta que un fraile les llevaba a Verona y que no pudo entregarles a tiempo por las restricciones de la cuarentena impuesta en el norte de Italia. Uno tiene la impresión de que el dramaturgo estaba embebido en su creación, por encima de las circunstancias. Isaac Newton concibió la ley de la gravitación universal en pleno despliegue de la Gran Peste, último rebrote de la bubónica durante los años de 1665- 1666.

La plaga cobró 100 mil vidas en Inglaterra y más de una quinta parte de la población de Londres. La gente moría en las calles, la pestilencia era espantosa, el deficiente sistema de alcantarillado londinense no ayudaba en nada a mejorar las condiciones de vida de la población infectada. Newton vivió ese tiempo confinado a 172 km de la capital y fue ahí, cuando todo predisponía a la des- motivación, donde realizó la gran transformación, -si no la mayor- de una de las más importantes leyes de la física. Uno se asombra de lo que hace que los seres humanos puedan llegar a alcanzar sus más grandes logros en condiciones tan funestas, como las que estamos viviendo bajo la actual pandemia.

Con uno, o sin contar con uno, la vida va a seguir. Sin estar obligado a ser un genio o inventor universal, se puede dejar una huella en esa otra historia del árbol familiar como el abuelo o pariente que impulsó una obra social, que le dio vida a una empresa, que creó una obra del espíritu y de la cultura, y no solo como el antepasado que le tocó vivir una época de penosa recordación en el futuro.

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Enfoque de crisis

Si la brecha de género en tiempos de normalidad es aterradora, lo que se vendrá con la crisis económica derivada del COVID-19 podría llevar a resultados aún más desalentadores.

En el mercado laboral la desigualdad entre hombres y mujeres ha sido un factor histórico; en el último año según estadísticas del DANE las mujeres están 22 puntos porcentuales por debajo en la tasa de ocupación de hombres en Colombia.

Las dificultades que enfrentan las mujeres en el marco de esta crisis se materializan en múltiples dimensiones que van desde lo laboral hasta lo familiar. Si bien las instituciones han implementado medidas para apoyar a las mujeres en situaciones de violencia intrafamiliar, lo cierto es que se deben adoptar políticas que vayan más allá de líneas de atención y aborden la crisis con un enfoque de género.

Del 45.9% de la tasa ocupación nacional que representan las mujeres, un 33.4% corresponde a trabajos en comercio, hoteles y restaurantes, lo que se traduce en que uno de los sectores más afectados por la coyuntura actual es en el que mayor participación tiene este género.

Del análisis de estas cifras se desprende la necesidad de establecer políticas especiales para apoyar a la mujer y su capacidad de trabajo en tiempos de COVID-19, medidas que deben ir desde estímulos financieros, hasta programas de formalización del empleo que respondan a la realidad de miles de mujeres en Colombia que por razones económicas, sociales y culturales han tenido que soportar una carga de labores domésticas superior a la de los hombres.

Las políticas de ingreso solidario, devolución del IVA, Colombia está contigo y mecanismo de protección al cesante, si bien apoyan globalmente a sectores de la población económicamente más vulnerables, lo cierto es que carecen de criterios orientadores para su implementación efectiva en términos de enfoque de género.

El desconocimiento de los derechos de la mujer se ha visto históricamente vinculado a la capacidad de generar ingresos y tener oportunidades de independencia, que además de llevar a que nuestro género se enfrente a carencias de poder en el sector público y privado, se traduce en la imposibilidad de desarrollo humano en los términos de Amartya Sen, esto es, la falta de oportunidades económicas como obstáculo para el ejercicio de las libertades fundamentales.

El escenario actual da lugar a que se generen sinergias entre las instituciones, y entre éstas y la sociedad civil, para la búsqueda de soluciones en el desarrollo de programas con enfoque diferencial, en los que las mujeres tengan incidencia política directa. Esta iniciativa articulada podría gestarse entre el Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio del Trabajo y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, de la mano de organizaciones sociales de mujeres en el país.

@tatidangond

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El ocaso de una difamadora

Cecilia Orozco Tascón pertenece a ese grupo de comunicadores colombianos que hace años dejaron de ser periodistas (si es que alguna vez lo fueron), para convertirse en rabiosos y virulentos defensores, primero, de sus intereses, y, segundo, de manidas ideologías que promueven la anarquía, el caos y la desinstitucionalización.

Para la señora Orozco y muchos de sus colegas de horda (entre los que hay “roscones enclosetados”, hijos repudiados, drogadictos compulsivos, seres traumados, depresivos insufribles y gentes sin amor), la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. La visión retorcida y siniestra de la realidad es una aberración recurrente en personas que no conciben el mundo más allá de sus prevenciones, tormentos, resentimientos, odios y frustraciones. Eso, ciertamente, no es periodismo. Y, como es la maldad la que marca la pauta, las noticias falsas están a la orden del día, sin importar a quién se lleven por delante con sus tropelías. Que viva el escándalo; lo correcto puede esperar.

Doña Cecilia se camufla de opinadora para hacer activismo político, denigrando incluso del legítimo ejercicio de la profesión de abogado (criminalizando a los que afortunadamente no pensamos como ella), olvidando que la ética de un defensor está directamente relacionada con atender las causas para las cuales sea requerido, sin hacer juicios de valor, mientras que un periodista no puede dejar de ser objetivo, ponderado y equilibrado, sin faltar a los preceptos deontológicos de dicho oficio.

Desde el moribundo noticiero que dirige y a través de una columna semanal, Cecilia Orozco escupe miserias y mala fe a cántaros: se ha vuelto experta en lo que hoy se conoce como fake news, con énfasis en el presidente Uribe (con quien delira) y contra todos los que somos cercanos al Gran Colombiano. Sin el menor asomo de arrepentimiento, cual psicópata incurable, ha montado cientos de “falsos positivos” que, con el paso del tiempo y la intervención de la justicia, se caen por completo. Dijo que la esposa de Jorge Pretelt desplazó forzosamente a campesinos, aupó el montaje del hacker Sepúlveda, inventó que Néstor Humberto Martínez era un envenenador, cada vez que puede le arma “pasteles” a la Fuerza Pública, incriminó en seguimientos ilegales a Rafael Nieto y muchas falacias más. No hay espacio para documentar tantos desafueros. Los últimos tiros fueron contra mí, acusándome de actuaciones que han sido decantadas por la justicia y sobre las que existe plena prueba a favor del suscrito. Cuando ella se siente ofendida, denuncia; pero si alguien hace lo propio, por cuenta de sus calumnias, es porque se le quiere censurar. No pretendo que se calle; me conformo con que deje de mentir.

Un abogado puede representar a cualquier persona (los tratados internacionales y la Constitución lo permiten); pero le queda muy mal a quien dice ser independiente e impoluta fungir como “defensora de oficio” de Ernesto Samper, Eduardo Montealegre, Roy Barreras, Juan Manuel Santos, Jesús Santrich y tantas otras alimañas de izquierda y representantes “eximios” de la corrupción, a los que la señora Orozco lleva años lavándoles la cara y blanqueándoles sepulcros. ¿Por cierto, qué pasó con el bochinche que armó por la muerte de su conductor personal? Calladita, ¿no? ¿Y las becas en Cuba?

Urgen dos reformas legales en Colombia: 1. Prohibir la pauta oficial. Con eso los palangristas dejan de apoyar gobiernos corruptos, como el de Santos, y se les acaban las razones para atacar gobiernos decentes, como el de Duque. 2. Un estatuto antidifamación. Un proceso civil expedito y especial que le quite las tres cositas que puedan tener los que falsifican noticias, para acabar honras.

Cecilia Orozco es una mala persona, por tanto no puede ser buena periodista. Vive llena de rabia y desdicha, y la soledad que padece no es que ayude mucho. Quien está atormentado consigo mismo no puede proveer nada bueno a los demás. La ira y la infelicidad son mayores hoy día, al saber que las redes sociales le han quitado el monopolio de la manipulación y su noticiero tiene menos rating que televentas de la madrugada.

A la señora Orozco se le cayó la máscara y le pasó su tiempo.

La ñapa I: De sus difamadores nadie se acordará en unos años; en cambio, Álvaro Uribe quedará inscrito para siempre en las páginas de la historia, como el mejor presidente que ha tenido Colombia.

La ñapa II: Silvia Gette fue llamada a juicio por el asesinato de Fernando Cepeda. Siempre la tuve clara. Hoy, la segunda instancia revoca una decisión de primera instancia que desfavorecía los intereses de las víctimas. Se está haciendo justicia, y eso es lo único que importa.

Columna de opinión - Columnista - opinión -

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Cinco ideas

Por razones de trabajo, hace 25 días, tuve que trasladarme desde Bogotá a varias zonas agrícolas y ganaderas de la región Caribe.

Las lluvias y los calendarios de siembras no saben de trámites, y si el crédito no le llega a tiempo los productores del campo pueden ver frustrados sus proyectos productivos.

En este recorrido tuve la oportunidad de charlar con varios empresarios del campo y constatar en sus fincas lo difícil que es desarrollar un proyecto productivo rentable en este país. Me impresionó mucho el estado tan crítico de las vías terciarias, la escasa cobertura de servicios públicos y la poca infraestructura de canales y presas para sistemas de riego, factores que pesan mucho en la rentabilidad de los agronegocios.

En las Unidades Agrícolas Familiares, la situación es más complicada. La ausencia de las entidades pública y gremiales en materia de emprendimiento rural, transferencia tecnologías y conocimientos, control fitosanitario y crédito agropecuario, en total. En esta economía familiar campea la ineficiencia, la informalidad y la pobreza. De 10 campesinos que entrevisté, 9 me confesaron que nunca habían recibido una visita de un funcionario de la Umatas, ICA, Agrosavia, Finagro, Banco Agrario, la Agencia de Desarrollo Rural o la Agencia Nacional de Tierras. Hubo uno que me respondió que a ellos “hasta la muerte les llega tarde”.

Este es el ejercicio que deberían hacer los funcionarios públicos y el club de bibliotecarios del agro de Bogotá, que viven haciendo diagnósticos trasnochados y tratamientos demagógicos al agro. Cuando uno revisa los actuales instrumentos o programas de ayudas para el campo colombiano, encuentra que el 95% no llega a las fincas de estos pequeños y medianos productores del campo que trabajan a cielo abierto los 365 días del año. Son los únicos que no pararon de trabajar en esta sesentena.

Con este nuevo panorama fiscal, no nos queda otra alternativa que cambiar este ineficiente modelo paternalista de producción agropecuaria, donde más del 70% de los recursos del presupuesto público asignado al sector agropecuario se esfuma en manos de la burocracia y la corrupción. El agobiado sector rural está exigiendo soluciones de verdad, que bajen al productor del campo y que sean perdurables en el tiempo.

Se trata, en un lenguaje práctico y sencillo, tomar decisiones de fondo que garanticen en primer lugar, la seguridad jurídica de la tenencia de la propiedad rural. En inaudito que este país, de cada 100 productores del campo, 54 no tengan sus títulos al día. Las amnistías fiscales y jurídicas deben ser también para los pobres. En segundo lugar, destinar por menos el 30% del presupuesto de inversión en construcción de presas y canales, para fomentar la inversión en sistemas de riego en zonas de mayor sequía.

En tercer lugar, direccionar todos los subsidios e incentivos de tasa de interés, cobertura de precio y seguro agrícola, a productores del campo integrados a una cadena productiva, para promover la formalidad en el sector primario. En cuarto lugar, tercerizar la asistencia técnica a la agroindustria y el agrocomercio; y en quinto lugar, ampliar el sistema de crédito de redescuento Finagro, a los clúster agroindustriales con respaldo de garantía soberana del 80%.

*Experto en financiamiento agropecuario

Agro - Columnista - opinión -

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Opinión

Escachó, histeria, frabulloso

Lo que preguntan por ahí.

P.:¿Por qué cuando alguien se equivoca se dice “se escachó”? Carlos Mazeneth, Manizales

R.: Escachar es deformación de descachar. No tiene que ver con cachas de revólveres o de cuchillos, sino con el verbo cachar, del inglés to catch ‘aparar, atrapar’, es decir, coger al vuelo un objeto lanzado, como ocurre en el béisbol con el cácher o receptor, que continuamente apara o atrapa la bola que le lanza el pícher. En algunos países se dice que el receptor cachó o agarró la pelota, pero cuando ese receptor comete un pasból (passed ball), esto es, cuando se le escapa la bola, se dice que se descachó. Es lo mismo cuando se expone algo erudito o difícil y una persona lo cacha, o sea, lo capta, lo entiende. Si no lo logra, si no lo pilla, si no lo comprende está escachado. Por asociación, un sujeto se escacha cuando hace un comentario imprudente o no atina en algo o se pifi a al tacar la bola en el billar o al patear el balón.

P.: ¿Por qué la histeria se asociaba a las mujeres? Ricardo Camerano, B/quilla

R.: Porque viene del griego hysterás ‘matriz’, aunque desde los años cincuenta no se considera exclusiva de las mujeres. Se manifi esta con ahogos, calores, histrionismo, gritos, llantos, risas, parálisis, espasmos, excitación, paroxismo… Egipcios y griegos creían que la matriz se movía por el cuerpo, lo que generaba estas crisis, sobre todo en solteras. En el siglo XIX, la histeria se atribuía a trastornos hereditarios, a alteraciones de la conciencia, a impresiones negativas o a mimesis o imitación (en Colombia, hace poco, jóvenes vacunadas contra el papiloma se desmayaban por pura imitación). La histeria fue clave en el desarrollo de la teoría psicoanalítica, que la atribuyó a traumas sexuales no resueltos. Uno de los tratamientos consistía en la estimulación manual del clítoris por parte del médico hasta cuando la paciente alcanzaba el alivio procurado por el clímax.

P.: ¿Qué significa y cuándo se usa la palabra frabulloso? María Bernarda Campo, B/quilla

R.: Frabulloso es una de las muchas traducciones de frabjous, palabra inglesa inventada por Lewis Carroll, presente en su poema Jabberwocky, incluido al comienzo de su novela Alicia a través del espejo, continuación de Alicia en el país de las maravillas. Es un poema de estructura, sintaxis y ritmo correctos en inglés, pero con una peculiaridad: es incomprensible. Por estar lleno de términos fusionados o inventados, de elementos léxicos ingleses revueltos y de juegos de palabras causa problemas a los traductores. Algunos han vertido frabjous al español como alegre, feliz, jubiloso, pero también, dentro de la lógica de fantasía y disparate que entraña el poema, como carcajante, fragarante y frabulloso. Esta última voz no significa nada porque frabjous no significa nada. En propagandas y en teatro y jergas juveniles, siempre por reflejo, se emplea frabulloso con el sentido de fabuloso; por ejemplo, frabjous day sería ‘día fabuloso o especial’.

edavila437@gmail.com

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