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Opinión

El futuro médico

He vuelto a la docencia en medicina después de un largo período y me encuentro con algo a lo que debo adaptarme a las carreras porque se nos vino encima una cuarentena que nos obliga a clases virtuales.

Hay cuatro pilares sobre los cuales se fundamenta la medicina y que han hecho de ella lo que es, desde mucho antes de inventar todas las herramientas actuales para diagnosticar la enfermedad, ellos son: Observación, Palpación, Percusión, Auscultación. Es el arsenal básico del médico con el que puede hacer un diagnóstico presuntivo o definitivo de cualquier enfermedad y nació como producto de la interacción entre aquellas personas que se dedican a estudiar el cuerpo humano sano y enfermo y aquellas que tienen una dolencia.

Para ser médico se debe aprender la dinámica de los cuatro con el fin de detectar dónde se origina un síntoma, porque están en el cuerpo y no en el aire, es el cuerpo el que los muestra; por tanto, todo médico debe tener un entrenamiento especial en esas cuatro instancias para responder por la vida de los pacientes después de revisarlo en dichos dominios. Eso sólo se puede aprender con el paciente en vivo y en directo, no hay otra forma, por eso es que Google no sabe medicina, porque no ve al paciente, no lo toca, no lo percute, no le pone la oreja para escuchar su sonido interior; más aún, el médico debe estar entrenado en olores para diferenciar, por ejemplo, el aroma dulzón a manzanas dañadas del diabético.

He vuelto a la docencia en medicina después de un largo período y me encuentro con algo a lo que debo adaptarme a las carreras porque se nos vino encima una cuarentena que nos obliga a clases virtuales. Lo cual me ha llevado a una gran preocupación cuando me pregunto dónde y cuándo van a poner en práctica los cuatro cimientos de la medicina si no hay pacientes ni hospitales en un momento en que, los que están rotando por las distintas especialidades, deberían estar en hospitales hablando, manoseando, oliendo, percutiendo, auscultando a los pacientes.

Es un asunto supremamente delicado, no sólo por lo que significa un médico sin ese entrenamiento en la cabeza, no va a diagnosticar nada y dependerá de un aparato que le haga el diagnóstico y le diga lo que debe recetar; sino, también, por todo lo que representa a nivel de costos para la universidad y para la familia. Muchos padres se están preguntando si se justifica inscribirlos para el próximo semestre y muchos estudiantes ven su carrera en un limbo que parece no tener fin.

¿Cómo vamos a hacer para llenar ese gran vacío que se está presentando en la formación de nuestros futuros médicos, de los que nos van a atender más adelante cuando nos enfermemos o se enferme un familiar?

Cuando pase la pandemia, ¿en qué condiciones regresarán los estudiantes de medicina a hospitales y clínicas?, ¿qué condiciones tendrán los hospitales para recibirlos? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que se “normalice la vida académica” en sus respectivos sitios de entrenamiento? ¿Serán los mismos profesores?

Me cuestiono yo mismo qué tipo de médico estoy ayudando a formar.

haroldomartinez@hotmail.com

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Opinión

La densidad urbana y el virus

Nivel de ingresos, disciplina social, sentido de comunidad, sistemas de salud pública fuertes y buenos hábitos de vida, entre muchas otras variables, puede que tengan mayor incidencia en la magnitud de los brotes epidémicos.

En mi columna anterior escribí sobre las dudas que se están planteando acerca de la conveniencia del modelo de ciudad densa y compacta, al observar que la pandemia ha golpeado muy fuerte en algunas de las ciudades más densamente pobladas de mundo. Al menos esa es la impresión que se tiene cuando se revisan los datos de Nueva York, Londres o Madrid. Sin embargo, aunque sea de forma preliminar, vale la pena mirar con más atención lo que ocurre, porque hay algunos analistas que no están de acuerdo con el establecimiento de una relación tan directa entre la densidad urbana y el impacto del virus.

Nueva York es un buen ejemplo. Al ser la ciudad más poblada de los Estados Unidos, parece lógico deducir que esa condición habría facilitado el alto número de muertes que ha registrado, entendiendo que su configuración facilita las condiciones para la transmisión de la enfermedad. Ese razonamiento lleva a suponer que el distrito de Manhattan —el más denso en la ciudad más densa— debería ser el sector más damnificado. Pero no. La mayor cantidad de fallecidos se han presentado en sectores menos densos, más bien caracterizados por una alta concentración de comunidades latinas y afroamericanas. Por otro lado, varias de las grandes ciudades asiáticas afectadas por el virus, Seúl, Tokio, Hong Kong, con densidades incluso mayores a las de Nueva York, no han tenido cifras tan dramáticas de contagios y fallecidos. Incluso en Colombia una ciudad como Leticia, no propiamente densa ni significativamente poblada (tiene menos de 50 000 habitantes), ha sufrido mucho más que otros núcleos urbanos como Medellín o Bucaramanga, con diez o veinte veces más población. Algo no cuadra.

Parece entonces que no es la densidad urbana por sí misma la causa principal del padecimiento de algunas ciudades, otros factores entran en juego. Nivel de ingresos, disciplina social, sentido de comunidad, sistemas de salud pública fuertes y buenos hábitos de vida, entre muchas otras variables, puede que tengan mayor incidencia en la magnitud de los brotes epidémicos. Comprender esto es muy importante porque nos permite evadir una inútil satanización de la vida urbana, para no volver a caer en los tipos de señalamientos que promueven el éxodo de los centros urbanos y le dan fuerza a la idea del suburbio como el tipo de asentamiento ideal.

Eso no quiere decir que los planificadores, arquitectos, constructores y promotores inmobiliarios, estén libres de cierto grado de responsabilidad. Es probable que la calidad de los espacios habitables de muchas ciudades, fundamentalmente presionados por las dinámicas del mercado y la especulación financiera, se hayan deshumanizado hasta extremos inaceptables. A diferencia de la densidad urbana, el hacinamiento sí parece estar relacionado con la probabilidad de contagio, es en ese sentido que debemos dirigir nuestros mayores esfuerzos.

moreno.slagter@yahoo.com

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Cartas de Lectores

Carta de los lectores | Voto de castidad

 El Heraldo se reserva el derecho de extractar o publicar cualquier carta, y no se hace responsable de las opiniones.

Origen del celibato eclesiástico

Aunque hace ya varios años he tenido inquietud sobre la conveniencia o no, del llamado celibato eclesiástico, o del voto de castidad en las congregaciones religiosas, solo últimamente he sido testigo de algo, que ha hecho que me detenga a reflexionar sobre el tema y que en este momento me atreva a escribir sobre el mismo.

La primera vez que lo hice fue en unas tímidas palabras que dirigí a un grupo de alumnos de la promoción 70 de la escuela Normal superior La Hacienda cuando me invitaron en noviembre de 2019 a una reunión preparatoria a la que esperan realizar con ocasión de sus 50 años de egresados como bachilleres. Lo hice al recordarles el momento en que nos conocimos, ellos como estudiantes y yo como uno de sus profesores, en ese momento miembro de la comunidad de la Salle, comunidad que más adelante abandonaría. Me referí entonces a los tres votos de pobreza castidad y obediencia de los cuales actualmente, solo le encuentro sentido al de pobreza, que nos aparta de algo que considero aterrador: el consumismo en nuestro mundo moderno. Respecto a los otros dos votos, no entiendo como en algún momento admití renunciar a mi propia forma de pensar, mediante el voto de obediencia y en cuanto al de castidad, les afirme que actualmente lo considero como un pecado, contra natura.

En este momento, después de consultar en internet sobre el origen del celibato eclesiástico y leer el parecer del actual papa Francisco, expresado a un periodista, en el sentido de que “el celibato eclesiástico es algo que podría ser modificado”, expresión, calificada de infeliz, descubrí la necesidad de profundizar el tema, pero no siendo a mí a quien corresponde esta tarea, me contento con anotar una idea que puede ser analizada, oportunamente, por aquellos a quienes corresponda hacerlo. Posiblemente en este celibato eclesiástico, se encuentre la causa de los abusos sexuales que en este momento se detectan en el clero.

Por *Carlos A. Hernández García.  carlos_alberti@hotmail,com

Recurso natural | El agua vs. coronavirus

Como medida preventiva y de refuerzo, el agua puede ser el mejor aliado del hombre en estos tiempos de pandemia. La explicación luce sencilla: siendo H20 la fórmula química del agua, quiere decir que contiene dos (2) volúmenes de hidrógeno por uno (1) de oxígeno. Y toda vez que los pulmones viven y nos dan vida a través del oxígeno que les circula, son ellos los órganos primeramente afectados positiva o negativamente por la cantidad promedio de líquido que se mantenga en movimiento en nuestro cuerpo.

Por eso es recomendable que todos bebamos diariamente un mínimo de agua que nos permita estar bien hidratados, en concordancia con el respectivo peso corporal y la actividad física desarrollada. Desde luego que se debe tratar de agua potable, hervida y en reposo.

Esta práctica reforzaría nuestro sistema inmunológico y es, paralelamente, la que se ha prescrito como tratamiento ordinario de refuerzo a las personas infectadas con virus o bacterias, aún antes del COVID-19.

Ignoro el por qué ahora no se le ha dado la importancia que merece este recurso natural y cuasi gratuito.

Por *Fausto Muñoz Vilar. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales

famuvi42@hotmail.com

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Opinión

Por los nuevos tiempos

Viene una etapa nueva de la historia humana y la gente no volverá a lo de siempre. Los procesos educativos, los negocios y las relaciones interpersonales serán rediseñadas.

La nueva normalidad es el tema de conversación más recurrente en el mundo. Es la realidad construida en estos 3 meses de cuarentena que deja estadios sin público, relaciones humanas sin muestras de afecto, trabajo en casa y recluidos los fines de semana. Es un alto en el camino de los vínculos sentimentales y familiares y la necesidad de reflexionar sobre cómo mejorar el sistema de salud, la economía y el Estado.

Valoramos la real importancia del dinero que no todo lo puede comprar. A través de una introspección cada uno proyecta cómo será su vida. Viene una etapa nueva de la historia humana y la gente no volverá a lo de siempre. Los procesos educativos, los negocios y las relaciones interpersonales serán rediseñadas.

En materia económica se ha sufrido los rigores de cierre de mercados. Nuestras importaciones de maquinarias han bajado 16 %, lo que quiere decir que no modernizaremos nuestro aparato productivo, no alcanzaremos los objetivos y metas empresariales que habíamos planificado. El desempleo en EE. UU. llegará a un histórico de 20 % y el decrecimiento de la economía en América Latina será el más alto de la historia, se prevé -12 %.

La virtualidad permitirá que la gente tenga acceso a universidades distantes y de renombre, lo que cambiará la educación superior.

Las familias se van a fortalecer por el sentimiento de supervivencia y superación que brota de lo más íntimo de las personas. Nos hemos concientizado de lo valioso que tenemos en casa al compartir una energía especial que vamos a catapultar con mayor inteligencia emocional, con la mente ordenada y produciendo más.

Este cambio mental será en todas las edades. Los jóvenes cuestionan y atacan la vieja manera de hacer las cosas lo que impulsará más cambios. Nos dimos cuenta de lo mucho que podemos soportar en el encierro y utilizar el tiempo en cuestiones cada vez más profundas para nuestra espiritualidad.

No poder visitar a nuestros padres, hermanos y amigos ha hecho que los valoremos en su justa dimensión.

Hemos encontrado una nueva manera de reunirnos a través de citas virtuales que han permitido vernos con gente que apreciamos y que por circunstancias de la vida nos habíamos distanciado.

Hoy nos burlamos de la anterior dependencia a lo superfluo, sabemos que podemos vivir con pocas cosas: ropa, maquillajes, vanidades. También aprenderemos a aprovechar el tiempo con lecturas que nos permitan mayor conocimiento. Esto nos dará otra visión del mundo.

El encierro nos ha ayudado a reflexionar sobre nuestros sueños y reconocer los proyectos de vida con mayor claridad, a construirlos con esmero, por etapas, no renunciando a ellos ante la dificultad y más bien derrotar al miedo de no poder concretarlos. Entendemos mejor el desafío de trabajar y cooperar todos juntos, jóvenes y mayores.

Hay que ser capaces de hacer lo básico y lo correcto y poner en su verdadera dimensión las ansias de poder, dinero, fama y dar un mayor valor a los momentos simples. ¿Qué tal hoy una mojarra en la playa?

El mayor desafío después de 3 meses de recogimiento es que nuestras almas salgan más preparadas y fortalecidas.

@veranodelarosa

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Editorial

El Editorial | Salvar el transporte intermunicipal

Las empresas estiman sus pérdidas en 7 mil millones de pesos por la parálisis del 97% de sus operaciones. Creen que su situación se agravará si la suspensión del servicio se prolonga en junio.

Una grave crisis social y económica afrontan las 537 empresas de transporte intermunicipal de pasajeros del país por cuenta de la pandemia de coronavirus. Desde hace más de dos meses, cuando inició la cuarentena y para garantizar el aislamiento preventivo obligatorio de los ciudadanos, el Gobierno decretó la suspensión de sus operaciones, garantizando solo la prestación de mínimos servicios de transporte, entre ellos el público, el de carga y almacenamiento y los vuelos humanitarios y de mercancías.

En Colombia, se estima que un millón de familias vive de lo que produce esta actividad, que genera 125 mil empleos directos y 600 mil indirectos. La fuerte crisis golpea a todos los eslabones de esta importante cadena productiva de la economía nacional, que incluye a las terminales de transporte, a quienes importan los equipos para los vehículos y los comercializan, hasta los mecánicos o latoneros encargados de su mantenimiento, pasando por los trabajadores de los lavaderos y de restaurantes. Con los buses quietos en los parqueaderos de todo el país, 70 mil conductores están hoy de brazos cruzados y con el contrato suspendido por decisión de las empresas transportadoras que no tienen cómo pagarles porque su generación de recursos depende del quehacer diario. Adicionalmente, unos 50 mil pequeños propietarios podrían perder sus automotores debido a que ya empezaron a colgarse con las cuotas del crédito.

La situación arrincona cada vez más a este gremio que estima pérdidas diarias de 7 mil millones de pesos por la parálisis del 97% de sus operaciones. Por eso, advierte que si esta se prolonga durante junio, como ya lo anticipó el presidente Iván Duque, no tendrá más remedio que terminar los contratos de sus empleados y ordenar despidos masivos. Antes de llegar a ese escenario tan complejo, del que podría ser muy difícil salir en un corto plazo, sus dirigentes le piden al jefe de Estado reconsiderar su decisión y proponen una reactivación inmediata de su actividad a partir del 1 de junio.

Dicen estar listos para volver a rodar por las carreteras nacionales de forma segura, aplicando protocolos de bioseguridad y garantizando el distanciamiento social. Su iniciativa también plantea una serie de peticiones para hacerle frente a la profunda crisis financiera a la que los condujo la emergencia sanitaria por la COVID-19. Aseguran que nada se resolverá y su quiebra será inminente si reinician labores con la capacidad de los buses a la mitad porque sus ingresos serán mínimos; así que le piden al Gobierno colombiano que subsidie una parte de la tarifa. También este sector aspira a obtener una reducción en el precio del combustible y de los peajes, un acuerdo con la banca privada para que otorgue un período de gracia a los créditos de las empresas y una línea exclusiva con Bancoldex, entre otros temas.

La ministra de Transporte, Ángela María Orozco, que ya conoce las demandas de los transportadores, se mostró dispuesta a diligenciarlas y a buscar, además, rebajas en el pago del SOAT, exoneración del cobro del IVA a proveedores de repuestos, equipos y suministros de la cadena de transporte, así como a gestionar la aprobación del anticipo del pago de Retefuente. Sin embargo, los representantes del sector esperan respuestas más concretas y en lo posible, inmediatas porque su crisis se agrava con el paso de los días. En esta coyuntura en la que los efectos de la pandemia tienden a agudizarse por su prolongación en el tiempo, se debe dar un paso decisivo para alivianar la situación de los transportadores intermunicipales, un sector clave que no se puede dejar solo. Ellos son los que conectan a Colombia vía terrestre y movilizan 550 millones de pasajeros al año, 14 veces más usuarios que los que mueve el transporte aéreo en ese mismo lapso. Vale la pena tenerlo en cuenta.

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Política

Procesos electorales electrónicos

Este sombrío panorama de infraestructura de internet nos invita a ser cautos al pretender hacer planteamientos tecnológicos de cara a los procesos electorales en América Latina.

Si hay algún sector de la sociedad mundial que ha sido puesto a prueba además de la salud por el COVID 19 son las tecnologías y telecomunicaciones.

El trabajo, educación y salud remotos, están en vilo no solo por la pandemia sino por la precaria infraestructura tecnológica y baja cobertura de internet, especialmente en países del tercer mundo.

Un breve repaso de la cobertura del internet, su velocidad y las telecomunicaciones, ubica a América Latina y el Caribe a la zaga del planeta.

En 2019 Cable.co.uk, New America’s Open Technology Institute y Google Open Source Research, presentaron el resultado de su estudio anual a través del cual se mide la velocidad global de acceso a internet, basado en la práctica de 163 millones de pruebas de velocidad de banda ancha en el mundo, los resultados para la región son más que desastrosos.

Entre 207 países, Uruguay ocupó el puesto 69 con 9.16 megabits de velocidad; seguida del puesto 76 Panamá con 8.09; del puesto 77 ocupado por Puerto Rico con 8.0; de 131 Colombia aparece con 3.48 y de último en América Latina, Venezuela en el puesto 183 con 1.37 megabits de velocidad.

A la vanguardia de ésta medición se encuentran: de primero en el mundo Taiwan con 85.02 megabits de velocidad; segundo Singapur con 70.86 y con 67.40 megabits Jersey en el tercer puesto, cierra el grupo de último Yemen, en el puesto 207, con solo 0.38 MBPS.

Según The State Of Mobile Network Experience, en cuanto a velocidad de descarga en celulares de tecnología 5G, Colombia a mayo de 2019, ocupaba entre 87 países, el puesto 67 con 10.00 Megabits de Velocidad, después de México con 14.9; Brasil con 13.0; Argentina con 12.8.

Por el contrario, Corea del Sur, ocupa el primer lugar con 52.4 Magabits, seguido de Noruega con 48.2 y de Canadá con 42.5. Los últimos lugares en América y el mundo, fueron ocupados por Irak en el puesto 87 con 1.6 y El Salvador, con 5.4 de velocidad, respectivamente.

Este sombrío panorama de infraestructura de internet nos invita a ser cautos al pretender hacer planteamientos tecnológicos de cara a los procesos electorales en América Latina.

Planteamientos como el de implementación del voto electrónico a secas pro  transparencia de los procesos electorales merece más que una sola mirada.

Se hace necesario por lo menos tener en cuenta las siguientes variables de análisis, para hacer una aproximación un poco más contextualizada que varía de país en país:

1.- Voto vía internet. Su cobertura, mixto con papel, auditoria, secreto, escrutinio público y auditoría.

2.- Electrificación. Cobertura y calidad del servicio.

3.- Democracia Digital. Identificación digital, redes, ciudadanía y partidos políticos.

4.- Educación: Cultura ciudadana en participación y electoral.

5.- Delito Electoral. Malas prácticas políticas y electorales, institucionales y ciudadanas; control y persecución del delito informático y digital electoral.

El anterior planteamiento en cuanto a procesos electorales electrónicos es común a todos los países del tercer mundo, caracterizados por la corrupción político-electoral; sistemas electorales poco confiables; normatividad obsoleta y dispersa; mala cobertura en electrificación y en servicio de internet; bajos niveles de cultura política electoral de la población; falta de partidos políticos; entre otros aspectos, que inciden directamente en la introducción tecnológica, por ejemplo del voto electrónico, como mecanismo de depuración de los procesos electorales.     

En Colombia según Documento Compes 3968 del 30 de agosto de 2019, se plantea que: la necesidad de promover un mayor acceso por parte de los hogares en Colombia al servicio de Internet está justificada en los beneficios económicos y sociales que resultan del uso de este servicio, referidos particularmente a incrementos en los niveles de productividad general de la población lo cual, a su vez, impacta los niveles de crecimiento de la economía y a reducciones en las asimetrías en la distribución del ingreso.

En virtud de lo anterior, la Ley 1341 de 20091 estableció el marco general para la formulación de las políticas públicas que rigen el sector de las TIC, y al Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones como entidad competente para diseñar, formular, adoptar y promover las políticas, planes, programas y proyectos del sector, con el fin de promover la inversión y el cierre de la brecha digital, contribuir al desarrollo económico, social y político de la Nación, y elevar el bienestar de los colombianos.

Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, en el año 2018 solo el 52,7 % de los hogares tenían conexión a Internet para el total nacional, 63,1 % en las cabeceras municipales y 16,2 % en centros poblados y rural disperso, señalándose como principales barreras de acceso al servicio su elevado costo, y en centros poblados y rural disperso, la falta de cobertura del servicio.

De tal suerte, que considero es imperioso introducir cambios tecnológicos a los procesos electorales,  con base en las verdaderas realidades de la infraestructura del país, ampliar la cobertura de internet es vital como lo es el elevar la cultura político electoral ciudadana y responder a la necesidad de depuración de las malas prácticas electorales. Sin duda la tecnología es un buen medio para fortalecer la democracia, pasa por el voto electrónico o mixto, pero transita sin duda mucho más allá, se trata de la implementación de una verdadera política pública para el cambio del proceso electoral colombiano.

Columna de opinión - Elecciones - VOTACIONES -

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Cultura

Cuentos para aislados (II)

Ese sábado por la tarde, de acuerdo con un viejo hábito, paseaba con sus tres nietos por el parque. Si se le comparaba con otros de la ciudad, es preciso decir que se trataba de un parque bastante grande y atractivo. Estaba situado en la pendiente de un terreno elevado, de modo que varios de sus senderos formaban cuestas cuya subida requería de un esfuerzo especial y cuya bajada resultaba divertida porque el cuerpo era atraído por la gravedad como si alguien lo jalara con fuerza con una cuerda desde abajo. Había muchos y variados árboles de notable tamaño, canteros cultivados con primor y una zona de juegos para niños. Los tres chicos, pues, la pasaban estupendamente: David, Ronaldo y Tatiana, de diez, ocho y cinco años, respectivamente. Él también se entretenía, no lo podía negar, pero centraba su atención y su actividad en cuidarlos a ellos. Para decirlo mejor, su principal entretenimiento radicaba justo en aquel cuidado que ejercía de un modo consciente y metódico.

Permitía que se alejaran de él lo suficiente como para que actuaran con entera libertad, y de ese modo disfrutaran más del paseo, pero al mismo tiempo para que se internaran en una potencial zona de riesgo que le permitiera a él poner a prueba sus habilidades de custodio. Aplicaba las técnicas y procedimientos que había aprendido y ejercido en la Policía a lo largo de cuarenta años durante los cuales, en el tarjetero bordado en el costado superior derecho de su uniforme, sobre su orgulloso pecho, lució distintos grados encima del Nemesio Carrillo rotulado siempre en mayúsculas sostenidas.

En cierto momento, los tres niños avanzaban solos por un sendero algo aislado y ensombrecido por una tupida arboleda. De pronto, desde la distancia en que se encontraba, don Nemesio avistó un hombre de aspecto sospechoso que caminaba en la dirección opuesta a la de ellos. Alcanzó a percibir que el hombre dirigió una mirada a la niña, que se había adelantado unos tres metros a sus hermanos. Él reaccionó de inmediato: tomó un atajo difícil –tuvo que saltar un seto de laurel– gracias al cual se ubicó pronto a una distancia que le habría hecho posible actuar con oportunidad y eficacia en caso de que el desconocido hubiera intentado algo contra Taty, como él la llamaba. Ésta y el desconocido se disponían a cruzarse; don Nemesio, firme y expectante, estaba listo para intervenir. Pero finalmente, el sospechoso pasó junto a la niña y siguió de largo sin que nada ocurriera. Don Nemesio, sin embargo, apareció en el sendero a tiempo para a su vez cruzarse con el hombre y lanzarle una mirada dura, entre amenazante y recriminatoria.

Cuando regresó con ellos a la casa, ya entrada la noche, sintió la satisfacción, a la que estaba largamente acostumbrado y que sin embargo no perdía todavía un ápice la virtud de ejercer un singular efecto positivo sobre su ánimo, de haber cumplido una vez más su deber: sus custodiados habían vuelto a su hogar con su integridad intacta. Se sentó a la mesa a compartir la cena con su esposa, con los niños –que estaban radiantes de alborozo–, con su hija y con el esposo de ésta, que eran los padres de los chicos.

Tres sábados después, cuando volvió a traer a los niños a la casa de vuelta del parque, alegres y con apenas los leves rasguños propios de sus retozos, se sentó a solas después de cenar en un mecedor en un rincón de la sala en penumbra, mientras se tomaba a sorbos un jugo de naranja que su esposa le había servido unos minutos antes. El rumbo de sus meditaciones lo llevó a comprobar que, pese a que se había retirado de la Policía hacía ocho años exactos, seguía conservando la inclinación a mantener una constante vigilancia sobre los otros a fin de resguardarlos de cualquier peligro. En realidad, fue consciente de que la vocación, no pocas veces rayana en la obsesión, por el cuidado constante de sus semejantes era un rasgo esencial de su carácter. Siempre había creído que sólo él estaba dotado de la capacidad de cuidarse bien a sí mismo y que por tanto todos los demás necesitaban que alguien los cuidara: ¡él, desde luego! “Soy su ángel de la guardia”: tal era la frase tópica que recordaba haberles dicho a muchos.

Otro día, mientras veía una vieja foto de álbum en que aparecía él de 12 años junto a sus padres y sus dos hermanitos menores, recordó que cuidaba de estos últimos cuando su madre tenía que salir de la casa y entonces él y ellos se quedaban solos porque, además, el padre pasaba el día entero en el trabajo. Nada le alegraba tanto como el abrazo acompañado de un beso sonoro que le daba su madre al regresar y darse cuenta de que había cuidado bien de los chiquitines y de que todo estaba en orden en la casa. Recordó también que, siendo ya un jovencito de 17 años, sabía que los viernes y los sábados su padre, antes de llegar a la casa, tenía la costumbre de detenerse siempre en una tienda de comestibles ubicada a seis cuadras de ésta a procurarse, según sus propias palabras, “una distensión espumosa”; él salía entonces a las siete de la noche y se dirigía a la tienda, donde acompañaba a su padre hasta cuando se bebía la última cerveza (por lo general, se tomaba de unas ocho a diez) y entonces lo escoltaba a pie hasta la casa, sujetándolo por un brazo para que no fuera a caerse.

Aquella faceta de su personalidad se hizo evidente para la familia, que lo amaba por eso. De ahí que a nadie sorprendió cuando, inmediatamente después de graduarse de bachiller, decidió ingresar a la escuela de la Policía. Empezó su labor como agente motociclista. En esa función, fueron numerosos los casos en que evitó que ciudadanos de la más diversa índole fueran lastimados o agredidos, incluso a veces hasta la muerte, por delincuentes de la peor ralea. Seis años más tarde, teniendo ya el grado de cabo primero, fue incorporado a la unidad de protección de dignatarios. Fue por aquella época que se casó con Marina Guardiola, una chica bonita y amorosa procedente también, como él, de un hogar de clase media, y al cabo de un año fue padre de un niño, Gregorio. El matrimonio tendría dos hijos más: una mujer, Teresa, y un varón, Enrique. Tuvo bajo su protección a varios notables, incluido un líder político que tenía enemigos que, como lo había comprobado la propia Policía, estaban dispuestos con el más severo empeño a asesinarlo. Don Nemesio fue el jefe de su esquema de protección durante cuatro años, y en dos ocasiones le salvó la vida: una en la que decidió a tiempo el cambio de su itinerario habitual y otra en que repelió con tanta valentía y determinación un atentado con armas de fuego cometido en una carretera en despoblado que hirió y capturó a uno de los criminales y forzó la huida del otro. Luego le asignaron funciones de instrucción y supervisión, pero siempre se mantuvo en actividades operativas. Incluso cuando llegó al rango de sargento primero no dejó de ir a los lugares donde los operativos requirieran la presencia de los hombres bajo su mando. Se retiró a los 62 años, con un gran homenaje y después de haber recibido numerosas condecoraciones, atendiendo los insistentes ruegos de su esposa y de Teresa, su hija, las dos mujeres más influyentes en su vida.

Cuando ello ocurrió, vivía justamente con su esposa en la amplia y cómoda casa de dos pisos de Teresa, quien se había casado tres años atrás y esperaba su segundo hijo. La decisión de vivir con la hija la habían tomado de común acuerdo don Nemesio y doña Marina, quienes satisficieron así el viejo deseo de Teresa, quien había sido la última en permanecer en el hogar paterno y quiso seguir viviendo con sus padres después de contraer matrimonio, pues sus dos hermanos, Gregorio y Enrique, se habían casado hacía siete y cinco años, respectivamente, y se habían instalado en sus propias casas. El sargento, como algunos le llamaban también, y doña Marina se sentían a gusto en el hogar de su hija, donde disponían del espacio suficiente para disfrutar de privacidad, y mantenían además una cordial relación con su yerno, un juicioso ingeniero de sistemas. Vieron nacer uno tras otro los tres hijos de Teresa. Desde que los dos mayores tenían seis y cuatro años, se inició la costumbre de que don Nemesio los sacara los sábados por la tarde a pasear por aquel parque, y a esa costumbre se integró Tatiana, la menor, cuando cumplió cuatro años.

Aquellas excursiones sabatinas se mantuvieron incluso después que David, el nieto mayor, decidió abandonarlas cuando andaba por los 16 años y empezó a hacer vida social propia con un grupo de amigos de la escuela y del barrio más o menos coetáneos. Encargado ahora sólo de custodiar a Ronaldo y a Tatiana, que ya despuntaban a la adolescencia, don Nemesio, con 76 años pero todavía con una salud recia, mantenía en el parque sus rutinas de policía avezado en la protección de personas expuestas a cierto grado de riesgos.

Pero los años pasan muy rápido, como le comentó él mismo una noche a su esposa en la intimidad de su habitación, de modo que pronto Ronaldo y Tatiana también se sintieron demasiado grandes para aquellos paseos y juegos de fin de semana por los senderos, jardines y canchas de un parque bajo la custodia para nada asfixiante pero secretamente estricta de su abuelo. Con ello, don Nemesio dejó prácticamente de salir de su casa por un buen tiempo y se refugió en las conversaciones domésticas con su esposa, su hija y su yerno, y en la creciente afición a los programas de radio y televisión.

Su atrincheramiento en estos dos medios de comunicación, que se había vuelto empedernido, se intensificó aún más cuando la casa se hizo de pronto más grande y silenciosa con la partida de la bulliciosa Tatiana, la última de los tres nietos en marcharse para irse a vivir, tal como lo habían hecho los otros dos, después de una ceremonia y una fiesta de matrimonio muy concurridas, a su propia vivienda situada en uno de los nuevos barrios que se habían edificado en los últimos tiempos en la ciudad.

Pasado poco más de un año, su hija, Teresa, y el esposo de ésta, por circunstancias de índole económica, decidieron irse a vivir al exterior, a una ciudad de la costa este de Estados Unidos, donde se hallaban prósperamente establecidos desde hacía largo tiempo dos hermanos del ingeniero de sistemas con sus respectivas familias. Don Nemesio y su esposa se sorprendieron al principio de la determinación de su hija, pero luego comprendieron que había sido razonable. Por lo demás, siguieron manteniendo un contacto frecuente a través de las videollamadas telefónicas. Se mudaron entonces a un pequeño apartamento situado a sólo dos cuadras de la gran casa de dos pisos donde habían residido durante los últimos 31 años de sus vidas.

Vivían solos. La pasión del viejo expolicía por el cuidado y la custodia de los demás tuvo que limitarse a ser practicada ahora con una mascota llevada a la casa al poco tiempo por Tatiana: una preciosa y simpatiquísima hembra de poodle miniatura. Pero antes de un año sucedió una desgracia: un miércoles por la noche, mientras paseaba a la perra por el mismo parque por donde años antes solía pasear a sus nietos, ésta, al avistar a tres ejemplares de su misma raza al otro lado de la calle, intentó a toda velocidad cruzar la ancha vía y fue atropellada por un carro, que la dejó muerta de inmediato. Fue un doble y terrible golpe moral para el sargento. Aparte de separarse de un animal al que él y su esposa querían por igual, ¡era el primer individuo que perdía bajo su protección profesional en una larguísima trayectoria sin tacha! Esto último lo sumió en la depresión. Se puso a considerar que el policía diestro que había logrado mantener sanos y salvos a tantos hombres de gran importancia para la sociedad contra los que pesaba el grave peligro de una amenaza de muerte… ¡ya no era ni siquiera capaz de salvaguardar la vida de una pequeña caniche a la que nadie querría hacer el menor daño!

La nieta llenó el vacío dejado por la graciosa perrita con otro perro, de dimensiones y atributos de carácter por completo distintos: un pastor alemán macho de color negro y rojizo que al cabo de un año se convirtió en una hermosa y potente bestia de 40 kilogramos de peso. Don Nemesio se negó a asumir solo la tarea de sacarlo a caminar y a hacer sus necesidades; le pidió a su esposa que lo acompañara en ello. Como nunca dejaban de mantenerlo sujeto a la traílla, no había tampoco ocasión alguna para que el anciano volviera a ejercer la incurable vigilancia policial. 

Lennon, como se llamaba el pastor alemán, no había cumplido tres años de estar con ellos cuando murió doña Marina. Una empleada que empezó a ir de lunes a sábado a la casa, entre las siete de la mañana y las cuatro de la tarde, se encargaba del aseo de la vivienda, así como de la comida de don Nemesio y de Lennon; era ella también quien sacaba al parque a este último todas las mañanas.

Durante las tardes y las noches –lentas, monótonas–, salvo cuando recibía la visita de algún hijo o de algún nieto, lo que era ocasional, don Nemesio sólo tenía la discreta pero atenta compañía de Lennon. Cada vez que se levantaba de su poltrona ubicada en un costado de la sala para ir al cuarto de baño o a la cocina, el perro marchaba con celo a su lado para evitar que sufriera alguna caída. Acariciándole la suave pelambre con la palma abierta de la mano, el viejo expolicía, que había resguardado y protegido con habilidad y arrojo la vida de tantos en el pasado, no era ajeno a esa ironía final de su vida.

@JoacoMattosOmar

Aislamiento - Cuentos - Cultura -

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La tormenta perfecta

Al igual que la Nación, los departamentos, municipios y distritos han visto reducir sus ingresos al tiempo que la atención de la crisis planteada, en lo que les corresponde, demanda un mayor gasto, no previsto.

Las finanzas públicas, tanto las de la Nación como la de las entidades territoriales se encuentran entre la espada y la pared. De un lado está la salud en cuidados intensivos a consecuencia de la pandemia del COVID-19, cuyo tratamiento y contención demanda ingentes recursos, con los cuales no se contaba. Del otro lado está la economía, que se contagió con el coronavirus, en un coma inducido, debido a las medidas de aislamiento y distanciamiento preventivo. Por tal motivo, la actividad económica y comercial se ha visto abocada a una virtual parálisis, afectándose gravemente la oferta y la demanda, el crecimiento, empleo y el ingreso.

La prolongación de esta crítica situación, que se ha visto agravada con el desplome de los precios internacionales del petróleo, llevó al Ministerio de Hacienda a revisar su previsión de crecimiento del PIB este año desde el 3.7% al -5.5%. Por su parte el Comité consultivo de la Regla fiscal, se vio precisado a flexibilizar, aún más, la Regla fiscal, elevando el techo del déficit fiscal desde el - 2.5% del PIB proyectado hasta el - 6.1% del PIB. Y no era para menos, dado que, según las proyecciones de la DIAN, se estima que el recaudo de impuestos se disminuirá en $15 billones, aproximadamente, al tiempo que se prevé un mayor gasto para este año, por lo pronto, de $25 billones.

Al igual que la Nación, los departamentos, municipios y distritos han visto reducir sus ingresos al tiempo que la atención de la crisis planteada, en lo que les corresponde, demanda un mayor gasto, no previsto. Las dos principales fuentes de ingresos de los departamentos son los que provienen de las transferencias por parte de la Nación a través del SGP, que representan el 47% y los recursos propios que participan con el 35%. Adicionalmente, los recursos provenientes del SGR complementan sus ingresos con un promedio del 6%.

Pues bien, según la Federación Nacional de Departamentos, los ingresos propios de estos cayeron en el mes de abril el 45%; se prevé que las regalías, a consecuencia de la caída de los precios del petróleo y el carbón, caerán por lo menos en un 40%. Y, como si lo anterior fuera poco, el monto de las transferencias del SGP se verá reducido drásticamente, toda vez que la base de cálculo y liquidación de las mismas son los ingresos corrientes de la Nación, que como ya quedó dicho se han visto seriamente impactados.

Por las razones anteriormente expuestas, tanto los departamentos como los municipios y distritos se están viendo en calzas prietas. A guisa de ejemplo, citemos al Secretario de Hacienda del Distrito capital Juan Mauricio Ramírez, quien da cuenta que el mismo dejará de recaudar $1 billón anuales por cuenta de la pandemia. Además de tener que frenar sus planes y proyectos de inversión, empiezan a tener inconvenientes para cubrir el pago de sus gastos de funcionamiento, empezando por la nómina de sus servidores.

www.amylkaracosta.net

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Ángel de mi guarda

El arte es salvación, nos brinda la oportunidad de desafiar la capacidad de catarsis al sentirnos subestimados. Es un hilo tejido al alma. Al espíritu.

“Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…”

Sus manos unidas, sus ojos cerrados pero mirando al cielo. Sus peticiones y sueños latiendo. La voz de Mamá como arrullo y en el fondo de su corazón un deseo.

Sus primeras oraciones fueron todas dulces, como las de todos nosotros, ese primer contacto con lo espiritual está cargado de ángeles, de polvo mágico de estrellas, de hadas y de pureza. No existen los apuros cotidianos y ese instante, se convierte en el lugar donde todo es posible.

La confesión es de un buen amigo, me ha pedido que omita su nombre y en lugar de poner algún otro recurriendo a cierto permiso literario, he preferido decirlo como es.

“En mis oraciones estaba siempre mi familia, mis alimentos, 4 tarritos de pintura y dos pinceles. Las oraciones son la mitad guiadas y la otra mitad lo que los niños estamos pensando pero nunca decimos en voz alta, yo repetía pero pensaba en mis pinturas. Siempre quise ser pintor”

Por alguna razón del destino, ciertas situaciones del momento y un par de cosas más, el tarrito de pintura y los pinceles no llegaron a sus manos tan pronto como él quería. Tuvo que esperar un tanto más, más de la mitad de su vida.

Recuerdo la historia con cariño.

Creo abiertamente que un individuo afectado por el arte explora a través de su sensibilidad otras formas de entender su historia, de interpretar su vida. Su observación se modifica, su capacidad de expresión se multiplica y su relación con el espacio se hace profunda, sus niveles de productividad crecen, su corazón se expande, sus reacciones se moderan y sus armas se trasmutan.

El dolor y la rabia que sumados producen tanta frustración y son como remolinos que sumergen al ser en lo más profundo de sus miedos, pueden ser intervenidos y reemplazados por perdón y serenidad para sembrar esperanza y convertirse en espirales que de forma ascendente conduzcan el brillo de sus ojos a la cubierta de su existencia, le conecten con el lugar más alto de su vibración y lo relacionen con el destello de su expansión.

Sin duda el arte y la cultura generan sanación, igualdad y cohesión. Crean lazos entre diferentes grupos sociales. Proponen  unidad y ayudan a la construcción de una sociedad mucho más pacífica, pues ambas,  proponen naturalmente una estructura democrática e inclusiva donde se borran las diferencias de género, nivel socio-económico y se rescatan valores como el trabajo en equipo, la solidaridad y la reciprocidad.

Este es, claramente, un momento para superar la adversidad y tenemos en el arte un sendero a la reparación. La industria no solo debe ser soportada sino nutrida hoy más que nunca.

Una plegaria por el arte y la cultura en busca de brindar a quienes hoy han perdido su sustento un camino cierto, y quienes aún esperan por poder serlo una oportunidad de sosiego.

Podremos perderlo todo, pero la capacidad a imaginar, jamás.

El arte es salvación, nos brinda la oportunidad de desafiar la capacidad de catarsis al sentirnos subestimados. Es un hilo tejido al alma. Al espíritu.

Antes de morir deberíamos todos tener la posibilidad de ser artistas, por un minuto, por un día o quizá por el resto de nuestras vidas.

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El próximo debate presidencial

El líder que pretenda dirigir la nación entre 2022 y 2026 deberá lograr la más alta convocatoria alrededor de la unidad, la esperanza y la cooperación.

A partir de agosto, al presidente Iván Duque le quedarán dos años para completar su cuatrienio. Y el tema de su sucesor se volverá, por tanto, cada vez más, políticamente insoslayable y mediáticamente muy importante.

Los nombres que hoy más suenan son los de Sergio Fajardo y Gustavo Petro. También han anunciado su intención de ser candidatos Jorge Enrique Robledo, Rodolfo Hernández y Paola Holguín. Y han sido mencionados, entre otros, Carlos Holmes Trujillo, Paloma Valencia, Alejandro Char, Ángela María Robledo, Camilo Romero y Federico Gutiérrez.

Por los inclementes incrementos que tendrá Colombia en pobreza monetaria y multidimensional, en informalidad y  desempleo, y por los drásticos descensos en calidad de vida de la clase media, un obligado eje programático del próximo debate presidencial será la economía. La hoja de ruta  productiva que debe seguir el país.

En toda coyuntura electoral siempre hay un asunto que logra concitar el interés público. Por ejemplo, en las elecciones de 2008, que permitieron el triunfo de Barack Obama, el principal factor noticioso fue el desplome de la economía. Lehman Brothers, uno de los íconos bancarios  de USA, se fue a pique. La Bolsa colapsó, el crédito cayó y los fondos de pensiones se reventaron. A eso se sumó el error monumental de Jhon McCain, cuando seleccionó de fórmula vicepresidencial a un desastre intelectual llamado Sarah Palin, la exgobernadora de Alaska.

En 2002, la victoria de Álvaro Uribe sobre Horacio Serpa, en primera vuelta, fue la consecuencia de la eficaz lectura que el primero hizo de ese momento. Tras la frustración de la paz de Andrés Pastrana, Uribe propuso la Seguridad Democrática y la resumió en una imagen y en la frase: ‘Mano firme, corazón grande’.

Desde luego, la coyuntura presidencial de 2022 superará en complejidad las que he citado.

El líder que pretenda dirigir la nación entre 2022 y 2026 deberá lograr la más alta convocatoria alrededor de la unidad, la esperanza y la cooperación, entendida esta última como el encuentro de visiones e intereses distintos en torno a un propósito nacional común: un modelo de desarrollo que inequívocamente apunte a aplanar la curva de la desigualdad. La más peligrosa y epidémica de las curvas.

Con el azote brutal del coronavirus, cobrará más sentido la filosofía de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, sintetizada en el lema: “Que nadie se quede atrás”.

En un país que terminará más pobre y que probablemente asistirá a un segundo tiempo más intenso de la protesta social, sería iluso dar por muertas las posibilidades de un proyecto populista de izquierda que, presumo, intentará movilizar la rabia y la frustración de los marginados y la clase media diezmada. Ese peligro debe y puede conjurarlo una alternativa presidencial de centro, no demagógica, que le hable clarísimo al país y le trace un rumbo certeramente optimista.

@HoracioBrieva

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