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“Es oficial, se puede decir que la vacuna de Oxford es segura”: Joan Pons

El enfermero, uno de los voluntarios de esta vacuna confiesa que tuvo miedo pero más pudo su odio contra el virus. 

El español Joan Pons Laplana es uno de los 10.260 voluntarios que forma parte de los ensayos en humanos que adelanta la Universidad de Oxford en Inglaterra para encontrar una vacuna contra la Covid-19.

Este enfermero de 45 años, casado y padre de tres hijos, que recibió de manera experimental una dosis hace 8 semanas, dice que el proceso entró en una recta final porque en septiembre se conocerán los resultados provisionales y con ellos, Oxford podrá pedir a la OMS una licencia provisional para empezar a producir la vacuna a finales de este mismo año.

P.

¿Cómo se encuentra, algún malestar, dolor?

R.

Estoy perfectamente y no tengo problemas. Hace ocho semanas, el día 5 de junio, me pusieron la vacuna y ningún síntoma, lo cual es buenísimo. No solo yo, ninguno de los miles de voluntarios ha tenido un efecto secundario grave: apenas a unos pocos les ha dado dolor de cabeza y a otros algo de malestar, pero nada que no se pueda solventar con un poco de paracetamol. Por tanto, ya es oficial y se puede decir que la vacuna es segura.

P.

¿Pero se está exponiendo al virus?

R.

En la fase 3 ya no se está infectando a nadie a propósito. La Universidad de Oxford buscó voluntarios entre los profesionales de la salud porque quería personas que estuvieran luchando a diario en la primera línea contra el virus. Así podían recortar muchísimo el tiempo que necesitaban para recabar los datos que presentarán a la Organización Mundial de la Salud.

P.

¿Y qué están esperando?

R.

Que alguno de nosotros se contagie. Es la única manera de saber si la vacuna es efectiva y es lo último que falta, que alguien se contagie. En mi caso por el simple hecho de ser enfermero trabajando a diario en una unidad de cuidados intensivos la probabilidad es altísima. No me han pedido que me retire la mascarilla ni la protección que uso para mi trabajo. Lo único que hago a diario, para saber si estoy contagiado, es responder un cuestionario para identificar si tengo algún síntoma y debo tomarme la temperatura. Una vez al mes me hago una prueba y un análisis de sangre.

P.

A esta altura del ensayo clínico, ¿qué han podido saber acerca de la vacuna?

R.

Sabemos que es segura y que produce una doble protección porque durante este tiempo los voluntarios no solo han desarrollado anticuerpos, sino también células T que son buenísimas ya que las podríamos calificar como el cuerpo de élite del sistema inmunitario. Cada semana me estoy haciendo un hisopado, una prueba para conocer si me he infectado o no. Ya llevo siete y todas han sido negativas, pero ¿quién sabe?, igual la próxima semana doy positivo. Si eso pasara tendría que quedarme en un hospital para que me hicieran un seguimiento mucho más cercano que permita responder si la vacuna es realmente efectiva.

P.

¿A cuántas personas les pusieron la vacuna?

R.

En las fases 1 y 2 a mil personas. En la fase 3 somos 10 mil personas en Reino Unido, mientras que en Brasil hay unos 6 mil voluntarios y en Sudáfrica, son 3 mil. La razón es que como los voluntarios tienen que exponerse al virus de manera natural, esos dos países tienen unas elevadas tasas de contagio que garantizan que muchas de estas personas puedan infectarse, lo que permitirá obtener suficientes datos para incorporar al informe que se presentará a la Organización Mundial de la Salud y si esta da el visto bueno, podrían autorizar la producción en octubre lo que sería fantástico. Dependerá entonces de la velocidad con la que puedan producir la vacuna para que pueda llegar a todo mundo lo antes posible.

Pons desempeña un cargo directivo, pero debido a la pandemia está apoyando otras labores en el hospital. Cortesía
P.

¿Por qué lo hizo?

R.

Llevo 23 años como enfermero. Soy parte del equipo directivo del Hospital Universitario de Sheffield, en el norte de Inglaterra, y me dedico a hacer gestión de enfermería para mejorar los servicios que ofrecemos con tecnología y de manera digital. Mi pan de cada día es poder encontrar soluciones a los problemas, y cuando me dieron la oportunidad de hacer parte de este estudio, pues dije, ¿por qué no?, si no lo hago yo, ¿quién lo hace?, y si nadie lo hace, pues no hay vacuna. Y respondí que sí.

P.

Eso fue bastante temerario.

R.

En los últimos tres meses he dejado mi cargo directivo y me he puesto el uniforme de enfermero para estar en la unidad de terapia intensiva en mi hospital para luchar con mis compañeros contra este virus. Lo que he vivido ha sido una de las etapas más difíciles de mi existencia. Mi odio a este virus ha ido creciendo en la medida en que he visto su crueldad, cómo se llevaba la vida de mis enfermos a diario en el pico del mes de abril. Con mis colegas hemos tenido momentos de mucha ansiedad porque no sabíamos si íbamos a ser los siguientes: en mi hospital, que tiene 17 mil empleados, más de mil han dado positivo por el Covid. Pero hemos tenido muchísima suerte porque nadie ha muerto. Mi odio contra el virus pudo más que cualquier cosa que me pudiera pasar. 

P.

Una decisión radical.

R.

Yo no quería que el 2021 fuera tan malo como el 2020. Yo deseo que el próximo año pueda volver a tener control de mi vida porque ahora mismo no es así. La vida de todos, incluida la de mi mujer y las de mis hijos, está en una pausa y yo no quiero vivir de esta manera porque solo se vive una vez. La vida hay que vivirla con esperanza, no con temor. Eso no vale la pena. Cuando supe que podía encontrar una salida, solo poniendo un poquito de mi ADN, por decirlo de alguna manera, lo hice encantado.

P.

¿Recuerda cómo le inocularon la vacuna?

R.

Ahora lo cuento muy calmado, pero la noche anterior estuve inquieto. Cuando ya firmé el consentimiento había una lista larguísima de cosas que podían ocurrirme. Lo más leve era dolor de cabeza, un poco de malestar y así seguí leyendo hasta la última frase que decía, en casos muy excepcionales se puede producir un choque anafiláctico y la muerte. Al principio se me paró un poco el corazón, pero también lo puse en perspectiva, en mis 23 años de experiencia profesional nunca he visto a nadie que se haya muerto por ponerse una vacuna, y sí las he visto morir por no ponérselas. Confié mucho en la Universidad de Oxford y seguí adelante.

P.

¿Qué pasó en ese momento?

R.

Llegué como a las 2 de la tarde y lo primero que me dijeron es que había un problema técnico. Pensé, ¿vaya qué será un problema técnico? Y la secretaria no me podía decir nada. Se me pasó de todo por la cabeza, desde que el voluntario antes que yo le había ocurrido algo hasta que habían descubierto que la vacuna no era segura. Cualquier cosa. Me senté en la sala de espera y tardaron dos horas en ponérmela y le aseguro que fueron las dos horas más largas de mi vida. Más de una vez confieso que estuve a punto de levantarme e irme para la casa. Pero aguanté, me puse los auriculares para escuchar música y así me calmé. Al final me la pusieron y no había nada que temer porque la vacuna, se ha confirmado, es totalmente segura y solo en algunas personas produce unos efectos secundarios muy leves.

P.

Además de su almohada, ¿consulto con quien alguien más esta decisión?

R.

Solo con mi almohada. Luego me di cuenta que fue un error porque no hablé con mi familia. Cuando fui a casa se lo dije a mi mujer: estábamos cenando y le comenté que el viernes iba a llegar un poco tarde porque me tenían que hacer unas pruebas en el hospital. Me respondió si era que tenía más trabajo o me encontraba mal de salud y le dije que no era nada, que me iban a poner la vacuna contra el Covid. El silencio fue total y solo me hizo esta pregunta: ¿qué es lo peor que te puede pasar? Yo no le quise mentir porque ella es mi mujer, así que le contesté: lo peor que me puede pasar es que me muera. Se levantó y me dijo que estaba loco, además me dejó de hablar por tres días. Ahora me da un poco de risa, pero en ese momento fue muy grave.

P.

¿Y qué pasó entonces?

R.

Eso fue un miércoles. La vacuna me la pusieron un viernes y el domingo, al ver que todavía estaba vivo, me volvió a hablar. Supongo que pensó, este tío no se muere y le tengo que hablar. Menos mal que lo hizo. Después conversamos y me dijo que ella no se enfadó porque fuera voluntario para la vacuna. Ella me conoce y yo siempre he sido así, muy altruista, me encanta ayudar a los demás porque es parte de mi carácter del que ella se enamoró; pero lamentaba que no hubiera creado un espacio para que ella pudiera expresar sus sentimientos. Debo reconocer que no pensé que ella tendría temor de que algo me pasara. Hoy he aprendido esta lección, además de todo lo de la vacuna, sé que no debo asumir lo que otras personas piensan o sientan. Yo, todos los días, en el hospital me enfrento a la muerte, pero mi mujer es profesora de arte y no está acostumbrada a esto y se asustó mucho. Ella lo recibió como una mala noticia, pero yo pensé que era algo muy bueno ser voluntario y acabar con el Covid.

P.

¿Ya lo perdonó del todo?

R.

Me costó bastantes flores. Todos los días iba a la floristería y cuando estaba allí la vendedora me preguntaba, ¿todavía no le habla su mujer? No, no todavía no, le decía. Pero ya pasó y ahora me apoya muchísimo porque como todos, ella también está muy afectada por el Covid y no puede dar clases. Ahora está encantada que haya sido voluntario. Solo se enfada por la demanda de los medios  que me han empezado a buscar.

El enfermero está casado con una profesora de arte y tiene tres hijos. Aquí aparece con Emma de 15 años y Núria de 9. Su hijo mayor es Luke de 18 años.
P.

Parece que se convirtió en una celebridad.

R.

En Inglaterra soy bastante anónimo, pero sí es verdad que me contacta gente de España, mi país, a través de redes sociales que resultan ser compañeros de la guardería o de la escuela primaria y les digo, madre mía hace más de 30 años que no sabía nada de ti ni hablaba contigo. Mi mamá me cuenta que está montando un club de fans con sus amigas. Cosas que les contaré a mis nietos.

P.

También tiene algo de heroico, ¿no lo cree?

R.

Estoy seguro que mucha gente en mi lugar lo haría. Hay miles como yo en Inglaterra, Brasil o en Sudáfrica. Además con la vacuna de Moderna hay 30 mil voluntarios en Estados Unidos. Hay mucha gente que como yo quiere poner su granito de arena para que la humanidad supere esto y sea mejor. Esto me da esperanza porque en los últimos años, la humanidad perdió el rumbo y este virus, a pesar de todo, nos devolvió la perspectiva de lo que es realmente importante en la vida: la familia, los amigos, no tanto el dinero sino disfrutar de cada día. Por eso espero que cuando salgamos del Covid y volvamos a la vida normal podamos continuar con esta solidaridad y las ganas de ayudar a la gente. No debemos volver a la sociedad en la que cada cual va en solitario. Por ejemplo, en mi vecindario en esta época ya soy capaz de reconocer a todos mis vecinos, a los que antes no conocía. Siento que hay una sensación de pertenecer a un grupo y eso me gusta mucho.

P.

Habla de esperanza, ¿la podemos tener también frente a la vacuna?

R.

Creo que sí. Siempre soy muy positivo porque es mi manera de ser, y si falla la de Oxford porque la ciencia nunca es exacta y hasta que no terminen todos los estudios no se puede saber, hay otras que vienen. Están la de Moderna, la de Alemania, la de Rusia… hay al menos 135 instituciones que están buscando una vacuna y alguna llegará a la meta. Sería muy raro que todos los estudios fallaran. Tengo mucha confianza en que los científicos tarde o temprano desarrollarán la vacuna y estoy cruzando los dedos para que sea antes de Navidad como un deseo hecho realidad. No me importa quién gane esta carrera, lo valioso es que podamos empezar el 2021 sin esta ansiedad del Covid.

P.

¿Será posible que sea tan pronto?

R.

Soy optimista con precaución, pero que la gente sepa que hay luz al final del túnel y que la vacuna llegará en los próximos meses. Ojalá sea octubre, sino en noviembre o diciembre, como muy tarde en enero. Así que en 2021 ya tendremos tiempo de salir a la calle, a emborracharnos, a celebrar todo lo que no hemos celebrado en el 2020. Eso sí, ahora le pido a la gente que hasta que no tengamos la vacuna, por favor se lo tomen en serio. No vale la pena arriesgar la vida para salir a la calle, a una fiesta o a tomar trago con los amigos. Habrá tiempo en 2021. En Europa y Estados Unidos se están produciendo rebrotes o aumento de casos porque la gente se está relajando al creer que el virus ya se ha ido y no toman las medidas de precaución, no respetan los dos metros de distanciamiento social, no se ponen la mascarilla, no se lavan las manos. Les pido por favor que no bajen la guardia. Si bajan la guardia, alguien podría terminar en cuidados intensivos o perdiendo la vida. No quiero que nadie deje de llegar al 2021 para celebrar juntos y con muchos abrazos.  

Pons ejerce su profesión desde hace 23 años y decidió radicarse en Inglaterra en el 2000, siendo elegido como el enfermero del año en 2018.
P.

¿Cuál es la fecha clave en este proceso?

R.

Principios de septiembre. Todos los voluntarios donaremos sangre en ese momento y se sacarán más conclusiones como la calidad de los anticuerpos y de las células T (conocidas como células inmunes que identifican y matan patógenos invasores o células infectadas). Con esos datos parciales si se confirma la efectividad, la Universidad de Oxford podrá pedir solo una licencia provisional porque no se conocen aún los efectos a largo plazo. Normalmente la fase 3, que es en la que estamos, tarda varios años porque se miden esos efectos, pero esta es una situación de emergencia en la que hay que parar la mortalidad que causa el Covid: 30 mil personas mueren cada día en todo el mundo como consecuencia del virus y eso hay que frenarlo.

P.

¿Qué pasa con usted después de septiembre?

R.

Me continuarán haciendo pruebas durante todo un año, al menos hasta julio de 2021, para saber si hay algún efecto a largo plazo. Vale la pena decir que como no ha habido efectos a corto plazo, solo muy leves, la probabilidad de que los haya a largo plazo es diminuta. Así que la gente puede estar tranquila. Tampoco se sabe la frecuencia con la que se va a administrar la vacuna porque todavía no se conoce cuánto pueden durar los anticuerpos en mi organismo. Eso se sabrá mucho mejor el año que viene y entonces sí sacarán una vacuna más definitiva para que todo el mundo se la pueda poner.

P.

¿A quién le deben poner la vacuna con prioridad una vez esté lista?

R.

Este mismo año la vacuna debe ofrecerse a las personas con enfermedades crónicas, a las que tienen factores de riesgo y a los mayores de 65 años que son los más afectados. Después, cuando se sepan más cosas a finales del año que viene ya se tendrá la vacuna definitiva.

P.

¿Una sola dosis?

R.

Esa es la cuestión. En la fase 1 y 2 la probaron así. A unos voluntarios les dieron una dosis y a otros, dos y se demostró que no hay mucha diferencia. Es verdad que con dos dosis el número de anticuerpos es un poco más alto que con una sola dosis. Ahora en la fase 3 se está determinando si con una sola dosis hay suficientes anticuerpos para parar el virus o no. Es lo que se tiene que pulir en las próximas semanas para saber si una sola dosis es tan eficaz o no como dos dosis. Pero lo que parece hasta ahora es que una sola dosis será suficiente, aunque no lo puedo decir al 100% porque los estudios no han terminado.

P.

Habrá muchos que no se querrán vacunar. ¿Ha pensado en ello?

R.

Mi recomendación es que todos se vacunen. Estamos en una sociedad libre, pero quienes no lo hagan pueden ser los que terminen pasando el virus a personas con factores de riesgo y siendo responsables de que mueran. Puede que yo no tenga síntomas, pero jamás me perdonaría llevarle el Covid a mi padre y provocarle que termine en cuidados intensivos. Es importante tener conciencia ciudadana.

Luego de recibir la vacuna siguió realizando su trabajo en las unidades de cuidado intensivo.
P.

¿Sabe cómo y dónde se producirá la vacuna y cuál será su distribución?

R.

Detrás de la vacuna de Oxford está la farmacéutica AstraZeneca que acaba de hacer un convenio con la Organización Mundial de la Salud para producir muchos millones de unidades de esta vacuna a precio de costo. Esto quiere decir que la OMS garantizaría la distribución de la vacuna a países que no son tan ricos como los europeos por un valor de entre 3 y 4 dólares, unos 12 mil pesos colombianos. Además, la farmacéutica está uniéndose con otros países a través de un consorcio para entregar la fórmula, de tal manera que cada país -para hacerlo más fácil, rápido y barato- podrá producir sus propias unidades previo acuerdo con AstraZeneca, lo cual también les da más control.

P.

¿Producción en laboratorios en los países que logren el acuerdo con AstraZeneca?

R.

Es la forma más rápida porque en lugar de un solo laboratorio, que tardaría muchos años en producir miles de millones de dosis de la vacuna porque somos miles de millones de habitantes en la Tierra, cada país se haría responsable de su producción.

P.

Son muy buenas noticias.

R.

Todos queremos que en 2021 el Covid no esté ni en nuestra mente, que se quede en el pasado donde tiene que estar como muchas otras enfermedades que acababan con la vida de las personas hace 100 años. Este es mi deseo.

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