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Jorge C. García vive en España y está a la espera de validar su título para irse a Emiratos Árabes.
Ricardo Arboleda Valencia
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Jorge García y las despedidas definitivas

El barranquillero publicó en digital su primer libro‘Aprender a decir Adiós’,a raíz de una pérdida que tuvo en España y que lo sumió en una depresión.

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Jorge Camilo García ha recorrido el mundo como médico de aviones ambulancias. Su amor por la aviación comenzó desde que era un niño de seis años y veía los aviones despegar desde la antigua terraza del aeropuerto Ernesto Cortissoz, en Barranquilla. Tanta era su pasión por la profesión que le pidió a su papá un simulador de vuelo y dedicó sus tardes a jugar en él hasta que se graduó del colegio. 

Recuerda que la primera vez que montó en un avión fue con destino a Cali desde Barranquilla. “En ese momento se podía pedir entrar a la cabina del piloto y le pregunté a la azafata si podía hacerlo, el capitán aceptó y en pleno vuelo empezó a explicarme todas las cosas y botones. Me volví loco con tanto y quedé maravillado”. 

Pero no estudió aviación. El barranquillero explica que fue porque se graduó a los 15 años y era muy joven todavía. Finalmente se decidió por Medicina, su segunda opción y profesión que también le interesaba. Se formó como médico en la Universidad San Martín, en Barranquilla. Una vez con el cartón en mano, viajó a California (Estados Unidos) pues había encontrado la especialidad que le permitiría volver a los aviones: Medicina Aeroespacial.

“Sentí que había hecho realmente lo que quería hacer en mi vida. Una parte había decidido estudiar Medicina y había hecho cosas que me llenaban y, por otra parte, estaba volando que era lo que siempre había querido hacer desde niño. Era una emoción doble”.

Al terminarla regresó a Colombia y se instaló en Bogotá. Allí trabajó como director médico de Medical Fly y Río Sur, dos compañías de ambulancias aéreas que, según Jorge, “son las más grandes” que hay en el país.  Estando allí se enfrentó varias veces a la muerte.  Una de las experiencias más duras que vivió la tuvo hace ocho años, mientras cubría el traslado de un paciente con destino a Bogotá desde Cúcuta.  

“Se apagaron los dos motores del avión e íbamos a pique con el paciente. Me acuerdo que el piloto nos dice —doctores lo lamento, nos matamos—.  Nunca había escuchado eso en mi vida y todo quedó en silencio. Vi salir sangre de la nariz de la enfermera y escuchar al piloto avisarle a la torre de control que estábamos cayendo. Nadie sabe cómo no nos chocamos, pero se logró prender un motor y así el capitán controló el avión y alcanzamos aterrizar nuevamente en el aeropuerto”.

Tras el accidente duró un tiempo sin volar porque así se lo pidieron sus papás. Tuvo un tiempo de reflexión ya que “enfrentarse de frente a la muerte te marca”. Sin embargo, él sabía que lo retomaría porque “cuando realmente te gusta algo ese miedo se va. Lo enfrentas  porque te llena realmente el corazón”. 

 

Jorge en un viaje al Valle de Arán, en España. Ricardo Arboleda Valencia

Luego de un tiempo se mudó a Chile para probar suerte en ese país y continuar su trabajo en aviones ambulancia. Allí duró aproximadamente cuatro años y “trabajó en todas las compañías” dedicadas a este oficio. 

“Era realmente alucinante porque me bajaba de un avión y había otra compañía esperándome para subirme a otro y así sucesivamente porque, a parte que no a todos los médicos les gusta estar montados en un avión, nosotros transportábamos pacientes que estaban muy mal y que es extremadamente caro”.

Por esa razón varias veces se enfrentó a situaciones complejas con los familiares de aquellos pacientes que no podía transportar porque, más allá de su enfermedad, el riesgo de volar podía causarles la muerte. 

Jorge dejó Chile y desde hace dos años vive en España. En ese país no viaja en aviones ambulancias porque “el sistema de salud es diferente” al de Suramérica y no puede homologar su especialidad. Jorge dice que es porque “las ciudades cuentan con los recursos y profesionales disponibles”  y “no es necesario trasladar a los pacientes de un lugar a otro para atenderlos”. 

En abril de 2020 se graduó  como piloto privado  de Belgavia, una escuela de formación aeronáutica de España.  

Actualmente tiene tres trabajos en los que distribuye su tiempo y se programa mensualmente. De lunes a viernes, por las mañanas, es médico en la Cruz Roja de España, por las tardes labora en el Puerto de Barcelona y los fines de semana hace guardias de 12 hasta 24 horas en la línea de emergencia 112. 

Jorge lleva ese ritmo de vida porque “le encanta” estar ocupado todo el tiempo. Dice que descansa al llegar a la casa y “trata de dormir lo suficiente para estar bien al día siguiente”.

Aprender a decir adiós

Hace año y medio quiso aventurar como escritor. Lo hizo luego de un duelo en el que se despidió de una persona que fue importante en su vida, que aún seguía viva y que fue la razón principal por la que se mudó a España. También se inspiró en las llamadas diarias con pacientes con cuadros de depresión y ansiedad “similares e incluso peores” a la suya. 

“No podía ser normal que fuese una llamada tras otra, sobre todo de gente joven que estaban  viviendo tanto dolor. Ahí se me ocurrió la idea de contar mi experiencia como médico y cómo había afrontado y aceptado las cosas como paciente porque me tocó ir a psiquiatras y psicólogos”.

Admite que para él “fue duro superar esa etapa”, pues “no sabía cómo enfrentar” esa situación que lo agobiaba, a tal punto que pensó acabar con su vida. No lo hizo gracias a un trabajo con profesionales en salud mental que lo ayudaron a recuperarse en el camino. 

Su primer libro, Aprender a decir adiós, es para él “una mezcla de lo más fuerte que le ha tocado vivir” hasta ahora y que quiso compartir para que “las nuevas generaciones no pasen nunca por lo mismo” que él vivió. 

Con su libro “enseña que sentir el dolor, por algo negativo que ocurra, es normal y hacer parte de la vida misma” por ser humanos. Pero que “el sufrimiento es opcional” y a ese “sí le podemos poner fecha de caducidad”.

A sus 33 años Jorge es médico, piloto, escritor, y en sus ratos libres Dj. Está a la espera de la validación de su título de Medicina en Emiratos Árabes para irse a probar suerte por allá. También está en el proceso de escritura de un segundo libro, cuyo detalles espera dar más adelante. 

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