Boa constrictor, una de las especies comunes en nuestra zona.
Boa constrictor, una de las especies comunes en nuestra zona. Cortesía.

Las serpientes y su rol en el ecosistema

Estos reptiles, que muchos califican como enemigos de los humanos, controlan la población de roedores, entre otras funciones. Expertos hablan de mitos y realidades.

Por: Estefanía Fajardo De la Espriella @Estefaniafd
Medio ambiente

Estos reptiles, que muchos califican como enemigos de los humanos, controlan la población de roedores, entre otras funciones. Expertos hablan de mitos y realidades.

Son unas “incomprendidas”, así las califican los expertos. No tienen extremidades, tampoco oídos externos, algunas son enormes como la gran anaconda verde que alcanza nueve metros de longitud y son  capaces de alimentarse de grandes caimanes en el Amazonas. Otras son mucho más pequeñas como las serpientes ciegas de apenas 20 centímetros, cuya dieta se basa en larvas de hormigas. 

Los roedores son su platillo favorito y el veneno es una característica únicamente de unas cuantas especies.  

Las serpientes han estado presentes en nuestra educación. Desde las visitas al zoológico que incluían la parada en sus exhibiciones, pasando por el símbolo de la medicina, la vara de esculapio, o —en los hogares católicos— en varios pasajes de la Biblia.

“Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”, le dijo Dios a la serpiente después de que Adán y Eva comieran del fruto prohibido, según el relato bíblico que aparece en el libro de Génesis, capítulo 3, versículos 14 y 15.

Ese podría ser un punto de partida para la “estigmatización” de estos animales que, basándonos en la evidencia científica, tienen más de beneficiosos que de perjudiciales, debido a que son controladoras de plagas por lo cual su ausencia afectaría más de lo que alcanzamos a imaginar. 

“En India se empezaron a matar muchas cobras por el miedo que le tienen, las exterminaron casi todas en unos pueblos y resulta que se incrementó la población de ratas. Aproximadamente en un año los roedores acabaron con la cosecha, entonces empezaron a conseguir serpientes de otros lados para que llegaran a controlar”. Con ese ejemplo Óscar Medina, coordinador de cuidado animal del Zoológico de Barranquilla, intenta explicar la importancia de ellas en el ecosistema. 

Ellas tienen muchos depredadores y su importancia también va en que son alimento de muchos. 

Son casi tres mil especies de serpientes en todo el mundo y alrededor de 300 se encuentran en nuestro país, de esas solo 51 (17%) son venenosas. 

Juan Salvador Mendoza, biólogo del grupo de investigación en Biología y Química de la Universidad del Norte, cuenta que no todas son especies dañinas. 

Hay culebras que su dieta es alimentarse de las serpientes venenosas y son capaces porque han adquirido una inmunidad a los venenos, entonces no tienen ninguna acción sobre ellas. “Las que más se sacrifican son aquellas que se comen otras serpientes. Se desbalancean las relaciones naturales que hay”, indica el biólogo. 

¿Venenosas o inofensivas? Ahí juega un papel importante el conocimiento que se tenga de ellas para saber cuáles significan un peligro. “Sin embargo, del grupo de las venenosas se puede hablar algo interesante: los venenos en la actualidad se están utilizando para fármacos que han mostrado resultados prometedores en diferentes tratamientos a enfermedades”, señala Mendoza.  

La especie Coral (Micrurus dissoleucus).
La especie Coral (Micrurus dissoleucus).

Conceptos 

Serpientes, víboras, culebras, son algunas de las palabras utilizadas para referirse a estos animales. Pero, ¿conocemos realmente cómo usar de forma correcta cada palabra? ¿Cuál es la diferencia entre una víbora y una culebra?

Las serpientes abarcan el grupo de los reptiles que no poseen patas, párpados y solo tienen un pulmón. Este término los agrupa a todos. Mientras que las culebras corresponden a una familia exclusiva de las serpientes, que, explica Mendoza, son más que todo de hábitos diurnos y la mayoría no son venenosas. “El otro nombre que aparece es víbora. Esta es otra familia que comprende las venenosas más comunes. Otra familia, por ejemplo, son las boas, que es donde están las anacondas”. 

Y no. Caminar aplaudiendo cuando se va por una zona enmontada no alejará a las serpientes presentes. Ese es, puntualmente, uno de los mitos que buscan aclarar los expertos. Otro de ellos es que ellas persigan a las personas. 

Seguramente si nos tropezamos a alguna en nuestro camino ellas buscarán escapar y no intentarán convencernos de comer del fruto prohibido. “Las serpientes no atacan porque sí,  se trata de un comportamiento de defensa agresiva”, dice Medina. 

Patoco (Porthidium lansbergii).
Patoco (Porthidium lansbergii).

En la zona 

En la Región Caribe las que más abundan son serpientes no venenosas. La guardacaminos (donde se encuentran los géneros de serpientes Lygophis, Erythrolamprus y Mastigodryas), son de las más comunes. Su patrón de coloración podría parecerse a un sombrero vueltiao. Son especies inofensivas. 

También está la víbora de sangre, en este grupo se encuentran dos especies (Clelia clelia y Pseudoboa neuwiedii),  no son venenosa y les dan este nombre por su color rojo intenso,  son serpientes ofidiófagas, las que se comen a las serpientes venenosas. 

Otra especie común es la boa (Boa constrictor). Tienen la cabeza triangular, las pupilas verticales como un gato y se asocia por su apariencia con serpientes que son venenosas. 

“Las boas no ponen huevos sino que paren a sus crías vivas, en la época de julio las hembras paren hasta 40 culebritas y salen a buscar alimento que en su mayoría son ratones, entonces entran a las casas a buscarlos. Ahí es donde las encuentran, piensan que son venenosas y las matan”.  

Uno de los mitos más comunes es en el que las distintas especies de serpientes pueden “cruzarse” entre ellas, y es falso debido a que sus órganos para la copula se disponen a modo de “una única llave para una única cerradura”.

Víbora de sangre (Pseudoboa neuwiedii).
Víbora de sangre (Pseudoboa neuwiedii).

Mapaná y otras

En el Atlántico existe la presencia de cinco especies venenosas. De ese grupo la más común es la mapaná, esta especie causa el 90% de los accidentes ofídicos en el país y se distingue porque tiene unos colmillos largos en la parte frontal de la boca y están guardados en un estuche que ella solo saca cuando va a morder (dentición Solenoglifa). 

Dentro de esa familia también está la cascabel (Crotalus durissus), la cual tiene un mecanismo que permite avisar que está cerca a través de un sonido que se genera por unas escamas modificadas que se encuentran en la punta de su cola en forma de un sonajero o cascabel. 

Otra más común de las venenosas es la patoco (Porthidium lansbergii). “Son comunes en áreas secas como Puerto Colombia o Salgar y se alimentan más que todo de lagartos, su veneno es bajo en toxicidad”, relata Mendoza. 

Las otras dos son las especies de coral (Micrurus dumerilii y Micrurus dossoleucus) y se caracterizan porque tienen figuras de anillos de colores muy definidos, por esas coloraciones ya avisan que tienen presencia de fuertes toxinas. 

Los accidentes con corales son muy raros, debido a que estas no pueden abrir mucho su boca y poseen colmillos cortos. 

En el mundo natural es común el mimetismo Batesiano, este corresponde a una estrategia para evitar a los depredadores que consiste en animales no venenosos que imitan a las especies venenosas, por esto es que hay corales “falsas” .

La Mapaná (Bothrops asper).
La Mapaná (Bothrops asper).

Accidente ofídico 

No agredir al animal es la primera recomendación de los expertos a la hora de un encuentro. Muchas con elementos sencillos como un recogedor y una escoba se pueden sacar de la casa, o también está la opción de meterlas en un balde y moverlas, aconseja Medina. 

Si se trata de una especie venenosa hay que tener mucha más precaución. Lo importante es aprender a reconocer cuáles son las especies y poder darles un manejo adecuado. 

Si estamos en una zona enmontada las botas de caucho son unas aliadas importantes en los accidentes con serpientes, la razón es que al morder una bota de caucho no alcanza a llegar al tobillo. 

El manejo de un accidente ofídico —el nombre que se le da a las mordeduras— antes de que la persona llegue al hospital es importante, se puede llegar a evitar algunas cosas como las amputaciones. 

A los 10 años Candelario Donado estaba en su pueblo, Guacamayo, Bolívar. Su mamá le pidió que fuera por leña junto a otro hermano y una  vecina. “Cuando veníamos de regreso me mordió una serpiente”, cuenta. Algo se movió en la maraña cuando sintió la mordedura en su pierna izquierda, se trataba de una mapaná. Corrió hasta donde estaba su mamá y la decisión en ese momento, hace 24 años, fue llevarlo al curandero del pueblo.

Las serpientes no tienen cómo masticar, ellas tragan entero, las venenosas tienen el veneno no solo para defenderse de los depredadores sino para comenzar la digestión por fuera del estómago, es decir, ellos inoculan el veneno y este empieza a digerir la presa antes de ella tragar. 

“Si se hace el famoso torniquete en un brazo o una pierna después de una mordedura de una serpiente venenosa lo que estamos haciendo es concentrando todas esas enzimas digestivas del veneno dentro de la zona afectada, no permitiendo la circulación y aumentando los efectos necróticos del veneno. La carne comienza en un proceso de descomposición, comienza a ser digerida por estas enzimas. Cuando aplicamos un torniquete propiciamos que la pérdida de tejido sea mucho mayor, al igual no es recomendable administrar aspirinas ni colocar hielo sobre la mordedura”, cuenta Mendoza. 

En el caso de Candelario el asunto no mejoró. “Pasaron los días y la pierna se me iba poniendo negra. El curandero con sus baños y tratamientos decía que me iba a curar, mi papá estaba convencido que sí mientras mi mamá decía que había que llevarme al hospital. Cuando quisieron darse cuenta ya no sentía la pierna y se me estaba pudriendo”, en ese momento acudió a los servicios médicos y el resultado fue una amputación.

Las películas han hecho su aporte en la masificación de estos mitos. En algunas muestran que se debe extraer el veneno con la boca a la persona afectada. El problema de esto es que si tenemos una muela con una carie o una cortada en la encía, ya no sería una sino dos las personas envenenadas, además, explican, es una herida abierta entonces se contaminará más la herida.

“Yo lo que recomiendo es ir a un centro médico, es lo más seguro. Ellos saben cómo reaccionar ante una mordedura de culebra y se debe acudir de inmediato para salvarnos porque puede implicar la muerte”, aconseja Candelario.

Lo otro que dicen es cortar en forma de X donde mordió la serpiente. Pero cuando cortamos sobre una mordedura lo que hacemos es aumentar la superficie por donde el veneno entrará al torrente sanguíneo y podría agravarse. 

Si la persona fue mordida por una serpiente y tiene la posibilidad de ser asistida lo primero es inmovilizarla en una posición horizontal y ayudarle a mantener la calma, puesto que un ritmo cardiaco acelerado, facilitara la difusión del veneno. En esa posición se deben remover los zapatos, quitar reloj, correa y aflojar todo lo que apriete. Una vez el afectado se encuentre tranquilo, se debe  improvisar una camilla y movilizarlo a la asistencia médica. 

El tratamiento para un accidente ofídico es el suero antiofídico, el cual se debe aplicar en un hospital por personal médico altamente capacitado. Normalmente una sola dosis no es suficiente, cuando es grave requiere más de cuatro. 

Debido a que los sueros antiofídicos se producen por la inmunización de un equino, estos pueden causar graves reacciones alérgicas sobre la persona afectada, un shock anafiláctico puede tener consecuencias fatales.

La clave es tener el sentido de la observación antes que el del miedo, y ante todo saber que más allá de un relato bíblico, la serpiente no siempre es la mala de la historia.

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