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Unos 20.000 perros y gatos que viven en las calles están más desprotegidos en este momento por la COVID-19, según la Policía Ambiental de Barranquilla.
Medio ambiente

El trabajo por la naturaleza en medio de la pandemia

Cinco fundaciones que trabajan en el Atlántico, Bolívar y el Magdalena cuentan cómo están funcionando ante la crisis.

Recientemente se conoció que la cifra de animales abandonados y en alto riesgo en Barranquilla aumentó en medio de la emergencia por el coronavirus. El pasado mes de abril el teniente Yazhard Bitar Garcés, jefe de la Policía Ambiental en la ciudad, expuso que había alrededor de “20 mil perros y gatos” en las calles de la capital del Atlántico. Una situación preocupante para el oficial y la comunidad, considerando que las unidades móviles o patrullas animales que anteriormente atendían hasta 80 casos semanales de estos mamíferos en grave estado no están funcionando por las medidas de aislamiento preventivo, como lo informó Clemente Fajardo, secretario de Gobierno Distrital.

Laura Ricaurte es una joven de 28 años que desde el 2012 cuenta con una fundación llamada Fondos Silvestres. Ella asegura que desde el inicio de la cuarentena los casos de abandono y de animales con crías han aumentado de manera considerable en Barranquilla. “El hecho de que las personas estén en confinamiento ha originado que los animales estén descuidados. Ya no hay personas que tomen la iniciativa de castrarlos porque ignoran su situación”.

Por otra parte, Ricaurte expresa que los fondos que recibe para cubrir los gastos de los perros o gatos que llegan a la fundación no se han reducido radicalmente; sin embargo, resalta que algunas personas se han limitado en sus donaciones por la falta de trabajo. También destaca que la desinformación respecto al coronavirus hace que muchos no asistan a los animales heridos por miedo a ser contagiados.

Hoy día Laura y su familia se encargan de promover a través de las redes sociales el cuidado y la protección de los seres sin voz. También exponen a través de las redes sociales de la fundación los casos que reciben a diario y la manera en que las personas pueden ayudar para cuidarlos. “Existen muchas maneras de ayudar a un animal, desde avisar por medio de una llamada de su situación hasta donando concentrado o medicinas”.

Otras especies

En el Atlántico la fundación Proyecto Mono Tití también se ha visto afectada por la COVID-19. Rosamira Guillén, su directora, reconoce que la pandemia ha tenido un impacto negativo en su proyecto y en las personas que hacen parte de él.

En diálogo con EL HERALDO, la ambientalista dio a conocer que algunas de las iniciativas que se desarrollaban con mayor frecuencia en zonas rurales se tuvieron que suspender. Las capacitaciones que se les impartían a los niños en colegios y que básicamente les informaban todo acerca del tití cabeciblanco, además de realizar visitas a lugares donde pudieran admirar esta y otras especies también tuvieron que ser canceladas.

“Los recursos que recibimos son de uso restringido. Al quedar desbalanceado el presupuesto toca hacer maravillas; ajustar los programas y equipos de trabajo para que se pueda ejecutar el dinero comprometido. El programa de restauración, por ejemplo, está activo y consta de una meta de siembra de 40 mil árboles este año en nuestra reserva”.

Una situación muy parecida ocurre con la fundación Proyecto Primates, una organización que se encarga de velar por la protección de los monos y su hábitat en Colombia. Andrés Link, director del proyecto, asegura que la medida de confinamiento preventivo ha hecho que muchos de sus trabajos se limiten o no se estén realizando, entre ellos el ejercicio de la observación y el comportamiento de los monos en algunas zonas específicas.

Proyecto Primate ha trabajado de la mano de organizaciones en La Guajira y zonas de Urabá, muy cerca al departamento de Córdoba, donde se han realizado seguimientos a los monos arañas y han impulsado su protección y bienestar.

Los recursos destinados a la organización han ayudado a que algunos planes se mantengan vigentes, sin embargo Link confiesa que su preocupación radica en cómo los afectará esta cuarentena a largo plazo. “No sabemos qué tan vulnerables pueden ser estas especies frente al coronavirus y cuál será su comportamiento. Esto nos pone a pensar un poco cómo se podría trabajar en las siguientes semanas o meses. También hay que tener en cuenta que los recursos se agotan”.

Los animales no son un riesgo

A principio del mes de abril el Ministerio de Salud insistió en que los animales no debían ser considerados como un foco de contagio. El pronunciamiento se basó en las conclusiones expuestas por la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales, el Centro para el Control de Enfermedades y la Organización Mundial de Sanidad Animal, entre otros.

Minsalud recordó que las afirmaciones no disponían de evidencia científica para asegurar que la COVID-19 afectaba a los animales, incluidos a los de compañía. Asimismo le recordó a los propietarios de perros o gatos que su abandono conlleva a sanciones penales y civiles, e hizo público un listado de recomendaciones para aquellos que vivan con mascotas.

¿Y el medio ambiente?

Está claro que las fundaciones a favor de la conservación del medio ambiente también pasan un momento crítico. Un claro ejemplo es que además de no poder realizar los proyectos previstos para esta época, estas organizaciones no han recibido suficiente apoyo por parte de las empresas privadas que acostumbran a contribuir con sus trabajos.

Blanca Cano, una mujer de 50 años que reside en Cartagena (Bolívar), creó hace algunos años la fundación Retribuidores del Planeta, con el objetivo de encontrar una solución a las problemáticas ambientales y sociales en el barrio Policarpa, en el sur de la ciudad. Gracias a la alianza con algunas empresas y al trabajo de las 12 personas que la integran, la fundación ha podido liderar proyectos que ayudan a que niños del sector inviertan mejor su tiempo libre y que miles de deshechos puedan reutilizarse o se conviertan en artesanías.

“Cuando comenzó la cuarentena no pudimos seguir con las clases durante los fines de semana. Tampoco hemos encontrado otra solución para llevarlas a cabo porque los niños del barrio no cuentan con los recursos necesarios para tener un computador o conexión a internet”.

En cuanto a las basuras, Cano manifiesta que ya no recibe muchos deshechos por parte de la comunidad, ya que por el confinamiento las personas no salen. Esto ha originado que el proceso de selección, restauración y transporte a otras empresas se haya detenido. La producción de artesanía también fue suspendida por la falta de residuos.

A unas cuantas horas, en Santa Marta, la fundación Herencia Ambiental del Caribe también pasa una situación compleja. La iniciativa, que gestiona proyectos socioambientales y culturales, se ha visto amenazada porque casi todos los propósitos que abanderaban ya no se están realizando, sin contar que algunos se han visto afectados por el daño de herramientas para trabajar por el cuidado del bosque seco tropical, que acoge a especies felinas como el jaguar.

Frente a este panorama, su directora Cristal Ange expresa que gracias a las actividades encaminadas a la producción sostenible es que se han podido mantener de pie. “Como modo de reinvención estamos procurando divulgar un mensaje de concientización sobre la importancia de la producción sostenibles en redes sociales. Está en proceso de diseño y lo que buscamos es tratar de ilustrar cómo se puede tener una seguridad alimentaria por medio del cultivo”.

Por lo pronto, estas mujeres esperan poder seguir contribuyendo a la “Madre Tierra” en medio del aislamiento preventivo obligatorio por medio de los pocos recursos que semanalmente adquieren gracias al trabajo desde sus casas.

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